martes, 19 de agosto de 2014

Hablando de...Los Cimarrones en la costa

En el año 1720 estaban sembrados entre los poblados de Turiamo, al Este, y Urama en el cardinal opuesto, aproximadamente un millón de árboles de cacao. Si para cuidar mil theobromas en plena producción era encargado un hombre, un millar de esclavos habitaban la región. Con sólo doscientos mil habitantes la Provincia de Venezuela, significaba tal concentración de africanos una alta densidad demográfica. Si de cada dos esclavizados uno se alzaba, los cimarrones porteños eran muchos, y los cumbes abundaron.

Los poblados nacidos en la amplia geografía sembrada de cacaotales (el obispo don Mariano Martí señalaba en el año 1773 a Patanemo, Borburata, Guaiguaza, Morón, Alpargatón, Urama y Taría, como “pueblos de esclavos”) no lograron disminuir ni sustituir los cumbes: fundamentalmente habitados los pueblos recién fundados por esclavos libertos, pardos y hombres libres, los cimarrones no podían con seguridad ingresar en ellos, ni siquiera durante la amnistía circunstancial decretada cada año en el día de San Juan.

Existieron en la región de Puerto Cabello esclavos cimarrones en cumbes ubicados en Patanemo, Sanchón, Morón y Urama: durante el siglo XVIII fueron comunes las referencias documentales... Don Pedro José de Olavarriaga, futuro fundador de Puerto Cabello, en su “Instrucción General y Particular del Estado presente de la Provincia de Venezuela en los años 1720 y 1721”, refiriéndose al Palmar de Patanemo, ubica un cumbe en el ámbito montañoso del pico Caobal: letra del futuro fundador: “El valle no es muy grande y está inhabilitado, sólo algunos negros cimarrones suelen vivir en él”. Años más tarde (1774), una relación geográfica de la ciudad de Nirgua, cuya jurisdicción tenía por límite el curso del río Sanchón, ubica en su hontanar un poblado de cimarrones. Copiemos a la letra: “Hay, según refieren estos vecinos de Morón, un cumbe intrincado que llaman de Anchon, inmediato a este valle: el sitio donde está el referido cumbe desde la boca de un río hasta tierra adentro del valle de Anchon está inhabilitable por lo enfermizo y sus aguas como pestíferas. Es este paso y boca del río como la llave de Puerto Cabello...”.

“Viven y mueren como bárbaros en los montes...”, señalaba una Real Cédula del año 1702, dictada por el rey ante el problema de los esclavos fugitivos. Don Pedro José de Olavarriaga en su citado libro señaló en veinte mil el número de esclavos alzados: “La prueba que hago sobre la huida de los negros es evidente, pues según las cuentas, a los cumbes que llaman, se hace la numeración de más de 20 mil negros huidos, que obligan muchas veces a los vecinos a tomar las armas contra ellos”. Tantos llegaron a ser los cimarrones, que en el año 1800 el sabio alemán Alejandro de Humboldt calculaba en el ámbito geográfico de la Provincia de Venezuela la existencia de 60.000 esclavos, de los cuales la mitad vivía en los montes.

Cimarrones, negros apalencados, esclavos fugitivos, sembraron en la región porteña sus huellas para siempre... Mucho tiempo antes de que sonaran los clarines de la Guerra de Independencia, los cumbes fueron expresión concreta de las ansias libertarias de un sector oprimido de la sociedad. En el año 1731 Andrés López del Rosario (Andresote) moviliza en insurrección armada contra la Compañía Guipuzcoana y el poder real a indígenas, mestizos, mulatos y especialmente negros cimarrones de los valles de Yaracuy, y las costas de Puerto Cabello y Tucacas.

Más allá de la gesta libertadora, corresponderá a partir de 1858 (a cuatro años apenas de haberse declarado la libertad de los esclavos), en las candelas de la Guerra Federal, al general Gabriel Guevara movilizar los antiguos cumbes de Puerto Cabello, Morón, Urama, Sanchón, tras la huella luminosa de Ezequiel Zamora... Gabriel Guevara había nacido esclavo, participó en la Guerra de Independencia (es de los libertadores de Puerto Cabello el 8 de noviembre de 1823), y fiel a los mandatos de su raza, combatió al lado del pueblo, constituyéndose en el más notable táctico de la guerra de guerrillas en la historia nacional.


José Rafael Otazo M.
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Profesor Universitario. 
Miembro Correspondiente de la Academia de la Lengua, capitulo Carabobo.
Miembro de la Ilustre Sociedad Bolivariana de Venezuela.
Miembro de la Digna Sociedad Divulgadora de la Historia Militar de Venezuela.
Miembro de La Asociación de Escritores del Estado Carabobo.
Investigador en la Asociación para el Fomento de los Estudios Históricos en Centroamérica.

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