lunes, 16 de junio de 2014

Hablando de historia...Rafael Nuñez...Colombia y su Regenerador.




En la guerra civil de los Supremos (1840) Núñez, adolescente de 15 años, se afilió al bando revolucionario y tomó parte en el sitio a su ciudad natal, Cartagena, defendida, entre otros, por su padre, quien apoyaba la causa legitimista. Cuatro años después el coronel Francisco Núñez se estremecía aún ante la terrible obligación en que se encontró "al dirigir tiros de muerte a mis propios hijos que veía y no podía salvar".

A fines de 1844, Núñez se gradúa de abogado en la Universidad del Magdalena e Istmo, hoy de Cartagena. En febrero del 45 es abogado defensor de pobres en su ciudad y posteriormente es nombrado juez interino del segundo circuito de Veraguas, es decir, del cantón de Alanje, con residencia en David (Panamá). Allí conocerá a Dolores Gallego, su futura esposa.

El acceso del liberalismo al poder con el general José Hilarlo López, elegido por el Congreso en tumultuosa sesión del 7 de marzo de 1849, le abre perspectivas a Núñez. El nuevo gobernador de la provincia de Cartagena es el popular general José María Obando, recién llegado de un largo e injusto destierro. Al posesionarse, Obando nombra secretario general a Núñez, quien en pocos meses era el principal animador de la Sociedad Democrática de Cartagena y uno de los más densos colaboradores del periódico La Democracia. Su principal tarea administrativa fue combatir la feroz epidemia de cólera que asoló a Cartagena y a otras regiones de la Costa. Cuando renuncia Obando, su sucesor, Pablo de Alcázar, ratifica a Núñez y lo mismo hará el siguiente gobernador, general Tomás Herrera.

A mediados de 1851, Núñez viaja a Panamá para contraer matrimonio con Dolores Gallego, el 13 de junio de 1851, en David. Es elegido poco después representante a la Cámara por la provincia de Chiriquí, pero no tiene prisa por llegar al Congreso. (Además, su esposa nunca quiso acompañarlo a Bogotá y prefirió siempre quedarse en Cartagena con su suegra, o en Panamá con su familia). Durante 1852 se desempeña como secretario general del nuevo gobernador de Cartagena, el ilustrado general Juan José Nieto, quien también lo nombró rector del Colegio Nacional (Universidad) de Cartagena.

El Congreso de 1853 iba a tener trascendencia histórica, pues en él se iba a aprobar el proyecto, pasado en primera vuelta en 1851, que reformaría la Constitución centralista de 1843. Núñez renuncia a sus posiciones en Cartagena y viaja solo a Bogotá. Su debut político es ruidoso. En sendos artículos combate las ideas federalistas de Florentino González y las "socialistas" de Manuel Murillo Toro.

En 1854 sostiene, como vocero de una Cámara liberal, la poco conocida polémica con Julio Arboleda, presidente de un Senado conservador: Núñez enfrentó con argumentos jurídicos el brillante alegato político del ilustre jefe caucano. También presentó en la Cámara un importante proyecto de ley de reforma monetaria, otro que declaró franco el puerto de Cartagena y un tercero sobre naturalización de extranjeros. Todo ello le vale ser elegido presidente de la Cámara, donde predominan los gólgotas. Se produce entonces el golpe del general José María Melo, que todo el mundo veía venir, menos el ingenuo presidente Obando. Núñez debió exiliarse en compañía del designado Tomás Herrera y del vicepresidente Obaldía en la Legación de Estados Unidos. Derrotado Melo por una amplia coalición nacional (en la cual Núñez tuvo decisiva actuación al deponer al gobernador melista de Cartagena, Juan José Nieto, y asumir él mismo las riendas de esa gobernación), es elegido vicepresidente el conservador Manuel María Mallarino, quien, por haber finalizado el período de Obaldía, se posesiona de la Presidencia el 1o. de abril de 1855; nombra un gabinete nacional, del cual es ministro (secretario) de Guerra Rafael Núñez, cuya labor allí es tan interesante que pasaría poco después a ocupar el de Hacienda, donde realiza una tarea de verdadero estadista saneando las finanzas nacionales. Fue esta actuación la que, casi veinte años después, induciría a algunos copartidarios a lanzar su candidatura presidencial en 1875.

Núñez asistió durante algunas semanas a la Convención de Rionegro (hasta fines de febrero de 1863) como representante del Estado de Panamá, y aprovechó el hecho de que su credencial se había puesto en tela de juicio por un cambio de gobierno en ese Estado para renunciar y trasladarse a Nueva York, a mediados de 1863, en donde vivió dos años con Gregoria de Haro, mientras colaboraba en el periódico español El Continental y en publicaciones como La Opinión, de Bogotá, y El Nacional, de Lima. Sorpresivamente, en mayo de 1865, Núñez es nombrado por Murillo Toro cónsul en El Havre, y allí se traslada a fines de junio con la firme decisión de llevar a doña Gregoria, quien viajó a fines de noviembre de 1865 instalándose con Núñez en París, a sólo cuatro horas de El Havre en tren. A ella le sienta mal el húmedo clima del invierno francés y decide retornar a Nueva York en febrero o marzo del 66 (doña Gregoria sólo estuvo en Europa tres o cuatro meses, contra lo que afirman algunos historiadores, y nunca más volvió a ver a Núñez. Aquel amor fogoso se fue transformando en una fría amistad por correspondencia y ella se casó finalmente, hacia 1873, con el señor H.P. Gad, escandinavo nacido en las Islas Vírgenes).

Entre tanto, continuó como cónsul en El Havre y desde fines de 1869 en Liverpool, escribiendo agudos artículos políticos y sociales, reunidos en sus Ensayos de crítica social (Ruán, 1874). Nombrado secretario de Guerra y Marina, no debió hacerle gracia que se le designara en ese Ministerio carente de importancia, y prefirió esperar ocasión más propicia para volver a la patria, declinando el nombramiento.
Otero Muñoz afirma que Núñez fue elegido senador desde 1873 por el Estado de Bolívar, pero solamente desembarca en Cartagena el 2 de diciembre de 1874. Lo primero que hizo después de saludar a sus familiares y abrazar a su madre, fue tomar prestado un caballo para dirigirse a casa de Soledad Román en El Cabrero.

Doña Soledad se acercaba ya a los 40 años y permanecía soltera. En su retiro de Liverpool debió Núñez pensar que esa mujer distinguida, inteligente y fina, a quien había conocido y admirado en Cartagena cuando era adolescente, podría convertirse en compañera ideal de sus años de madurez. Después de haberse decretado, según las leyes vigentes, el divorcio de su primera esposa Dolores Gallego, Núñez contrajo matrimonio civil con doña Soledad, el 14 de julio de 1877, encontrándose ella en París y mediante poder otorgado por Núñez a su cuñado Eduardo Román para que le representara en la ceremonia. Este matrimonio se elevó a "categoría de sacramento" el 23 de febrero de 1889, en presencia de Eugenio Biffi, obispo de Cartagena.

Entre tanto, un grupo de jóvenes radicales y liberales independientes, cansados del ambiente cada vez más asfixiante que Murillo Toro había impuesto a su gobierno y al de su sucesor Santiago Pérez, lanzó en 1875 la candidatura de Núñez. Rápidamente adquirió amplio respaldo nacional, especialmente entre los jóvenes y entre los liberales del Cauca y de los tres estados de la Costa Atlántica. Pero Murillo Toro y Pérez actuaron con rapidez y sectarismo: desconociendo la voluntad popular, cambiando a través de golpes de estado los gobiernos favorables a Núñez y presionando la opinión de distintas maneras, lograron que el Congreso declarara electo a su candidato Aquileo Parra, en febrero de 1876.

En cambio, el triunfo de Núñez en 1879 fue fácil. El país experimentó durante su período presidencial (1880-1882) una paz absoluta, que permitió a su gobierno adelantar una provechosa tarea administrativa, con la creación del Banco Nacional, un tímido restablecimiento de tarifas proteccionistas que estimularon el incipiente desarrollo industrial, la iniciación de la construcción del ferrocarril Bogotá-Girardot y su impulso al panamericanismo y al arbitraje como solución pacífica de conflictos internacionales.

Núñez volvió al poder en 1884, con un ligero atraso por causas de salud, que los radicales aprovecharon para tratar de malear al encargado de la Presidencia, general Ezequiel Hurtado. Al posesionarse, Núñez nombró ministros de Gobierno sucesivamente a dos amigos radicales y ofreció reformar la desprestigiada Constitución de 1863, de común acuerdo con los gólgotas, pero aquéllos juzgaron que eso era demasiado bello para ser cierto. Exaltados jóvenes radicales de Santander iniciaron la guerra de 1885, "la más insensata de nuestras guerra civiles", y convencieron al prestigioso jefe liberal Sergio Camargo para que se pusiera al frente de ella. Núñez tomó entonces el único camino que se dejaba abierto a su instinto de supervivencia política: llamó en su apoyo al partido conservador, y con él venció a los radicales en el histórico combate de La Humareda. Ante una enorme multitud Núñez, desde el balcón del palacio, pronunció su famosa frase: "La Constitución de 1863 ya no existe". La fundación del Partido Nacional fue la consecuencia lógica.

Núñez convocó de inmediato un reducido Consejo de Delegatarios, integrado por nueve liberales independientes y nueve conservadores, nombrados por los Estados, ante los cuales pronunció el 11 de noviembre de 1885 un célebre discurso. El Consejo de Delegatarios adoptó las bases de la nueva Constitución, que recibieron el respaldo unánime de las municipalidades. La Constitución de 1886 restableció la unidad política de la nación, eliminó las principales causas del desasosiego y del desgobierno y dio comienzo a la normalización de las relaciones con la Iglesia, perfeccionadas después por el Concordato de 1887.

A partir de 1892 gobernó Miguel A. Caro en su condición de vicepresidente. El liberalismo independiente disminuyó casi hasta desaparecer, la división conservadora se ahondó gravemente y el enfrentamiento con el radicalismo adquirió características de singular dureza. Cuando Núñez se disponía a ocupar la Presidencia por quinta vez, le sorprendió la muerte en Cartagena, el 18 de septiembre de 1894.

 José Rafael Otazo M.
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Profesor Universitario.
Miembro de la Ilustre Sociedad Bolivariana de Venezuela.
Miembro de la Digna Sociedad Divulgadora de la Historia Militar de Venezuela.
Miembro de La Asociación de Escritores del Estado Carabobo.
Investigador en la Asociación para el Fomento de los Estudios Históricos en Centroamérica.
Director de la Publicación Internacional, "Ni vestido ni desnud
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