domingo, 6 de abril de 2014

Arquimes Rivero...Roscio: Líneas a un Hombre Recio.





Nace Juan Germán Roscio.
Pocos hombres encontramos en la historia como Juan German Roscio, un Hombre que no se doblegaba ni bajaba la cabeza ante nadie como debe hacerlo todo defensor de la libertad frente a las arbitrariedades de las tiranías.  

El 27 de mayo de 1763 nace en San Francisco de Tiznados actual estado Guárico, Juan Germán Roscio hijo de José Cristóbal Roscio, un inmigrante italiano y Paula María Nieves nacida en la Victoria actual Edo. Aragua para entonces parte de la Provincia de Caracas. 

Los primeros diez años de la vida de éste niño transcurren en esa pequeña aldea llanera, en medio de un rudo paisaje de inmensos pajonales cubiertos a trechos, por matorrales espesos.

Estudios.
Recio el ambiente y recios los hombres que rodean esta primera infancia de nuestro héroe, el pequeño Juan German da muestras notables de seriedad y vocación por el estudio. Aprende primeras  las primeras letras al lado de sus Padres quienes asombrados por los  progresos del niño y por su deseo de estudiar, resuelven enviarlo a caracas a seguir la carrera literaria. 

Roscio estudia en el Seminario de Santa Rosa donde se hace Bachiller y luego en La Real y Pontificia Universidad de Caracas donde se gradúa como Doctor en Cánones y Leyes el 21 de septiembre de 1794.  Durante años se dedica a impartir clases como profesor respetado por todos los que obtuvieron luces de su acrisolada formación y enseñanzas.

Demanda al Colegio de Abogados: Nace el Hombre Recio.
Roscio entabla una querella con el Colegio de abogados fundado en 1788, ya que sus estatutos pedían el llamado expediente de “Limpieza de Sangre”. Inicia la pelea para su aceptación defendiéndose con gran erudición y habilidad, alegó que todos los hombres son iguales y sólo se diferencian por la virtud y el talento, que; que las leyes del Reino colocaban en un mismo plano de igualdad a europeos y mestizos, que, en consecuencia, él no habría ten ido interés en ocultar que era nieto de una india si lo hubiera sabido; y que la supresión del término india ni la hizo él, ni fue dolosa, ni podía impedir su ingreso al Colegio. El asunto sube después a la real Audiencia y allí los enemigos de Roscio lo acusan de propagador de principios revolucionarios idénticos a los de los Conspiradores Gual y España y tildan sus ideas de sacrílegas, sangrientas y anárquicas. Roscio se defiende con gran firmeza e indignación del “ultraje y calumniosa persecución que padece”. Dice que al afirmar que todos los hombres nacen iguales no desconoce que en la sociedad hay jerarquías y que así lo enseñan los sabios autores y las Sagradas Escrituras. Roscio resuelve esperar y en 1805 introduce nueva solicitud de incorporación al Colegio y la Junta Directiva acuerda su ingreso. Después de siete años de sonado y pelado proceso, Roscio ha triunfado.

La Independencia.
El Doctor Roscio como otros distinguidos varones coloniales había venido conociendo y asimilando las nuevas ideas filosóficas y políticas que con el nombre de liberales se difundían desde los años e la Revolución Francesa. Son principios que resumían los franceses con su lema “Libertad, Igualdad y Fraternidad” y que, en defensa de los derechos del individuo, reaccionaban contra los sistemas políticos y económicos absolutistas. Los filósofos Voltaire, Rousseau, Diderot, D’ Alambert y otros muchos, habían sido los autores de los libros que los propagaban.

Se dice que probablemente en la Casona de los Ribas ubicada en un Solar entre las actuales Equinas Jesuítas a Maturín, lugar donde hoy se encuentra el Templo Masónico de Caracas, se reuniría con Jose Cortés de Madariaga, Francisco Isnardy, Juan Pablo Ayala, los Hermanos Vicente, Juan, Carlos y Mariano Salias, los hermanos Simón y Fernando Bolívar entre otros connotados caraqueños para preparar las acciones conducentes al 19 de abril de 1810. 

Poco después su protagonismo estelar queda en la historia cuando figura como el redactor principal del acta de la Junta Conservadora de los Derechos de Fernando VII en 1810 (Primer paso para la Independencia),  luego del Acta de la Declaración de Independencia en 1811,  y recibiendo luego una diputación de Calabozo –por esas cosas del destino yendo luego al calabozo–   y  al perderse la Primera República poco después de la Capitulación de Miranda, comienza para él y otros ilustres patricios un largo y amargo trance lleno de penurias.

La Prisión.
Miranda es hecho prisionero en la Guaira y Roscio, expuesto por 24 horas públicamente a los vejámenes del populacho hostil y despojado hasta de su ropa, luego encarcelado en húmedas mazmorras para por último ser encadenado junto a los ilustres próceres José Cortés de Madariaga, Juan Pablo Ayala,  Juan Paz del Castillo, Francisco Isnardy, Manuel Ruiz, José Mires y Juan Barona. 

Pasa dos años en cárcel y enviado a la prisión de Cádiz y luego a Ceuta al Norte de África, aislados del mundo y sometidos a grandes sufrimientos.  Pasa el tiempo con la terrible lentitud de las prisiones hasta que un día un joven inglés llamado Tomás Richards quien podía visitarlos de cuando en cuando y simpatizaba con la independencia americana, decide arriesgarse para hacerlos escapar. A fines de 1814 logra sacar en un buque a Roscio, a Madariaga, Ayala y Paz Castillo y los Conduce a Gibraltar. Pero al saberse la evasión el Gobernador de Ceuta reclama ante Gibraltar y este último a pesar de que los venezolanos invocan el derecho de asilo, los entrega de nuevo a los españoles. 

Los maltratos contra los desgraciados próceres aumentan. Éstos protestan ante las autoridades inglesas por la conducta del Gobernador de Gibraltar. Y Richards, quien había perdido todo en ese generoso intento, sigue a Londres y hace formidable campaña en favor de los presos de Ceuta. El Gobierno inglés destituye al Gobernador de Gibraltar por indigno, gestiona la libertad de los prisioneros y lo logra a fines de 1815. Al fin, después de tantos padecimientos aquellos cuatro próceres vuelven a ser libres. De los otro cuatro infelices patricios que Monteverde tildó de monstruos por defender la libertad (Francisco Isnardy, Manuel Ruiz, José Mires y Juan Barona) no se volvió a saber jamás. 

Los Libertados después de pasar unos días en Gibraltar siguen para Jamaica. Todos anhelan seguir luchando por la libertad. 

Regreso a la lucha por la Libertad.
¡Cuántas cosas habían pasado en Venezuela durante su estadía en prisión!: La Brillante Campaña admirable de Bolívar, nombrado Libertador, la invasión de los patriotas orientales, los incidentes terribles de la guerra a muerte, la reacción victoriosa de los realistas al mando de Boves, la dolorosa emigración a oriente, los crímenes espantosos contra los vencidos, y, por último, la derrota final de los patriotas en oriente en 1814 de la que solo algunos patriotas habían escapado con vida.

Bolívar siempre incansable había pasado a Nueva Granada para seguir luchando. Luego, a Jamaica y Haití. Prepara su Primera Expedición de los Cayos desde Haití para invadir a Venezuela y fracasa. Cuando se prepara a la Segunda expedición sabe la llegada de los recién libertados presos de Ceuta a Jamaica. Les escribe invitándolos a unírsele para trabajar para trabajar en la Organización Civil de Venezuela. Roscio resuelve por los momentos, seguir hacia los Estados Unidos. Tal vez pensaba, como Miranda antes de la caída de la Primera República, que era necesario obtener la ayuda extranjera para el triunfo decisivo de las armas patriotas. El 1º de enero de 1817 llega a Nueva Orleans y luego sigue hacia Filadelfia.

Filadelfia: El Triunfo de la Libertad Sobre el Despotismo.
Filadelfia era en el año 1817, centro de actividades de los revolucionarios Latinaomericanos en los Estados Unidos.  Allí varios exiliados notables de Venezuela, de Colombia (entonces Nueva Granada), de México, de Argentina habían constituido en 1816 el Núcleo de una Junta revolucionaria. Y todos trabajaban activamente por lograr la ayuda norteamericana en favor de la independencia del resto de América. 

En Filadelfia publica obra Cumbre y una de las más importantes del pensamiento Latioameriacano: el Libro titulado “El Triunfo de la Libertad Sobre el Despotismo” expresión de su pensamiento republicano y su fe religiosa. Venía meditando desde hacía mucho tiempo y lo había madurado en su cautiverio. Allí demuestra admirablemente entre poderosos argumentos por la libertad y en “desagravio por la religión ofendida por el déspota que la invoca en su despotismo”, que se puede ser católico y al mismo tiempo luchar por la independencia, apoyándose para eso en pasajes de las Sagradas Escrituras, de la historia y de la filosofía. 

No olvidemos que la justificación política y teológica de la monarquía estriba en que la soberanía estaba en manos del Rey por decisión divina y, según los esgrimidores de esta tesis, ello constaba en la Biblia. De modo que para Roscio va a ser fundamental demostrar lo contrario. Desde el Capítulo II de su libro sus esfuerzos se expresan abiertamente:
“Por más que se afanen los déspotas y sus cortesanos, la soberanía ha sido y será siempre un atributo natural, e inseparable del pueblo. Éste es un dogma político y cuasi religioso, que no puede recibir lesión alguna en el presente texto, ni en otros concordantes, que por ignorancia o malicia se han extraído de unos libros destinados, no a la enseñanza del derecho natural y de gentes, sino a la instrucción de otro orden de cosas”.

Manifiesto de Voluntad Firme.
En abril de 1818 hallándose gravemente enfermo y sin saber si el destino le daría fuerzas para sobrevivir, Roscio redacta un testamento donde expone al lado de su fe religiosa, sus convicciones políticas. Su Primera Cláusula Comienza:

“Primeramente declaro y confieso que profeso la religión santa de Jesucristo , y, como más conforme a ella, profeso y deseo morir bajo el sistema republicano, y protesto contra el tirano y despótico gobierno de monarquía absoluta, como el de España”.

Declaración candorosa, pero que nos da idea de la fuerza de las convicciones del notable hombre.
Dispone luego que sus bienes se dediquen a continuar su lucha por la independencia de su país; que se publique un manuscrito que deja intitulado “Catecismo religioso y político contra el Real Catecismo de Fernando VII”; y entre otras disposiciones no olvida recomendar al inglés Tomás Richards a la generosidad del pueblo de Venezuela. El Manuscrito no se ha encontrado nunca.

Roscio convalece de su enfermedad y enterado de los triunfos de Bolívar y de la reorganización del gobierno republicano de Angostura, emprende el viaje de regreso a su país.

Vuelta a la Patria.
A mediados de 1818 llega Roscio a Angostura y se une a sus compañeros patriotas.  Para aprovechar su valiosa experiencia Bolívar designa al recio abogado Director de Rentas y Secretario de Hacienda y éste entra a formar parte del Consejo de Estado donde sus orientaciones son de inmensa utilidad a la causa patriota. El antiguo conjurado del 19 de abril, al reincorporarse a la lucha independentista en el propio suelo, vuelve a los lugares de primer plano, a los cargos donde se requieren las máximas capacidades en tiempo de una dura guerra.  Justo reconocimiento no sólo a su útil trayectoria, a su rectitud y a los sacrificios, sino también a su indiscutible condición de hombre sabio y de estadista eminente.

Luego llega Francisco Antonio Zea y Juan Germán Roscio llegan a ser Presidente y Vicepresidente del Congreso de Angostura y en el 1821 llegan a ser los primeros en suscribir la Ley Fundamental de la República de Colombia donde se unen las Provincias de Venezuela, Cundinamarca y Quito en una misma gran nación.  La Gran iniciativa impulsada por Bolívar no iba a durar mucho tiempo; pero allí quedaría como exponente de la amplitud de sus propósitos y como hermoso antecedente para un futuro que sabría apreciar la inmensidad de los ideales de esos hombres. 

Poco después fallece a consecuencia de una fiebre maligna de la que no se conocen mas detalles en Villa del Rosario de Cúcuta el 13 de marzo de 1821 sin poder presidir el Congreso que uniría a esas tres naciones. Toca a otro notable patriota venezolano y antiguo discípulo del Dr, Roscio, el jurisconsulto Diego Bautista Urbaneja, Ministro del Interior y Justicia hacer la participación de tan doloroso acontecimiento.

A solo tres meses de la Victoria de Carabobo desaparece aquel hombre eminente, héroe del sacrificio, que había entregado cada minuto de actividad, cada segundo de sus velos, a lucha por lograr la libertad de su patria.

Francisco Antonio Zea a Roscio:
Después del regreso de Roscio a Venezuela el Sabio Licenciado Francisco Antonio Zea escribió al referirse a aquel en el Correo del Orinoco:

“Desde el año de 1810 en que Venezuela derrocó el despotismo hasta el día en que, después de un viaje penoso y dilatado, llegó a principios de éste año a la nueva capital del Estado, mil graves y difíciles empleos ocuparon de tal suerte su vida que puede decirse con verdad que ni un momento respiró sino en servicio de su patria. Su constancia en la adversidad excede todo encarecimiento; ni las cadenas y mazmorras, ni las miserias y trabajos llegaron a abatir jamás su impávida firmeza o a desviarle un punto de la senda del honor; y aún los déspotas mismos que le oprimían, se veían obligados a admirar la grandeza de su alma, y la superioridad de su virtud”.        
      
Palabras dedicadas por Don Andrés Bello a Roscio:
Don Andrés Bello, nuestro insigne humanista y libertador de las letras hispanoamericanas al recordar a Roscio en su celebrada “Alocución a la Poesía”, hace el honroso elogio con que cerramos ésta pequeña biografía:

“Ni menos estimada la de Roscio,
Será en la más remota edad futura,
Sabio legislador le vio el senado;
El pueblo, incorruptible magistrado,
Honesto ciudadano, amante esposo,
Amigo fiel, y de las prendas todas
Que honran la humanidad, cabal dechado.
Entre las olas de civil borrasca,
El alma supo mantener serena;
Con rostro igual, vio la sonrisa aleve
De la fortuna, y arrastró cadena;
Y cuando del baldón la copa amarga
El canario soez pérfidamente
Le hizo agotar, la dignidad modesta
De la virtud no abandonó su frente.
Si de aquel ramo de Gradivo empapa
De sangre y llanto, está su sien desnuda,
¿Cuál otro honor habrá que no le cuadre?
De la naciente libertad, no sólo
Fue defensor, sino Maestro y padre”.


Abril de 2014 e:. v:.

Bibliografía:

Losada, Raúl Benito (1953). Juan Germán Roscio. Caracas: Ediciones de la Fundación Eugenio Mendoza.
Arraiz Luca, Rafael  (2009).  Colonia y República: Ensayos de Aproximación. Caracas: Alfa.
Miliani, Domingo ( 1996).  Juan Germán Roscio: El Triunfo de la Libertad Sobre el Despotismo. Caracas: Biblioteca Ayacucho.

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