domingo, 27 de julio de 2014

Don Rafael Otazo... El teatro y las artes en Venezuela a finales del S. XIX y principios del S. XX.


Don Rafael Otazo (1872 – 1952)

Una de las figuras más interesantes que hemos tenido en el presente siglo (XX) en materia teatral es la de don Rafael Otazo, autor de innumerables y popularísimos sainetes criollos y empresario de indiscutible capacidad.

Otazo se encuentra desde hace tiempo completamente retirado de sus antiguas faenas. Se ha dedicado a otras labores. Y ahora vive la etapa bella de los recuerdos lejanos. Son las dos de la tarde y lo aguardamos entre el Puente Hierro y la Roca Tarpeya, en donde tiene un taller de mueblería. No pasa mucho tiempo sin que le estrechemos la mano y conversemos. E instalados cómodamente en el fondo del taller los recuerdos empiezan a surgir como un humo azul y lánguido.


- ¿Venezolano?

-Si- responde inmediatamente, -caraqueño.

- ¿Sus comienzos?

-En 1892 empecé a trabajar en asuntos de teatro con un gran empresario que se llamó Miguel Leizibabaza. El trajo las mejores Compañías que se vieron en Caracas en aquellos tiempos. Sin embargo, es necesario decir que tuvo muchas ventajas. Los Presidentes de entonces subvencionaban muy bien a las Compañías teatrales. Ese procedimiento fue seguido por Crespo, Rojas Paul y Anduela Palacios.

- Y en esa época, ¿cuál cree usted que fue la mejor Compañía que vino a Venezuela?

-En mi opinión, fue la Compañía de Opera Cardinali. Andueza Palacios la subvencionó con ochenta mil pesos.


-El entrevistado hace una breve pausa y prosigue:

-Así, pues, durante esa época me encariñé con el teatro y ocupé diversos cargos bajo la dirección experta de Leizibabaza. En 1896 inauguramos las tandas del Teatro Caracas, las cuales tuvieron un éxito absoluto. La temporada duro 6 años ininterrumpidamente. Desfilaron notabilísimos artistas. Recuerdo entre ellos a Concha Martínez, famosa tiple cómica. Se mantuvo en cartel durante tres meses, y a Miguel Villareal. En estas tandas del Caracas di comienzo a la presentación de mis primeros sainetes criollos y mis obras de actualidad popular. La primera que se monto en escena fue Los apuros de un jefe civil; luego El Rapto. A propósito de esta última, le contaré una anécdota. Leizibabaza se fue a España a buscar una Compañía y me dejó encargado de las tandas del Caracas advirtiéndome terminantemente que no clausurara la temporada por ningún motivo. Y mi deber era cumplir esa orden. Pero un buen día se presentaron conflictos. Las tiples se me fueron una a una. No encontrando qué hacer, hablé con el Presidente Castro y le expliqué la difícil situación con el fin de que me ayudara. Castro se negó terminantemente a ello alegando que ya había ayudado en muchas ocasiones a Leizibabaza. Me fui entonces desconsolado y cuando iba hacia mi casa me llamó un amigo mío que era Jefe Civil de una parroquia caraqueña y me invitó a que lo acompañara a buscar una mujer que habían secuestrado. Lo acompañé en sus correrías detectivescas. Acabó durante la noche con un baile muy equívoco que había y se logró rescatar a la secuestrada. Todo eso me inspiro un sainete. Lo escribí en seguida y lo llamé El Rapto y tuvo tan enorme triunfo en el público que la temporada se salvó. Esto sucedió en 1898.

- ¿Y hasta cuándo trabajó usted con Leizibabaza?

-En 1904 me metí de lleno a empresario teatral por mi cuenta. Fui en ese año a España y traje a la Compañía Casañas, de ópera española y zarzuela. La temporada se llevó a efecto en el Teatro Municipal y duró desde el 27 de octubre de 1904 hasta el 10 de junio de 1905. Reforcé la Compañía Casañas e inauguré con ella el Teatro Nacional el 11 de junio del mismo año.

- ¿Cuáles son las mejores Compañías que usted ha traído al país?

-Las mejores Compañías que yo logré traer a mi patria son las siguientes: en 1908, a la Freixas, conjunto español que traje de Puerto Rico. En 1912 contraté la Compañía de Guillermo Bolívar. En el transcurso de la actuación esa Compañía hizo un Concurso por votación directa del público para obras teatrales. Tuve la satisfacción de ganar dos veces. Primero, con El que ama y el que apetece: luego, con La Sayona.

- Otazo nos señala un copioso álbum en donde hay notables opiniones sobre sus obras. De esas opiniones copio el siguiente párrafo de un articulo de Rafael Bolívar Coronado: “Ese paso de comedia contiene detalles delicados copiados al natural y aquella disertación sobre el mosquito es una maravilla”. Se refiere a La Sayona.

-En septiembre de 1915 traje a la Compañía Mendizabai-Ros, la cual tuvo unos triunfos extraordinarios. La Compañía organizó un Concurso de Belleza entre las muchachas de Caracas y salió electa reina la señorita Mercedes Arismendi, hoy esposa del señor doctor Luís Teófilo Núñez. Salieron electas princesas de dicho certamen las señoritas Socorro Bello y Judith Sanabria



-Don Rafael Otazo hace una pausa y aprovecha el tiempo para hojear el interesante álbum que tengo cerca.

-Un triunfo popular y simpático fue el obtenido desde 1919 hasta 1921 por la Compañía Puértolas and Company en el desaparecido Teatro Calcaño, a base de sainetes y obras netamente criollas. Yo tenía que escribir todos los sábados un sainete. Así lo hice durante esos años. En 1925 traje al actor Ramón Caralt, en un conjunto artístico especializado en obras policiacas. Y, nada menos traje en ese año a don Ricardo Calvo, el famoso actor hispano. En 1926 traje para el Teatro Nacional el conjunto Picolli, un teatro de muñecos, integrado por conocidos artistas de la ópera italiana. En ese mismo año tuvo su primera actuación en Caracas el conjunto de la Santa Cruz. En 1927 presente al público de Caracas la Compañía de Revistas Velasco, en donde vino la artista Tina de Jarque, fusilada durante la guerra española. En vista de la unánime aceptación que tuvo el soberano con la Santa Cruz, traje de nuevo a esa Compañía en 1928. Importé, además, durante ese año a Maria Tubau, as de ases. En 1930 hago debutar a Miguel Fleta con Rigoletto. Aquí llegamos a un positivo record de taquilla, el cual no creo que haya sido superado. En la noche del debut la entrada bruta produjo Bs. 24.878. En la quinta función, en una vespertina, este record fue batido y la entrada bruta montó con la cantidad de Bs. 25.678. Le repito que esta entrada ha sido un record de taquilla y ha sido una de mis mejores satisfacciones en materia teatral.

- ¿Y cuál fue su última actuación como empresario?

-En 1933 con la Compañía Alegría y Henart.

-¿Qué motivo tuvo para esa renuncia?

Ello se debió al resultado obtenido en esta temporada. Resolví por eso retirarme de las empresas teatrales. La Compañía Alegría y Henart tuvo un éxito ruidoso. El teatro se llenaba en todas las funciones, pero, no obstante eso, perdí dinero. Ello fue debido al bajo precio de las entradas y a lo crecido de la hoja de gastos. El promedio de la entrada diaria era de Bs. 2.000. Yo perdía Bs. 200 al día, ya que mis gastos ascendían a Bs. 1.200. Los gastos de la Compañía solo montaban a Bs. 800. Allí estriba la diferencia en mi contra y a favor del conjunto.


- ¿Qué otras impresiones me cuenta en su trayectoria teatral?


-El primer ring que se levanto en Caracas fue debido a mí. Lo levanté el primero en enero de 1924 en el Circo Metropolitano. Y por poco voy a dar a la Rotunda.


-¿Por qué?


-Vera usted: yo pedí el permiso reglamentario al para entonces Gobernador de Caracas, Julio Hidalgo. Le expliqué la importancia de ese deporte universal y me concedió la licencia. Encargué entonces a Panamá varios boxeadores. Cuando la fecha del primer encuentro se acercaba lancé preventivos de propaganda. Hidalgo me mandó a llamar y me dijo enérgicamente que el no daba permiso para boxear sino para simples exhibiciones. No me quedó más remedio que acceder, aunque presentía que las tales exhibiciones iban a ser un fracaso, como efectivamente pasó. Una noche, parece que uno de los muchachos que se exhibían salió con la nariz rota. Al día siguiente me llama de nuevo Hidalgo y sin darme tiempo de hablar me lanzó una andanada de groserías e improperios innobles. No me quedó otro remedio que no decir ni una palabra. Se encontraban presentes el Perfecto Carvallo y Pedro García, el Jefe de Policía. De haber dicho yo siquiera una palabra me hubieran encarcelado. Yo estimaba demasiado mi libertad personal para irla a sacrificar tontamente. Después, en la calle, Carvallo me dijo: lo felicito, si usted habla una palabra teníamos orden de arrestarlo.

Después supe -prosigue hablando el señor Otazo- que todo se debió a que Hidalgo era enemigo personal de un socio mío. Sólo me quedó la esperanza de encontrarlo algún día en la calle sin ser Gobernador… Después del incidente me fuí unos meses a Trinidad.


-Su consejo sobre el teatro en la actualidad.

-Yo creo que para que una obra tenga éxito en nuestro público debe ser sencilla y de actualidad. Por otra parte, es fuerza confesar que el público tiene desviado el gusto del teatro hacia el cinematógrafo, el cual gusta más hoy a la mayoría. Creo me retiré dejando mi nombre a buena altura. El público de Caracas, generoso y noble, supo corresponder a mis esfuerzos y sabe muy bien que sin reparar en sacrificios de ninguna clase le presenté siempre buenas Compañías de óperas, operetas, dramas, comedias, zarzuelas, revistas y variedades.



-Con estas palabras, el veterano autor y empresario notable don Rafael Otazo da por terminada sus declaraciones. Montó a lo largo de sus actuaciones más de cien obras suyas. La Viuda Comilfo, parodia de El rey que Rabio, fue representada más de doscientas veces sin decaer el entusiasmo en el público.

Otazo ha hecho en su vida la obra bella y humana, sobre todo humana, de entretener. Hay quienes nacieron para echar dolor sobre los pueblos. Éste hombre sereno y tranquilo nació con luminoso privilegio de echar alegría sobre los pueblos. Merece respeto y admiración.

Rafael Otazo (1872 – 1952)  figura a su vez en la historia del cine nacional como guionista de La dama de las cayenas (1911) que, según el investigador Ricardo Tirado: "Fue la primera cinta de argumento (parodia de la famosa novela "La dama de las camelias" de Alejandro Dumas hijo), dirigida por el norteamericano Harry Zimmerman que importara de la Fox Filme de Nueva York la primera reveladora realmente profesional y últimos implementos salidos de USA; creando los primeros laboratorios de cine en Venezuela, los que estuvieron ubicados en una casona de la esquina de Bolero con subvención del propio gobierno de Gómez, llamándoseles flamantemente 'Studios Venezuela' (Así con 'S', aunque eran laboratorios únicamente). 


La dama de las cayenas resultó un rotundo éxito y su estreno en noviembre de 1911 en los cines Caracas, Monumental y Cajigal fue resonante. Filmada en diversos escenarios naturales de Caracas: El Calvario, el mercado de San Jacinto, el Pasaje Linares, El Paraíso, etc., dejó enormes ganancias". Aurora Duboín, bella actriz teatral hizo de Margarita, mientras Lucas Manzano al galán seducido Armando, acompañados por gente de la escena nacional como Leoncio Martínez, Francisco Pimentel (Job Pim), Edgar Anzola, entre otros; logrando gratamente sorprender la interpretación de los actores. Siendo el año de 1911 el Centenario de la Independencia de Venezuela, los cineastas se abocaron a cubrir con un trabajo febril y coordinado todos los acontecimientos más importantes de ese año tan especial.
La dama de las cayenas (1911)
El suceso de la película antes mencionada estimulará la actividad cinematográfica en el país y a Rafael Otazo le sigue el guión del largometraje: Don Leandro, el inefable (1918) dirigido por Lucas Manzano, con las actuaciones de otro gran sainetero Rafael Guinand como Don Leandro; y otras figuras conocidas en los escenarios caraqueños como Juan Fort, Manolo Puértolas y, su esposa, Antonia de Puértolas. La cinta constituye una joya del cine mudo del país.

Así también Otazo fue guionista de los cortometrajes: La hormiga, Paseo independencia y Plaza Bolívar; los tres bajo la dirección de Lucas Manzano en el trascurso del año 1920.

De este sainetista por excelencia se conserva la primera escena publicada por la revista Élite en 1940 de su obra Un diputado modelo (1937), sainete en un acto y tres cuadros.



Fuente; Entrevista publicada en: Ideas Venezolanas, Nº 33, Año 4, Caracas, 1945.


 José Rafael Otazo M.
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Profesor Universitario. 
Miembro Correspondiente de la Academia de la Lengua, capitulo Carabobo.
Miembro de la Ilustre Sociedad Bolivariana de Venezuela.
Miembro de la Digna Sociedad Divulgadora de la Historia Militar de Venezuela.
Miembro de La Asociación de Escritores del Estado Carabobo.
Investigador en la Asociación para el Fomento de los Estudios Históricos en Centroamérica.

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