jueves, 6 de agosto de 2015

Historia y Tradición...Discurso de orden pronunciado por el General Eumenes Fuguet Borregales en ocación de ser Puerto Cabello designada Ciudad hace 204 años.






Buen día, ante todo mi agradecimiento a las dignas autoridades municipales y a la ilustre Sociedad Bolivariana de este importante municipio porteño, por invitarme como Orador de Orden, en esta Sesión Solemne, para conmemorar, el du centésimo  cuarto aniversario de la elevación a Ciudad de Puerto Cabello, efeméride que debería proyectarse como Día de Puerto Cabello, a nivel regional, estadal y nacional, por tratarse de la primera, e inédita designación, realizada a una población de Venezuela, por parte del primer soberano Congreso de la Republica, instalado el 2 de marzo de 1811. 

A través del tiempo, nos han inculcado, que, para defender nuestro país, es imprescindible conocerlo y quererlo, es internalizar, de dónde venimos y hacia dónde vamos, para construir en el presente y  el futuro  que todos deseamos. 

En el largo tránsito, para alcanzar la libertad definitiva, Puerto Cabello, destaca ampliamente, por haber contribuido con ingente cantidad de hijos paridos en esta tierra, que llegaron a  ser personajes notables y en gran parte, también nacieron hombres y mujeres, que contribuyeron sin dobleces y temple acerado, a consumar hechos inolvidables, dirigidos a logar la  inexistente y ansiada autonomía, condición necesaria para alcanzar la libertad. 

Retrocediendo las páginas de oro, de esta maravillosa región, y principal puerto de Venezuela, escritas con la tinta del sacrificio y del honor, estudiamos, que, por este lugar, procedente de Borburata, paso en 1561, Lope de Aguirre, el tirano, con sus soldados marañones, en su desplazamiento para conseguir un oro inexistente, surgido de  la imaginación  indígena con la leyenda de El Dorado. Aguirre bien denominado, por Nelson Vielma, distinguido escultor, Cronista Oficial de Puerto Cabello y mejor amigo, el predecesor de la independencia. Igualmente el escritor Miguel Otero Silva, en su sexto libro, lo cataloga como el Príncipe de la Libertad.

Sin conocerse con exactitud la fecha de su fundación, según las normas y protocolo establecidos por la corona española, el nombre Puerto Cabello, aparece documentado por primera vez, en un plano de la provincia de Caracas, elaborado en diciembre de 1578, por el gobernador Juan de Pimentel. Una versión de la denominación, Puerto Cabello, se debe, a que en sus alrededores vivía un encomendadero y aventurero llamado Andrés Cabello, quien estableció su área de actividades en la zona, dando origen a una pequeña población, que con el tiempo tomó el nombre actual. Otra versión indica que el nombre, se debe a la tranquilidad de sus aguas marinas, donde se podían amarrar barcos de gran calado con la hebra de un cabello.  Con la finalidad de controlar el contrabando de los holandeses y el monopolio de los productos de exportación, la Compañía Guipuzcoana, inicia en Puerto Cabello sus operaciones mercantiles en septiembre de 1730, permaneció cincuenta años. Utilizó el castillo San Felipe, como depósito de cacao, café, algodón, añil, cuero y oro. Esa explotación dio origen a varios alzamientos, entre ellos el  del negro valenciano  Andrés López del Rosario, conocido como el zambo Andresote,, en tierras de Yaracuy entre 1730 y 1732.

Con la finalidad de protegerse de las incursiones de piratas y corsarios, se construyeron en Hispanoamérica, fortificaciones, utilizadas igualmente, para almacenar los productos agrícolas de exportación y la logística de los ocupantes. Grandes obras, testigos de una época, algunas de ellas con el nombre de Felipe, en honor al rey Felipe V de Borbón,  se encuentran en: España, Guatemala, Colombia y Venezuela. 

A lo largo de la costa venezolana, se construyeron importantes fortalezas, entre ellas: la de San Carlos a la entrada del Lago de Maracaibo, San Felipe, en Puerto Cabello, San Antonio en Cumaná y San Carlos Borromeo en Pampatar. 

El ingeniero suizo, Juan Amador Courten, es designado por orden real en 1732, director de las obras en Puerto Cabello; sería la más importante fortaleza construida en Venezuela, tuvo su bautizo de fuego en mayo de 1743, por parte de la escuadra inglesa, integrada por veintidós navíos,  al mando del comodoro, Charles Knowles. La construcción del  conocido camino de los españoles para las comunicaciones con Valencia,  se inició en 1761. El gobernador y capitán general de Venezuela, José Solano y Bote, fundador de Chacao, ordenó en 1766, la construcción del Fortín o Mirador de Solano en la  colina, Cresta del Vigía. 

Los vecinos organizados en 1783, se dirigieron a la Real Audiencia de Caracas, solicitando la titularidad de Ciudad, consideraban como necesaria la autonomía, para desarrollar sus actividades. Del grupo de los protagonistas de esta feliz iniciativa, mencionamos entre otros a: Esteban Olavarría, Francisco Montero, Gabriel Salóm, Diego Ponce y Pedro del Castillo. El Procurador nombrado por los vecinos del puerto, fue Manuel Antonio Martínez. Se dio un gran paso, aunque sólo lograron el título de Diputación en 1787, continuando dependiendo del ayuntamiento de Valencia, cuyas funciones del gobierno local, eran ejercidas por un funcionario conocido como Teniente de Justicia Mayor

Francisco libertad Miranda, nuestro siempre Precursor, en su fallida expedición, procedente de Nueva York y Haití, en 1806, pierde a diez oficiales, de las embarcaciones Bee y Bachus, todos extranjeros, que fueron capturados en Ocumare de la Costa y ahorcados en la Plaza Mayor,  el 21 de julio de 1806, fueron denominados los Diez Pequeños Monstruos, su sacrificio es eternizado en el monumento del Águila, que en realidad es un cóndor. Aun en 1807, el Teniente de Justicia Mayor, alegaba que en Puerto Cabello, no había suficientes personas de calidad, para ser convertida en ciudad, se refería a la cantidad de nacidos en España.

A este puerto llega el 12 de abril de 1810, procedente de España, el navío “Palomo”, traía la información de los graves acontecimientos políticos acaecidos en España, a causa de la invasión francesa, por parte de Napoleón Bonaparte, ocurrida en mayo de 1808, novedad que llega a Caracas el 17 de abril, lo Cual promovió la ebullición de los jóvenes, que promovieron el memorable acontecimiento del 19 de abril de 1810, con sus consecuencias ya conocidas, y cuyo eco caraqueño, llegó a este puerto el 21 de abril. Puerto Cabello se adhiere con entusiasmo al movimiento el 24 de ese mes. La Junta Suprema Conservadora de los Derechos del rey Fernando VII, queda  en manos de los blancos criollos, por primera vez, en trescientos años. De las diferentes medidas de carácter económico, político y social, está la designación del jurista Juan Germán Roscio, para la preparación del primer Reglamento Electoral. 

Con algunas limitaciones y discriminaciones, se realizan las elecciones a finales de 1810, en las iglesias de las siete provincias. Resultaron electos cuarenta y cuatro diputados, instalados el 2 de marzo del siguiente año. Los legisladores, no trataban el tema de la independencia, sino a  partir del 3 de julio, cuando nuestro futuro Libertador, que no era Diputado, en un encendido discurso ,ofrecido en la Sociedad Patriótica, fundada en diciembre, por Miranda, motiva discutir el tema de la  libertad. 

A las tres de la tarde del memorable 5 de julio de 1811, el soberano Congreso, presidido por el Diputado por Barinas, Juan Antonio Rodríguez Domínguez, declara de hecho y derecho la independencia. A partir de esa  fecha, empezamos a tener el gentilicio de VENEZOLANOS, por cuanto antes éramos ESPAÑOLES AMERICANOS. 

La ciudad de Valencia, no acepto la declaración de independencia, por desear mantener la subordinación de las autoridades españolas, y se subleva el 11 de julio, retardando de esta manera la justa aspiración ´porteña, hasta el cinco de agosto, cuando el Supremo Poder Ejecutivo de la naciente República, presidido en turno por el español Baltasar Padrón, otorga de manera oficial el “Título de Ciudad”, privilegiado con la denominación de San Juan Bautista de Puerto Cabello, con jurisdicción sobre los valles de Patanemo, Borburata, San Esteban, Goaiguaza, Alpargatón y Morón, desligándolo del cordón umbilical o dependencia, que lo ataba a Valencia. 

La buena nueva la trae desde Caracas, el distinguido prócer civil valenciano, Miguel José Sanz Marvéz, Secretario de Estado, a quien François Depons, denomino "El Licurgo de Venezuela"; Sanz, sugiere la elaboración del Escudo y Blasón de Puerto Cabello, como símbolos de Lealtad y Patriotismo. 

Ampliando el Decreto de designación de Ciudad, cito, se establece, un Distrito y su respectiva Vicaría, ocho Curatos, haber en el Puerto una Contaduría Principal: Administración de Correos y otra de tabaco: una Comandancia Política y Militar: un Alcalde ordinario: cuatro Diputados: un Síndico Procurador General y una Comandancia principal de Marina, con la oficialidad y buques, fin de la cita.

A partir de esa fecha, los porteños, ufanados, tuvieron su Cabildo y la representación de un Diputado al Congreso, en la persona de Domingo Taborda, incorporado el 21 de marzo de 1812. Taborda, era miembro de la Sociedad Patriótica de  Puerto Cabello, más adelante permaneció en prisión. 

Durante la colonia, llegaban a diferentes puertos venezolanos, embarcaciones con esclavos procedentes de África, para ser vendidos por subasta en los centros establecidos a tal fin, por la Compañía Guipuzcoana. Recibían todo tipo de vejaciones y abusos, una vez en tierra, eran llevados a las haciendas a cumplir trabajos de sol a sol, una verdadera explotación vergonzosa. Para el caso de Puerto Cabello, eran llevados a las haciendas ubicadas en Borburata, Gañango, Goaigoaza y Patanemo. Las embarcaciones utilizadas para el transporte de mercancía humana, eran conocidas como Barcos Negreros. Precisamente el 26 de mayo de 1825, arribó a Puerto Cabello, el barco “Roma libre”, al mando de José del Cotarro, dueño y Capitán de la última embarcación, con treinta y cinco eslavos africanos, que luego serian liberados por la ilustre municipalidad porteña.
  
Recordemos que en varias oportunidades, nuestro Libertador, se refería a la libertad de los esclavos, como un compromiso ofrecido al presidente haitiano Alejandro Petión, expresados en Carúpano y Ocumare de la Costa, y en varios de sus documentos y discursos. El último Barco Negrero, es un hecho histórico de la porteñidad, con hondas raíces de un bochornoso pasado, que al pasar el tiempo, no es olvidado. Desde hace más de diez años, algunas agrupaciones, con apoyo de las autoridades regionales, escenifican esta actividad, que motivan a conocer estos aspectos sociales de una triste época. 
El doctor en medicina, Francisco Isnardi, amanuense del Acta de Independencia, redactada por el Diputado Juan Germán Roscio, sin ser legislador, firma el documento como Secretario del Primer Congreso Constituyente y corredactor de la Primera Constitución de Venezuela y  la primera de  Hispano América, ejerció la medicina en Puerto Cabello en 1804, en su memoria el Hospital Naval lleva su nombre. Durante doscientos años, la información recopilada, revelaba su nacimiento en Turín-Italia, pero, gracias a la acuciosa labor por parte del brillante investigador Edgardo Mondolfi y la distinguida historiadora Marissa Vannini, autora del libro, El Misterio de Francisco Isnardi, con prólogo del eximio historiador Ramón José Velásquez, ubican su lugar de nacimiento en Cádiz. 

En el castillo San Felipe, fueron encarcelados muchos paisanos, próceres civiles y militares, que honrando sus ideas, ofrendaron su sangre no perdida. Recordamos a los involucrados en el movimiento de Manuel Gual y José María España, debelado a comienzos de julio de 1797, igualmente la traición del teniente Francisco Fernández Vinoni, el 30 de junio de 1812, abusando de la confianza del coronel Simón Bolívar, lo  traiciona, al insubordinarse y tomar el fuerte,  perdiéndose las armas y municiones allí existentes.

El 12 de julio de 1812, nuestro futuro Libertador, acongojado, escribe a Miranda, desde Caracas, dando parte de haberse perdido la plaza de Puerto Cabello cito, Yo hice mi deber…nada me quedo por hacer…pero ah, esta se ha perdido en mis manos,  fin de la cita.

Por cierto, la casa donde Bolívar se alojó en Pto. Cabello, durante siete días, mientras trataba de retomar el fuerte, desde el 30 de junio al 6 de julio, ahora, se encuentra con daños en su vieja estructura y ocupada, es una deuda histórica recuperarla para las presentes y futuras generaciones. 

Después de capitular el 25 de julio de 1812, Miranda es apresado en La Guaira, y luego enviado al castillo San Felipe en 1813, donde permaneció hasta su traslado a Puerto Rico y Cádiz, a donde llego el 5 de enero de 1814. 

También permanecieron en las lúgubres bóvedas carcelarias, el general, Bartolomé Salóm y monseñor Ramón Ignacio Méndez; igualmente Vicente Salías, autor de la letra de nuestro glorioso Himno Nacional, él es fusilado, el 17 de septiembre de 1814.  

El 11 de septiembre de 1813, mientras realizaba el sitio a la fortaleza, Bolívar, emitió un decreto anti corrupción, de los primeros de tipo administrativo que se conocen, el cual indica en su artículo Nro.1 Todo aquel que fuera convenido de haber defraudado los caudales de la Renta Nacional del Tabaco, será pasado por las armas y embargado sus bienes. Mantenía como norte que todo corrupto es traidor a la Patria.

La Toma de Puerto Cabello”, ejecutada  el 8 de noviembre de 1823  por el Cmdte. Manuel Cala, subalterno del impertérrito José Antonio Páez, aplicando el Principio de la Guerra de “Sorpresa”, con tropa semi desnudas, mediante un sigiloso movimiento nocturno, ocupo los trincherones Corito, Princesa y Príncipe. Dos días después, se rinden los ocupantes del castillo de San Felipe, último bastión realista, culminando el día 16 de noviembre, con la salida  de Venezuela,  de las fuerzas Españolas, que ocupaban nuestro territorio desde 1498. 

Se materializaba en Puerto Cabello, el sueño de Bolívar, exteriorizado en Monte Sacro, el 15 de agosto de 1805. La Toma de Puerto Cabello, nos deja la enseñanza, de ser fuertes en momentos de infortunio, y  de ser generosos, sin jactancia, en los momentos del éxito. Se ha querido designar el  nombre del castillo San Felipe en Libertador, a partir de una solicitud del coronel Ramón Ayala al general Páez el 17 de mayo de 1824. 

Por las situaciones mencionadas, notamos que esta instalación, desde que quedo en manos realistas, sirvió únicamente, de lugar de martirio de tantos venezolanos, de allí que la mayoría de los historiadores, se oponen a esta denominación, aceptando su nombre inicial de castillo San Felipe. No olvidemos que el valeroso general porteño Bartolomé Salom, ejecutó los primeros disparos de la emancipación, en Mariara, a las órdenes de Miranda, en julio de 1811, también Salom, se cubrió de gloria, al realizar los últimos cañonazos de la independencia suramericana, al ocupar el 22 de enero de 1826, la fortaleza del Real Felipe, en El Callao-Perú, entonces, en manos del jefe español Ramón Rodil. 

El coronel Ignacio Hernández, nacido en San Esteban, por instrucciones del Gral. Juan José Flores, también porteño, ocupó oficialmente en febrero de 1832, las islas Galápagos -Ecuador, donde leyó la proclama, e izó la bandera tricolor, honrando el acto con una salva de fusilería. Una isla cercana llamada Sta. María, la bautizó “Floreana” en memoria de Juan José Flores, su coterráneo,  Gracias a esa acción, Ecuador limita con China, Japón y Rusia, .

Con Ignacio Hernández, también tenemos la deuda histórica, de enaltecer su figura.

Juan José Flores, es el primer Presidente de la hermana República del Ecuador,  es de los pocos militares en el  mundo, de ostentar el grado de general en jefe en tres países, en este caso, Venezuela, Ecuador y Costa Rica. Completando la trilogía de los ilustres próceres militares porteños, tenemos al contralmirante Agustín Armario, de destacada figuración emancipadora, epónimo desde julio de 1963, de la más importante Base Naval de Venezuela. Durante tiempos de  Cipriano Castro, una deuda contraída por Venezuela con países europeos, propicio un bloqueo a nuestras costas al arribar una flota naval combinada de Alemania e Inglaterra, que procedió a atacar La Guaira, luego a bombardear el castillo San Felipe y fortín Solano el 13 de diciembre de 1902, para continuar  hacia la Barra de Maracaibo, donde sufren daños que los obligan retirarse. Una segunda guerra, distinta a la emancipadora, fue la guerra contra el paludismo, iniciada en Morón,  que pertenecía al Cantón  de Puerto  Cabello, hasta 1981. El líder de esta guerra sanitaria, fue el eminente medico Arnoldo Gabaldón, al frente de su  ejército de dedetizadores, que inicio su lucha el 2 de diciembre de 1945, en la humilde vivienda de Melecio Castillo. Recordando aquella acción benefactora el Club de Leones, coloco el 2 de diciembre de 1955, el monumento al Zancudo Caído. 

En la época dictatorial de Juan Vicente Gómez, muchos dirigentes políticos, pasaron años en los lúgubres calabozos, entre ellos: Andrés Eloy Blanco, José Rafael Pocaterra, Raúl Leoni y Jóvito Villalba. Andrés Eloy Blanco, en su famoso discurso ofrecido en el acto de lanzar al mar los grillos, en febrero de 1936 dijo: "Hemos echado al mar los grillos, y maldito sea el hombre que intente fabricarlos de nuevo y poner una argolla de hierro en la carne de un hijo de Venezuela".

El “Baile de la Hamaca”, tradición porteña, Patrimonio Cultural del estado Carabobo; de raíces afro caribeñas, procedente de Curazao, incluida por primera vez en el calendario escolar 2013-2014, se realiza el lunes y martes de carnaval, simula  el  dramatismo, durante un velatorio, donde un negro se da cuenta de la infidelidad de su mujer, precisamente con el difunto. 

La narración del Ultimo Barco Negrero y el Baile de la Hamaca, son expresiones propias  del sentimiento y legado de este puerto de historias y tradiciones, mantener estas  actividades acrecienta el acervo cultural y su proyección nacional. Este puerto generoso y hospitalario, ofreció cobijo, pan, trabajo y oportunidades, a tantos extranjeros, llegados con una pequeña maleta llena de ilusiones y esperanzas, que, agradecidos, en corto tiempo se sintieron en su segunda patria y se hicieron nuestros. 

Una pléyade de porteños le da lustre al gentilicio, verbigracia José Francisco Molina Sierra, considerado el Primer Medico Venezolano egresado en 1798,  Guillermo Prince Lara, hermano del Dr. Adolfo, joven estudiante de la conocida generación del 28, sufrió cárcel y destierro, fallece  en Suiza a los veintiséis años, inspiro a Miguel Otero Silva, escribir  la novela Fiebre, Un digno representante de la porteñidad es el escritor Ramón Díaz Sánchez, como también Su Eminencia José Ali Lebrún, segundo Cardenal venezolano, Juan Antonio Segresta. Augusto Brandt, Miguel Elías Dao  e Ítalo Pizzolante, por nombrar algunos  hijos porteños.

Puerto Cabello, con su bien ganado Título de Ciudad,  se proyecta ante la historia, sin prisa, pero sin pausa, ha sido testigo mudo, de tantos hechos, hazañas y personajes, bien denominado por Ítalo Pizzolante en su canto, hoy convertido oficialmente en el Himno Regional el 17 de julio de 1998; “Puerto azul de leyenda”. Pareciera que esta maravillosa región, no se dirige hacia la historia, sino que la historia se dirige hacia Puerto Cabello, cual libro abierto y faro inextinguible de verdades. No volvamos la mirada al pasado, solo para extasiarnos en su grandeza, que enaltece la porteñidad. 

Corresponde como un objetivo ineludible, lograr oficializar el 5 de agosto, Día de la Porteñidad. Así como Miranda expreso a Pedro Gual en francés, en julio de 1812, al conocer la pérdida de la importante fortaleza, Venezuela está herida en su corazón, seguro que, nuestro siempre precursor, acompañándonos con su presencia etérea en este maravilloso lugar, diría, Venezuela está orgullosa del legado porteño, advirtiendo a los tiempos, que, gracias a la voluntad de trabajo y superación de sus habitantes, la grandeza de este señorial refugio porteño, pertenece al presente y futuro de Carabobo y de Venezuela.

Que así sea


      …porque la historia pide que nosotros hagamos historia.


Señores


Eumenes Fuguet Borregales E.·. V.·. M.·. 2002
de la R.·. L.·. Sol de América Nº 37
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General de Brigada.
Miembro de Número de la Academia de la Historia del Edo. Carabobo.
Miembro de la Sociedad Bolivariana de Venezuela.
Miembro de la Sociedad Divulgadora de la Historia Militar de Venezuela.
Miembro de la Asociación de Escritores del Estado Carabobo
Director de la Revista Internacional "Historia y Tradición".



miércoles, 29 de julio de 2015

Libertador Simón Bolívar y la cuestión diplomática con Estados Unidos en la figura de Juan Bautista Irvine.


 "Jamás conducta ha sido más infame que la de los americanos con nosotros: ya ven decidida la suerte de las cosas y con protestas y ofertas, quien sabe si falsas, nos quieren lisonjear para intimidar a los españoles y hacerles entrar en sus intereses"
 Carta de Bolivar a J.R. Revenga
Mayo de 1820


En 1818, la ambición de Estados Unidos por forjarse un espacio preponderante entre las naciones que emergían independientes era acelerada y constante. El 12 de julio de ese año arribó a Angostura el agente diplomático estadounidense Juan Bautista Irvine.
 
En el papel, tres eran las tareas encomendadas a  Irvine por el Secretario de Estado John Quincy Adams: 1. Manifestar la simpatía de su país hacia las nuevas repúblicas que nacían en América del Sur. 2. Protestar por los dos barcos capturados (Tigre y Libertad) por las fuerzas patriotas en el Orinoco y 3. Esclarecer el curso que tomarían las relaciones entre su país y Venezuela Los acontecimientos futuros mostrarían otro derrotero respecto de las prioridades de la misión del agente estadounidense.

Las goletas estadounidenses Tigre y Libertad habían sido capturadas por la flota republicana comandadas por el Almirante Brion cuando intentaban burlar el bloqueo del Orinoco a fin de evitar el abastecimiento de los españoles sitiados en Angostura y en los Castillos de Guayana La Vieja y habían sido contratadas por el gobernador español de Guayana, Lorenzo Fitzgerald.

Las naves fueron apresadas en fechas distintas. La Tigre salió del Orinoco con la misión de traer armas, municiones y tabaco que habían sido comprados por Fitzgerald al comerciante británico Lamson. El 17 de marzo izó velas en Salem, puerto del estado de Massachusetts en Estados Unidos y entró en puerto en el Orinoco el mes de abril. Posteriormente, saldría llevando otro cargamento cuando fue capturada el 4 de julio de 1817. Por otro lado, la goleta Libertad había salido de Martinica en junio, cargando municiones. Ya navegando por el río se encontró con los buques patriotas que lo bloqueaban y, no obstante le advirtieron que estaba violando el bloqueo y le dieron órdenes de devolverse, intentó regresar de manera furtiva para remontar el Orinoco, cuando fue apresada por la escuadrilla del Capitán de Navío Antonio Díaz.

Bolívar recibió a Irvine en medio de grandes expectativas acerca de su misión. El 13 de julio había escrito al General Páez anunciándole la llegada del agente diplomático estadounidense e informándole que al día siguiente presentaría sus cartas credenciales con lo cual podría comenzar a realizar sus funciones.

Irvine escribió diez notas a Bolívar entre el 25 de julio y el 8 de octubre. El Libertador acusó recibo y respondió en otras tantas ocasiones, la última de las cuales fue el 12 de octubre. El tenor de la primera carta de respuesta da cuenta que el tema único de la misiva de Irvine es el de las goletas Tigre y Libertad, es decir uno solo de los objetivos de su misión a Venezuela.

El Jefe Supremo explicó a Irvine que la contestación a su mensaje del 25 de julio, debía esperar por la consulta del proceso seguido a los dueños de los barcos. Así mismo, con respecto a su nota del 27 de ese mismo mes, le informó que los mismos recibirían las indemnizaciones del caso, siempre que fuera aceptada la justicia con la cual actuaron las armas de Venezuela. Repite su opinión de alta valía respecto de la misión del estadounidense en Venezuela, pero advierte que los barcos norteamericanos "...olvidando lo que se debe a la fraternidad, a la amistad y a los principios liberales que seguimos, han intentado y ejecutado burlar el bloqueo (...) para dar armas unos verdugos y para alimentar unos tigres que por tres siglos han derramado la mayor parte de la sangre americana..."

El 29 de septiembre, después de un largo debate epistolar en el que el Libertador desplegó sus extraordinarias dotes de estadista, manejando con habilidad y experticia los ámbitos político, jurídico, económico y los de la diplomacia, redactó una nueva nota en la que reitera las evidencias expuestas el 25 ese mismo mes a Irvine, lamentando que éste en su carta del 26 las haya rechazado. Por enésima vez, expone las razones de Venezuela, pero ahora dice tajante que dadas las circunstancias se ve obligado "a resolver de una vez la cuestión".

Esta situación conlleva una carta de Irvine de 1° de octubre en la que éste da por finalizado el debate por el tema de las goletas, juzgando que Venezuela actuó ilegalmente. Bolívar contesta el día 7 sin dejar pasar la oportunidad de decirle que se va a desentender del penúltimo párrafo de su carta por considerarla "en extremo chocante e injurioso al gobierno de Venezuela" y que para contestarlo sería preciso usar el mismo lenguaje de Irvine "contrario a la modestia y el decoro con que por mi parte he conducido la cuestión".

Le dice que no va a forzarlo a reciprocar los insultos, pero que aunque no lo hará, no va a permitir que Irvine, "ultraje ni desprecie al Gobierno y a los derechos de Venezuela". Finaliza contundente: "Lo mismo es para Venezuela combatir contra España que contra todo el mundo entero, si todo el mundo la ofende".

No obstante todo eso, se despide con los usos protocolares de su elevada investidura, el respeto, la decencia y la alta responsabilidad que tiene al regir los destinos de Venezuela y su representación en el escenario internacional. A pesar que Venezuela no había consolidado su independencia y el gobierno aún no tenía autoridad sobre todo el territorio de la república, Bolívar actuó como un avezado Jefe de Estado en términos del manejo de la diplomacia, con honor, dignidad y firmeza, entendiendo la valía de establecer –en ese contexto- sólidas relaciones de amistad con Estados Unidos, sin dejar de salvaguardar los intereses soberanos de la naciente República, sembrando con ello parámetros insoslayables de comportamiento republicano, independiente y soberano en los manejos de la política exterior de la Nación.

Todavía, vuelve a escribir a Irvine el 12 de octubre como respuesta a una nota de éste del 8 del mismo mes. En ella el agente diplomático manifiesta su extrañeza por la respuesta de 7 de octubre del Libertador. Bolívar le dice que así habría sido, si Irvine se hubiera limitado a dar por cerrado el asunto, pero que el tenor de la misma le obligaba a responder para no dar por ciertos ninguno de los argumentos expuestos en la carta y que no son sino la reiteración de los anteriores, refutados uno a uno y en su momento. De esa manera, el Jefe Supremo cerraba toda posibilidad a dejar asuntos abiertos con la posibilidad de ser usados contra la República.

Con esto, Bolívar da por finalizada su comunicación con Irvine, no recibe ni envía ninguna nueva correspondencia al representante del gobierno de Estados Unidos. Lo que había comenzado con grandes augurios y esperanzas 4 meses antes, había resultado un fiasco, ante la desatención de Irvine a la propuesta amistosa y apegada a derecho de Bolívar y el posterior escalamiento del discurso agresivo, incluso amenazante del estadounidense.

Juan Bautista Irvine no regresó de inmediato a su país. Incluso participó como invitado especial en la instalación del Congreso de Angostura el 15 de febrero de 1819. Irvine informó de su misión al Secretario de Estado John Adams, en los que destilaba rencor por su fracaso, tildando a Bolívar de dictador y tirano, así como iluso y quijotesco. El 27 de febrero de 1819, abandonó la ciudad, frustrado por la ruina de su gestión. En su país se consagró a escribir artículos periodísticos en los que calificó a Bolívar de "'general charlatán y político truhán´".

Unos meses después de la partida de Irvine, el gobierno de Estados Unidos envió a Venezuela al Comodoro Oliver H. Perry quien arribó a Angostura el 25 de julio de 1819. Su misión era dar y recibir explicaciones sobre el fracaso de la misión de Irvine.

Bolívar había abandonado Angostura el 23 de mayo en dirección a los llanos occidentales donde habría de reunir a los más destacados jefes del ejército a fin de convencerlos de la necesidad de trasladar las operaciones bélicas a Nueva Granada. La jefatura del gobierno había sido asumida por el vicepresidente Francisco Antonio Zea, quien tuvo una desacertada gestión en el manejo de los asuntos gubernamentales. Perry logró de Zea lo que Irvine no pudo conseguir de Bolívar: la devolución de las goletas Tigre y Libertad en lo que Manuel Alfredo Rodríguez considera el primer revés de la diplomacia venezolana. Según Francisco Pividal cuando el Libertador tuvo conocimiento del hecho, "consideró humillante tal proceder".

El 25 de mayo de 1820, en carta a José Rafael Revenga, ministro de Relaciones Exteriores y de Hacienda, El Libertador le había manifestado con contundencia sus aprehensiones respecto a la política de Estados Unidos. Le dice "Jamás conducta ha sido más infame que la de los americanos con nosotros: ya ven decidida la suerte de las cosas y con protestas y ofertas, quien sabe si falsas, nos quieren lisonjear para intimidar a los españoles y hacerles entrar en sus intereses", y agrega a continuación "Yo no sé lo que deba pensar de esta extraordinaria franqueza con que ahora se muestran los norteamericanos: por una parte dudo, por otra me afirmo en la confianza de que habiendo llegado nuestra causa a su máximo, ya es tiempo de reparar los antiguos agravios (...)

Ya que por su anti-neutralidad la América del Norte nos ha vejado tanto, exijámosle servicios que nos compensen sus humillaciones y fratricidios. Pidamos mucho y mostrémonos circunspectos para valer más o hacernos valer". Seguramente, estaba pensando en su nefasta experiencia con Irvine de dos años atrás.

José Rafael Otazo M.
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Profesor Universitario.   
 
Miembro Correspondiente de la Academia de la Lengua, capitulo Carabobo.
Miembro de la Ilustre Sociedad Bolivariana de Venezuela.
Miembro de la Digna Sociedad Divulgadora de la Historia Militar de Venezuela.
Miembro de La Asociación de Escritores del Estado Carabobo.
Investigador en la Asociación para el Fomento de los Estudios Históricos en Centroamérica.

lunes, 27 de julio de 2015

Dr. Ricardo León Celaya, para un bardo amigo y hermano, Pedro Quiñonez.



 

PARA PEDRO QUIÑÓNEZ, UN BARDO AMIGO Y HERMANO, QUIÉN NO ESCRIBE COMO ESCRIBE, DE RICARDO LEÓN CELAYA, DESPUES DE LEER SU LIBRO “SUEÑOS Y PALABRAS”.



Pedro, es un hombre y nombre que amo, por su lealtad, valor, pescador de corazones y enseñarnos que “solo la verdad os hará libre”, “Roma será el Centro de las Oraciones” y en el Ludus Magnus,a solicitud de Ligia y Marco Crasso, les unió en matrimonio, diciéndoles; “como en caná, les Bendigo en el nombre de Dios padre, de Jesús el hijo y el Espíritu Santo”. Expresiones que enriquecen nuestras vidas e impiden la carencia del alma. Además, a ese Pedro, lo ama nuestro Jesús. Pero, este Pedro, el Quiñónes, no escribe como escribe, pero si escribe lo que escribe. Lo cual, es muy diferente. Lo primero, es un paisaje de percepción. Lo segundo, es responsabilidad. 

Cuando el Bardo Pedro, me dedicó uno de sus maravillosos monumentos al ingenio, como decía mi San Jerónimo, solo vi, trazos, enrejados como mallas, que mi escaso intelecto no alcanzó a codificar para construir un mensaje escrito. Es decir, no sé lo que Pedro, me dice con su escritura. Pero, si me preocupo, me ofendo, por un escrito de puño y letra de Pedro, lo percibo como un ESPIRITUGLIFO. Es decir, un gráfico proveniente del espíritu, baranda del alma de un hombre bueno, incapaz de hacer daño al prójimo y quién en Soliloquío, me diria; ¡Que importa, Ricardo, si no entiendes lo que te escribo, si además de que todo es bueno, basta con que lo entienda yo, tu tienes que continuar ignorante para perpetuarme como sabio!. Por ello, Pedro, si no sé de palabras. ¿Como saber de sueños?. Pero, leí tu libro y de acuerdo a sus Capítulos; transitando sin respirar, por la soledad de la nostálgica memoria. A tu dama ausente, le arrestaré el pensamiento que le trazó el camino para irse y le apartaré el viento, para pedirle que te deje una huella. En un verso, se Bendice la vida y sobra imagen. En el escenario, no hay oscuridad, por que el brillo de los actores lo impiden. Creo, Pedro, en la hermosa oferta de Nuestro Señor y vivimos en un mundo de luz, para ir a otro de mas luz, porque allí esta él y Nuestros Amados Padres, Familiares y Amigos con la mas hermosas de sus sonrisas y el mas eterno de los abrazos. En solo una voz, es suficiente, y mas si la desperdiciamos, al no entendernos, para caminar por el mundo pobremente anónimos y morir en soledad , sentados al pié de la torre de Babel. Cada día, es solo un a través, hacia cualquier morada.LA INVIDENCIA, se libra de las perversiones del mundo exterior y disfruta su vida, por lo pristino de su luz interior y siempre nos aproxima, al tanteo, como niños, para abrazarnos. Envejecer, regalo del bello tiempo, hermano de Dios, quién con su pasar, inventa un punto en el infinito para convivir en castidad. Llovía, mendicidad para todos, cuando no ocurra, los montes se reirán del llanto de los hombres para asperjar el suelo, porqué con nuestras vilezas, nos comportamos, exactamente contrarios, al ejemplo de Jesús. 

En su memoria, el hermoso pasado-presente del Sabio Agustín, hijo de Mónica, hermano de Erasistrato y admirado de Eusebio Jerónimo. Un lienzo, útil para un mensaje a nadie, a la nada o a ambos. Una promesa, el borde espinoso de una mentira, donde la luz puede correr detrás del tiempo. Un presente, la belleza infinita. Por todos y para todos nuestros amados padres, hijos, nietos, familiares, amigos, amores y los que no están, quienes nunca se han ido por decreto de nuestro corazón y la rúbrica de nuestro eterno amor. Vivencia, lo que escribo, y fluye con una facilidad que me impide conocerme. Es decir, me hace ser lo  que no soy, un reiterado pecador que busca con locura abrazar lo Justo y el Perdón. Sin legado, no me preocupa, soslayo lo material, me hospedo en mi sangre, la palabra y la fé. Regreso, no me interesa, tengo mucho a quienes acompañar y descanso en la seguridad que Dios, en su Benevolencia, me otorgará el privilegio de esperar, a quienes amo, con el mas indescriptible de los gozos.

Bueno, mi Bardo Pedro, he cumplido mi orden de responder a un amigo que me obsequia un libro. En tu obra, no hay letras, eso es solo un símbolo. No hay palabras, eso es solo una armadura. No hay mensaje, sería muy poco y común. Lo que encuentro, es una insondable filosofía, muy poco común en los comunes e inexistente en los cualquiera. Conseguí el  rutilante brillo de la sabiduría, habitando en un hombre humilde, leal, de servicio y Apóstol de la Medicina, como yo. Pedro, la única manera que se me ocurre para despedirme, es rogarte que me ubiques caminando, siempre jubiloso por alguna de las calles de mi hermoso pueblo de San Jerónimo de Guayabal, Estado Guárico, y de repente, al doblar la esquina de la Casa Vieja Leonera, hospedaje de mis Amados Padres Familiares y Querencias, me encuentro frente a ti y ensayo de inmediato la inclinación, la reverencia y deposito al suelo mi rodilla derecha, mientras con la mano izquierda, desencumbro mi sombrero de cogollo para colocarlo delante de mi pecho y decirte, ¡BENDICIÓN PEDRO! ese soy yo.







Dr. Ricardo León Celaya

San Jerónimo de Guayabal, 12 de junio de 2015

martes, 21 de julio de 2015

Hablando de...El lenguaje diplomático.


Muchas veces no se trata de la diplomacia de salón sino de aquella técnica que, al decir de Nicolson, se transforma en “ese cauteloso hablar quedándose por debajo de la realidad que capacita a los diplomáticos y ministros para decirse entre sí cosas punzantes sin ser por ello provocativos ni descorteses”.

En este sentido, la necesidad de mantener siempre el tacto y la mesura, aun en situaciones críticas y de siempre dejar abiertos los cauces para las negociaciones y la solución política de cualquier asunto, da como resultado la existencia de una técnica, donde los modismos afables y amigables, pueden incluso contener serias advertencias.

Un ejemplo demuestra que cuando se dice que un Embajador “ha sido llamado a consultas” generalmente significa que se le llama para bajar el nivel de las relaciones entre dos países y para darle instrucciones precisas frente a tal hecho, aunque esas llamadas pueden prorrogarse durante largos períodos, durante los cuales la Misión Diplomática queda a cargo de un funcionario de menor rango o queda simplemente acéfala.

Este lenguaje tiene una utilidad clara, pues sirve para evitar la complicación innecesaria de negociaciones diplomáticas o el escalamiento de un conflicto que enerva más a las partes así como permite brindar un mensaje objetivo a la opinión pública evitando caer en una situación alarmista.

En definitiva, los diplomáticos deben ser profesionales que conozcan todas las técnicas que facilitan la paz y el diálogo, donde al decir de Maurois sepan decir las cosas difíciles o penosas de una manera estratégica y agradable.

Es vital que las pasiones se alejen para que afloren los intereses, pues de las primeras es muy difícil una transacción, más aún cuando un resentimiento producido por una palabra inadecuada ha causado más guerras que las rivalidades económicas.

A través de la diplomacia se tratan los asuntos entre los países, desde los rutinarios hasta los más espinosos. Si el lenguaje de estos tratos fuera el común de la población, muchas platicas entre diplomáticos terminarían con los puños.

El lenguaje elegante colabora a la mejora de las relaciones entra países, o por lo menos a no empeorarlas.

No es sorprendente pues que mucho del lenguaje diplomático venga del francés y del latín. Suena bien y sobre todo evita reacciones negativas en quien lo escucha.

Por ejemplo, si un diplomático dice esto es un casus belli causará una impresión favorable llena de finura, gracia y distinción. De acuerdo, se trata de una práctica declaración de guerra, pero nadie se podrá quejar que esa guerra ha tenido un comiendo delicado, lleno de garbo y desenvoltura.

La llegada de la valisse es todo un acontecimiento en una embajada. No otra cosa que una o más valijas que tienen garantía de inviolabilidad por parte del país donde se encuentra la embajada, es decir, nadie la abre en la aduana.

Desde luego, la valisse se utiliza para llevar y traer correspondencia entre embajadas y sus países, lo que demuestra la falta de confianza de los gobiernos en sus propios servicios de correo. La valisse es muy apreciada pues permite el fácil acceso personal de la embajada a productos de origen del país.

Si alguien dice esto es un caso foederis hay que ponerse a temblar. Quiere decir que ese país va a llamar a sus amigos para que le ayuden contra cierta nación. Cuando un embajador se va de vacaciones, o por alguna otra razón se ausenta de su puesto dejando miles de asuntos pendientes, el pobre tipo que los sustituye recibe el nombre de chargé d’affaires. Lo bonito del título compensa lo pesado del trabajo.

La vida del diplomático está llena de actos sociales, menos de las que uno se imagina y más de los recomendables para la salud. En estos actos sociales cobra especial importancia el placement, o sea, el arte de colocar a las personas alrededor de una mesa de manera que todos estén a gusto y rodeados de gente con la que simpatizan. Se trata de que todos pasen el tiempo agradablemente. El placement es complicado dada la cantidad de países que ya tiene el mundo y el hecho de que no puede ignorarse a ninguna nación por pequeña que sea.

Unos de los ejemplos más clásicos del lenguaje diplomático se da más o menos frecuentemente cuando algún gobierno declara algún diplomático persona non grata. En realidad eso significa “no lo queremos aquí, váyase a su país inmediatamente”. Suena muy bien y halaga a los otros diplomáticos pues le está diciendo que ellos son persona grata.

En la política interna de un país está permitido utilizar frases que parecen grosera y vulgares si se compara con las de la diplomacia internacional. Un político habla duro a sus paisanos y suave a los extranjeros. Supóngase el caso hipotético de un país que poco a poco va enojándose con otro.

Ese país utilizará el lenguaje diplomático para manifestar su posición sin alarmar a nadie innecesariamente. Las etapas de una escalada de enojo son variables, sin embargo para propósitos didácticos pueden distinguirse ocho:

1. “Mi gobierno no puede permanecer indiferente” es la primera manifestación de que algo anda mal. Equivale a decir algo como “ándate con cuidado porque este asunto es importante para nosotros y vamos a hacer algo al respecto”.

2. “Mi gobierno percibe con preocupación” es una advertencia más fuerte aunque todavía no hay nada firma al respecto. Es una forma de decir “voy a tomar una decisión que no te va a gustar”.

3. “Mi gobierno se ve obligado a reconsiderar la posición” equivale a decir “hasta ahora si no fuimos amigos por lo menos nos tolerábamos, a la siguiente que hagas va haber enemistad”.

4. “Mi gobierno se siente obligado a formular expresamente sus reservas” significa un claro “cuidado por que no voy a permitirlo”.

5. “Mi gobierno se ve obligado a considerar sus propios intereses” es una advertencia que puede sonar bien en un periódico, pero para el que entiende el lenguaje diplomático quiere decir que el asunto va muy mal. Significa “voy a romper relaciones contigo”.

6. “Mi gobierno lo considerara como un acto no amigable” representa una etapa muy avanzada del conflicto. Equivale a decir “te estoy amenazando y va en serio”.

7. “Mi gobierno no puede hacerse responsable de las consecuencias” es igual a decir “un paso más y nos vamos a dar de golpes, te lo advertí antes y nunca me hiciste caso”. Sin embargo, ¡que elegancia y que caballerosidad hay en esa expresión!

8. En la última etapa hay un ultimátum, “o haces esto, o es la guerra”. En lenguaje diplomático se puede decir “Mi gobierno tendrá bien en esperar su amable respuesta no después del 15 a las 5:30 de la tarde, hora local”.



José Rafael Otazo M.
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Profesor Universitario.   
 
Miembro Correspondiente de la Academia de la Lengua, capitulo Carabobo.
Miembro de la Ilustre Sociedad Bolivariana de Venezuela.
Miembro de la Digna Sociedad Divulgadora de la Historia Militar de Venezuela.
Miembro de La Asociación de Escritores del Estado Carabobo.
Investigador en la Asociación para el Fomento de los Estudios Históricos en Centroamérica.