domingo, 2 de febrero de 2014

Hablando de...El Legado de María Magdalena


 ¡La evidencia física definitiva!

 El éxito de la novela El Código Da Vinci ha convertido en tema de debate la cuestión de si existió una descendencia de Jesús. José Luis Giménez, el autor del libro El legado de María Magdalena, ha realizado una fascinante investigación de documentación iconográfica que se saldó con importantes descubrimientos inéditos. En este artículo extractamos algunos de sus hallazgos. Mi fuente de información, me había emplazado a realizar un enigmático viaje. 

Un viaje que me llevaría a descubrir aspectos insólitos y desconocidos sobre la figura de María Magdalena, el nombre que la tradición cristiana dio a la Myriam Migdal judía, o Myriam la de Magdala, que desempeña un papel tan relevante en el Nuevo Testamento de la Biblia. Mucho se ha escrito sobre Jesús el Nazareno, nombre que algunos atribuyen a la aldea de Nazareth. 

En cambio, otros autores sostienen que indicaba su pertenencia a la secta judía de los Nazaritas o Nazareos, entre cuyos votos se incluía no cortarse el cabello ni la barba. Sin embargo, muy poco sabemos con certeza sobre su vida. El Nuevo Testamento recoge algunos momentos fundamentales de la vida de Jesús en los cuatro Evangelios canónicos. Pero éstos solo hacen referencia a su vida pública con el objetivo de demostrar que era el Mesías prometido a Israel, y de una manera sesgada en lo referente a su vida privada. En otros textos, conocidos como apócrifos, podemos obtener una información complementaria. Entre éstos destacan los descubiertos en 1945 en Nag Hammadi (Alto Egipto). 

En evangelios apócrifos de cuño gnóstico se habla de un Jesús íntimamente vinculado con María Magdalena, e incluso se afirma que Pedro mostraba cierto recelo y envidia hacia esta mujer, negándose a aceptar que, tras su muerte, Cristo resucitado le hubiese confiado sus enseñanzas secretas y el primado sobre la comunidad de sus seguidores. Según alguno de estos textos, como el Evangelio de Felipe, Magdalena era la compañera o consorte de Jesús, e incluso se menciona la existencia de una descendencia de ambos en términos claros: “existe el misterio del Hijo del Hombre y el misterio del hijo del Hijo del Hombre”. Más aun: este evangelio desarrolla esta afirmación, sosteniendo que Cristo tenía la capacidad de crear y la de engendrar, para culminar sugiriendo que su unión con Magdalena fue un “matrimonio sagrado”, al que diferencia del profano calificado y califica de auténtico misterio.

 No cabe duda de que estos textos apócrifos —perseguidos y destruidos por la Iglesia desde los años que siguieron al Concilio de Nicea en el siglo IV d.C.— dieron lugar a una leyenda que circuló ampliamente durante la Edad Media. Pero, ¿hasta qué punto era posible documentar la persistencia de esta tradición? Mis primeros hallazgos se situaron en “El Camino de Santiago”, al que yo considero más apropiado llamar de Prisciliano, “el Obispo hereje” nacido en Galicia, en el año de 340 d.C. Prisciliano predicaba una doctrina gnóstica, que tuvo un notable éxito en el norte de Hispania y en el sur de la Galia. Casi todos los lugares relacionados con el Camino están salpicados de referencias toponímicas a Oc. No es casual que una a Compostela con María de Magdala y el Secreto del Grial, en el Languedoc francés, situándonos en el entorno de Rennes le Château, una de las claves del enigma. 

Fue en el Monasterio de Santa María de Oia, en su iglesia monacal cisterciense del siglo XII, donde encontré la primera pista. Allí se encontraba un retablo que describía la venida del Espíritu Santo. Por un lado, llamó mi atención su gran parecido con el sello de los Caballeros Templarios de la abadía de Notre Dame du Mont Sion. Por otro, la figura central representaba a Magdalena rodeada por los apóstoles, mientras el Espíritu Santo en forma de paloma descendía sobre ellos. IZQUIERDA: Retablo de Maria Magdalena con los apóstoles. CENTRO: Sello templario de la abadía du Mont de Sión. DERECHA: Monasterio de Santa María de Oia (Pontevedra). 


Muy cerca de donde yo vivía descubrí otro elemento significativo. Se trataba del Reial Monestir de Santes Creus, perteneciente a la orden del Císter, situado en Aiguamurcia, el Alt Camp, provincia de Tarragona. Al margen de la indudable calidad artística de los diferentes estilos representados en esta iglesia monacal, atrajo mi atención una de las dos capillas dispuestas en los laterales del templo, junto a la puerta de la entrada principal. Esta capilla, denominada de San Juan Evangelista, me iba a deparar grandes y gratas sorpresas ya que, en la imagen central del retablo, aparece la figura de un San Juan Evangelista con aspecto señaladamente femenino, de largos y rizados cabellos pelirrojos, labios de color carmesí carnosos y sensuales y que sostiene una copa o grial con la mano izquierda, a la altura del pecho. JUAN EVANGELISTA.

Obsérvese el color pelirrojo del cabello. Conforme me fui acercando y contemplando con detenimiento el retablo, realizado en madera policromada y pintada al óleo, descubrí que había siete iconos adicionales en la parte inferior del mismo y, al observarlos con detenimiento, vi que reproducían diferentes pasajes bíblicos sobre Jesús y María Magdalena. Aunque la figura central del retablo pretende ser la de San Juan Evangelista, demasiados aspectos lo contradecían.

 Tradicionalmente a éste se le representaba con un aspecto varonil, barba poblada y edad madura, casi siempre con un libro en las manos. Baste recordar los lienzos sobre San Juan Evangelista de pintores como El Greco, Tiziano o Velázquez. En cambio, la imagen central del retablo era indudablemente femenina. Yo la identifiqué como María Magdalena, por la larga melena de color cobre-rojizo y el tipo de vestimenta y colorido más utilizado en su representación, con predominio del rojo. También por el hecho de sujetar en la mano izquierda la urna donde se guardan los óleos con que ungió de Jesús, un dato inequívoco, pues así es como se la ha representado mayoritariamente. 

Como hemos mencionado, debajo del icono central hay siete iconografías de menor tamaño, cuatro de cuyas figuras se identifican con María Magdalena, y otras tres centrales de mayor tamaño, que representan episodios de la vida de Jesús : el nacimiento, la crucifixión y el descendimiento de la cruz. Exponer y describir en detalle lo representado en todos los iconos resultaría imposible en el presente articulo, por la gran cantidad de datos y fotografías. Pero como la principal evidencia a la que nos hemos estado refiriendo se encuentra precisamente en algunos de estos iconos, vamos a referirnos en concreto a estos últimos resumidamente. 


En el icono central aparece la escena de la crucifixión de Jesús, junto a los dos ladrones y a los pies encontramos la mayor de las sorpresas: ¡María Magdalena embarazada! Contemplé la escena desde todos los ángulos posibles para excluir la posibilidad de una ilusión óptica. Pero no se trataba de ningún error de apreciación. La Magdalena representada a los pies de la cruz de Jesús, totalmente desolada, con el cabello pelirrojo suelto y el pañuelo en la mano izquierda enjuagándose las lágrimas, había sido evocada como mujer embarazada, con sus pechos hinchados, remarcando los pezones y su vientre abultado en la forma característica de la preñez. Es un vientre muy bajo, a punto de parir, en la posición que adoptaban antiguamente las mujeres de Oriente para dar a luz. Junto a ella aparece una calavera, tradicionalmente asociada a Magdalena en la iconografía.

 Para no dejar ninguna duda respecto de su embarazo, el autor del icono pintó una especie de cíngulo —tal como se hacía entonces para remarcar los pechos en las embarazadas, tal como tuvo a bien indicarme mi amigo Manuel de Perea, pintor, orfebre y escultor y por tanto capacitado para aportar tales referencias—, que va desde el hombro hasta la cintura, remarcando claramente el pecho hinchado de la Magdalena. María Magdalena embarazada al pie de la cruz. En el icono solo aparecen las dos mujeres que tradicionalmente son identificadas con María la Virgen (madre de Jesús) y María Magdalena, lo que despeja cualquier duda sobre la identidad y el estado de embarazo de la figura representada. El tercer personaje representado es el apóstol Juan. 

Esta era la prueba o evidencia definitiva que había estado buscando. ¿Sería posible que nadie antes lo hubiese advertido? ¿Durante cuanto tiempo había permanecido oculto el mensaje del retablo? Ahora empezaban a encajar todas las piezas del rompecabezas. Necesitaba observar con atención el resto de la iconografía, desafiando el tiempo transcurrido desde su ejecución hasta este triunfal momento. Un momento que nunca habría podido ni imaginar. En la siguiente escena, correspondiente al icono de la derecha, podemos ver el descenso de la cruz de Jesús ya fallecido, rodeado de varios personajes. 

De izquierda a derecha aparecen María, esposa de Cleofás y prima de la madre de Jesús; José de Arimatea, con barba y el típico turbante que llevaban algunos fariseos; Magdalena, quien aparece con la urna de los óleos en sus manos; Lázaro-Juan, sujetando por los brazos a la Virgen María; Juana, hermana de la Virgen María y tía de Jesús, quien aparece arrodillada, recogiendo los pies del crucificado; y por último y subido en la escalera que hay apoyada en la cruz, un personaje que bien podría ser Nicodemo. Icono del descenso de Jesús de la cruz.

 En la iconografía del descenso de la cruz, el autor nos da un detalle de suma importancia: todos los personajes que aparecen en el icono, por fuerza tenían que ser parientes de Jesús. Según la Ley de Moisés no estaba permitido tocar a los muertos, a menos que fuesen parientes, como podemos confirmar en Números1 9,11: “El que tocare un muerto, el cadáver de un hombre cualquiera, seré impuro por siete días”, un tabú de contacto con el cadáver reiterado en Números 19, 14 y 19 : 16. En Levítico 21, 1-3, tenemos una mayor precisión: “Yahveh dijo a Moisés: ‘Habla a los sacerdotes, hijos de Aaron, y diles: Ninguno se contamine con el cadáver de uno de los suyos, excepto si es de alguno de sus parientes más próximos: su madre, su padre, su hijo, su hija, su hermano. Podrá también hacerse impuro por el cadáver de su hermana, todavía virgen, si, por no haber pertenecido a ningún hombre, era su pariente próxima’”. 

Un pasaje que corrobora Ezequiel 44, 25: “No se acercaran a persona muerta para no contaminarse, pero por el padre, la madre, el hijo, la hija, el hermano, la hermana que no tenga marido, si podrán contaminarse”. Como vemos, sólo estaba permitido tocar a los muertos a los familiares más cercanos. En este caso, el autor del icono dejaba claro una vez más la relación de pariente cercano que ostentaba María Magdalena con respecto a Jesús. El resto de la iconografía también hacía referencia a la relación entre ésta y Jesús. De hecho, vuelve a insistir en la misma idea, como podemos ver en otro icono donde aparece ella con los signos inequívocos del embarazo. 

Finalmente, la posible descendencia de Jesús y María Magdalena quedó testimoniada por el autor del retablo en otro de los iconos, donde podemos observar a Magdalena acompañada ya de sus dos vástagos, en este caso, de dos niñas gemelas. IZQUIERDA: María Magdalena embarazada con la cruz. DERECHA: Iconografía correspondiente a Magdalena con las dos niñas gemelas, llevadas de la mano y en brazos. ¿La evidencia de la descendencia de Jesús y María Magdalena? 

Este retablo dejó constancia, en forma iconográfica, de una tradición antiquísima que, a pesar de la hostilidad de la Iglesia, se transmitió a lo largo de toda la Edad Media. Básicamente, recogía el mensaje siguiente: Estatus social de María Magdalena en el icono de la princesa, con la inscripción de IVSTICIA. Esposa de Jesús, vestida de luto tras la crucifixión, con la palma de martirio, igualmente testigo del martirio al que fue sometida su memoria, al ser presentada como una prostituta, cuando en La Biblia no existe ninguna base para identificarla con el personaje de la pecadora evangélica. Esta arbitraria identificación se consolidó en los siglos V y VI, proyectando una imagen de descrédito que veló su verdadero valor y significado histórico. Grial viviente en calidad de portadora de la sangre de Jesús, a través de su descendencia (icono que la presenta embarazada, soportando la cruz, la carga). 

Confirmación de la descendencia (icono con los dos niños gemelos en brazos, mostrando claramente su parecido con los progenitores). No es posible detallar en un artículo toda la información que recabé con respecto al autor del retablo —tarea que abordo en mi libro—, pero baste recordar que el Monasterio de Santes Creus pertenecía al Císter, la Orden fundada por San Bernardo de Claraval, quien a su vez intervino de manera decisiva en la creación de la Orden de los Caballeros Templarios. Posteriormente, éstos llegaron hasta el Monasterio de Santes Creus, a través de la Orden Militar de Santa María de Montesa, fundada en 1.319 por el rey Jaime II de Aragón para acoger a los Caballeros de la Orden del Temple que consiguieron huir de la persecución del Rey Felipe IV el Hermoso de Francia, con el beneplácito del Papa Clemente V. Los Caballeros Templarios que consiguieron huir de Francia, se refugiaron en otras órdenes, como la de Montesa o la de Calatrava. Con ellos también llegarían los conocimientos secretos de la Orden, por los cuales habían sido acusados de herejes. 

Entre estos secretos siempre se ha destacado el de la existencia de una sangre real (Santo Grial) que reivindicaba una ascendencia sagrada y se remontaba a Jesús y Magdalena. El retablo que hemos examinado fue realizado en el año 1.603, según consta en el mismo, utilizando un lenguaje oculto del iniciado para transmitir de forma encubierta una tradición considerada herética, cuyos depositarios en Europa occidental habían sido los Caballeros Templarios, y anteriormente los cátaros. Sinceramente, creo que las evidencias hablan por sí solas. 

Más si tenemos en cuenta que se trata de un retablo de principio del siglo XVII y que, con anterioridad a esa época, ya existían diversas iconografías e imágenes sobradamente conocidas de San Juan Evangelista, entre éstas las ya citadas de Tiziano, El Greco y Velázquez, por poner sólo algunos ejemplos, que proyectan sin excepción una imagen acusadamente viril de esta figura. Esta tradición excluye que dicho personaje pueda corresponderse con la imagen femenina representada en el retablo de la iglesia del Monasterio de les Santes Creus. Me parecía increíble que aquel retablo no hubiese llamado anteriormente la atención de nadie (por lo menos, no tengo constancia de ello). Pero como dijese Hermes (mi enigmático informante): “Todo tiene su momento”. Y quizá ahora había llegado el momento propicio. Extraído del libro El Legado de María Magdalena, de José Luis Giménez

sábado, 1 de febrero de 2014

hablando de Historia en Venezuela...Tal día como hoy nace en 1817, Ezequiel Zamora,"El General del Pueblo Soberano"


Ezequiel Zamora nace en la población de Cúa, estado Miranda, el 1º de febrero de 1817; era hijo de Alejandro Zamora y de Paula Correa. Fue educado por tutores y familiares allegados, quienes le instruyeron en filosofía, historia universal, derecho romano y movimientos políticos europeos.

Historiadores, intelectuales y políticos le han calificado de valiente, indomable, fanático, vengativo, héroe y patriota; él, a si mismo se describía como “enemigo de la oligarquía”.

De lo que no cabe la menor duda es que fue la figura más destacada de la Guerra Federal, (el enfrentamiento posterior a la gesta independentista que intenta redimir al campesinado de la voracidad de los latifundistas). Por su denuedo en la defensa de desposeídos lo llaman “el general del pueblo Soberano”.

Desde sus funciones de pequeño comerciante en la población aragüeña de Villa de Cura, a los 30 años de edad, palpa el descontento de los trabajadores del campo que padecen la crisis económica que dejó la guerra de Independencia. Cuando Antonio Leocadio Guzmán funda el Partido Liberal, se une a él y se convierte en jefe regional.

Sus consignas de lucha, a partir de 1846, son: “Tierra y hombres libres”, “respeto al campesino” y “justa distribución de las riquezas”. Sus victorias en los combates le hacen ampliamente reconocido entre el pueblo y las autoridades, por eso, le capturan y condenan a muerte, aunque el presidente José Tadeo Monagas le conmuta la sentencia.

Monagas le enrola en los combates contra los seguidores de José Antonio Páez, alzados en armas, a quienes vence en las batallas de Cabimas, Quisiro y Barinas.

En el 59, encabeza la Guerra Federal iniciada en Coro, y asume responsabilidades políticas y militares con acierto: reorganiza el estado Yaracuy como entidad federal y triunfa en la batalla de Santa Inés, el 10 de diciembre de 1859.

Cuando se dirige a la ciudad de San Carlos, estado Cojedes, el 10 de enero de 1860, recibe un balazo certero de procedencia desconocida que le produce la muerte.


José Rafael Otazo M.
---------------------
Profesor Universitario.
Miembro de la Ilustre Sociedad Bolivariana de Venezuela.
Miembro de la Digna Sociedad Divulgadora de la Historia Militar de Venezuela.
Miembro de La Asociación de Escritores del Estado Carabobo.
Investigador en la Asociación para el Fomento de los Estudios Históricos en Centroamérica.
Director de la Publicación Internacional, "Ni vestido ni desnudo"

Hablando de...La Historia Oculta de Maria Magdalena

Durante los últimos diez años, sin embargo, una gran cantidad de información ha sido extraída de archivos Templarios y monásticos, ampliando las revelaciones publicadas con anterioridad a extraordinarios nuevos niveles.

María Magdalena es una de las más pintadas y esculpidas de todas las figuras clásicas. Artistas y románticos le han adorado, pero ella ha sido constantemente vilipendiada por el establecimiento religioso.

En el Nuevo Testamento se le da como patrocinadora de Jesús, una mujer que él amaba, una compañera cercano de su madre, y la primera persona que habló con Jesús después de su resurrección. La doctrina de la Iglesia, sin embargo, afirma que ella había sido una ramera pecaminosa, aunque una pecadora arrepentida quien finalmente fue admitida a la santidad en fecha tan tardía como 1969.

La posición de María es única en la historia cristiana. A pesar de su aparente papel de apoyo en los Evangelios, ella aparece en otros textos como una de sus figuras principales. De hecho, es evidente que la figura más importante del cristianismo, sobrepasando en mucho el presunto estatus de Pedro y Pablo.

El drama que emerge del Vaticano y de registros monásticas es la relación marital de María Magdalena con Jesús, su exilio de Judea en el 44 D.C. bajo la amenaza de sedición, y la persecución documentada de sus herederos por una sucesión de emperadores romanos.

¿Por qué estas cosas no están escritas en la Biblia? Sí lo están, en parte - pero simplemente no son enseñadas o generalmente discutidas.

Es pertinente señalar que, si bien hay muchas pinturas murales de cristianos tempranos en las catacumbas bajo las calles de Roma, la pintura cristiana más antigua descubierta hasta ahora en un entorno sobre el suelo no es de Jesús o de su madre, sino de María Magdalena.

Titulado Myrrophore (portadora de Mirra), que representa a María en la tumba de Jesús con un alabastrón de ungüento. emanando de principios de los 200s D.C. (mucho antes de que se estableciera la Iglesia de Roma) fue encontrada en una capilla en el río Éufrates en Siria, y fue trasladada a la Galería de Arte de la Universidad de Yale en 1930.

Los evangelios canónicos no hablan de los padres de María Magdalena, pero otros textos históricos hacen, y la importancia de su patrimonio es de primordial importancia para el estado civil de María. En los evangelios que fueron estratégicamente excluidos del Nuevo Testamento, cuando la selección fue hecha en 397 D.C., en el Concilio de Cartago, María está clasificada como la esposa y consorte del Mesías.

Incluso los documentos Cátaros de Provenza, en fecha tan tardía como el siglo 13, dejan claro que en los círculos gnósticos, ella fue,"siempre entendida de ser la esposa de Jesús."

Cierta información narrativa que dejó esto en claro fue editada en el Nuevo Testamento antes de su publicación, pero mucho más fue dejado intacto en los Evangelios y en otros libros canónicos.

No menos importante en este sentido son las cuentas detalladas de su ceremonia de matrimonio. No se trata de las bodas de Caná, como algunos teólogos han supuesto, sino un ritual de unción mucho más explícito, basado en la tradición real Siria de la familia de María Magdalena, como corroborado en el Antiguo Testamento hebreo.

La novela de Dan Brown, El Código Da Vinci sugiere que María era del linaje familiar de Benjamín, pero esto no fue el caso. Su herencia era mucho más importante, remontándose a la misma rama davídica de Jesús, con un linaje soberano a través de los reyes-sacerdotes Hasmonaeos de Jerusalén en el siglo segundo antes de Cristo.

Registros dominicanos y benedictinos coinciden también en que, mientras la ascendencia maternal de María Magdalena era de la realeza de Judea, su herencia paterna era de la nobleza real de Siria.

También es citado en El Código Da Vinci que Jesús y María Magdalena tuvieron una hija llamada Sarah. Pero Sarah no era un nombre en esa época del siglo primero, era un título israelita que significa princesa. El nombre de la hija era Tamar (nacida el 33 D.C.). Ella fue Tamar la Sarah. El nombre significa Palmera, y fue el mismo progenitor matriarcal en el Antiguo Testamento de la casa real de Judá, el mismo que se le dio a la hermana del rey David.

Por otra parte, sin embargo, Jesús y María Magdalena tuvieron dos hijos, según ha sido confirmado hace 15 años por las investigaciones de la Dra. Barbara Thiering del Consejo de Estudios de Teología en la Universidad de Sydney.

¿De dónde emana esta información?

Sorprendentemente, la mayor parte se encuentra en las secciones del Nuevo Testamento que son frecuentemente ignoradas en la enseñanza del establecimiento. Y hay algunas referencias notables que datan del siglo primero (aclarado por los primeros padres del movimiento cristiano), que hablan de la brutal persecución que afectó a la línea familiar.

Después de la 'crucifixión', 'resurrección' y 'ascensión' de Jesús, y comenzando por el emperador Vespasiano (69-79 EC), una sucesión de emperadores romanos (incluyendo Tito y Domiciano) emitieron proclamas a sus generales en el campo que los herederos descendientes de Jesús y sus familia debían ser perseguidos y condenados a la espada.

Fue una crónica por eminentes historiadores como Hegesipo el Africano y Eusebio, que la continuación de la casa real mesiánica debía ser terminada.

El edicto imperial en 70 D.C. (unos 40 años después de la 'crucifixión') ordenó que,
"la familia de David fuese buscada, que nadie podría quedar entre los judíos que fuera de la estirpe real."
Posteriormente, sin embargo, fue reportado, que si bien muchos fueron capturados, algunos fueron liberados y,"en su liberación se convirtieron en líderes de las iglesias en una estricta progresión dinástica, por haber dado testimonio y porque eran de la familia del Señor."

Estos descendientes perseguidos fueron llamados los desposyni (Herederos del Señor).

El Archivo del Vaticano revela que en 318 D.C., una delegación de descendientes mesiánicos confrontaron a Sylvester, el Obispo de Roma. Insistieron en que la Iglesia del Nazareno de Jesús estaba siendo corrompida, y que justamente debía de ser dirigida por los herederos de la familia - no por un régimen despótico Imperial.

Se les aconsejó, sin embargo, que el poder de la salvación no descansaba con Jesús, sino con el emperador Constantino, para quien el derecho a la herencia Mesiánica había sido personalmente "reservada desde el principio de los tiempos"!

Esta era la situación y la última desgracia de los herederos de Jesús y María Magdalena.

A pesar de los registros históricos, esto condujo a que fueran marginados por el ortodoxo 'iglesianismo' de Roma, como se desarrolló a partir del siglo cuarto. Cuando Juan Casiano de Belén fundó su Orden Cassianita en el siglo cuarto, María Magdalena fue de suma veneración y culto sagrado, y sus monjes se convirtieron en los guardianes oficiales de su tumba.

En los últimos tiempos, María Magdalena fue proclamada Madre Protectora de la Orden de los Dominicos, y obras de arte sobre ella de los dominicos, franciscanos y otros grupos monásticos diferían considerablemente de aquellos de la Iglesia de Roma.

En este sentido, es interesante observar que, mientras que la Iglesia hizo todo lo posible para denunciar la situación de María Magdalena, los cardenales y obispos encargaron un número extraordinario de retratos de Magdalena para las iglesias de Europa.

La razón de esto ha sido difícil de entender, pero, afortunadamente, los registros de cómo y por qué fue el caso sí existen - y no menos importante desde el estudio del artista renacentista Rafael. Un alumno de Miguel Ángel y Leonardo da Vinci, Rafael fue llamado a Roma por el Papa Julio II en 1508.

Una comisión fue recibida por el estudio para decorar una capilla dedicada a María Magdalena en la iglesia de Trinita dei Monti, en Roma.

La idea era pintar un retablo de la escena de la Resurrección y cuatro frescos de pared relacionados con Magdalena. El modelo suministrado por estas representaciones era Lucrezia Scanatoria - descrita como "Una famosissima cortigiana di Roma" (una famosa cortesana de Roma).

Era, de hecho, la amante favorita del Papa Julius.

Otras cortesanas señaladas de la Corte Papal del Renacimiento incluyen a,

Masina
Vannozza dei Cattanei
Giulia Farnese
Gaspara Stampa
Verónica Franco
Tullia d'Aragona

Estas mujeres vivían en el más grande del lujo papal, con casas, viñedos y toda clase de riquezas prodigadas en ellas.

A pesar de la regla del celibato que se aplica dentro de la Iglesia, un estilo de vida extravagantemente sexual prevaleció entre la jerarquía del Vaticano, pero no era una novedad renacentista. Es un legado de la cultura papal, derivándose de las leyes civiles romanas del emperador Teodosio en el siglo quinto y de Justiniano en el sexto, codificado en el Corpus Juris Civilis.

Fue durante esta época que María Magdalena fue definida por primera vez en su papel no bíblico como prostituta - una proclamación por el Papa Gregorio en 591.

Ahora está claro de los anales que la denuncia de 591 era una maniobra estratégica del asentamiento romano. María era un chivo expiatorio.

Posteriormente fue vilipendiada por la Iglesia, pero, al inventar el concepto de su arrepentimiento por los 'pecados' que no cometió, los obispos idearon su propia fuente perpetua de reivindicación.

Fueron completamente absueltos de violar la regla del celibato, siempre y cuando mantuvieran comisionando pinturas de la penitente María Magdalena.

A lo largo de los primeros siglos de la Iglesia de Roma, Jesús fue dejado de lado como una figura de gran importancia. Desde la época del siglo 4º de Constantino el Grande, los emperadores eran las principales divinidades del movimiento - un papel con el tiempo tomado por los Papas después de que el Imperio de Occidente se derrumbó.

Después de eso, sin embargo, la autoridad papal declinó y la Iglesia también estuvo cerca de colapsar en el siglo octavo.

Las monarquías clave de Europa eran de ascendencia davídica, algunos del linaje directo de los desposyni, herederos de Jesús. Todos los esfuerzos para demoler estas sucesiones (según lo descrito por Eusebio, Hegesipo y otros) habían fracasado. La única manera de que la Corte Papal pudiera establecer su posición suprema era tomando el control de la estructura monárquica, y en el año 751 el Papa Zacarías ideó una manera de hacer esto.

Sin revelar su fuente, Zacarías produjo un documento previamente desconocido que aparentemente era de 400 años y llevaba la firma del emperador Constantino.

Se proclamó que el Papa era el representante elegido personalmente de Cristo en la Tierra, con un palacio ubicado por encima de todos los palacios del mundo. Su dignidad otorgada por Dios se dice que es superior a la de cualquier gobernante terrenal y sólo él, el Papa, tenía el poder y la autoridad para 'crear' reyes y reinas como sus subordinados.

El documento llegó a ser conocido como la Donación de Constantino, y sus disposiciones se pusieron inmediatamente en vigor.

En virtud de esto, toda la naturaleza y estructura de la monarquía pasó de ser una oficina de tutela para una comunidad de dominación absoluta. A partir de entonces, los monarcas europeos se vieron coronados por el Papa, convirtiéndose en siervos de la Iglesia en vez de ser siervos de la gente.

El difunto Imperio Romano era una reliquia de la historia, pero Zacarías tenía un nuevo concepto - el Sacro Imperio Romano controlado desde el Vaticano.

La primera iniciativa del Papa Zacarías era deponer a la más influyente de todas las casas reales - los reyes merovingios de Galia (Francia). Con una ascendencia genealógica del rey David de Israel, esta enigmática dinastía habían sido los Señores de los francos por 300 años.

De acuerdo con el edicto, del siglo primero, del emperador Vespasiano, que había ordenado,
"que la familia de David fuese aniquilada, que nadie podía quedar entre los judíos que fuera de estirpe real",
...los Merovingios nunca deberían haber existido en cuanto a Zacarías sabía, y él tenía su rey Childerico III capturado y encarcelado. En su lugar, Zacarías instaló a una familia de alcaldes hasta ahora regionales, y subsecuentemente hechos a imagen de los carolingios.

En los 236 años de monarquía carolingia, el único rey de importancia fue el legendario Carlomagno.

Sin embargo, una nueva tradición había nacido, y el Imperio Romano fue comenzado. A partir de entonces, los reyes europeos se vieron coronados por el Papa - y en Inglaterra por su arzobispo designado de Canterbury. Escocia se quedó sola en la resistencia contra esta desviada invasión católica, y sus monarcas fueron posteriormente excomulgados.

La Donación de Constantino aparece ahora en las enciclopedias como la "más famosa falsificación del mundo."

Prueba de ello surgió hace más de 500 años. Sus referencias del Nuevo Testamento se refieren a la Biblia Latina Vulgata - una edición traducida y compilada por San Jerónimo, que no nació hasta 340 D.C., unos 26 años después de que Constantino supuestamente firmara y fechara el documento. Aparte de esto, el lenguaje de donación es aquel del siglo octavo y no guarda ningún parecido con el estilo de escritura de la época de Constantino.

La donación fue primero declarada como fraudulenta por el emperador Saxon Otto III en 1001, pero el asunto fue ignorado hasta que su autenticidad fue ferozmente atacada por el lingüista italiano Lorenzo Valla en el siglo 15. Fue empleado por el Papa Nicolás V a trabajar en la Biblioteca del Vaticano, donde descubrió la donación y la denunció como un fraude del siglo octavo.

Sin embargo, fue este mismo documento el que facilitó un nuevo estilo de monarquía papal.

Fue el dispositivo por el cual la Iglesia de Roma revirtió el poder político para sí mismo y eclipsó a los herederos desposyni de Jesús y María Magdalena después de la caída del Imperio de Occidente. Se había convertido en el documento principal del señorío papal sobre toda la cristiandad y sus monarcas.

Mucho se ha hablado en El Código Da Vinci de cómo Leonardo da Vinci introdujo subrepticiamente a María Magdalena en su mural de La última cena en el monasterio de Santa Maria delle Grazie en Milán, pero en realidad no lo hizo. Esta suposición proviene de un concepto obsoleto de 1994, que se basaba en el mural que existía después de una limpieza superficial por Mauro Pelliccioli en 1954.

Se afirma en El Código Da Vinci que, en esta restauración de 1954, La Última Cena, fue,
"limpiada hasta la capa original de la pintura de Da Vinci", pero esto es completamente falso.
En ese tiempo, se calcula que sólo una quinta parte de la pintura original de Leonardo quedó intacta, y toda fue arrasada debajo de los repintes de sucesivos y numerosos intentos de restauración.

Todo lo que hizo Pelliccioli fue limpiar la superficie y tratar el trabajo contra el moho.

No fue sino hasta 1978 era una restauración comisionada a realizarse por el conservador de renombre de obras maestras, Dr. Pinin Brambilla Barcilon. Esta renovación se llevó un total de veinte años durante los cuales el mural no estuvo a la vista del público.

Finalmente se dio a conocer en 1999, pero la fuente de referencia de la novela de Dan Brown en este sentido fue escrita cinco años antes, y no estaba basaba en la pintura de la Última Cena tal y como existe hoy en día.

Desde 1999, el mural de hecho ha sido despojado de la pintura original de Leonardo, y los artículos citados en El Código Da Vinci que se refieren a una mujer en lugar del apóstol Juan no existen. La cadena de cuello, por ejemplo, resultó ser una grieta en la pared. La supuesta formación de los pechos en la imagen fue causada por marcas de estuco blanco de un temprano intento de adherir yeso.

Además de esto, el dibujo preparatorio de Leonardo como la figura en cuestión se encuentran en la Biblioteca Ambrosiana de Milán, y están titulados positivamente 'Juan', mientras que dos representaciones conocidas de Leonardo, de María Magdalena, no tienen nada en común con la figura apostólica en La última cena.

Si Leonardo hubiera querido incluir a María Magdalena en su representación de la última cena, podría haberlo hecho con impunidad.

Otros artistas como Fra Angelico, ciertamente hicieron esto introduciendo a Magdalena como el 13er apóstol. No había necesidad para ningún artista encargado por un establecimiento Dominicano de ser de ninguna manera subrepticio en la inclusión de María Magdalena. Como Madre Protectora de la Orden, que fue la figura primordial en las ilustraciones Dominicanas a partir del siglo 13.

Otro aspecto de El Código Da Vinci sugiere que el Priorato de Sion era una orden secreta subterránea de seguidores de Magdalena con una larga historia, nuevamente, a las Cruzadas. Esto es en gran medida incorrecto, porque no ha habido una organización continua de ese nombre.

Ha habido cuatro sociedades relacionadas con nombres similares en diferentes momentos de la historia, y sólo uno de ellos tenía alguna asociación directa a Magdalena.

De hecho, la causa de esta asociación de los registros renacentistas de la Prieuré Notre Dame de Sion es muy revelador.

Dirigido por René d'Anjou, rey de Nápoles, detalla varios reyes y reinas europeos, y los círculos de arte de Giotto di Bondone, Jan Van Eyck, Leonardo da Vinci y otros, como ávidos defensores del legado de Magdalena. Esto provino de sus actividades relacionadas que la escuela ermita de La Madeleine de St Baumette fue fundada en Provenza, junto con los festivales de Bethany en Marsella, Tarascon y Aix.

Independientemente de cualquier cosa escrita por Dan Brown, María Magdalena ha sido una favorito de los artistas a través de los siglos, desde Giotto di Bondone a Salvador Dalí.

Las pinturas de María están a menudo lejos de ser bíblicas en su representación, pero nunca son presentadas engañosamente.

Ya sea en la Última Cena, las Bodas de Caná, o incluidas de otra manera, las apariciones de María en las obras de arte son siempre abiertamente declaradas, y su relevancia histórica es mucho más explosiva que el escenario presentado en El Código Da Vinci.por Laurence Gardner
 
Celta.·.

Aureliano en Hibernia...Jean Bodin y la Francmasonería: a propósito de una lectura de Frances Yates.

      La siempre imprescindible lectura de Frances Yates llevó a mi imaginación al límite de vincular ciertas ideas de Jean Bodin con ciertos tópicos masónicos. Se podrá acusar a mi imaginación, típicamente masónica, de ver todo en clave del Arte (y todo puede ser) pero tengo para mi que, siendo la francmasonería una institución cuya impronta ideológica proviene de las postrimerías del renacimiento, vaya a saber uno qué tan alejada esté la fantasía de la Verdad.

     La página 210 del Tomo III de los Ensayos Reunidos, editado por el Fondo de Cultura Económica, da cuenta de la reseña que Yates realiza del Colloquium heptaplomeres de rerum sublimium arcanis abdictis (Coloquio de los Siete  sobre secretos de lo sublime). En esta obra Bodin trasluce el ideal de tolerancia a través de siete coloquios sobre lo Sublime que son llevados a cabo por siete imaginarios personajes: Coronaeus, un católico romano; Federicus, un luterano; Curtius, un calvinista; Toralba, partidario de la religión natural; Senamus, que acepta todas las sectas; Salomón, un judío y Octavius, un musulmán. Como se puede apreciar, no hay ateos en estas reuniones y en cada uno de los coloquios, cada orador expresa con total franqueza sus ideas religiosas sin que exista ninguna disputa sobre las mismas. Las reuniones terminan con el canto de salmos en perfecta amistad.

     Transcribo dos párrafos del análisis de Yates:

    “A cada uno de los Siete se les atiende con tanta justicia, que el lector, desacostumbrado a escuchar su propio lado junto con el opuesto, puede preguntarse a quién debe seguir,  y esto es sin duda intencional. Puede uno seguir a quienquiera con tal de que sea tolerante con los otros y se una a ellos en salmos e himnos. ¿Cuál de los Siete era el favorito del propio Bodin? Ha habido varias opiniones sobre esto. El difunto Pierre Mesnard creía que era el católico, que convocó la asamblea y en cierto modo la preside. Otros han argumentado a favor de Toralba y la religión natural. Podría argumentarse a favor del musulmán, que, a diferencia de los cristianos, no persigue (Octavius en realidad es un cristiano convertido al Islam).

     Algunos lectores de esta traducción podrían decidir que es Salomón, el judío, el que parece tener más autoridad. Cuando todos los demás han defendido sus puntos de vista, esperamos escuchar lo que dirá Salomón, y sale a colación con mucha claridad y fuerza, muy seguro de su profundo conocimiento de la Ley y de su interpretación mística de la Cábala. Por mucho que los demás puedan estar en desacuerdo, se remiten a él y a su habilidad de clarificar las mayores dificultades de los altares secretos de los hebreos. A medida que se lee y relee el libro se percata uno más y más claramente de que su tema central es la Ley, la sagrada Ley dada por Jehovah a los judíos por intermedio de Moisés, recogida en las escrituras hebreas y de la que derivan la cristiandad y sus diversas sectas, y el Islam. El punto de contacto entre ellos es la Ley, expuesta en su pureza por Salomón, junto con la interpretación cabalística de sus misterios.”[1]


     Pues bien, al intentar trazar un paralelo con el Arte Real nos encontramos con interesantes cuestiones que, a mi juicio, merecen tenerse en cuenta; aunque no quiero avanzar sin calmar definitivamente las conciencias timoratas: no hay intención alguna de hacer pasar a Bodin por un francmasón, sino entender el proceso de formación ideológica de la francmasonería moderna en la que las ideas de Bodin pueden haber tenido una relación mediata a través de la formación de la cosmovisión renacentista de la tolerancia.

     En primer lugar – inevitable – tenemos que referirnos al número de los reunidos, que no nos es ajeno a quienes integramos logias justas y perfectas. La respuesta no parece estar muy lejos del texto analizado y parece encontrar sus antecedentes en cierta obra del S. II d.c., muy cara al pensamiento neoplatónico: los Oráculos Caldeos, cuya influencia para ser decisiva. En esta obra se menciona los siete cuerpos celestes conocidos (junto a las estrellas fijas) pero el papel de los mismos no parece limitarse a una mera cuestión de observación astronómica, tal como hoy la pensamos. En honor a la verdad, ya en el Timeo y en la República de Platón se afirmaba que estos cuerpos celestes tenían vida propia, y hasta Santo Tomás de Aquino especulaba sobre su posible naturaleza angélica o, al decir de Robert Fludd, al menos estaban presididos por ángeles (que a su vez estaban formados por la parte más refinada de los cuatro elementos, y que podían ser buenos o malos). Esta tradición angélica vinculada a los cuerpos celestes conocidos en la época y el número de participantes en el Colloquium no parece ser casual. Y si bien “comparación no es razón”, en ausencia de otra explicación plausible no puede sino conservarse, aunque con la debida prudencia de su formulación temeraria. Marion L. Kuntz, al contestar a Yates sobre su insistencia en la demonología de Bodino el Colloquium, nos da otra pista:

     “En la conclusión del Libro II, Toralba advierte a sus amigos que el origen de los demonios, su lugar y condición parecen muy alejados de las pruebas positivas, pero que el conocimiento científico oculto venía desde los caldeos en cierta disciplina oculta llamada Cábala. La cuestión aquí es que la orientación del Colloquium no es demoníaca. Más bien las conversaciones sobre los ángeles y los demonios proporcionan un locus ex quo para desplegar el tema fundamental de la armonía universal, que encuentra gran parte de sus fuentes en la Cábala.”[2]

     La pista caldea enlaza ahora con la cábala. Y es que, despierte simpatías o no, la fuerte cosmovisión hermético-cabalista del renacimiento es un dato que no puede subestimarse ni desconocerse. Y será motivo de grandes disquisiciones indagar si, como concreción tardía del renacimiento, la masonería fue legítimamente tributaria de dicho pensamiento o si, de un modo ascéptico, las connotaciones neoplatónicas subyacentes en el pensamiento hermético-cabalista poco o nada tuvieron que ver en la formación originaria de su rituálica. Sea este el caso para proponer como punta de indagación si el número de Maestros en una logia justa y perfecta encuentra como fuente mediata de su razón de ser esta cosmovisión, al modo que la encontró en el Colloquium de Bodino. Incluso más, de ser así, cabe indagar si la masonería fue tributaria de estas concepciones no por su valor intrínseco sino, como Kuntz afirma respecto de la demonología en el Colloquium, como un locus ex quo a partir del cual las logias francmasónicas pudieran alcanzar ese latitudinarismo que caracterizó la francmasonería moderna de Anderson como respuesta definitiva a los desencuentros político-religiosos de su época.

     Nótese que, a partir del periodo fundacional de la masonería andersoniana, existirá un gran ímpetu por barroquizar los rituales simples de aquel rito inspirado en el “Mot du Maçon” y, con alguna coherencia ideológica aunque de un modo sesgado y anárquico, se formarán distintos ritos que incorporarán, a veces abusivamente, elementos hermético-cabalistas privilegiando de un modo cercano al fanatismo la construcción de verdaderas ideologías teúrgicas por sobre el noble y esencial principio de construir la armonía entre hombres de pensamientos y costumbres muy diversos; es decir, privilegiando un esquema gnoseológico e ideológico formal por sobre la noción de un centro de unión vinculado a la praxis. El análisis de este Colloquium Heptaplomeres no puede sino movernos a estas reflexiones.

     Pero si el número de oradores nos proporciona estas pistas, un dato más, señalado agudamente por Yates, puede ahondarnos mucho más en la reflexión: no hay entre ellos ateos. Y entiendo que no los hay por la misma razón que tampoco hay politeístas. Se trata de una disertación entre monoteístas europeos del S. XVI que viven una realidad de enfrentamientos políticos-religiosos y que encuentran en el diálogo tolerante un modo de encontrar cierta unión en la diversidad. Se trata de aquella nueva política que será motivo de anatema por la Iglesia Católica hasta el Concilio Vaticano II[3] y que está en la base ideológica de las condenas papales a la francmasonería. La nueva política vaticana postconciliar quizá ha debido revisar su magisterio y, a veces de un modo polémico, como en el poco feliz discurso de Benedicto XVI del 17 de Septiembre de 2006 en Ratisbona, reconfigurar su imagen intolerante hacia una visión postconciliar en donde se erija a sí misma como líder el pensamiento monoteísta occidental, tolerante y dialoguista.[4] Evidentemente, el Colloquium Heptaplomeres de Bodin constituye una profecía del giro moderno en materia de política religiosa que recién ahora comienza tímidamente a concretarse. No obstante, la francmasonería moderna de Anderson quizá haya ido más allá y haya convocado a una unión política más omnicomprensiva que la del Colloquium. Hoy en día se encuentra suficientemente documentado que la exclusión andersoniana de los “estúpidos ateos” de la Orden debe entenderse como una exclusión de quienes son “impermeables a la luz de la razón”, al decir de Charles Porset[5] y no de las otras formas de ateísmo que el Pastor John Weemse enumeraba en su obra “A Treatise of the Horno Degenerate sonnes viz (sic = with) the Atheist, the Idolater, the Magicians and the Jews” (London, Thomás Cotes, 1636) y en la cual Anderson se basó para redactar las Constituciones de 1723. La razón de esta amplitud de comprensión quizá se debió al avance de las ideas europeas (particularmente inglesas) entre los años finales del S. XVI y el S. XVIII que vieron incursionar en la cosmovisión intelectual de la época el nuevo fenómeno del ateísmo racional, como el propiciado por John Toland. A la luz de esta cosmovisión más amplia quizá deba leerse el Panteisticon de John Toland, al que Margaret Jacob ubica en los antecedentes obligados de la rituálica masónica, aunque sin aportar otras pruebas que su sola semejanza.

     Un aporte más que la lectura del texto ha brindado a mi imaginación: el libro de la Ley y su nexo con la ciencia. Afirma Frances Yates que la actitud de Bodin frente a las leyes naturales es que éstas se encuentran escondidas en la ley divina y pueden sacarse de las Escrituras gracias a la interpretación cabalística. Indica que Toralba expone un camino hacia Dios a través de la naturaleza, y tanto él como Salomón hablan de la revelación de la naturaleza en las Escrituras: “Los tesoros ocultos de la naturaleza están escondidos, dice Salomón, en la Ley de Dios, y el Decálogo es un epítome de la ley natural. Así para Bodín, la ciencia es en realidad ley natural, y la ley natural es la misma que la Ley Divina enseñada en las Escrituras hebreas o está escondida en ella, y puede sacarse a la luz o revelarse en las Escrituras gracias a la exégesis cabalísitca.”[6] La idea de dos libros: el de la Revelación y el de la Naturaleza no es nueva y se remonta a San Buenaventura. Lo novedoso en la cosmovisión renacentista será la introducción en el ámbito de la élite intelectual europea de la Cábala como método de exégesis que vincule y explicite las relaciones entre aquellos dos libros que, merced a esta operación “mágica”, quedan subsumidos en uno: el Libro de la Ley. No obstante, la transición entre una ciencia vinculada a la magia hermético-cabalista propia del renacimiento y una visión de la ciencia despojada de operaciones mágicas, más de corte radicalmente racionalista, al tipo de la de Francis Bacon constituye un hecho cierto[7] que en la rituálica masónica ha dejado huellas que no siempre acertamos en vislumbrar. Quiero decir que es común entrever una simbología tributaria del pensamiento mágico renacentista y, al mismo tiempo y sin empacho alguno, encontrar en sus rituales visiones cientificistas que se ubican en las antípodas de aquella simbología. Dos posibles respuestas a este notable hecho. La primera tiene que ver con la imposibilidad de hacer una exégesis de la rituálica simbólica de la masonería prescindiendo del necesario hilo de Ariadna, que a estos efectos se traduce en una lectura histórica de su formación. La falta de esta exégesis histórica puede llevarnos a una lectura errónea y caricaturesca de la francmasonería, al tipo de “El Péndulo de Focault” de Umberto Eco, tan tristemente vigente en muchas logias y ritos. Pero si nos ajustamos a una lectura correcta, muchos elementos de la simbología y de la rituálica masónica encontrarán un lugar preciso dentro de la lógica de su distribución genética. O, a la inversa, encontrarnos con dichos tópicos rituálicos será como toparnos con puertas que nos lleven a una comprensión totalizante de su sentido histórico, como pequeños alef borgeanos o, si se quiere, una foto total de un periodo de la historia comprendido entre aquellos años finales del S. XVI y el S. XVIII. Quizá esta magia sea mucho más poderosa que la que prometan los taumaturgos de ocasión.

     A modo ilustrativo, aún se conserva en los rituales de primer grado del Gran Oriente Federal de la República Argentina (cuyas fuentes históricas me encuentro en la tarea de rastrear) invocaciones al Gran Arquitecto del Universo destinadas a que los trabajos ejecutados sean conforme a la Eterna Ley. Una exégesis correcta de este expresión no puede vincularse a la Ley Natural ni remitirnos a Santo Tomás sin tomar en consideración el proceso histórico referido ni prescindir, al menos hipotéticamente, de una exégesis cabalista al tipo del que Salomón propone en el Colloquium. Insisto, se trata de una lectura destinada a la comprensión de los términos en sus límites históricos y filosóficos exactos y no una invitación a la Cábala.

     La segunda respuesta tiene como presupuesto la hipotética refutación de la contradicción entre una rituálica masónica inclusiva de ateos inmersos en un Libro Revelado por la Divinidad, omnicomprensivo de las Leyes Naturales y cuya lectura debe hacerse a través de lentes mágicos-cabalistas. Y sería una objeción definitiva si no tuviéramos en cuenta el hilo histórico y (aquí otro aporte de Yates) la “Pregunta de Needham”: “La pregunta que hace este gran estudioso es por qué la ciencia moderna se desarrolló en el Occidente y no en China, que en la Edad Media estaba científicamente delante de Occidente. Buscando una respuesta, sugiere que pudo haber sido porque la cultura china carecía de la idea de un dador celestial de la ley, esa idea tan profundamente arraigada en la tradición judeo-cristiana, y que, al desarrollarse como las leyes de la naturaleza, formó la base de los adelantos del S. XVII. Piensa que el punto de inflexión a partir del cual Occidente se adelantó a China, tuvo lugar entre Copérnico (1473-1543) y Kepler (1571-1630), que fue uno de los primeros que expresaron las lees de la naturaleza en términos matemáticos. Precisamente en ese punto entre Copérnico y Kepler es donde se sitúa Bodín.”[8] Nosotros podríamos agregar que en ese punto también se encuentra la génesis de la francmasonería moderna.

     Como quiera que se lea la historia, no es posible negar que el ateísmo racional no fue posible sino en la cultura cristiana occidental y es a partir de este dato, no menor, que se abrió paso una nueva exégesis que fue, poco a poco, dándole un nuevo valor a la rituálica y a la filosofía francmasónica. En este proceso tuvo no poca importancia el desarrollo de los estudios sobre el pensamiento mítico y simbólico, proveniente de ramas científicas como la antropología, la psicología, etc. Y es a partir de esta nueva exégesis en donde la francmasonería recobra su papel vital en el seno de las sociedades postmodernas reivindicando nuevamente su papel de centro de unión. El mismo Colloquium deja entrever esta nueva lectura mítico-alegórica cuando Salomón toma la historia de Adán y Eva como una alegoría de una victoria de la parte sensual del hombre sobre la parte intelectual.

     Estoy seguro de que el análisis del pensamiento renacentista puede esconder la clave para entender en sus justos límites una institución tardía de aquel movimiento histórico como es la francmasonería, e incluso brindar nuevas herramientas de estudio que revitalicen su particular método de trabajo. Pero fundamentalmente, que rescaten su mayor mérito y su esencia definitiva: el ser centro de unión de hombres que, sin esta institución, raramente se habrían encontrado. Si a estas ideas me ha llevado la imaginación al leer a Bodino a través de Yates, no puedo sino sentirme complacido y estimulado. Quiera el destino que el lector de estos párrafos encuentre una recompensa análoga al haber llevado su generosa paciencia hasta este punto final.







[1] Yates, Frances A., Ensayos Reunidos, III, “Ideas e Ideales del Renacimiento en el Norte de Europa”, Ed. FCE,  México, 2002, pág. 212/213.-
[2] Id., pág. 224.-
[3] Cfr. Encíclica Quanta Cura y Syllabus de Pio XI.-
[4] Vid. Anónimo, Contra Ratzinger, Ed. Debate, 2006.-
[5] Vid. el excelente artículo de Joaquim Villalta en la entrada del 10 de agosto de 2010 en su Blog Personal: http://racodelallum.blogspot.com.ar/2010/08/el-rito-como-vehiculo-de-propiedad.html
[6] Yates, op. cit., pág. 219.-
[7] Este proceso ha sido detalladamente descripto por Frances Yates en su genial obra: “El Iluminismo Rosacruz”.