domingo, 14 de julio de 2013

El 5 de julio de 1811 y Francisco de Miranda


Por: Carlos Maldonado-Bourgoin

Como consecuencia del 19 de Abril de 1810, Miranda ya en suelo venezolano ―a pesar de la opinión en contra de muchos, que ven en el Precursor un elemento de perturbación a los intereses que quieren proteger― hace que se declare la Independencia. Sus intervenciones magistrales los días anteriores mueven el tapete de la reacción criolla, por ello las dos pinturas que recuerdan el magno día, la de Juan Lovera y la de Martín Tovar y Tovar, ponen en primer plano al Protolíder de la Independencia de América.

Pocos hablaban de emancipación, los diputados eran sumamente cautos. Miranda hijo ilustre de Caracas, que se incorpora tarde a la asamblea como Diputado por el Pao, Barcelona, enciende la mecha independentista en la Sociedad Patriótica y en el Congreso, que se reunía en la casa del Conde de la Granja y luego pasa a la Capilla de Santa Rosa en el Seminario y Universidad. Con conocimientos y cultura, Miranda rebate los argumentos, excusas y posiciones.

Declarada la Independencia, el 5 de Julio, es nombrada una Comisión de Símbolos para a la Provincia de Venezuela sus nuevas enseñas. Integraron dicha comisión el viejo veterano y general de dos mundos Francisco de Miranda, el Capitán de Fragata Lino de Clemente y el capitán de Ingenieros, oficial de origen peruano José de Sata y Bussy. Dicha comisión presentó un diseño de bandera y escarapela que debía adoptar el nuevo país.

La Comisión escogió la Bandera y Escarapela de tres colores primarios, pero esta vez, cambiando uno de ellos, es decir, el amarillo en la primera franja que será más ancha. No era la vieja bandera, símbolo de una empresa que terminó en fracaso, (Azul, Amarillo y Rojo), como se disponen los colores del Arco Iris. (*)

¿Por qué razón no se escogió la Bandera Madre? Había sido quemada en dos oportunidades: el 21 de julio, en la explanada del Castillo de San Felipe en Puerto Cabello; y, en Caracas los primeros días de agosto, justo cuando Miranda ha desembarcado en Coro, el verdugo Pedro Vicente Oliva en la Plaza Mayor caraqueña quema la bandera, las proclamas, la efigie de Miranda rodeado de público y las fuerzas vivas de la ciudad, teniendo como utilería de fondo las diez cabezas cortadas de los oficiales del la Expedición de la Libertad, ejecutados en Puerto Cabello. Todos ellos norteamericanos, más un polaco y un portugués.

Allí en la Plaza Mayor de Caracas (hoy Plaza Bolívar), cinco años más tarde Miranda oficiará una simple ceremonia de reivindicación por todos los caídos en la causa de la independencia, acompañado de los dos hijos del mártir José María de España, José María y Prudencio cadetes abanderados del Batallón de Veteranos, que ondean la Bandera de la Patria recientemente estrenada. 

Después de ser arrestado Miranda, ese trágico 31 de julio de 1812, y todavía después de muerto en La Carraca, la Independencia va sobre los caminos que él abrió. Sobre sus ideas, su acción, el mundo de relaciones y las estructuras, que fueron utilizadas y con razón suma por la nueva generación de hombres que emprende la tarea de independizar a Venezuela y a la América, porque son creaciones de un ser superior: Francisco de Miranda.


(*)Hay libro nuestro, de Carlos Edsel González y un servidor, Carlos Maldonado-Bourgoin, La Bandera Nacional. Tres momentos estelares de su historia. Monte Ávila Editores, 2006, donde por fuentes primarias, Autos llevados a testigos en La Vela de Coro y Coro, se prueba suficientemente la verdad a medidas dicha por nuestros historiadores clásicos.

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