viernes, 29 de agosto de 2014

Hablando de...Gremios Medievales: los magos de la piedra

El gremio de los constructores

Un repaso por las asociaciones mejor organizadas de la Edad Media


Entre los siglos XI y XIII Europa experimentó un gran impulso demográfico acompañado del crecimiento de las ciudades y la aparición de una nueva clase social formada por mercaderes y artesanos. Estos se agruparon en cofradías según los oficios para dar cobertura a sus miembros: los "gremios", palabra que proviene del latín y significa "seno", "regazo" o "protección".

Uno de los gremios más importantes fue el gremio de los constructores. En la segunda mitad del siglo XII, sus miembros ya gozaban de un estatus muy superior al de otros oficios gracias a los privilegios jurídicos y económicos que les fueron otorgados por monarcas y obispos. Fue una de las asociaciones mejor organizadas y más exclusivas de la Edad Media. Alcanzar el grado de maestro arquitecto equivalía a convertirse en una de las figuras más importantes del país.

Los gremios eran auténticas escuelas de arquitectura donde se aprendían, de forma oral y bajo una rigurosa observancia, los fundamentos del arte y la ciencia de la construcción. Esto propició una creciente especialización del trabajo que dio paso a una generación de profesionales que abrieron nuevos caminos en el ejercicio del arte y las ciencias. Esta cadena de enseñanza, basada en lazos de fraternidad, constituye una de sus grandes aportaciones y fue una de las vías por las cuales llegaron a Occidente, gracias a la labor de la escuela de traductores de Toledo, los textos clásicos griegos y tratados científicos de matemáticas, geometría y astronomía compilados en lengua árabe.

Más piedra que cuando se construyeron las pirámides
En apenas un siglo, entre los años 1150 y 1250, solo en Francia se llegó a acarrear tanta piedra como en cualquiera de los periodos de la historia del antiguo Egipto, y asistimos al paso de la construcción de los monasterios, iglesias y ermitas románicas a la construcción de las catedrales góticas, cuyas naves y torres se alzaron a unas alturas como nunca se había visto antes.

El maestro constructor se servía de la piedra, la madera, el hierro, el vidrio, la cal y la arena; y con la sola ayuda de la escuadra, el compás y la regla sin marcar era capaz de concebir un recinto que trataba de ser una imagen del cosmos y un reflejo de las leyes de la naturaleza, la verdadera razón de sus proporciones dimensiones y orientación. Un ejercicio donde se conjugaban arte y ciencia formando una trama que requería unos conocimientos de cuya correcta aplicación no solo dependían la firmeza y estabilidad del edifico, sino también su calidad estética y su carga teúrgica.

Estratificación del gremio
El aprendiz se instruía en el oficio a través de una serie de rituales ligados al trabajo y sus herramientas. Una vez demostradas sus capacidades para el tallado de la piedra continuaba su formación. Finalmente, si mostraba las habilidades técnicas y artísticas requeridas, accedía al grado de oficial y durante el ágape le era otorgado un signo personal de reconocimiento. Las dovelas de un arco, los remates de una bóveda, las proporciones de un altar o una columna y las imágenes alegóricas cinceladas en los capiteles y en los canecillos se convertían entonces en el libro abierto mediante el cual el iniciado expresaba sus conocimientos del Arte Real, relacionados con la geometría y el número, el lenguaje del símbolo y la tradición. Un saber que podemos calificar como "oculto" en el sentido de que solo está al alcance de quien posee las claves para interpretar un mensaje que nos remite a un saber ancestral del cual los constructores se decían legítimos herederos y custodios.

Fuente: http://www.cadenaser.com/cultura/articulo/gremios-medievales-magos-piedra/csrcsrpor/20140821csrcsrcul_2/Tes

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