jueves, 8 de mayo de 2014

Hablando de...El juramento de Bolívar en Cajamarca-Perú.





Esta importante actividad de nuestro Libertador poco conocida y difundida por la historia, nos da a conocer de nuevo la visión profética de Bolívar, iniciada el 15 de agosto de 1805 en Roma en la colina de Monte Sacro, cumplida con la magistral Batalla de Ayacucho el 9 de diciembre de 1824 y que al correr de los tiempos define su concepción de una América unida. 

Bolívar cual predestinado para la redención de los pueblos de hispano América, frente a la Roma eterna prometió romper las cadenas de la opresión, cuando en presencia de su maestro Don Simón Rodríguez y su pariente Don Fernando Rodríguez del Toro y en Cajamarca se propuso reivindicar el derecho de una raza a la libertad que perdió con la prisión y sacrificio de Atahualpa su último monarca. Retrocediendo las páginas de oro de la independencia americana, escrita con la tinta del sacrificio y del honor, leemos que Bolívar desde Quito, una vez organizado el gobierno después del brillante triunfo del general de brigada Antonio José de Sucre en Pichincha 24 de mayo de 1822, se traslada hasta el Perú, llegando al puerto de El Callao el 10 de septiembre de 1823, a partir de ese momento se dedica incansablemente a organizar, equipar y adiestrar al nuevo Ejército; paralelamente coordinaba las actividades políticas para la dura tarea de libertar esa importante región. 

En su recorrido por el Norte del Perú pasó por Cajamarca, a 2.750 metros de altura, capital del Departamento del mismo nombre los días 13, 14, 15, 16 y 17 de diciembre de 1823 donde tres siglos atrás, el 29 de agosto de 1533 fue ejecutado Atahualpa, Rey de Quito hijo de HuaynaCápac, quien pagaba con su vida el hecho de ser el monarca de un imperio cuyas riquezas rayaban en el mito y en la leyenda. A Bolívar le vino a la mente su juramento de Monte Sacro y ante sus lugartenientes y amigos que lo acompañaban, el día 17 al frente de una antigua "Cruz de piedra", que aún se conserva, al pie del cerro de Santa Apolonia, antes de despedirse pronunció proféticamente una vibrante oración jurando vengar ante esa cruz la muerte de Atahualpa y de una raza bravía a manos del conquistador Francisco Pizarro.

Bolívar a través del general de división Antonio José de Sucre, vencedor en la Batalla de Ayacucho,  cumplió su juramento de Cajamarca como una de las mayores expresiones de unión americana, en beneficio del trato, asignación de tierras y mejoras socio económicas para los más relegados.

Este sería el tercer juramento de nuestro Libertador, considerando que el primer juramento lo realizó el 22 de enero de 1803 a la muerte de su esposa María Teresa Rodríguez del Toro y Alayza en Caracas, donde prometió no volver a casarse. El segundo lo realiza en Monte Sacro en 1805. Bolívar, es hoy y siempre un mensaje desde la eternidad, con visión y alma de poeta y voluntad de guerrero, con suficiente humildad para no perder el sentido del equilibrio y de la realidad del continente. Razón tenía el doctor peruano José Domingo Choquehuanca, cuando exteriorizó en lengua quechua a la vecindad reunida en la población de Pucará a Bolívar el 2 de agosto de 1825: "Con los siglos crecerá vuestra gloria como crece la sombra cuando el sol declina".

Bolívar soñó y realizó... porque quien no sueña no realiza.

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