sábado, 2 de abril de 2016

Francisco de Miranda Erótico. El hombre detrás del General.

Miranda erótico


Si  el sexo está siempre presente en la experiencia humana cómo no lo iba a vivir don Francisco de Miranda quien vivió en el siglo XVIII una de las centurias más liberadas sexualmente de la historia, tiempo de su contemporáneo Giacomo Casanova, con el cual un día(octubre 7,1785), camino a Praga, se cruzó aunque ninguno de los dos lo supo, fue durante el cruce de dos caminos, en dos coches distintos. Fue don Carlos Pi Sunyer(1888-1971) el primero en registrar este hecho[8]. Lo que hizo Miranda aquel día y el siguiente está registrado en su Diario(t.IV,p.133-134)[9]. Y, claro, contemporáneo de Miranda, relacionado también con el sexo, fue el Marqués de Sade. Y varios de los autores de varias de las grande novelas libertinas como, entre muchas otras, Relaciones peligrosas(1782) de Cloderlos Laclos(1741-1803) o Manon Lescaut (1731) del Abate Prevost (1697-1763).

Pero a Miranda también lo podemos denominar erotólogo porque dejó cumplida constancia de sus actividades sexuales de todo género, de todas las instancias de la sexualidad, en su Diario. Detengamos documentadamente en este punto.

Un aspecto que singulariza el Diario de Miranda es su aspecto sexual. En sus páginas hallamos, por lo menos durante los años de su errancia europea, constantes anotaciones, rápidas, escuetas, precisas, sobre su actividad erótica. Estas nos sirven para conocerlo. Nos enseñan como estuvo lejos del donjuanismo, como utilizó la sexualidad para satisfacer íntimas necesidades humanas, lo observarnos hondamente sexual, como varón erótico. No fue frío ante la sexualidad sino que la utilizó para establecer un equilibrio fisiológico y en otros momentos para expresarse por medio del cuerpo, de una piel a otra.

Todas estas observaciones nos llevan a comprender lo lejos que estuvo de las actitudes de Giacomo Girolamo Casanova, su contemporáneo, al cual no conoció como lo hemos señalado pero con quien en un momento de sus periplos se cruzó[10] sin saberlo ninguno de los dos. Casanova era en ese momento una personalidad internacional bien conocida en la Europa del siglo XVIII.

Ahora la comprensión de las observaciones, desnudas, descarnadas, que sobre la sexualidad vamos a encontrar al leer el Diario mirandino requieren de algunas observaciones previas. La primera de ellas es la relativa a las formas como se asumió la sexualidad durante el siglo XVIII y las ideas que de su práctica se tenían. El diplomático norteamericano J. Rives Childs, estudioso de esa centuria, biógrafo de Casanova, nos indica “En el siglo XVIII el amor era un juego; no se le concedía la seriedad que alcanzó con el romanticismo”[11], “la facilidad con que hombres y mujeres se iban a la cama en el siglo XVIII sugieren en gran medida la deducción de que en esa época, tan radicalmente distinta a la nuestra en muchos aspectos, el contacto sexual apenas tenía mayor importancia que el acto de comer… se trataba de una función corporal a la cual se daba escasa importancia[12]. A esto hay que añadir, acota Childs, “el ambiente corrompido que prevalecía”[13] en las Cortes de esta época.

Para entender cuanto sobre la sexualidad hallamos en el Diario, hay al menos cincuenta y nueve pasajes sobre el tópico, hay que tener en cuenta también estas observaciones del historiador español Antonio Egea López: “Las ideas de Miranda respecto a la sexualidad encajan perfectamente con la mentalidad neoclásica. No existe en el venezolano ninguna concesión al sentimiento. Sus actos sexuales los refiere con racionalismo, narrándolos como fenómenos desprovistos de afectividad”[14], así el “racionalismo… impregna su sexualidad”[15]. Y esto pese a sus sinceras confesiones, llegando a relatar “incluso las veces que en una noche alcanza el orgas­mo”[16]. Y en todo caso “En ningún momento parece que Miranda sobrepase el nivel estrictamente sexual en sus relaciones heterosexuales, pues no refiere que, en general del fenómeno instintivo se eleve al afectivo. Sus descripciones reflejan meramente escenas que los impulsos libidinosos se satisfacen, sin ascender al psiquismo superior. El lenguaje neoclasicista que usa en sus anotaciones de carácter sexual retrata, una vez más, sus identificaciones estéticas”[17]. Así todas sus declaraciones “son expresión de un hombre neoclásico, para el que la sexualidad es un fenómeno natural, de acuerdo con el racionalismo ilustrado, y las informaciones sexuales no tienen por qué ocultar su realidad, están libres de prejuicios, de pudores hipócritas”[18]. Todo esto debemos tenerlo en cuenta al abordar las anotaciones que hallaremos en el Diario sobre su intimidad sexual.

Por su parte Carlos Pi Sunyer indica que en Miranda “las referencias galantes quedarán siempre en un plano muy secundario”[19], y deja y dejará siempre una sensación de incertidumbre acerca del grado de intimidad que sus relaciones alcanzaron”[20].

También recalcó Pi Sunyer, en luminoso análisis, que fueron más las diferencias que los parecidos entre Miranda y Casanova. Para este estudioso catalán sólo se parecieron en su ascendencia hispana, la tez morena de sus pieles, la sensualidad, el espíritu andariego”[21], la inclinación por la mujer y por las apetencias sexuales. Pero no se parecen en cuanto a que la sexualidad no fue el centro de la vida del caraqueño como si lo fue para el veneciano. Para Miranda no dejó de ser “secundario, accesorio, episódico”[22]. Y es por eso que Miranda nunca fue ni un disoluto ni un libertino ya que, cosa que poseyó Casanova a quien muchas veces rodearon aventureros, buscadores de placer, jugadores. Y esto sucedió porque Miranda trazó desde muy temprano, casi al final de la adolescencia, recuérdese que las primeras anotaciones del Diario las hace a la edad de veinte y un años, su destino y fue siempre hombre de ideales. Y claro está si otro hecho los reúne es aquel que en sus escritos: Casanova en su Historia de mi vida conocida también como Memorias, terminadas en 1792, impresas en 1822 y Miranda con su Diario concluido en 1792 e impreso íntegro en 1929, dejaron un vivo testimonio de la sociedad de su época, de la peripecia del siglo XVIII.

Todas estas observaciones previas eran necesarias porque sino las anotaciones sexuales del Diariomirandino chocarían con la mentalidad de nuestra época, transformada décadas después de escrito el Dia­rio gracias a la concepción romántica del amor que aún pervive.

LAS ENTRADAS ERÓTICAS DEL DIARIO

Veamos ahora lo que Miranda escribió en su diario recuento: cuando todavía Miranda y el coronel Smith andaban juntos en Praga el puritano norteamericano registró “Fuimos a un burdel, pero su aspecto era tan vulgar que yo me retiré. Miranda se quedó” (t. III, p. 136); en Venecia Miranda, quien desde las anotaciones de Viena escribió el Diario él mismo al partir otra vez hacia Londres el coronel Smith: “por la tarde mi lección de italiano, y después la visita de una buena moza llamada la signora Marina” (t. IV, p. 195); “Temprano tuve la visita de la signora Marina que se llevó su buena ración” (t. IV, p. 199); en Florencia anota “No hay teatro ni diversión alguna, aun las putas están prohibidas; con que quedarse en casa” (t. IV, p. 230).

En Livorno nos deja una viva imagen de la prostitución en aquellos días al escribir “Esta es la única ciudad en todo el estado en que actualmente se toleran las putas… públicas: hay dos calles destinadas para que allí puedan vivir; en una están las más bajas y en otra las más decentes, que por esto llaman ‘birraias’. Estuve a visitar una de éstas que me franqueó sus favores una hora un cequí y me pidió por toda la noche tres. Me informó que todas las semanas venía un cirujano a visitarla por orden del gobierno para ver si estaban infectadas, metiéndoles para ello un instrumento cónico de hierro que se abría cuando estaba dentro y dejaba ver la matriz, lo que les dolía bastante. Que por esto estaban obligadas a pagar, como asimismo por un permiso escrito que les daban para poder pasar por las otras calles de la ciudad… pues si las atrapaban sin este permiso, las ponían en la cárcel. ¡Pobres infelices!. En fin, yo tomé mis dos entradas en una hora, cuyo tiempo no faltaron de llamar más de diez a la puerta, la mayor parte ingleses del comercio. Lo que me hizo juzgar que mi Lais, joven sienesa de 16 años, era lo mejor y así por no hacerle mal tercio, decampé. Una cosa sin embargo, no pude olvidar, que es la Madonna con una lámpara encendida que tenía a los pies de la cama, monumento seguramente de su devoción y testigo principal de sus culpas. ¡Cómo combinar tanta contradicción!” (t. IV, p. 243-244).

En Roma: “Fuimos hacia allá y encontré una muchacha de 18 años, decente y muy bien parecida, más que no quería franquearse a la primera visita y daba esperanza de hacerlo en la segunda. Yo solté los registros de mi persuasión, y al cabo de mucho rato lo hube de conseguir, con la promesa de no derramarme dentro. Le di un cequí, que aquí es muy buena paga. Después supe que esta muchacha es de gentes decentes, a quien cuando el Rey de Suecia estuvo en Roma había hecho un hijo para su desgracia. Tiene muy buen goce” (t. IV, p. 285).

En Nápoles “a ver una joven y bonita muchacha, que me franqueó sus favores desnuda, y me aseguró que no había que temer de que me enfermase” (t. IV, p. 319). No debía ser costumbre que las muchachas se desnudasen completamente ya que Miranda lo celebra cada vez que ello acontece.

En Karasubazar, Rusia, “Poco después formamos una partida de ‘Citerea’ con las tres bailarinas tártaras… Hubo baile al uso turco con su música y cuantos movimientos lascivos pueda imaginarse, pues las mucha­chas soltaron todos los registros. A mi me tocó para el primer sacrificio, la principal de ellas, que era la primera bailarina del último Kan, y para el segundo, la tercera, circasiana de nación que, aunque sin mucha hermosura, chapaba grandemente y así mismo la primera” (t. V, p. 69).

En Kiev “De aquí fuimos a una casa de una judía polonesa que tenía buenas muchachas y nos ofreció las buenas para la noche… Con la conversación se me hizo bastante tarde… y así no encontré sino una polonesa tal cual en lugar de la bella muchacha prometida por la mañana” (t. V, p. 109); en otra anotación al día siguiente: “De aquí a la alcahueta que no estaba en casa, así mi amigo no pudo chapar a la hija, que es bonita y quería… ¡Oh, cuán difícil es que los hombres actúen con liberalidad en materias amorosas y de preferencias en el sexo” (t. V, p. 110); “Toda la mañana y tarde escribiendo en casa y por la noche casa del amigo Daschkov… Este me hizo traer una muchacha a quien chapé, y en el punto del sacrificio entró el señor Sangy, porque yo olvidé cerrar la puerta… no importa” (t. V, p. 129).

A todo lo largo de sus anotaciones se repite siempre la palabra “chapé” al referirse al acto sexual con una mujer. Sobre ella explica Camilo José Cela(1916-2002), en uno de sus léxicos, “Chapa. Por metonimia, cópula carnal con prostituta… Es voz que usa en la locución ‘hacer chapas’ dedicarse a la prostitución, por las que se daban en los burdeles para pagar con ellas”[23].

En Kiev “Después a casa, donde lo pasé leyendo hasta las siete… El Compañero se fue en el coche y yo me quedé con mi ninfa en la cama. Era muy buena y así me recreaba; mas no lo dejaba meter; yo creía que fuese virgen y temiera el dolor. Se levantó como para volver, más no aparecía… En éstas, chapé a la criada y me fui… “(t. V, p. 149-150); en San Petersburgo “En casa, donde tuve una moza rusa; la chapé y se fue” (t. V, p. 327); “Yo me fui a casa a chapar una moza… y no valía un demonio, con quien dormí” (t. V, p. 425); “Vine a casa a chapar con una moza que un criado recomendado me ofreció y era virgen. No hablaba sino alemán, quería que le pagase cuarto, la pobrecilla tenía miedo, con que se fue y yo no quise violentar su ­voluntad” (t. V, p. 428); en Estocolmo: “Por la tardecita fue a mi Catherina, que estaba tan decente­mente vestida y pronta para ir con su madre y hermana a la Comedia. Estas se fueron y nosotros quedamos juntos ofreciendo un solemne sacrificio a la Diosa de Citerea. Después hice venir un fiacre… y la llevé a la Comedia, mas había tantísima gente que no pudimos encontrar plaza… y así nos volvimos para otro igual holocausto” (t. V, p. 520); “por la tarde fui a ver a mi Catalina Cristina Strandel, con quien estuve una hora y media en delicias” (t. V, p. 534). En Cristianía, la actual Oslo, “Envíe a mi ninfa a las seis media fuera y me comencé a aprontar” (t. VI, 60).

En Goteburgo tuvo una honda relación con Catalina Hall. Fue un romance no sólo físico sino emo­cional. Del mismo quedó hasta correspondencia que Miranda conservó en su Archivo. Sus descripciones de la relación tocan lo físico intensamente y se acercan muchas de ellas al verdadero erotismo. Pero siempre lo emocional y lo afectivo se hizo presente. No era una relación para ser olvidada. “Al almorzar con la señora Hall que me da muchas inquietudes, y después de haber cultivado un poco el amor que comienza a formar­se, me retiré a casa a escribir” (t. VI, p. 87). Ya para ese momento ella le había insinuado que deseaba tener relaciones íntimas con él (t. VI, p. 88). La intensidad entre ambos seguía “a las tres y media en punto al rendez-vous de mi querida; justamente no había nadie y así comencé a chapar… se interrumpió el goce por el ruido a la puerta… luego volví a chapar… completamente… En los intervalos madame me tocaba y yo la tocaba a ella con recíproco gusto y escribí una hoja de mi Diario que ella misma estampaba con los nombres propios” (t. VI, p. 90). Ido Miranda de Gotenburgo ella fue hasta Gasevadholm para encontrarse con él. Miranda dejó constancia del encuentro “encontré… a Madame Hall que me aguardaba… Luego entramos en su coche y el hijo en el mío… aquí la chapé… dos veces deliciosamente” (t.VI, p. 92). Miranda siente su ausencia (t. VI, p. 95). Ella le escribe y le dice: “Espero que Ud. me guardará en su recuerdo, lo que haré toda mi vida” (t. VI, p. 99). Y en otra carta, más tarde le pide que le escriba “de forma que pueda enseñar las cartas de Ud. a mi marido” (t. VI, p. 103).

En Copenhaguen “La comedia… concluyó un poco después de las nueve… fui a ver un poco los burdeles, que encontramos ya sin música… las mujeres y las muchachas estaban a la puerta llamando… Y luego nos fuimos a casa de la moza que tendrá 18 años, y es muy novicia, con quien dormí toda la noche y no pude chapar más de dos veces” (t. VI, p. 155); en la misma ciudad “Vino mi moza la criadita a las ocho, se metió en la cama y estuvimos allí hasta las diez y media” (t. VI, p. 197); y a los pocos días allí mismo “Nos retiramos a las 7… y me fui a la de mi moza la criadita, quien me hizo muy buen fuego, buena cama, chapamos… Me dio mi buena taza de té. Chapamos así. Se desnudó, y con una voluptuosidad sublime, por cierto” (t. VI, p. 246); “a las once me vine a casa, donde encontré en mi cuarto la moza consabida que habla poco inglés, tiene buen cuerpo y está bien vestida, más el aliento es vinoso. La despaché tempranísimo, antes que ninguno en la casa pudiera verla” (t. VI, p. 249); en otra anotación recuerda un Menage a trois: “Después de dejar mis dos buenas muchachas que me hacían mil caricias, me vine a casa” (t. VI, p. 301); a veces todo no se le daba con tanta facilidad pese al hondo deseo sexual que siempre le acompañaba. Tal una anotación, hecha en Roskilde, Dinamarca, “llegué a mi posada a las 3 p.m… Vino una moza que me trajo el mozo de la posada y no quiso chapar… ¡Cosa singular que no se encuentra aquí una muchacha que quiera y yo jamás me he visto con tanta gana!” (t. VI, p. 325). Y al día siguiente escribe en el Diario “No ha “habido forma de moza” (t. VI, p. 326); en Hamburgo “Me vino a las diez una moza que habla alguna palabra en inglés, y es libidinosa, como un diantre” (t. VI, p. 379); en esa misma ciudad guarda para su memoria esta escena “me fui… a casa de la señora Poppe… y nos tenía prometido buenas mozas… y me dio una criadita de 16 años, no mala que me tiré… Pasamos a otro Partenón y vino una mucho mejor y lúbrica, que se desnudó, y así también la despaché muy pronto” (t. VI, p. 393); en Bruselas recuerda que pasó la noche con “una ninfa… muy libidinosa y agraciada” (t. VII, p. 70).

Miranda sabía que para acariciar los dones de la sexualidad había que “engolfarse” en ello, pues una vez conocido el misterio y sus delicias ya nadie le saca del cuerpo. Siguió visitando las casas de mujeres de Amsterdam. En una hizo que su criado se iniciara en las artes amatorias. En otras recuerda sus rasgos. Y en un último lugar el erotismo que le cruza no deja de aparecer: “De aquí pasamos a otro en que las ninfas eran más expertas en el arte de hacer el amor, y se paseaban con una sonrisa y un ojeo el más lascivo que quiera imaginarse. No hay duda que, más refinada esta institución, sería ventajosa al placer y la tranquilidad de la sociedad” (t. VII, p. 79); en La Haya redacta así una experiencia “Vino después una muy buena ninfa de Venus, joven y bonita. Celebramos un sacrificio y se marchó a las doce” (t. VII, p. 91); en Milán recalca “el fuego y las buenas carnes” (t. VII, p. 435) de su compañera de una noche.

Parecidos son muchos de los recuentos que hace, con su forma habitual, siempre muy racionalista.

Así se expresó el primer venezolano en registrar en su Diario sus contactos con la sexualidad. Estas confesiones lo hacen el primero entre nosotros en mirar, desde sí mismo, los sortilegios del placer. Todo ello hecho dentro de los parámetros de su tiempo, una sociedad que produjo a los libertinos como Casanova, a quien señaló el poder singular de la sexualidad como lo fue el muy magnífico señor De Sade y a los autores, todavía únicos en la historia literaria, de las grandes obras libertinas. Una tendencia que con las connotaciones de aquellos días no ha vuelto a repetirse.

AMÓ Y FUE AMADO

Todo esto viene a cuento por el hecho de que una connotada mirandófila, la tachirense Gloria Henríquez Uzcategui, nos pregunta(agosto 23,2007), desde el País Vasco, por qué hemos afirmado que “Miranda amó y fue amado por muchas mujeres”. En verdad ello es así. En toda su vida fue un hombre inclinado a los placeres de la sexualidad. Tanto que entre los libros que tuvo en España poseyó uno sobre la masturbación, como se puede leer en la lista de las obras que tenía en su poder cuando le tocó viajar al Caribe, a Cuba en particular, el año 1780, esto ha sido destacado por su biógrafo Juan Carlos Chirinos(1967)[24]. Y no sólo estuvo con diversas mujeres por amor, a veces sólo por el puro goce del sexo, para satisfacer sus hondas necesidades fisiológicas que sólo el acto sexual sacia. Y claro que amó además a varias mujeres. Leyendo su amplio Archivo nos encontramos con noticias sobre algunos amores completos, totales: tal aquellos que tuvo con dos bellas mujeres andaluzas, Pepa Luque y otra llamada María Teresa en Cádiz, después de su llegada a la península, quienes le remitían constantes cartas pidiéndoles viniera a verlas, a veces, a pasar la noche en la cama con ellas. Tal no sólo su pasión por el sexo y las mujeres sino que esto hay que añadir su juventud, su atractivo físico, el ser moreno llamó mucho la atención en Europa y, sin duda, lo hemos colegido de la lectura de su correspondencia, su gran encanto personal. A ello hay que añadir que viniera de lejanas tierras que a los europeos y asiáticos, y no sólo a las damas, siempre llamó mucho la atención.  A esos amores a los cuales nos referimos, de los cuales tenemos constancia por su Archivo y por su Diario, escrito con constancia desde 1771, el día que salió de La Guiara para pasar a España y por lo menos hasta 1789 cotidianamente. Hay algunas hojas de fechas posteriores y alguna de su viaje a los Estados Unidos en 1805, pero al concluir su gran periplo europeo se cierra el Diario como registro de sus actividades. Este Diario es una obra fundamental por varias razones: para conocer a su autor, para seguir su amplio periplo de varón de la Ilustración a lo largo de Europa, de la cual visitó prácticamente todos sus países de norte a sur, Grecia, Asia Menor, Turquía,  Rusia y los países escandinavos y por ser el escrito en prosa más importante redactado por un venezolano a lo largo de todo nuestra época colonial(1498-1810).

AMORES MÁS PLENOS

Hay al menos algunos amores que no podemos dejar por alto: tal Susan Livingston en Nueva York, con esta quizá no hubo intimidad, como explica Polanco[25] porque ella era una aristócrata y toda su familia trataba con especial dilección a Miranda y a este no le convenía tener vida sexual con Susan, quien sin duda lo amaba, pero para él habían por razones de mucho peso: no estaba en el momento de proponerle una boda a Susan porque sus planes vitales ya eran otros. No hay que olvidar que fue durante su viaje a los Estados Unidos(1783-1784) cuando formó el proyecto de la Independencia hispanoamericana precisamente en Nueva York(1784).Esto lo ratificó en Paris (noviembre 4,1792) en carta al norteamericano Alexander Hamilton(c1757-1804) estadista de aquella nación, uno de los que luchó por su independencia de Inglaterra[26]. Pero ido al Reino Unido Susan le siguió escribiendo apasionadas cartas. De Susan Livingston descendieron los dos presidentes norteamericanos de apellido Roosevelt, Teodoro(1858-1919) y Franklin Delano(1882-1945), y también la esposa de este último Eleonor Roosevelt (1884-1962), quien era prima de Franklin y sobrina de Teodoro. Todos ellos eran personas, como Susan, de la más alta sociedad neoyorkina y seres de muchos recursos económicos. Esto lo pudimos investigar nosotros en Nueva York en la “Sala de historia de la ciudad” de la “New York Public Library”, en la célebre Quinta Avenida con calle 42, y  por lo cual vemos que esta vía es algo más que un sitio de lo que entre nosotros se llaman “levantes” sexuales y tiendas de pornografía. Al lado de esto esta ese lugar donde reside la cultura y la alta erudición como lo es la Biblioteca Pública de la gran metrópolis, la capital del mundo hoy en día para mucha gente.
(Vivimos ahora en el mundo postmoderno, nacido el 15 de julio de 1972 a las 3,25 pm, en St. Louis, Missouri, Estados Unidos, “cuando fue demolido el complejo de viviendas Pruitt-Lee construido según  el principio de la ‘máquina para habitar’” como lo anota David Lyon[27], la capital de este nuevo universo es Los Ángeles también en los Estados Unidos, “una ciudad sin plan, sin profundidad, postmoderna”[28]. El libro de la postmodernidad es La condición postmoderna(1984) de Jean-Francois Lyotard, su gran película es Blade Runner(1982) de Ridley Scott).

Otro amor importante fue el que tuvo en Suecia con Catalina Hall, la descripciones que el trae en suDiario nos hablan no sólo de una intensa pasión erótica sino de su complemento pleno: un amor que todo lo completa, tanto que cuando el viajó a Inglaterra ella le escribió varias veces y en una de las misivas le pedía que le enviara  cartas que ¡pudiera mostrar a su marido¡.

Durante los días graves, de triunfo en 1792 en Valmy o en Amberes, pero también muchas veces trágicos para él, de la “Revolución Francesa”(1793-1795) fue la época de sus amores con la Marquesa Delfina Custine, mujer también casada, cuyo marido era en aquel momento compañero de prisión de nuestro Precursor.

Y organizado su hogar en Londres, en su casa de Grafton Street, que aun existe y es propiedad del Estado venezolano, fue para él, el gran soltero libre y el hombre de muchas relaciones, la hora de formar una familia: fue por ello que entonces se casó, como hoy sabemos documentadamente, con Sarah Andrews(1774-1847), quien fue para el esposa modelo, compañera de sus sueños, madre de sus dos hijos, Leandro(1803-1886) y Francisco(1806-1827), animosa cuidadora de su gran legado personal: su biblioteca hasta que esta fue subastada en 1828 y 1833. Y esto porque al viajar a Venezuela en 1810 se llevó con él su Archivo, este el año de 1812 fue milagrosamente salvado por uno de sus mejores amigos y seguidores quien logró enviarlo a Curazao donde las autoridades inglesas lo decomisaron sin poder pensar que aquel tesoro, aquella “Himalaya de folios” como lo llamó otro mirandino apasionado José Luis Salcedo Bastardo(1926-2005)[29], estaba siendo salvado por ellos. De Curazao fue enviado a Londres y otra vez custodiado por otro querido amigo británico del Precursor quien en un momento de su vida se lo llevó a su castillo. Allí estuvo depositado, por más de un siglo, hasta comienzos del siglo XX cuando el  historiador norteamericano William Spence Robertson(1872-1955), de hecho el autor del primer gran libro de conjunto que se le dedicó consultando sus papeles: La vida de Miranda(1929), sospechó de la existencia de su archivo personal, hallándolo a poco. Esto fue lo que permitió al historiador venezolano Caracciolo Parra Pérez(1888-1964) localizarlo. El resto lo hizo el general Juan Vicente Gómez(1857-1935) al enviarle al diplomático Parra Pérez el dinero necesario para la adquisición de aquellas venerables hojas. Es por ello que hoy están en Caracas, en la Academia Nacional de la Historia, donde están depositados en un arca que mandó a construir el general Marcos Pérez Jiménez(1914-2000). Allí en el Palacio de las Academias los infolios de Miranda pueden ser consultados en sus propios folios y ello ha hecho posible la edición de estas fojas: primero, entre 1929 y 1950 del Archivo del General Miranda y ahora, desde 1978, a través de Colombeia.

CATALINA II
Pero aun nos falta una relación de Miranda con una mujer, la emperatriz Catalina II de Rusia(1729-1796), sobre la cual se han tejido numerosas leyendas, sobre todo eróticas, que la historia no prueba: no hay ningún documento para sostenerla aunque hay elementos a tener en cuenta porque ella sintió fascinación personal por el caraqueño a quien rodeó de halagos y atenciones, a quien dio el título de Coronel ruso, lo salvó hasta donde pudo de la persecución de la corona española, le entregó dinero y siempre fue su amiga porque, aunque mucha gente lo dude, la amistad es posible entre un hombre y una mujer. Las pruebas de este aserto son múltiples. Este afecto fue retribuido en todo momento por Miranda. Uno de los mayores halagos que una reina eslava podía dar a un súbito era enviarle sabrosos platillos de desde su mesa a aquella donde el invitado estaba: Catalina lo hizo varias veces con Miranda. También lo invitó más de una vez a las  tertulias que se celebraban en sus habitaciones reales, no eran aquellas el lugar de dormir, el sitio donde estaba la cama. En los cuartos de la Zarina Miranda nunca estuvo solo con ella. Gozó, sin embargo, de aquella gran distinción: el ser invitado a ellas. Miranda debió encantar a Catalina porque era un hombre joven de aquellos que a ella, quien era viuda, le gustaban. Esta documentada plenamente, en investigaciones rusas y occidentales, su intensa vida sexual. Pero cuando ella tenía un elegido no le era infiel, sólo estaba con él. Y cuando Miranda llegó a la corte Rusa la emperatriz estaba enamorada de un joven noble llamado Alejandro Mamonov, ocho años menor que Miranda.

Ahora bien si no hay documentación para probar que hubiera existido alguna relación íntima entre Miranda y Catalina es verdad es que de haber existido, de lo cual no tenemos prueba alguna, hubiera pertenecido a esos hechos íntimos de la vida personal que ningún hombre completo y de verdad como lo era Miranda hubiera divulgado. Nuestro general fue un varón de intensa vida erótica pero también un caballero que sabía cual era la conducta que debía seguir. Y las cartas que él dirigió a Catalina, una vez salido de Rusia, son los de una persona hondamente agradecida y los de un gran señor. Varias veces le dio las gracias por sus favores y por la protección que le prestó a través de las representaciones diplomáticas rusas en diversos sitios de Europa a los cuales Catalina no sólo dio órdenes de hospedarlo siempre a Miranda sino que estaban obligados a protegerlo en caso de cualquier necesidad. Y aquellas eran órdenes que ningún funcionario real podía desacatar. Es muy gráfica la misiva de despedida de Miranda de la emperatriz(agosto 15,1897) al salir de Rusia[30].

Y el capítulo de Catalina con Miranda se puede cerrar con tres noticias: la primera es que ella no le debió gustar como Monarca la participación del venezolano en la “Revolución Francesa” que no sólo había terminado con la monarquía del aquel país sino que hasta había cortado la  cabeza de los reyes en “La Guillotina”. Por ello Miranda dio una explicación al conde Woronzoff, embajador de la Zarina en Londres[31]. La segunda noticia, que es una inmensa belleza, es la lectura de la carta que Miranda envió desde Londres a la corte rusa cuando tuvo la noticia de la muerte de Catalina, es una carta muy sentida. Y la tercera la escribió estando preso en La Carraca, donde rindió la vida el año diez y seis, curiosamente el mismo día aniversario de la “Toma de la Bastilla”.

En La Carraca, la prisión donde pasó sus últimos años Miranda, en la cual evocándolo lo pintó(1896) Arturo Michelena(1863-1898), en los tiempos anteriores a su deceso si bien, siendo fiel así mismo, trató de organizar su fuga del penal con la ayuda de sus amigos británicos(pensaba escaparse de la cárcel pasar a Gibraltar y de allí dirigirse a Londres). En ese tiempo también dirigió diversos memoriales al torpe rey Fernando VII(1784-1833), en uno de ellos le pedía ser liberado para entonces dirigirse a Rusia(junio 30,1814), país en el que sabía sería bien acogido gracias a la invitación que su querida Zarina le había hecho muchos años atrás[32].

Por cierto que aquel 14 de julio de 1816 en que murió fue el mismo día en el cual Simón Bolívar(1783-1830) invadió a Venezuela por Ocumare, la misma playa por la cual Miranda lo había hecho el 28 de abril de 1806, hecho que nos lleva a pensar que el Libertador, quizá sin darse cuenta aquel difícil día, continuaba y perfeccionaba todo lo proyectado por el Precursor. De hecho fue el Libertador quien  logró que los planes mirandinos de emancipación se hicieran realidad. Y además sin bien había actuado contra el Precursor la madrugada del 31 de julio de 1812 cuando, con otros patriotas, lo detuvo, no lo hizo para entregarlo a los españoles. Quien hizo aquello fue el venezolano Manuel María de Las Casas(1785-d1830) a quien todos aquellos oficiales creían patriota aunque para esa hora de la madrugada se había pasado a los realistas y fue él quien entregó a Miranda a Monteverde. Por ello el Viejo Girondino quedó preso hasta su deceso en La Guaira, Puerto Cabello, Puerto Rico y en Cádiz, en la península. Pero Bolívar no sólo llegó a saber todo lo hecho por Las Casas sino que lo acusó públicamente de traidor(agosto 26,1821), acusación que nunca ha podido ser refutada pese incluso a los esfuerzos de los hijos de Casas[33]. Pasado el tiempo, en uno de sus actos que no son posibles sino en los espíritus superiores el Libertador rectificó su conducta del año doce para con Miranda. Primero El 11 de julio de 1826 en carta al mariscal Antonio José de Sucre(1795-1830), donde llamó al Precursor, “el más ilustre colombiano”, epístola divulgada hace pocos años[34]. El 2 de julio de 1827 en Caracas, en misiva a Leandro Miranda, hijo mayor del Precursor[35] le confesó que el recuerdo de su amado padre le había traído “ideas gloriosas y tristes”. Y cerramos este punto señalando que como ha sido estudiado por Edgardo Mondolfi Gudat, pese a la acción de los patriotas contra Miranda en 1812, sus dos hijos fueron con el tiempo fervorosos bolivarianos[36].

MAS DE DOSCIENTAS MUJERES POS SUS MANOS ¿O CAMA?

En verdad Miranda estuvo sexualmente con muchas mujeres a lo largo de su vida. Tantas que el historiador Tomás Polanco Alcántara(1927-2002) afirma que entre sus brazos estuvieron más de 200, a tantas acarició el Precursor[37], conservando en un fino estuche muchas veces, lo que lo hace hondo varón erótico, pelos de los pubis de aquellas queridas mujeres que tantas horas de placer le habían hecho pasar.

Tantas fueron que más bien llama la atención a quien estudie estos asuntos que no haya constancia de ninguna relación, aunque sea con una hetaira, en los años que pasó en Cuba(1780-1783) o en el tiempo en que estuvo en Venezuela(1810-1812). Quien sabe si algo se sabrá en el futuro sobre el punto y alguna noticia tendremos de aquellas que lo visitaron en las prisiones en las cuales estuvo en los últimos años de su vida porque durante sus cautiverios en Francia, durante la Revolución Francesa conocemos quien lo visitaba, tenía mucho afecto por él pese a ser casada y tuvieron una relación siempre erótica en muchos de sus encuentros en la misma cárcel: Madame Custine.


Referencias para consulta:
[1] Gregorio Morales: Antología literatura erótica. Madrid: Espasa Calpe, 1998. La cita procede de las p.57-59.
[2] Irving Wallece: Vidas íntimas de gente famosa. Barceona: Grijalbo,1982. Ver las p.48-51
[3] Severo Sarduy: Escrito sobre un cuerpo. Buenos Aires: Sudamericana,1969. 108 p. La cita procede de la p.11  nota 4. El mismo volumen está en sus Ensayos generales sobre el barroco. México:Fondo de Cultura Económica, 1987.323 p.
[4] Octavio Paz: Un más allá erótico: Sade. Bogotá: TM Editores,1994. 84 p. La cita procede de la p.5.
[5] Raymond Jean: Un retrato del marqués de Sede, el placer de la desmensura. Barcelona: Gadisa,1990. 220 p.)
[6] Jean-Jacques Pauvert: Sade, una inocencia salvaje,1770-1777. Barcelona: Tusquets,1989. 433 p.
[7] Peter Gay: Freud, una vida de nuestro tiempo. 2ª.ed. Barcelona: Piadós,1990. 917 p. Ver las p.254 y 328-329
[8] Carlos Pi Sunyer: “Miranda y Casanova” en sus Patriotas americanos en Londres, p.131-160. La referencia está en la p.141
[9] Todas las citas a textos de Francisco de Miranda que hacemos a lo largo de este trabajo proceden de  su Colombeia, las citamos refiriendo entre paréntesis el tomo y la página de donde tomamos la cita que hacemos en cada caso.
[10] Carlos Pi Sunyer: “Miranda y Casanova” en sus Patriotas americanos en Londres,p.141 y Colombeia,t.IV,p.133,Anotación correspondiente al 7 de octubre de 1785.
[11] J..Rives Childs: Casanova, el rostro oculto de un seductor. Madrid: Espasa Calpe, 1991.357 p. La cita procede de la p.32
[12] J. Rives Childs: Casanova: el rostro oculto de un seductor,p.51.
[13] J. Rives Childs: Casanova: el rostro oculto de un seductor,p.143.
[14] Antonio Egea López: El pensamiento filosófico y político de Francisco de  Miranda, p.133.
[15] Antonio Egea López: El pensamiento filosófico y político de Francisco de Mirada,p.133.
[16] Antonio Egea López: El pensamiento filosófico y político de Francisco de Miranda,p.133.
[17] Antonio Egea López: El pensamiento filosófico y polítcio de Francisco de Miranda,p.134.
[18] Antonio Egea López: El pensamiento filosófico y político de Francisco de Miranda…,p.134-135
[19] Carlos Pi Sunyer: “Miranda y Casanova” en sus Patriotas americanos en Londres,p.151.
[20] Carlos Pi Sunyer: “Miranda y Casanova” en sus  Patriotas americanos en Londres,p.141.
[21] Carlos Pi Sunyer: “Miranda y Casanova” en sus Patriotas americanos en Londres,p.132
[22] Carlos Pi Sunyer: “Miranda y Casanova” en sus Patriotas americanos en Londres,p.133
[23] Camilo José Cela: Diccionario del erotismo, t.I,p.237.
[24] Juan Carlos Chirinos: Miranda, el nómada sentimental,,p. 125 y 301 nota 124; ver también Colombeia, t.I,p.588 y Francisco de Miranda: América espera,p.30.
[25] Tomás Polanco Alcántara: Francisco de Miranda: ¿Ulises, don Juan o Don Quijote?,p.124-134
[26] Francisco de Miranda: América espera,p.124;Tomás Polanco Alcántara: Francisco de Miranda: ¿Ulises, Don Juan o Don Quijote,p.262
[27] David Lyon: Postmodernidad. Madrid: Alianza Edtorial,1994. 157 p. La cita procede de la p.107.
[28] David Lyon: Postmodernidad,p.108.
[29] José Luis Salcedo Bastardo: “Prólogo” a Colombeia,,t.I,p.9.
[30] David Ruiz Chacón/Edgardo Mondolfi: Miranda, la aventura de la libertad, Caracas: Monte Ávila Editores, 1991. 2 vols. Ver en este caso el t.II,p.81-82
[31] David Ruiz ChataingRuiz/Edgardo Mondolfi Gudat: Miranda, la aventura de la libertad,t.II,p.85-86
[32] Francisco de Miranda: América espera,p.489.
[33] Simón Bolívar: Escritos del Libertador, t. XX,p.616-618.
[34] Simón Bolivar: Correspondencia del Libertador,p.296.
[35] Simón Bolívar: Cartas del Libertador, t.VI,p.13.
[36] Edgardo Mondolfi Gudat: “Pancho y Leandro” en su Miranda en ocho contiendas, p.184.
[37] Tomás Polanco Alcántara: Francisco de Mirada: ¿Ulises, Don Juan o Don Quijote?, p.335

Fuente; https://francisdemiranda.wordpress.com/2013/01/04/francisco-de-miranda-erotico-el-hombre-detras-del-general/

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