viernes, 16 de mayo de 2014

Diario Masónico...Pitagorismo y Masonería.

Les Presentamos un fragmento del artículo Pythagorisme et Maçonnerie (capítulo Iº del libro René Guénon et les destins de la Franc-Maçonnerie).

En él Denys Roman trata algunos temas a propósito de la herencia pitagórica que hasta nuestros días puede encontrarse en la Masonería. Estas observaciones se basan en argumentos tratados por Arturo Reghini en su obra “I numeri sacri nella Tradizione pitagórico massonica.”

Denys Roman


[…]

Es sabido que la estrella de cinco puntas, o pentalfa, era el signo de reconocimiento de la escuela pitagórica, es decir, su símbolo más importante. A. Reghini recuerda que los miembros de esta escuela hacían corresponder a cada uno de los vértices de la figura una de las letras de la palabra υγιεια (salud). Y el autor agrega que la salud es para el cuerpo lo que la armonía es para la totalidad del ser (pág. 125); esto es verdad, pero parece no haber advertido una curiosa particularidad: cada una de las letras que componen la palabra υγιεια es una letra pitagórica:

Y, ípsilon (i griega), letra pitagórica por excelencia, símbolo de las «dos vías de la derecha y de la izquierda», y «bajo una forma esotérica, del mito de Hércules entre la virtud y el vicio»[1].

Γ, gamma, la letra G de la Masonería, que tiene forma de escuadra, símbolo esencial (junto con la espiral) del segundo grado, y de la cual Guénon señaló que «representa los dos lados del ángulo recto del triángulo 3-4-5, que tiene (…) una importancia muy particular en la Masonería Operativa»[2].

I, iota, símbolo universal de la Unidad[3].

EI, es decir la inscripción misteriosa grabada sobre la puerta del templo de Delfos y que, en respuesta a la exhortación: «Conócete a ti mismo», formula explícitamente la doctrina «solar» de la Identidad Suprema[4].

Finalmente A, alfa, elemento constitutivo del pentalfa, primera letra del alfabeto, que representa el «retorno a los orígenes».

Sería interesante estudiar el simbolismo de la sucesión de estas seis letras. Observemos que ellas están dispuestas en torno a la estrella de cinco puntas, según el sentido polar, lo que es perfectamente normal puesto que el Pitagorismo procede de la tradición hiperbórea[5]. Por otra parte, en la Masonería de lengua inglesa, la «preparación del recipiendario» al segundo grado parece indicar que los viajes de este grado deberían hacerse en sentido polar, la que era por otra parte la dirección del recorrido de los «viajes» en la antigua Masonería Operativa.

Cuanto hemos dicho sobre la probable razón de la elección de la palabra ugieia no nos impide reconocer la importancia muy particular que tenía la salud y, de modo general, el desarrollo corporal, para los Pitagóricos. Se sabe que el mismo Pitágoras no desdeñaba concurrir a los Juegos Olímpicos[6], y que el «Padre de la Medicina», Hipócrates, estableció su ciencia sobre bases pitagóricas, como él mismo declara expresamente. La ciencia de los números (teoría de los «días críticos») juega un importante papel en esta medicina que, por lo demás, era un «arte sacerdotal» (exactamente como el Ayur-Vêda de los Hindúes, con el cual sería interesante compararla; y el «juramento hipocrático», prestado sobre cuatro divinidades (Apolo, Esculapio, Higea y Panacea) es calcado de las obligaciones iniciáticas y comporta, como el juramento masónico en particular, tres elementos esenciales: invocación, compromiso e imprecación[7].

Pensamos que podría ser interesante comparar estas dos ciencias heredadas del Pitagorismo: la medicina hipocrática y la Masonería. Y si alguno de nuestros lectores encontrase estas consideraciones extrañas, le preguntaremos cómo explicar el hecho de que toda Logia operativa contaba obligatoriamente, entre los miembros «aceptados», con un médico[8].
[…]

[1] Cf. R. Guénon, Símbolos de la Ciencia Sagrada, caps. XVIII [Algunos aspectos del simbolismo de Jano] y XXXVII [El simbolismo solsticial de Jano].

[2] Cf. ibid., cap. XVII [La Letra G y la esvástica].

[3] Cf. R. Guénon, La Gran Tríada, cap. XXV [La Ciudad de los Sauces].

[4] Ha sido A. K. Coomaraswamy quien expuso por primera vez, en la Review of Religion, el significado que Plutarco no hizo más que entrever… o bien, que no quiso divulgar (cf. la reseña de R. Guénon en «Études Traditionnelles», octubre 1946).

[5] Se cuenta que Pitágoras había domesticado a un oso que obedecía a su voz. Sobre los vínculos del Pitagorismo con el culto délfico del Apolo hiperbóreo (el Dios geómetra), cf. R. Guénon, La Crisis del Mundo Moderno, cap. I [La Edad de sombra].

[6] Todos los juegos de la Grecia Antigua tenían por otra parte un carácter tradicional evidente; los vencedores de Olimpia, que retornaban a su patria «por la brecha de los muros», simbolizaban sin duda la necesidad del «ímpetu» [la «violence»] para reconquistar el «país natal», que es el «reino de los cielos».

[7] Los «Fieles de Amor» tenían, en su tercer grado, un rito que llamaban saluto o salute. Es muy curioso que estas dos palabras, saludo y salud, se vuelvan a encontrar formando los dos elementos esenciales del ritual del «ágape masónico» [Loge de table]. Además, parece que el número de los brindis (salute) a realizar, que ha variado mucho en el transcurso del tiempo, deba limitarse regularmente a cinco; entre las logias anglosajonas es habitual, en el último brindis, servirse de una fórmula que se remonta a tiempos remotos, en la que se evoca el «regreso al país natío». Todo lo que sucede posteriormente es considerado por igual como «extra-masónico», como si con este regreso se quisiera dar a entender que los «objetivos de la Masonería» hubiesen sido alcanzados.

[8] Cf. R. Guénon, Consideraciones sobre la Iniciación, cap. XXIX [«Operativo» y «especulativo»].


Fuente; http://www.diariomasonico.com/cultura/filosofia/pitagorismo-masoneria

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