miércoles, 12 de febrero de 2014

TRIUNFO DE LA JUVENTUD, 12 DE FEBRERO

 
Por; José Felix Díaz Bermudez.
 
¡La Victoria…! Tu nombre representa valor y sacrificio, consagración a la República, heroísmo de la juventud... De todas las batallas de nuestra independencia, muchas admirables por sus hechos y su significado, pocas se elevan como ella en la cumbre de la virtud civil y la templanza republicana. Ella sobresale por su arrojo y por su constancia, por el insólito carácter de sus contendientes, seminaristas y estudiantes que se entregaron por la patria en defensa de su perpetua libertad.
Es por ello que La Victoria simboliza la expresión maravillosa de la grandeza de la República que no claudica ante el despotismo y no se amilana ante la superioridad del enemigo.  Entre 1.200 y 1.500 soldados, muchos de ellos imberbes e inexpertos en la guerra, se enfrentaron a 900 infantes y 2.500 jinetes realistas que les asechaban con la fuerza violenta de la tiranía, esa que se encarnaba Boves y que representó Morales en el sitio, cargando sobre ellos con la caballería compuesta por expertos jinetes que habían vencido muchas veces y esparcido el terror en todas partes. Eran las huestes de los llanos capitaneadas por el odio que incitaba desquites e exaltaba a atropellos, so pretexto de igualdad y de derechos, que finalizaban en la desolación, en el reparto, en la inmolación de tantas vidas inocentes.
Ribas, el del gorro frigio, a la usanza de la Francia revolucionaria que había inspirado el nuevo código de los derechos del hombre, se resistió en el campo, en las calles, en las trincheras donde intentaron detener, y lo lograron, las repetidas cargas y que en la medida que eran resistidas, volvían otra vez con mayor furor.
Antes de comenzar la lucha a la vista de aquellos monstruos, Ribas les señaló a los suyos: “Lo que tanto hemos deseado se realizará hoy: he ahí a Boves. Cinco veces mayor es el ejército que trae a combatirnos; pero aún me parece escaso para disputarnos la victoria. Defendéis del furor de los tiranos la vida de vuestros hijos, el honor de vuestras esposas, el suelo de la patria; mostradles vuestra omnipotencia. En esta jornada que será memorable, ni aun podemos optar entre vencer o morir: ¡necesario es vencer! ¡Viva la República!”.
El sublime llamamiento resumía en dramáticos términos la importancia de aquella hora: la personificación de la barbarie en Boves y en Morales y que se afanaban para martirizar y someter; la presencia de un mayor número de fuerzas contrarias; la existencia de la tiranía siempre oprobiosa, y que no es otra cosa que el mal gobierno de un déspota que abusa del poder que detenta imponiendo su voluntad contra el derecho y la razón; y finalmente, la patria en su eterna semblanza, y en la cual está implícita como necesaria e irrenunciable la libertad de nuestros hijos, el honor de nuestras esposas y la inviolabilidad de nuestro suelo que no admite más infames opresores.
El 12 de febrero de 1814, día de la batalla de la cual se cumplirán 200 años, queda inscrito en los anales de Venezuela para siempre como ejemplo de verdadero patriotismo y constante voluntad de una patria ejemplar a la cual es difícil vencer.

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