lunes, 16 de febrero de 2015

Hablando de... La Maldición sobre Bogotá

De cómo la muerte de un diplomático Masón, originó la negativa del clero para oficiar los servicios religiosos y la airada condena del cura Margallo a la ciudad
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A finales de agosto es habitual que algunas personas, sin saber de dónde proviene la historia, auguren terremotos sobre Bogotá
Don José Joaquín Cardoso Sánchez. Nació en Villavieja el 19 de mayo de 1.773. Fue bautizado en Aipe (Huila) el 9 de enero de 1774, a los ocho meses de edad, estudió en el colegio de San Bartolomé. Se consagró a la carrera eclesiástica, se ordenó de diácono en 1.796 y al año siguiente, siendo bachiller, pidió el presbiterado.


En 1803 fue nombrado cura de Parroquia de Nuestra Señora del Socorro de Villavieja y bajo su administración se preocupó por servir con entusiasmo y desinterés a su pueblo. Empezó a verificar juntas en pro de la construcción del templo parroquial, según acta del 4 de mayo de 1810, porque la capilla de los reverendos Padres de la Compañía de Jesús no ofrecía ya las condiciones necesarias para el culto.

Tócale oír en Villavieja el grito de independencia. En noviembre de aquel memorable año los Villavejanos congregados y presididos por los jueces reales y el párroco, unánimemente autorizaron al doctor Cardoso para que representara a Villavieja ante la Suprema Junta Provincial de Neiva y solicitara para su parroquia el título de Villa y constitución de cabildo sufragáneo. Compareció ante la Junta y obtuvo su petición el 22 de Dic. de 1.810.

En 1.811 concurrió como representante por Villavieja al Congreso reunido en Yaguará, la cual declaró Independencia de la provincia de Neiva, uno de los más fervorosos partidarios de la emancipación.

Un escrito antiguo nos dice que era notable orador. Tenía una voz fuerte y sonora. Poseía los arranques impetuosos, las oportunidades solemnes de los máximos oradores y además un razonamiento lógico que llevaba siempre la convicción a los espíritus por el camino de la ciencia.

Abrazo con abnegación la causa del pueblo, a la que ofrendó todos sus desvelos, se hizo amar de los que sufrían, adquiriendo una popularidad tal, que en el lugar donde se desarrolló su actividad se le tributaba la más sincera veneración.

El 15 de marzo de 1.816 se trasladó a Bogotá y el 22 de junio como miembro de la comisión del Congreso Supremo, emigró al Sur, como Presidente de las Provincias Unidas de Nueva Granada y con este carácter ocupó su puesto en Popayán, siendo presidente José Fernández Madrid.

En compañía de los señores Jerónimo Torres y José María Dávila. El 10 de junio 1.816 fue hecho prisionero en el combate de La Plata.

Reducido a prisión fue llevado a Bogotá. La insalubre prisión fue testigo de la resignación republicana con que éste ilustre varón sufrió el hambre, las calamidades y agravios de todo género con que lo mortificaron los enemigos del derecho ¨.

El coronel Carlos Tolrá lo puso en unión de otros compañeros, a abrir una de las calles de dicha ciudad, por cuyo recuerdo se llama hoy calle de los Mártires ¨ -Parque de los Mártires-. Volvió a Villavieja el 14 de julio de 1817. En esta ocasión según tradición, trajo a su iglesia como regalo una preciosa custodia que hoy se conserva con cariño.

Regresó a Bogotá el 6 de mayo de 1819. En abril de 1.820 es cura de la Villa de Santa Cruz y de San Gil.

Ingreso a Logia Libertad de Colombia No 1 de Bogotá en 1.821 y recibe su grado de Maestro.

Al cambiar su nombre por el de Fraternidad Bogotana No. 1, lo distinguen eligiéndolo Orador para el período de 1.824 a 1.825. El Venerable Maestro era José María del Castillo y Rada. Obtuvo el grado No 18.

Su amigo y hermano Masón, General Santander deseoso de tener a sus QQ:.HH:. en los puestos claves y de importancia en la administración pública y con la facultades que le otorgaba el gobierno republicano, nombro al Presbítero José Joaquín Cardoso, Cura Rector de Catedral de Bogotá y del Sagrario de Catedral Metropolitana de Bogotá, tomando posesión del cargo el 1 de febrero de 1.824 hasta el 10 de febrero de 1.829. También estuvo investido del cargo de Examinador Sinodal del Arzobispado de Bogotá. En noviembre de 1.825 era Representante a Cámara por Provincia de Neiva y dio su voto para la reelección de vicepresidente de la República al General Santander. En 1.827 era senador de la República.

Sorprende comprobar, manifiesta Américo Carnicelli, en su libro La Masonería en la Independencia de América, que entre las cinco dignidades de la Logia Fraternidad Bogotana No 1 de Bogotá desde 1.823 hasta 1.826 tres de ellas eran desempeñadas por eclesiásticos seculares y regulares. Tenían ellos la mayoría. Donde trabajaban por los ideales de Independencia y Libertad, por un gobierno más humano y justo.

Agrega Américo Carnicelli en su libro ya citado: “la masonería se rige y se gobierna con sus liturgias, igual la Iglesia católica y demás congregaciones religiosas del mundo, sin que por ello constituya una Iglesia. Así, que el cargo de Orador de esta logia era desempeñado por un sacerdote, quien oficialmente pronunciaba los discursos en nombre de ella en las reuniones de admisión de nuevos miembros, en las fiesta masónicas y en todas las que se efectuaban.

Debían ser tan atractivas como interesantes esas reuniones de la logia en las cuales sus miembros unos vestidos de civil con la indumentaria de la época otros con sus hábitos religiosos y otros con elegantes y llamativos uniformes franceses que adoptaron los criollos para sus ejércitos. Reuniones muy fraternales todas creyentes en Dios y fervorosamente patriotas.

Con el Decreto del 8 de Nov. 1.828 sobre prohibición de toda “asociación o confraternidad secreta “se clausuraron las logias masónicas existentes en las diferentes ciudades la República, entre ellas FRATERNIDAD BOGOTANA No 1. Con motivo del atentado a Simón Bolívar en la noche septembrina.

Llama poderosamente la atención el hecho de que muchos sacerdotes de la Iglesia Católica, no solo fueron ardientes partidarios de República, sino miembros activos de la masonería, pese a la excomunión que sobre ellos recaía, como resultado de las Bulas papales que estaban en vigencia.

En la noche del 27 de octubre de 1.827, en un baile en la casa de San Carlos, residencia del gobierno, ofrecido por el Libertador Simón Bolívar, un incidente sin importancia entre el Cónsul de los Países Bajos, el caballero P.A. Jonhkeer Van Stuers, y el oficial Francisco Miranda, hijo del Precursor, culminó con un duelo, el cual se realizó el 30 de octubre de 1827 a orillas del río Fucha cerca de Bogotá.

En su Diario Político y Militar consigna el hecho don José Manuel Restrepo, así: “Hoy ha aparecido muerto en un desafío el caballero P.A. Stuers,- quien también era masón,- cónsul general de los Países Bajos. Lo mató un joven Miranda, oficial colombiano a quien el primero obligó a batirse a la pistola, según dicen, por un motivo muy trivial.”

Traído el cadáver a la ciudad había que cumplir con las exequias de rigor. Aquí principiaron las dificultades. Los Curas y Capellanes de las Iglesias de la ciudad se negaban a efectuar los oficios religiosos con el argumento de que no podían dar cristiana sepultura a quien había muerto sin confesión en acto que estaba prohibido por Iglesia y que además era miembro de la masonería.

Además el gobierno preocupado por lo que consideraba una desatención con un país amigo, buscó por todos los medios la fórmula que pusiera fin a tan minúsculo conflicto. Ante la obstinada resistencia del clero, los masones tomaron cartas en el asunto y llamaron a su hermano el Presbítero José Joaquín Cardoso, miembro de la logia Fraternidad Bogotana No 1 y a la vez Cura Rector de la Iglesia Catedral Metropolitana, para que acabara con la tormenta y oficiara los servicios religiosos.

El presbítero Cardoso aceptó, por petición del Gral. Santander y los funerales se efectuaron el 1º. de noviembre sin que valiera para nada la cerrada y airada oposición del sacerdote Francisco Margallo y Durquense y del Mayordomo de la Capilla del Sagrario don Francisco Gregorio de Vergara y Santamaría.

A la noche siguiente el Cura Margallo, declaró que no volvería a entrar a esa iglesia porque había sido profanada y predijo las consecuencias: “Estas hablarán por mí”, dijo ante los consternados oyentes. El pronóstico no dejó de cumplirse.

El historiador Restrepo anota en su Diario ya citado “El 16 de noviembre a las 6 de la tarde se ha sentido en Bogotá un fuerte terremoto, acaso el mayor que recuerda esta ciudad en muchas generaciones. Su movimiento fue de sur a norte, y duró con pequeñas pausas más de un minuto. Los edificios han sufrido mucho. Las cúpulas de las torres de la catedral cayeron y están dañados los demás cuerpos. Este bello y nuevo edificio quedó en extremo maltratado. La media naranja de la capilla inmediata del Sagrario vino a tierra, y las ruinas se precipitaron sobre el hermoso altar de carey, que fue despedazado, incluso una custodia y otras alhajas de valor que contenía.”

El Gral. Francisco de Paula Santander que en materia de dinero no era muy generoso, hizo una donación de ochenta pesos en 1.833 para reedificación del Templo del Sagrario por insinuación del Cura Cardoso.

Estos y otros hechos que se fueron borrando de la memoria de los santafereños crearon alrededor de la figura de Margallo fama de dramaturgo y de profeta. De ahí que con el tiempo se le achacaran muchas profecías que seguramente no hizo, fruto quizás de la mente festiva de un mal poeta que quiso asustar a sus conciudadanos con cosas como aquellas de:

"Un treinta uno de agosto / De un año que no diré… / En sucesivos terremotos / Monserrate y Guadalupe / Hundirán a Santafé."

 
Hemos consignado aquí, aquellos hechos que han conservado personas dignas de crédito, comoquiera que no queremos darles una interpretación distinta de la que les dieron aquellos autores que las recogieron de boca de testigos autorizados.

- El cura y Q:.H:. José Joaquín Cardoso Sánchez, heredó las capellanías y patronatos de los Arias Ugarte. Con él, se extinguió la línea de Domingo Cardoso. Murió en Bogotá en 1857 a la edad de 84 años.

Por su parte, los restos mortales del cura Margallo, reposan en el costado izquierdo de la entrada principal de la Iglesia de las Nieves, en Bogotá, donde fue Párroco.-

Bibliografía: Américo Carnicelli. La Masonería, en la Independencia de América. José Joaquín Cardoso, Presbítero Granadino. El Padre Margallo de Mario Germán Romero. Presbítero, 1.957. Genealogías de la Provincia de Neiva, por Francisco de Paula Sánchez. Reminiscencias de Santafé de Bogotá, José María Cordobés y Moure. Testimonio de mi padre: Enrique Cardoso Gaitán
  
Por Enrique Cardoso P.
Resp:. Log:. Estrella del Combeima No. 7
 Fuente: http://masonesporlamasoneria.weebly.com/publicaciones/la-maldicion-sobre-bogota

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