jueves, 10 de marzo de 2016

Historia y Tradición... Sarah Andrews, fiel ama de llaves de Miranda.



Nuestro siempre precursor, en su periplo por diversos países, a pesar de haber conocido y tratado a innumerables mujeres, sin llegar a casarse, tuvo dos grandes amores a las cuales nunca pudo olvidar. En Paris, estableció una relación sentimental con la marquesa Delfina de Custine, y en Londres a partir de 1800 con Sarah Andrews, a quien conoció en el Condado de York,  la tuvo  inicialmente como  Ama de Llaves; ella fidelísima permaneció a su lado hasta en los años culminantes de su vida terrenal, le dio sus dos únicos hijos nacidos en Londres, Leandro y Francisco. 

Sarah guardó con imperturbable celo y dedicación la casa, la biblioteca con más de seis mil ejemplares. Sarah nació en Market Weighton Inglaterra el 28 de diciembre de 1774, veinticuatro años mas joven que Miranda; hija de John Andrews y Dinah Hewson. A partir de 1802 ocuparon la residencia Nro 27 de Grafton Street, ahora 58 Grafton Way, propiedad del estado venezolano convertida en museo. En la sala de esa casa, se reunieron el 16 de septiembre de 1810, las tres voces mas altas e imperecederas de Venezuela que podían representarla ante la historia universal es decir: Bolívar, Miranda y Bello, acompañados del doctor Luís López Méndez, sobrino político de Miranda, encargado posteriormente de reclutar a los legionarios europeos, comisión dirigida desde esa histórica edificación. 

El Precursor al referirse a la residencia  manifestaba: “Mi casa en esta ciudad, es y será siempre el punto fijo para la independencia y libertad del continente colombiano”.  Sarah sobrevivió treinta y un años al ilustre caraqueño fallecido en la prisión de La Carraca en Cádiz, a la una de la madrugada del 14 de julio de 1816. En el testamento realizado por Francisco “libertad” Miranda en Londres el 1ro de agosto de 1805 antes de zarpar hacia Nueva York, donde prepararía su primera expedición sobre Venezuela, indicaba en su aparte 3ro: Las 600 libras que dejo a M. Turnbull para ir pagando la renta y gastos de mi casa (según el arrendamiento de 70 libras mensuales), se entregarán en la parte restante a mi fiel ama de llaves Sarah Andrews, a quien debo igualmente los muebles de dicha casa Nro 27 en Grafton Street, la plata y loza de la misma casa. En Nueva York, Miranda recibió una correspondencia de Sarah fechada en Londres el 29 de septiembre de 1805: “Mi querido señor, siento mas que nunca su ausencia, recuerdo con dolor haber sido ingrata en varias oportunidades y su bondad para perdonarme, mi querido hijo Leandro es todo lo que una madre amante puede desear…espero que dentro de poco tendré noticias de mi querido general. Mil bendiciones le acompañen a usted”.  

Un segundo testamento elaboró en Londres el “más universal de los venezolanos” el 2 de octubre de 1810, con motivo de embarcar hacia Venezuela a solicitud de Bolívar, Andrés Bello y López Méndez, enviados  a Londres por la Junta Suprema Conservadora de los Derechos de Fernando VII, surgida el 19 de abril de 1810; en dicho documento menciona de nuevo a Sarah como “mi fiel ama de llaves”.  En las cartas que le enviaba, la mencionaba como “mi buena Sally”. Sarah Andrews,  sencilla, humilde y noble mujer falleció en Londres el 27 de diciembre de 1847; la tumba 7254 en la sección 36, se encuentra en el cementerio Kensal Green,  en el registro respectivo aparece como Sarah Miranda. Sus descendientes conservan en un banco londinense un fino anillo regalado por Miranda a esta fiel ama de llaves,  madre  de sus dos únicos hijos.

 Eumenes Fuguet Borregales E.·. V.·. M.·. 2002
de la R.·. L.·. Sol de América Nº 37
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General de Brigada.
Miembro de Número de la Academia de la Historia del Edo. Carabobo.
Miembro de la Sociedad Bolivariana de Venezuela.
Miembro de la Sociedad Divulgadora de la Historia Militar de Venezuela.
Miembro de la Asociación de Escritores del Estado Carabobo
Director de la Revista Internacional "Historia y Tradición".

lunes, 7 de marzo de 2016

Talento Masónico...LA MASONERÍA Y LA CREACIÓN DE LA SOCIEDAD DE NACIONES (1918)

  Photo of the members of the commission of the League of Nations created by the Plenary Session of the Preliminary Peace Conference, Paris, France 1919:
   Standing (left to right): Constantine Diamandy (Rumania); Unidentified; Col. Edward M. House (United States); Unidentified; Roman Dmowski (Poland); Milenko R. Vesnitch (Serbia); Unidentified; Jan Smuts (British Empire); Woodrow Wilson (United States); Karal Kramar (Czechoslovakia); Paul Hymans (Belgium); V.K. Wellington Koo (China); Jaime Batalha-Reis (Portugal); Vittorio Scialoja (Italy); Unidentified
   Seated (left to right): Sutemi Chinda (Japan); Nobuaki Makino (Japan); Leon Bourgeois (France); Robert Cecil (British Empire); Vittorio Emanuele Orlando (Italy); Epitacio Pessoa (Brazil); Eleftherios Venizelos (Greece)



Otro de los asuntos que ocupó la atención de los masones europeos como consecuencia de la Primera Guerra Mundial, fue la creación de una Sociedad Internacional que garantizara la paz entre las naciones. En este sentido tuvo lugar en París, del 14 al 16 de enero de 1917 —en plena guerra— la primera Conferencia masónica interaliada o “Conferencia de las Masonerías de las Naciones Aliadas” organizada por las dos obediencias más importantes: la Gran Logia de Francia y el Grande Oriente de Francia. Esta primera Conferencia masónica interaliada tenía como finalidad establecer un programa de acción común que permitiera a la masonería hacer oír su voz humanitaria en el conflicto que desolaba a Europa y al mundo entero.

En el siguiente Congreso Masónico de las Naciones Aliadas y Neutrales celebrado en París, del 28 al 30 de junio de 1917, aparte de los anfitriones franceses, hubo representaciones de Italia, España, Suiza, Portugal, Bélgica, Servia, Argentina, Brasil y Estados Unidos. Por parte española, la Gran Logia Regional Catalano-Balear estuvo representada por el Venerable Jorge Vinaixa, y el Grande Oriente Español por los Venerables Maestros masones Luis Simarro y Nicolás Salmerón.

 La finalidad primordial de este Congreso fue «crear una autoridad supranacional que tenga como fin, no suprimir las causas de los conflictos, sino resolver pacíficamente las diferencias entre las naciones. La Francmasonería obrera de la Paz, se propone estudiar este nuevo organismo: la Sociedad de Naciones. Ella será el agente de propaganda de esta concepción de paz y de bienestar universales».  
 
A finales de agosto de 1917, la Liga francesa para la defensa de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, invitaba al Dr. Simarro a formar parte de la Comisión que debía preparar y elaborar los textos para el próximo Congreso (a celebrar el 1º de noviembre) que iba a debatir también la cuestión de la organización de la Sociedad de Naciones.

La masonería por una parte, y la Liga de los Derechos del Hombres por otra, se habían propuesto la creación de un organismo internacional capaz de garantizar la paz mundial. En este ambicioso proyecto, al igual que en otros de carácter supranacional, como el de la Cruz Roja, fue también la masonería la que llevó la iniciativa, no sólo de su formación, sino de su consolidación. A este efecto se constituyó al Federación Internacional Masónica para la Sociedad de Naciones, a la que fu invitado a adherirse el Hermano Luis Simarro, Gran Maestre del Grande Oriente Español, a fin de que se constituyera la correspondiente sección en España. En mayo de 1918, efectuaba la siguiente declaración:

“Creemos que la actuación de la masonería español debe ser en el orden internacional: 
1.     Afianzar y estrechar sólidamente los lazos de unión que existen entre la masonería española y la de aquellos pueblos que luchan por la causa de la libertad y la justicia.

2.     Ratificar la simpatía y el interés vivísimo con que todo el Gran Oriente Español sigue los admirables esfuerzos de los países aliados en defensa de su existencia amenazada y la fe inquebrantable de la masonería española en el triunfo definitivo de la razón y el derecho contra la barbarie imperialista. 
3.     Laborar con tesón para que, como punto de la horrible contienda que asola al mundo, se forme la Sociedad de Naciones tal como la ha propuesto el Presidente Wilson.

4.    Mientras llega la hora de ver constituida la Sociedad de Naciones, procurar por todos los medios que se constituya un organismo, integrado por representaciones de todos los países democráticos y que, con el nombre de Gran Oriente Universal, pueda intervenir activamente cerca de los Gobiernos para obtener que los conflictos entre Naciones se resuelvan por medio del arbitraje.
León Bourgeois (1851-1925), miembro de varias logias del Grande Oriente de Francia, premio Nóbel de la Paz en 1920

5. Que la masonería española procure ser lazo de unión entre la alemana y la de otros países con quienes lucha el imperio central, cuando, terminada la guerra, vuelva la masonería teutona a los principios fundamentales de nuestra Orden” (Boletín Oficial del Grande Oriente Español, año XXVI, núm. 314, Madrid, 30 de junio de 1918, p. 55).

Uno de los promotores de la Sociedad de Naciones fue León Bourgeois (1851-1925), miembro de varias logias del Grande Oriente de Francia, premio Nóbel de la Paz en 1920, presidente del Consejo de Ministros de Francia y miembro permanente del Consejo de la Paz de La Haya.

En España la creación de la Sociedad de Naciones provocó una corriente de simpatía en determinados círculos intelectuales y políticos. Así, en noviembre de 1918, un grupo de escritores, entre los que figuraban Unamuno, Menéndez Pidal, Marañón, Pérez de Ayala y Azaña, lanzó un manifiesto a la opinión pública y constituyó la Unión Democrática Española para la Liga de la Sociedad de Naciones Libres. 
Extractado de: José Antonio Ferrer Benimeli y Manuel A. de Paz Sánchez, Masonería y pacifismo en la España contemporánea, Zaragoza, 1991, pp. 107-119.

LA SOCIEDAD DE NACIONES

La Sociedad de Naciones (SDN) fue un organismo internacional creado por el Tratado de Versalles, el 28 de junio de 1919, con la finalidad de establecer las bases para la paz y la reorganización de las relaciones internacionales una vez finalizada la Primera Guerra Mundial. El 15 de noviembre de 1920 se celebró en Ginebra la primera asamblea de la sociedad, con la participación de 42 países. Tras el final de la Segunda Guerra Mundial la SDN fue disuelta el 18 de abril de 1946, siendo sucedida por la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

La Sociedad de Naciones pretendía impedir una repetición de los hechos que dieron lugar a la I GM, como la falta de cooperación, la existencia de pactos secretos entre estados o la ignorancia de los pactos internacionales. Los Estados Unidos de norteamérica nunca se incorporaron a la Sociedad, debido a la negativa del Congreso estadounidense a participar en ella, aunque sí perteneció a sus organismos afiliados. 
La Sociedad de Naciones logró una solución pacífica de los siguientes conflictos:

     * 1920 — Suecia y Finlandia disputaban la soberanía de las Islas Aaland. La Sociedad decide a favor de Finlandia. 

    * 1921 — Disputa entre Alemania y Polonia por la Alta Silesia, sobre todo la zona industrial. La Sociedad decide el reparto entre Alemania y Polonia de la Alta Silesia. 

     * 1925 — Conflicto fronterizo en el cual tropas griegas invaden territorio búlgaro después de incidentes fronterizos. La Sociedad interviene rápidamente produciéndose la retirada de las tropas griegas y el pago de indemnizaciones a Bulgaria. 

              — Turquía reclama la soberanía de la provincia de Mosul, que formaba parte del mandato británico de Irak. La Sociedad resuelve a favor del Reino Unido. 

     * 1932 — Arbitraje en la Guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay.

     * 1938 — Arbitraje fronterizo entre Perú y Colombia por la zona de Leticia.
 
                 Sin embargo, éstos fueron de menor importancia frente a conflictos en los cuales las grandes potencias o grupos de países tenían intereses ya declarados, lo cual se dio en los siguientes casos decisivos: 
    * 1922 — Reclamaciones por la posesión de Vilna entre Polonia y Lituania. La Conferencia de Embajadores en París resolvió el conflicto, instalándose como instancia para resolver problemas que involucrasen o tuviesen su origen en el Tratado de Versalles.

     * 1935 — Invasión italiana de Abisinia. En un intento por expandir sus colonias africanas, Italia invade Abisinia en octubre de 1935. El Emperador de Abisinia Haile Selassie, quien encabezaba la resistencia, describió en una sesión de la Asamblea los terribles métodos de invasión y pidió la intervención de la Sociedad. La Sociedad condena dicha acción e impone sanciones económicas, pero que no incluyen las exportaciones de carbón, petróleo y acero a Italia. Dichas sanciones -que no afectaron la capacidad productiva de Italia- no impidieron la conquista completa de Abisinia en mayo de 1936 y al poco tiempo Italia abandonó la Sociedad. 

La SDN tuvo una serie de problemas desde sus comienzos. El primero fue la negativa del Senado de los Estados Unidos a aprobar el Tratado, lo que hizo que el gobierno estadounidense se autoexcluyera de participar en la SDN. El segundo fue la exclusión de Alemania y Turquía, debido a su condición de países derrotados en la Primera Guerra Mundial, además de haberse determinado oficialmente la responsabilidad exclusiva de Alemania por el estallido de dicha contienda. También fue excluida la Unión Soviética, dado el carácter comunista de su régimen (lo que fomentó la creación de un cordón sanitario de estados anticomunistas para evitar la propagación de la revolución bolchevique) y por el tardío reconocimiento diplomático de los vencedores de la Primera Guerra Mundial hacia el gobierno de Moscú (reconocimiento que sólo llegó poco antes de 1930). Ya en 1923 se evidenció la debilidad de la organización cuando Francia ocupó la región alemana del Ruhr para exigir reparaciones de guerra, sin que este hecho pudiera ser evitado o condenado a pesar de haberse prohibido oficialmente cobrar deudas de guerra mediante esta clase de ocupaciones militares. La invasión de Manchuria por parte de Japón en 1931 fue el segundo gran golpe que recibió la SDN. Condenado por la agresión, Japón abandonó la organización en 1933 sin haber recibido sanciones efectivas de los miembros de la SDN y sin haber restaurado a China el territorio de Manchuria. Alemania había sido admitida en 1926 como miembro de la SDN en calidad de estado amante de la paz, pero el régimen nazi siguió en 1933 el mismo camino de Japón y se retiró de la SDN.

La Sociedad de las Naciones nunca consiguió la autoridad suficiente para imponer a sus miembros sus resoluciones en forma obligatoria. Esto se repitió en 1934 cuando la Asamblea General dicta una resolución referente a la Guerra del Chaco, la cual se desarrolló entre 1932 y 1935, teniendo como Estados beligerantes a la República del Paraguay y a la República de Bolivia. El fallo definitivo de la Asamblea General fijó posición en la disputa territorial favoreciendo a Bolivia, pero la República del Paraguay desafió la autoridad de este organismo y se retiró de la Sociedad de las Naciones, para luego resultar vencedor de la citada contienda. Las invasión de Abisinia por Italia en 1935 reveló que la SDN carecía de autoridad efectiva para guiar una acción internacional contra las agresiones entre Estados, siendo completamente impotente para asegurar un mínimo de respeto a la paz mundial. Pese a que se aprobaron sanciones contra la Italia fascista en 1935, estas no fueron apoyadas por muchos países, y tampoco privaban a Italia de obtener materias primas indispensables para su campaña militar. Finalmente, los principales miembros de la SDN (Francia y Gran Bretaña) se negaron a tomar acciones más severas tratando de evitar (en vano) que Mussolini retirara a Italia de la SDN y se aliase con Hitler 
  
El estallido de la Segunda Guerra Mundial en septiembre de 1939 mostró el fracaso final de la SDN al ocurrir el principal evento que se deseaba impedir con la creación de la Sociedad: una nueva guerra a gran escala en Europa. El último gran acto oficial de la SDN fue expulsar a la URSS cuando tropas soviéticas invadieron Finlandia en diciembre de 1939.



Fuente; Museo de la Masonería http://www.uned.es/dpto-hdi/museovirtualhistoriamasoneria/8fraternidad_masonica/M%20y%20Sociedad%20Naciones%201918.htm


José Rafael Otazo M.
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Profesor Universitario.
Miembro Correspondiente de la Academia de la Lengua del Estado Carabobo.
Miembro de la Ilustre Sociedad Bolivariana de Venezuela.
Miembro de la Digna Sociedad Divulgadora de la Historia Militar de Venezuela.
Miembro de La Asociación de Escritores del Estado Carabobo.
Investigador en la Asociación para el Fomento de los Estudios Históricos en Centroamérica.


La masonería y la creación de la Sociedad de Naciones Otro de los asuntos que ocupó la atención de los masones europeos como consecuencia de la Primera Guerra Mundial, fue la creación de una Sociedad Internacional que garantizara la paz entre las naciones. En este sentido tuvo lugar en París, del 14 al 16 de enero de 1917 —en plena guerra— la primera Conferencia masónica interaliada o “Conferencia de las Masonerías de las Naciones Aliadas” organizada por las dos obediencias más importantes: la Gran Logia de Francia y el Grande Oriente de Francia. Esta primera Conferencia masónica interaliada tenía como finalidad establecer un programa de acción común que permitiera a la masonería hacer oír su voz humanitaria en el conflicto que desolaba a Europa y al mundo entero. En el siguiente Congreso Masónico de las Naciones Aliadas y Neutrales celebrado en París, del 28 al 30 de junio de 1917, aparte de los anfitriones franceses, hubo representaciones de Italia, España, Suiza, Portugal, Bélgica, Servia, Argentina, Brasil y Estados Unidos. Por parte española, la Gran Logia Regional Catalano-Balear estuvo representada por el Venerable Jorge Vinaixa, y el Grande Oriente Español por los Venerables Maestros masones Luis Simarro y Nicolás Salmerón. A finales de agosto de 1917, la Liga francesa para la defensa de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, invitaba al Dr. Simarro a formar parte de la Comisión que debía preparar y elaborar los textos para el próximo Congreso (a celebrar el 1º de noviembre) que iba a debatir también la cuestión de la organización de la Sociedad de Naciones. La masonería por una parte, y la Liga de los Derechos del Hombres por otra, se habían propuesto la creación de un organismo internacional capaz de garantizar la paz mundial. En este ambicioso proyecto, al igual que en otros de carácter supranacional, como el de la Cruz Roja, fue también la masonería la que llevó la iniciativa, no sólo de su formación, sino de su consolidación. A este efecto se constituyó al Federación Internacional Masónica para la Sociedad de Naciones, a la que fu invitado a adherirse el Hermano Luis Simarro, Gran Maestre del Grande Oriente Español, a fin de que se constituyera la correspondiente sección en España. En mayo de 1918, efectuaba la siguiente declaración: “Creemos que la actuación de la masonería española debe ser en el orden internacional: 1. Afianzar y estrechar sólidamente los lazos de unión que existen entre la masonería española y la de aquellos pueblos que luchan por la causa de la libertad y la justicia. 2.Ratificar la simpatía y el interés vivísimo con que todo el Gran Oriente Español sigue los admirables esfuerzos de los países aliados en defensa de su existencia amenazada y la fe inquebrantable de la masonería española en el triunfo definitivo de la razón y el derecho contra la barbarie imperialista. 3.Laborar con tesón para que, como punto de la horrible contienda que asola al mundo, se forme la Sociedad de Naciones tal como la ha propuesto el Presidente Wilson. 4.Mientras llega la hora de ver constituida la Sociedad de Naciones, procurar por todos los medios que se constituya un organismo, integrado por representaciones de todos los países democráticos y que, con el nombre de Gran Oriente Universal, pueda intervenir activamente cerca de los Gobiernos para obtener que los conflictos entre Naciones se resuelvan por medio del arbitraje. 5.Uno de los promotores de la Sociedad de Naciones fue León Bourgeois (1851-1925), miembro de varias logias del Grande Oriente de Francia, premio Nóbel de la Paz en 1920, presidente del Consejo de Ministros de Francia y miembro permanente del Consejo de la Paz de La Haya.Que la masonería española procure ser lazo de unión entre la alemana y la de otros países con quienes lucha el imperio central, cuando, terminada la guerra, vuelva la masonería teutona a los principios fundamentales de nuestra Orden”. (Boletín Oficial del Grande Oriente Español, año XXVI, núm. 314, Madrid, 30 de junio de 1918, p. 55). En España la creación de la Sociedad de Naciones provocó una corriente de simpatía en determinados círculos intelectuales y políticos. Así, en noviembre de 1918, un grupo de escritores, entre los que figuraban Unamuno, Menéndez Pidal, Marañón, Pérez de Ayala y Azaña, lanzó un manifiesto a la opinión pública y constituyó la Unión Democrática Española para la Liga de la Sociedad de Naciones Libres. Extractado de: José Antonio Ferrer Benimeli y Manuel A. de Paz Sánchez, Masonería y pacifismo en la España contemporánea, Zaragoza, 1991, pp. 107-119. LA SOCIEDAD DE NACIONES La Sociedad de Naciones (SDN) fue un organismo internacional creado por el Tratado de Versalles, el 28 de junio de 1919, con la finalidad de establecer las bases para la paz y la reorganización de las relaciones internacionales una vez finalizada la Primera Guerra Mundial. El 15 de noviembre de 1920 se celebró en Ginebra la primera asamblea de la sociedad, con la participación de 42 países. Tras el final de la Segunda Guerra Mundial la SDN fue disuelta el 18 de abril de 1946, siendo sucedida por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). La Sociedad de Naciones pretendía impedir una repetición de los hechos que dieron lugar a la I GM, como la falta de cooperación, la existencia de pactos secretos entre estados o la ignorancia de los pactos internacionales. Los Estados Unidos de Norteamérica nunca se incorporaron a la Sociedad, debido a la negativa del Congreso estadounidense a participar en ella, aunque sí perteneció a sus organismos afiliados. La Sociedad de Naciones logró una solución pacífica de los siguientes conflictos: * 1920 — Suecia y Finlandia disputaban la soberanía de las Islas Aaland. La Sociedad decide a favor de Finlandia. * 1921 — Disputa entre Alemania y Polonia por la Alta Silesia, sobre todo la zona industrial. La Sociedad decide el reparto entre Alemania y Polonia de la Alta Silesia. * 1925 — Conflicto fronterizo en el cual tropas griegas invaden territorio búlgaro después de incidentes fronterizos. La Sociedad interviene rápidamente produciéndose la retirada de las tropas griegas y el pago de indemnizaciones a Bulgaria. — Turquía reclama la soberanía de la provincia de Mosul, que formaba parte del mandato británico de Irak. La Sociedad resuelve a favor del Reino Unido. * 1932 — Arbitraje en la Guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay. * 1938 — Arbitraje fronterizo entre Perú y Colombia por la zona de Leticia. Sin embargo, éstos fueron de menor importancia frente a conflictos en los cuales las grandes potencias o grupos de países tenían intereses ya declarados, lo cual se dio en los siguientes casos decisivos: * 1922 — Reclamaciones por la posesión de Vilna entre Polonia y Lituania. La Conferencia de Embajadores en París resolvió el conflicto, instalándose como instancia para resolver problemas que involucrasen o tuviesen su origen en el Tratado de Versalles. * 1935 — Invasión italiana de Abisinia. En un intento por expandir sus colonias africanas, Italia invade Abisinia en octubre de 1935. El Emperador de Abisinia Haile Selassie, quien encabezaba la resistencia, describió en una sesión de la Asamblea los terribles métodos de invasión y pidió la intervención de la Sociedad. La Sociedad condena dicha acción e impone sanciones económicas, pero que no incluyen las exportaciones de carbón, petróleo y acero a Italia. Dichas sanciones -que no afectaron la capacidad productiva de Italia- no impidieron la conquista completa de Abisinia en mayo de 1936 y al poco tiempo Italia abandonó la Sociedad. La SDN tuvo una serie de problemas desde sus comienzos. El primero fue la negativa del Senado de los Estados Unidos a aprobar el Tratado, lo que hizo que el gobierno estadounidense se autoexcluyera de participar en la SDN. El segundo fue la exclusión de Alemania y Turquía, debido a su condición de países derrotados en la Primera Guerra Mundial, además de haberse determinado oficialmente la responsabilidad exclusiva de Alemania por el estallido de dicha contienda. También fue excluida la Unión Soviética, dado el carácter comunista de su régimen (lo que fomentó la creación de un cordón sanitario de estados anticomunistas para evitar la propagación de la revolución bolchevique) y por el tardío reconocimiento diplomático de los vencedores de la Primera Guerra Mundial hacia el gobierno de Moscú (reconocimiento que sólo llegó poco antes de 1930). Ya en 1923 se evidenció la debilidad de la organización cuando Francia ocupó la región alemana del Ruhr para exigir reparaciones de guerra, sin que este hecho pudiera ser evitado o condenado a pesar de haberse prohibido oficialmente cobrar deudas de guerra mediante esta clase de ocupaciones militares. La invasión de Manchuria por parte de Japón en 1931 fue el segundo gran golpe que recibió la SDN. Condenado por la agresión, Japón abandonó la organización en 1933 sin haber recibido sanciones efectivas de los miembros de la SDN y sin haber restaurado a China el territorio de Manchuria. Alemania había sido admitida en 1926 como miembro de la SDN en calidad de estado amante de la paz, pero el régimen nazi siguió en 1933 el mismo camino de Japón y se retiró de la SDN. La Sociedad de las Naciones nunca consiguió la autoridad suficiente para imponer a sus miembros sus resoluciones en forma obligatoria. Esto se repitió en 1934 cuando la Asamblea General dicta una resolución referente a la Guerra del Chaco, la cual se desarrolló entre 1932 y 1935, teniendo como Estados beligerantes a la República del Paraguay y a la República de Bolivia. El fallo definitivo de la Asamblea General fijó posición en la disputa territorial favoreciendo a Bolivia, pero la República del Paraguay desafió la autoridad de este organismo y se retiró de la Sociedad de las Naciones, para luego resultar vencedor de la citada contienda. Las invasión de Abisinia por Italia en 1935 reveló que la SDN carecía de autoridad efectiva para guiar una acción internacional contra las agresiones entre Estados, siendo completamente impotente para asegurar un mínimo de respeto a la paz mundial. Pese a que se aprobaron sanciones contra la Italia fascista en 1935, estas no fueron apoyadas por muchos países, y tampoco privaban a Italia de obtener materias primas indispensables para su campaña militar. Finalmente, los principales miembros de la SDN (Francia y Gran Bretaña) se negaron a tomar acciones más severas tratando de evitar (en vano) que Mussolini retirara a Italia de la SDN y se aliase con Hitler. El estallido de la Segunda Guerra Mundial en septiembre de 1939 mostró el fracaso final de la SDN al ocurrir el principal evento que se deseaba impedir con la creación de la Sociedad: una nueva guerra a gran escala en Europa. El último gran acto oficial de la SDN fue expulsar a la URSS cuando tropas soviéticas invadieron Finlandia en diciembre de 1939.

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La masonería y la creación de la Sociedad de Naciones Otro de los asuntos que ocupó la atención de los masones europeos como consecuencia de la Primera Guerra Mundial, fue la creación de una Sociedad Internacional que garantizara la paz entre las naciones. En este sentido tuvo lugar en París, del 14 al 16 de enero de 1917 —en plena guerra— la primera Conferencia masónica interaliada o “Conferencia de las Masonerías de las Naciones Aliadas” organizada por las dos obediencias más importantes: la Gran Logia de Francia y el Grande Oriente de Francia. Esta primera Conferencia masónica interaliada tenía como finalidad establecer un programa de acción común que permitiera a la masonería hacer oír su voz humanitaria en el conflicto que desolaba a Europa y al mundo entero. En el siguiente Congreso Masónico de las Naciones Aliadas y Neutrales celebrado en París, del 28 al 30 de junio de 1917, aparte de los anfitriones franceses, hubo representaciones de Italia, España, Suiza, Portugal, Bélgica, Servia, Argentina, Brasil y Estados Unidos. Por parte española, la Gran Logia Regional Catalano-Balear estuvo representada por el Venerable Jorge Vinaixa, y el Grande Oriente Español por los Venerables Maestros masones Luis Simarro y Nicolás Salmerón. A finales de agosto de 1917, la Liga francesa para la defensa de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, invitaba al Dr. Simarro a formar parte de la Comisión que debía preparar y elaborar los textos para el próximo Congreso (a celebrar el 1º de noviembre) que iba a debatir también la cuestión de la organización de la Sociedad de Naciones. La masonería por una parte, y la Liga de los Derechos del Hombres por otra, se habían propuesto la creación de un organismo internacional capaz de garantizar la paz mundial. En este ambicioso proyecto, al igual que en otros de carácter supranacional, como el de la Cruz Roja, fue también la masonería la que llevó la iniciativa, no sólo de su formación, sino de su consolidación. A este efecto se constituyó al Federación Internacional Masónica para la Sociedad de Naciones, a la que fu invitado a adherirse el Hermano Luis Simarro, Gran Maestre del Grande Oriente Español, a fin de que se constituyera la correspondiente sección en España. En mayo de 1918, efectuaba la siguiente declaración: “Creemos que la actuación de la masonería española debe ser en el orden internacional: 1. Afianzar y estrechar sólidamente los lazos de unión que existen entre la masonería española y la de aquellos pueblos que luchan por la causa de la libertad y la justicia. 2.Ratificar la simpatía y el interés vivísimo con que todo el Gran Oriente Español sigue los admirables esfuerzos de los países aliados en defensa de su existencia amenazada y la fe inquebrantable de la masonería española en el triunfo definitivo de la razón y el derecho contra la barbarie imperialista. 3.Laborar con tesón para que, como punto de la horrible contienda que asola al mundo, se forme la Sociedad de Naciones tal como la ha propuesto el Presidente Wilson. 4.Mientras llega la hora de ver constituida la Sociedad de Naciones, procurar por todos los medios que se constituya un organismo, integrado por representaciones de todos los países democráticos y que, con el nombre de Gran Oriente Universal, pueda intervenir activamente cerca de los Gobiernos para obtener que los conflictos entre Naciones se resuelvan por medio del arbitraje. 5.Uno de los promotores de la Sociedad de Naciones fue León Bourgeois (1851-1925), miembro de varias logias del Grande Oriente de Francia, premio Nóbel de la Paz en 1920, presidente del Consejo de Ministros de Francia y miembro permanente del Consejo de la Paz de La Haya.Que la masonería española procure ser lazo de unión entre la alemana y la de otros países con quienes lucha el imperio central, cuando, terminada la guerra, vuelva la masonería teutona a los principios fundamentales de nuestra Orden”. (Boletín Oficial del Grande Oriente Español, año XXVI, núm. 314, Madrid, 30 de junio de 1918, p. 55). En España la creación de la Sociedad de Naciones provocó una corriente de simpatía en determinados círculos intelectuales y políticos. Así, en noviembre de 1918, un grupo de escritores, entre los que figuraban Unamuno, Menéndez Pidal, Marañón, Pérez de Ayala y Azaña, lanzó un manifiesto a la opinión pública y constituyó la Unión Democrática Española para la Liga de la Sociedad de Naciones Libres. Extractado de: José Antonio Ferrer Benimeli y Manuel A. de Paz Sánchez, Masonería y pacifismo en la España contemporánea, Zaragoza, 1991, pp. 107-119. LA SOCIEDAD DE NACIONES La Sociedad de Naciones (SDN) fue un organismo internacional creado por el Tratado de Versalles, el 28 de junio de 1919, con la finalidad de establecer las bases para la paz y la reorganización de las relaciones internacionales una vez finalizada la Primera Guerra Mundial. El 15 de noviembre de 1920 se celebró en Ginebra la primera asamblea de la sociedad, con la participación de 42 países. Tras el final de la Segunda Guerra Mundial la SDN fue disuelta el 18 de abril de 1946, siendo sucedida por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). La Sociedad de Naciones pretendía impedir una repetición de los hechos que dieron lugar a la I GM, como la falta de cooperación, la existencia de pactos secretos entre estados o la ignorancia de los pactos internacionales. Los Estados Unidos de Norteamérica nunca se incorporaron a la Sociedad, debido a la negativa del Congreso estadounidense a participar en ella, aunque sí perteneció a sus organismos afiliados. La Sociedad de Naciones logró una solución pacífica de los siguientes conflictos: * 1920 — Suecia y Finlandia disputaban la soberanía de las Islas Aaland. La Sociedad decide a favor de Finlandia. * 1921 — Disputa entre Alemania y Polonia por la Alta Silesia, sobre todo la zona industrial. La Sociedad decide el reparto entre Alemania y Polonia de la Alta Silesia. * 1925 — Conflicto fronterizo en el cual tropas griegas invaden territorio búlgaro después de incidentes fronterizos. La Sociedad interviene rápidamente produciéndose la retirada de las tropas griegas y el pago de indemnizaciones a Bulgaria. — Turquía reclama la soberanía de la provincia de Mosul, que formaba parte del mandato británico de Irak. La Sociedad resuelve a favor del Reino Unido. * 1932 — Arbitraje en la Guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay. * 1938 — Arbitraje fronterizo entre Perú y Colombia por la zona de Leticia. Sin embargo, éstos fueron de menor importancia frente a conflictos en los cuales las grandes potencias o grupos de países tenían intereses ya declarados, lo cual se dio en los siguientes casos decisivos: * 1922 — Reclamaciones por la posesión de Vilna entre Polonia y Lituania. La Conferencia de Embajadores en París resolvió el conflicto, instalándose como instancia para resolver problemas que involucrasen o tuviesen su origen en el Tratado de Versalles. * 1935 — Invasión italiana de Abisinia. En un intento por expandir sus colonias africanas, Italia invade Abisinia en octubre de 1935. El Emperador de Abisinia Haile Selassie, quien encabezaba la resistencia, describió en una sesión de la Asamblea los terribles métodos de invasión y pidió la intervención de la Sociedad. La Sociedad condena dicha acción e impone sanciones económicas, pero que no incluyen las exportaciones de carbón, petróleo y acero a Italia. Dichas sanciones -que no afectaron la capacidad productiva de Italia- no impidieron la conquista completa de Abisinia en mayo de 1936 y al poco tiempo Italia abandonó la Sociedad. La SDN tuvo una serie de problemas desde sus comienzos. El primero fue la negativa del Senado de los Estados Unidos a aprobar el Tratado, lo que hizo que el gobierno estadounidense se autoexcluyera de participar en la SDN. El segundo fue la exclusión de Alemania y Turquía, debido a su condición de países derrotados en la Primera Guerra Mundial, además de haberse determinado oficialmente la responsabilidad exclusiva de Alemania por el estallido de dicha contienda. También fue excluida la Unión Soviética, dado el carácter comunista de su régimen (lo que fomentó la creación de un cordón sanitario de estados anticomunistas para evitar la propagación de la revolución bolchevique) y por el tardío reconocimiento diplomático de los vencedores de la Primera Guerra Mundial hacia el gobierno de Moscú (reconocimiento que sólo llegó poco antes de 1930). Ya en 1923 se evidenció la debilidad de la organización cuando Francia ocupó la región alemana del Ruhr para exigir reparaciones de guerra, sin que este hecho pudiera ser evitado o condenado a pesar de haberse prohibido oficialmente cobrar deudas de guerra mediante esta clase de ocupaciones militares. La invasión de Manchuria por parte de Japón en 1931 fue el segundo gran golpe que recibió la SDN. Condenado por la agresión, Japón abandonó la organización en 1933 sin haber recibido sanciones efectivas de los miembros de la SDN y sin haber restaurado a China el territorio de Manchuria. Alemania había sido admitida en 1926 como miembro de la SDN en calidad de estado amante de la paz, pero el régimen nazi siguió en 1933 el mismo camino de Japón y se retiró de la SDN. La Sociedad de las Naciones nunca consiguió la autoridad suficiente para imponer a sus miembros sus resoluciones en forma obligatoria. Esto se repitió en 1934 cuando la Asamblea General dicta una resolución referente a la Guerra del Chaco, la cual se desarrolló entre 1932 y 1935, teniendo como Estados beligerantes a la República del Paraguay y a la República de Bolivia. El fallo definitivo de la Asamblea General fijó posición en la disputa territorial favoreciendo a Bolivia, pero la República del Paraguay desafió la autoridad de este organismo y se retiró de la Sociedad de las Naciones, para luego resultar vencedor de la citada contienda. Las invasión de Abisinia por Italia en 1935 reveló que la SDN carecía de autoridad efectiva para guiar una acción internacional contra las agresiones entre Estados, siendo completamente impotente para asegurar un mínimo de respeto a la paz mundial. Pese a que se aprobaron sanciones contra la Italia fascista en 1935, estas no fueron apoyadas por muchos países, y tampoco privaban a Italia de obtener materias primas indispensables para su campaña militar. Finalmente, los principales miembros de la SDN (Francia y Gran Bretaña) se negaron a tomar acciones más severas tratando de evitar (en vano) que Mussolini retirara a Italia de la SDN y se aliase con Hitler. El estallido de la Segunda Guerra Mundial en septiembre de 1939 mostró el fracaso final de la SDN al ocurrir el principal evento que se deseaba impedir con la creación de la Sociedad: una nueva guerra a gran escala en Europa. El último gran acto oficial de la SDN fue expulsar a la URSS cuando tropas soviéticas invadieron Finlandia en diciembre de 1939.

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sábado, 5 de marzo de 2016

Quien es quien en Diplomacia...La Escuela Intercultural de Diplomacia Indígena (EIDI)



La Escuela Intercultural de Diplomacia Indígena (EIDI), es una propuesta de Educación Popular sustentada en el Diálogo de Saberes y la Investigación Acción Participativa, adscrita al Centro de Estudios Políticos e Internacionales (CEPI) de la Facultad de Ciencia Política y Gobierno y de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario, y al Observatorio de Redes y Acción Colectiva (ORAC) de la misma Universidad.  

 Desde el año 2007 se conformó un equipo interdisciplinario en la Universidad del Rosario, el cual ha venido trabajando en procesos de investigación, docencia-extensión y diagnóstico sobre las cuestiones de los Pueblos Indígenas en Colombia, y en la ejecución de la Escuela Intercultural de Diplomacia Indígena, a través de un rango considerable de proyectos. Lo anterior se desarrolla en el marco de un intercambio de saberes en el que confluyen estudiantes universitarios y académicos nacionales e internacionales para discutir de manera conjunta las problemáticas más visibles de estas comunidades, buscando de este modo la creación de un conocimiento compartido.

 La EIDI ofrece jornadas de trabajo, asignaturas especializadas y diplomados interculturales con diferentes Pueblos Indígenas de Colombia. A través de ellos, las comunidades y la Escuela comparten herramientas técnicas y conceptuales que les permiten responder a las actuales problemáticas y desafíos que se presentan en contextos locales, nacionales e internacionales. En ese sentido, las áreas de formación intercultural sobre las cuales se especializa la EIDI son:

  1. Formación Jurídica: que incluye temas relacionados con Derecho Constitucional, Conflictos Medioambientales, Consulta Previa, Justicia Transicional, entre otros.
  2. Formación Política: que aborda las nociones de Estado, Democracia, Soberanía Territorial y Alimentaria, Políticas Públicas, Iniciativas Legislativas, Movimientos Sociales, Diplomacia Indígena, Acción Colectiva, Participación Política, Memoria Histórica, entre otras.
  3. Formación Económica: que expone las distintas visiones de Desarrollo Económico,  Desarrollo Propio y Sustentable, y elaboración del Marco Lógico de Proyectos.
  4. Formación Internacional: que expone las nociones de Sistema Internacional, Cooperación Internacional, Espacios de Participación en las Naciones Unidas, Redes Transnacionales, entre otras.
La figura de Diplomados Interculturales tiene varias características importantes:
  • No exige que el Diplomando tenga título universitario.
  • Se trata de un proceso educativo temático, pero no disciplinar, lo cual permite mayor flexibilidad en el momento de la construcción de la malla curricular.
  • Posee un valor simbólico muy importante para los participantes, lo cual incentiva la participación y el cumplimiento de los planes de trabajo.
En la Universidad del Rosario, debido al proceso constante de consolidación del proyecto, la Dirección de Extensión y la de Educación Continuada ha flexibilizado mucho las dinámicas de trabajo. Lo anterior ha resultado en beneficios para la institución en términos de una gestión universitaria más abierta a la diversidad étnica y cultural.

 El carácter Intercultural de la EIDI es transversal: se desarrolla a través de la correlación entre el semillero de investigación de "Acción colectiva indígena" del CEPI, el seminario electivo sobre Movimientos Sociales y Luchas Políticas a cargo de la Profesora Ángela Santamaría y el apoyo de la Facultad de Ciencia Política y Gobierno y del Doctorado en Estudios Políticos e Internacionales de la Universidad del Rosario. El Semillero de Investigación está compuesto por profesores y estudiantes de disciplinas afines a las temáticas tratadas. Así mismo, lo integran miembros de Pueblos Indígenas de Colombia que muestran interés en los temas relacionados con la Escuela, ya sea para enfocar y desarrollar sus trabajos de grado o para plantear alguna otra iniciativa pedagógica o académica que se pueda llevar a cabo en el marco de la EIDI.

Hemos creado un ‘punto de encuentro’ de formación técnica y de discusión con el fin de contribuir al desarrollo de capacidades jurídicas, de liderazgo y de participación política nacional e internacional de los distintos miembros de los Pueblos Indígenas que participan activamente en la EIDI. Lo anterior, con el propósito de que conozcan los retos y limitaciones de los espacios de participación indígena en la Mesa Permanente de Concertación Nacional y en los escenarios propios de los pueblos indígenas en Naciones Unidas.

 Fuente: http://www.urosario.edu.co/diplomacia-indigena/la-escuela-EIDI/


José Rafael Otazo M.
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Profesor Universitario.
Miembro Correspondiente de la Academia de la Lengua del Estado Carabobo.
Miembro de la Ilustre Sociedad Bolivariana de Venezuela.
Miembro de la Digna Sociedad Divulgadora de la Historia Militar de Venezuela.
Miembro de La Asociación de Escritores del Estado Carabobo.
Investigador en la Asociación para el Fomento de los Estudios Históricos en Centroamérica.

sábado, 27 de febrero de 2016

“Tributo a los Médicos Escritores”





Valencia 24 de febrero 2016.

Invitación – Programa

La Junta Directiva de la Asociación de Escritores Carabobeños, dentro del marco de su programación para este año 2016, incluye actos especiales de reconocimiento a escritores y escritoras, en atención a las efemérides correspondiente a la profesión, que ejercieron en su vida o que aún desempeñan.

Por esta importante motivación, nos complace invitar a nuestros miembros al acto que hemos denominado “Tributo a los Médicos Escritores” y muy particularmente a los profesionales de la misión hipocrática al celebrarse en Venezuela el “Día del Medico” (10/03/16), por el concurso e importancia que han prestado los médicos como escritores y escritoras con la publicación de tesis, monografías u otras obras, tanto en el universo de su profesión y especialidades, como su aporte a la cultura y otros géneros de la literatura, fundamentalmente aquellos o aquellas que recordamos su interacción en el seno de nuestra institución, así como también, quienes actualmente forman parte de la misma. Dicho acto se regirá según el programa siguiente:

Protocolo: Dr. Luís Hernández Ramos
1-    Himno Nacional interpretado en lenguaje castellano y lengua Wayuu, por la Estudiantina del Liceo Instituto Tecnológico Industrial Nacional (LITIN).
2-    Instalación a cargo del Presidente de AECA, Prof. Oswaldo Angulo Perdomo.
3-    Incorporación y juramentación de nuevos miembros.
4-    Semblanza – Presentación del orador de orden, por la Dra. Carmen Cecilia Malpica Gracián.
5-    Discurso de orden “Tributo a los Médicos Escritores”, a cargo del Dr. Ricardo León Celaya.
6-    Palabras de clausura por el Dr. Rafael Tobías Blanco Vilariño.
7-    Concierto de Canciones: Interpretadas por el Dr. Eusebio Ortega Carrasquero y el Dr. Pedro Quiñones.
8-    Refrigerio.

Lugar: Sala Mary Schwarzenberg. Teatro Municipal de Valencia.
Fecha: sábado 12 de marzo de 2016.
Hora: 9:30 a.m.

“Por la convivencia y solidaridad de los escritores carabobeños”
Valencia, Estado Carabobo. Teléfonos: 0241-858.04.82 / 0414-442.24.78 / 0412-852.32.00