jueves, 9 de octubre de 2014

Memorias coloniales...Las lecturas y el nuevo mundo.



Los tres primeros navegantes que en julio de 1499 bajaron el ancla de la carabela “Santa Catalina” sobre el fondo de la bahía de Puerto Cabello, eran personajes de gran altura cultural para la epoca.

Para apreciar la formación intelectual de esos marinos, convendría trasladarnos a la segunda mitad del Siglo XV, que es el tiempo histórico en el cual desarrollan su parábola vital.

Una gran cantidad de analfabetos poblaban ciudades y aldeas en una Europa que desperezaba sus miembros adormecidos y echaba a andar de nuevo por los caminos del arte, de las ciencias, de la literatura.

Prueba de una formación humanística serán las lecturas...Ayer como hoy un hombre podría valorarse por su biblioteca.

Otras obras de la estantería navegante fueron la Historia Natural de Plinio el Viejo, y Vidas Paralelas, de Plutarco. Libros que no podían faltar en ninguna biblioteca de la época, eran los de San Agustín, Josefo, Jerónimo, Francisco de Mairones, y el Vocabulario de Alonso Palencia.

España no tendrá artistas trascendentes, ni arquitectos famosos, ni escultores, ni pintor siquiera para recoger el verdadero rostro de los navegantes, pero se asomará al Renacimiento a través de la ventana de los libros…

De los veinte millones de ejemplares impresos en doscientas cincuenta imprentas europeas, durante el período que abarca la vida de Colón que fueron cincuenta y cinco años, coincidiendo su nacimiento en 1451, con la impresión de la Biblia de Gutemberg , gran cantidad fueron editados en veintitrés lugares de España, a partir de la introducción de la imprenta en Segovia en1472, Valencia y Zaragoza y Barcelona en 1473, Sevilla en 1477 y Salamanca 1480.

En el año de 1492, en el viaje descubridor, se imprimiero en Sevilla diez libros, entre ellos: Cárcel de Amor, de Diego de San Pedro; las Ordenanzas, de Alfonso Díaz de Montalvo; Coplas, de Fernán Pérez de Guzmán, y el Nobiliario, de Mejía Fernand.

El libro más trascendente de esta época aparecerá sin embargo en su edición príncipe, cuando ya Colón se encuentre en las islas Canarias para el 18 de Agosto, 1942 reparando la deteriorada  carabela “Pinta”. Se trata de la Gramática Castellana, de Elio Antonio de Nebrija el cual en realidad se llamaba en realidad Antonio Martínez de Cala y Jarava, que fijó las normas escritas para dar a la lengua de Castilla la consistencia y uniformidad necesarias que facilitaran su aprendizaje y difusión.

 La lengua de Alfonso el Sabio, la consagrada en El Cantar del Mío Cid, cobraba carta de naturaleza castellana, se convertía de norma hablada en reglas compiladas.

 La Gramática de Nebrija navegaría después a bordo de los dieciséis buques del Segundo y del Tercer Viaje colombinos, y en esta expedición de la carabela “Santa Catalina”  en Julio de 1499.

El mundo del humanismo renacentista, con matices varios en las diversas regiones de Europa, navegaba a descubrir un mundo nuevo, que cambiaría radicalmente las ciencias conocidas.


 
 
José Rafael Otazo M.
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Profesor Universitario. 
 
Miembro Correspondiente de la Academia de la Lengua, capitulo Carabobo.
Miembro de la Ilustre Sociedad Bolivariana de Venezuela.
Miembro de la Digna Sociedad Divulgadora de la Historia Militar de Venezuela.
Miembro de La Asociación de Escritores del Estado Carabobo.
Investigador en la Asociación para el Fomento de los Estudios Históricos en Centroamérica.

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