domingo, 14 de junio de 2015

Talento masónico...La diplomacia cultural, una mirada a su origen y desarrollo.




El concepto de diplomacia cultural se enmarca en el más amplio de diplomacia pública, con el cual suele identificarse y al que de hecho precedió. El objetivo básico que ambas prácticas comparten radica en la configuración de una estrategia de imagen-país levantada sobre la comunicación y encaminada a conseguir peso internacional y beneficios simbólicos, cuyo circuito de actuación desborda los canales de la diplomacia tradicional (Noya, 2007: 91 y ss.). El impacto de los avances tecnológicos (desde la radio y la televisión hasta internet) sobre la opinión pública y, recíprocamente, la creciente influencia que esta tiene sobre las estructuras de decisión política, explican la relevancia de este tipo de diplomacia. Para calibrar adecuadamente el asunto no hace falta más que considerar la repercusión que tuvo la BBC británica al inicio de su historia, o la que tiene la cadena Al-Jazeera en los países árabes desde los inicios de la década de 2000. Por ello, los Estados se han visto impelidos a gestionar su proyección pública a fin de asegurarse ciertos niveles de confianza tanto dentro como fuera de sus fronteras. Ahora bien, en este punto es necesario distinguir entre dos orientaciones comunicativas, según la repercusión que cada Estado busque, y los plazos temporales que maneje. Si lo que se pretende es alcanzar logros inmediatos, el mensaje se adaptará al lenguaje de los medios de comunicación y su contenido –elaborado en los gabinetes de prensa ministeriales– será de índole marcadamente político. En cambio, cuando los objetivos perseguidos se inscriban en un horizonte a largo plazo, la información tenderá a contener un mayor componente cultural, y su implantación recurrirá a programas relacionados con la enseñanza de idiomas o el intercambio académico. En rigor, la diplomacia cultural se inscribe en este segundo nivel de estrategia.

La integración del factor cultural en el ámbito de la política exterior es, en cualquier caso, previa al surgimiento de los medios de comunicación masivos. Su nacimiento se ubica a finales del siglo xix y principios del xx, cuando de forma pionera en Francia, y más adelante en Alemania e Italia, se crean en el seno de sus servicios exteriores los primeros organismos dedicados a la proyección cultural, de acuerdo con una política de intervención ligada a la difusión de la lengua y de la producción artística. En esta fase embrionaria el papel de los intelectuales cobra asimismo peso, toda vez que en la I Guerra Mundial se abrirá un flanco de combate paralelo al que se produce en las trincheras: se trata del conflicto de las ideas estrechamente asociado a lo que se conoce como «guerra psicológica» (Delgado Gómez-Escalonilla, 1994: 268). Con el cese de las hostilidades, el factor cultural conocerá una nueva aplicación, de corte multilateral –abriéndose entonces una bifurcación político-práctica que llega hasta hoy. Bajo el auspicio de la Sociedad de Naciones aparece el Instituto Internacional de Cooperación Intelectual, antecedente de la actual Unesco, con sede en París. Pero el fin pacífico, idealista y transnacional de esta institución se verá enseguida eclipsado por el curso de los acontecimientos de entreguerras, y el desarrollo simultáneo de los despachos culturales de los ministerios de Asuntos Exteriores, cuya actividad se restringe a la consecución de intereses nacionales, esto es, a incrementar la influencia internacional de cada país. El despliegue de este tipo de acciones adopta con prontitud un perfil netamente doctrinal como demuestran –ya en la misma década de los años veinte– los casos de Italia y la Unión Soviética: la cultura no tarda en politizarse, alcanzando quizá su mayor cota de ideologización durante la II Guerra Mundial. A su vez, fue precisamente entonces cuando Estados Unidos y Gran Bretaña fundaron sus instituciones diplomático-culturales: la división de Relaciones Culturales del departamento de Estado, y el British Council, respectivamente.

A partir de 1945, junto con la recomposición del orden mundial se establecieron las bases institucionales tanto nacionales como multilaterales que en gran medida continúan moldeando los sistemas político-culturales del presente. A escala nacional se perfilan distintos modelos de gestión diseñados según las tradiciones diplomáticas de cada país, el alcance que le reconocen a la dimensión cultural y el tamaño de los Estados. Por ejemplo, Francia destaca como potencia que concede gran importancia a la propagación de su idioma y al patrimonio cultural, encargando al ministerio de Asuntos Exteriores la gestión internacional de su «grandeur». Su estrategia no solo contrasta, por razones obvias, con la alemana –país que gradualmente fue rearticulando su capital simbólico, de un modo en todo caso más discreto–, sino también con la británica: las competencias relativas a la diplomacia cultural que ejecuta el British Council no dependen formalmente del negociado del Foreign Office, dándose además la circunstancia de que la mayor parte de la financiación de tal organismo procede del sector privado.

No obstante, la novedad que presentó el periodo de postguerra vino dada por la constitución en 1945 de Naciones Unidas y, concretamente, de su unidad especializada en cultura, la Unesco. Desde esta instancia la interpretación de los contenidos culturales se realizará desde un enfoque más amplio, científico-antropológico, que no se limita a la esfera intelectual, artística o patrimonial desde las que operaban los Estados. Ciertamente, desde la puesta en marcha de las primeras actuaciones diplomático-culturales las naciones también se sirvieron de dicha concepción, especialmente las que contaban con posesiones coloniales, pero lo hacían desde un ángulo etnocéntrico, es decir, promoviendo su propia cosmovisión cultural, en tanto se adecuaba con sus propósitos político-civilizatorios. Con la aparición de Naciones Unidas, se desarrolla un discurso alternativo que, sin perjuicio de su armadura universalista –reflejada en la Declaración de los Derechos Humanos–, pone un énfasis especial en la defensa de los rasgos identitarios de los pueblos. El proceso de descolonización y las aspiraciones puestas en articular un orden de concordia internacional avalará la consolidación de esta nueva perspectiva que, en su versión más radical, llegará al extremo de poner en cuestión las premisas epistemológicas del conocimiento científico. Paralelamente, el crecimiento de las instituciones multilaterales contribuirá a establecer los pilares del sistema de cooperación internacional, cristalizado en 1960 con la creación de la Ocde, en el que el tratamiento de la cultura, aun inicialmente marginado, se realizará en tal clave antropológica.

Lo antedicho no supuso que la orientación «estatocéntrica» de la acción cultural exterior perdiese fuelle, más bien al contrario: el potencial propagandístico derivado de los progresos tecnológicos, plasmado en la industrialización de la cultura y el surgimiento de los medios de comunicación de masas (radio, cine y televisión) puso a disposición de los gobiernos maquinarias publicitarias idóneas para la difusión de sus mensajes e intereses. Es conocida la instrumentalización de estos recursos por parte de los regímenes totalitarios: cineastas de la talla de Fritz Lang o Serguei Eisenstein fueron tentados a poner su talento al servicio de la política –si bien no quepa establecer comparaciones a propósito de la relación que mantuvieron con los responsables de cultura, Joseph Goebbels en Alemania, y Anatoli Lunacharski en la Unión Soviética. Sin embargo, el ejemplo más ajustado al tema que nos ocupa lo representa el desarrollo que experimentó después de la II Guerra Mundial la diplomacia estadounidense, cuya oficina de Asuntos Culturales data de 1938. No hay que olvidar que al tiempo que se sentaban las bases para una mayor colaboración multilateral, se inicia la Guerra Fría.

En este contexto, en un breve intervalo de tiempo (1946-1948), Estados Unidos lanza el Plan Marshall, aprueba la ley Smith-Mundt, que fusiona y reorganiza los departamentos de Información y Cultura –formulando un verdadero programa de diplomacia pública–, y firma con Francia el pacto Blum-Byrnes. Este acuerdo, destinado a cancelar la deuda que tras la II Guerra Mundial Francia tenía contraída con Estados Unidos, contenía una cláusula según la cual se disminuía la proyección de producciones francesas en sus salas de cine a una proporción de cuatro semanas de trece. En esta línea, los gobiernos estadounidenses impulsaron un conjunto de actividades relativas a su imagen exterior en distintos ámbitos culturales. A efectos ilustrativos, cabe mencionar los siguientes ejemplos. En 1947 el servicio de Información apoyó la exposición de pintura que el galerista Samuel Kootz organizó en la sala Maeght de París. La muestra, titulada «Introducción a la Pintura Moderna Americana», contaba con lienzos de grandes figuras del expresionismo abstracto (Motherwell, Gottlieb, Baziotes…), su catálogo venía firmado por el crítico Harold Rosenberg, y su organización simbolizó el desplazamiento del centro de gravedad artística de París a Nueva York (Guilbaut, 2007: 273). En 1948 se inició, a instancias de la oficina de Asuntos Culturales del departamento de Estado, el programa de intercambio académico, centrado en un principio en Europa, y expandido más adelante en todo el mundo, conocido como Becas Fulbright. En el flanco intelectual se organizó entre 1950 y 1967 el Congreso por la Libertad Cultural desde el que se financiaron multitud de eventos culturales, revistas, seminarios, exposiciones y giras, con el fin más o menos encubierto de socavar la influencia marxista de los pensadores occidentales. Por último, el departamento de Estado también anduvo detrás de las giras que varios músicos de jazz (Duke Ellington, Dizzy Gillespie, Louis Armstrong, &c.) realizaron durante los años cincuenta y sesenta en Europa del Este, Oriente Medio y África (Noya, 2007: 119).

Para acabar de completar (y complicar) el tema, hay que mencionar cómo en el año 1959 se constituyó la primera administración de Asuntos Culturales con rango ministerial, es decir, de naturaleza autónoma, en Francia. La institución se desgajaba del ámbito de la educación, y pasaba a asumir las competencias relativas a la gestión de bellas artes, de museos y bibliotecas, de patrimonio histórico y de cine (negociado procedente de Industria y Comercio). Si bien sus atribuciones quedaron en un principio limitadas al ámbito nacional, el decreto fechado a 10 de mayo de 1982 estableció que el ministerio fomentaría «la creación de obras de arte y del ingenio, dándoles la mayor audiencia posible, y contribuirá a la difusión de la cultura y el arte francés en el libre diálogo de las culturas del mundo». Este ensanche del horizonte de actuación del ministerio, que cuatro años después asumiría asimismo las atribuciones de Comunicación, cobraba pleno sentido en un mundo crecientemente globalizado, en el que las fronteras entre las políticas a nivel interior y exterior se hacían cada vez más porosas. Por lo demás, la aparición del ministerio de Cultura francés impulsó la creación de ministerios o instituciones análogas en el resto del mundo, y así, por ejemplo, España se dotó de su propio ministerio cultural en 1977, Gran Bretaña creó el suyo en 1992, y Alemania cuenta desde 1998 con un ministerio adjunto de Cultura y Comunicación, no integrado en el gabinete ejecutivo, pero que coordina las políticas federadas en este campo. Por su parte, Estados Unidos carece de un departamento de Cultura con rango ministerial, si bien desde 1965 dispone del National Endowment for the Arts, agencia pública e independiente del gobierno federal, cuyo responsable es nombrado directamente por el presidente de la nación.

Tras la caída de la Unión Soviética y el fin de la política de bloques la hipótesis de articular un orden internacional regulado bajo instituciones comunes recobró fuerza. Y así, se pensaba que la globalización económica podría llevar aparejada una globalización política y cultural: un mundo en convergencia regido por un sistema de libre mercado, en el que los Estados fuesen amoldándose al modelo democrático de derecho, y al cabo se homogeneizasen las prácticas culturales, siguiendo la pauta de la occidentalización. No obstante este escenario, tachado a menudo de imperialista o neo-colonial, se vio contrapesado por la pujanza auto-afirmativa del discurso multicultural y las «políticas del reconocimiento», herederas de la descolonización, al punto de que el debate cultural pareció condenado a un conflicto sin solución entre quienes abogaban por un esquema evolutivo-ilustrado, frente a quienes primaban la defensa de la diversidad, presentándola como hecho indiscutible y, más aún, en auge. Tal escisión reproducía una antigua controversia que enfrenta a las concepciones de la cultura de Montesquieu y Herder (Lamo, 2007: 546). Frente a esta dicotomía, un análisis detenido de las tendencias económico-culturales a escala mundial nos revela una situación intermedia, mestiza, pero que incluso a la larga parece consolidar la hipótesis de la convergencia. La investigación llevada a cabo por Ronald Inglehart y Chris Welzel, Modernización, cambio cultural y democracia (2007), demuestra que tras la fragmentación en familias culturales que presenta el mundo, dividido en seis o siete áreas de influencia de ascendencia religiosa, se detecta una propensión global, determinada por el incremento de Pib, hacia la asimilación de creencias y valores post-materialistas y auto-expresivos (asociados a las libertades civiles occidentales), que deja atrás los valores tradicionales y los materialistas. La conclusión respaldaría la clásica tesis de Marx según la cual el desarrollo económico provoca el cambio cultural, refutando a su vez la hipótesis de la des-occidentalización.

Al anterior debate no ha sido ajena la gradual incorporación de la dimensión cultural en las teorías y programas del desarrollo humano, cuyos primeros modelos reducían su análisis a las variables económicas. En las últimas décadas nuevos indicadores (educativos, sociales, &c.) vinieron a completar el estudio y a ampliar las perspectivas en torno al crecimiento y progreso de las sociedades. No obstante, en la consideración de los indicadores culturales ha prevalecido por lo general una defensa de la diversidad y del mantenimiento de las identidades étnicas, informado por una interpretación esencialista, romántico y relativista, que incluso pondría en entredicho la operatividad de la propia noción de desarrollo (Alonso, 2009: 16). Con todo, la década de 2000 ha refrenado esta orientación en gran medida debido a las contribuciones que sobre el tema ha proporcionado el economista Amartya Sen, inspirador del Informe sobre Desarrollo Humano del Pnud de 2004: Nuestra libertad cultural en el mundo diverso de hoy. La propuesta de Sen pone el acento en las capacidades básicas del individuo, entre las cuales se encuentra la libertad de elección. A su vez, parte de la premisa de que cada persona no tiene una sino múltiples filiaciones identitarias, y que solo a ella corresponde en buena lid organizar la jerarquía de sus preferencias culturales, elegir libremente, y en su caso abandonar sus tradiciones de origen, sin que por ello haya de sufrir coerción grupal.

En todo caso, la inclusión de la cooperación cultural para el desarrollo en el ejercicio de la diplomacia cultural no resulta sencilla y ni siquiera evidente. Bien es cierto que la adscripción en las administraciones públicas de las competencias de cooperación internacional en el área de Asuntos Exteriores así parece recomendarlo. No obstante, esta cuestión manifiesta en la práctica la contradicción entre los dos principios que modulan las relaciones internacionales, el realismo y el idealismo. Sea como fuere, los anteriores elementos nos aportan una idea aproximada de cómo se constituyen las políticas de acción cultural exterior de los países.

Bibliografia y referencias consultadas:

Alonso, José Antonio (2009): «Cultura y desarrollo: bases de un encuentro obligado», Revista de Occidente nº 335, Madrid.

Birambaux, Isabelle (2011): «El Institut Français se renueva: una reforma al servicio del soft power», ARI, Real Instituto Elcano, Madrid.

Delgado Gómez-Escalonilla, Lorenzo (1994): «El factor cultural en las relaciones internacionales: una aproximación a su análisis histórico», Hispania, LVI/1, nº 186.

Haigh, Anthony (1974): La diplomatie culturelle en Europe, Consejo de Europa, Estrasburgo.

Íñiguez, Diego (2006): «La acción cultural exterior y la eficacia del poder blando», Política Exterior nº 111, Mayo/Junio.

Marco, Elvira y Otero, Jaime (2010b): Colaboración público-privada en la acción cultural exterior, Documento de Trabajo, Real Instituto Elcano, Madrid.

Noya, Javier (2007): Diplomacia pública para el siglo xxi, Ariel, Madrid.

Nye, Joseph (2004): Soft Power: The Means to Success in World Politics, Public Affairs, Nueva York.
Saddiki, Said (2009): «El papel de la diplomacia cultural en las relaciones internacionales», Revista Cidob d’Affers Internacionals nº 88, Barcelona.

Vozmediano, Elena (2007): «La filantropía estratégica», Revista de Libros nº 132, Madrid.

Fuente referencial: http://www.nodulo.org/ec/2012/n119p03.htm

 Por,
 
José Rafael Otazo M.
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Profesor Universitario.   
Miembro Correspondiente de la Academia de la Lengua, capitulo Carabobo.
Miembro de la Ilustre Sociedad Bolivariana de Venezuela.
Miembro de la Digna Sociedad Divulgadora de la Historia Militar de Venezuela.
Miembro de La Asociación de Escritores del Estado Carabobo.
Investigador en la Asociación para el Fomento de los Estudios Históricos en Centroamérica.



sábado, 6 de junio de 2015

Hablando de ...¿Qué es la Diplomacia Cultural?, una aproximación histórica.



"La diplomacia cultural puede ser descrita como un conjunto de acciones, que se basan en, y utilizan el intercambio de ideas, valores, tradiciones y otros aspectos de la cultura y de la identidad, ya sea para fortalecer las relaciones, mejorar la cooperación socio-cultural o la promoción de los intereses nacionales; la diplomacia cultural puede ser practicada tanto por el sector público, el sector privado o la sociedad civil." Dr. Emil Constantinescu

El concepto de Diplomacia Cultural debe ser como un campo de estudio nuevo en el debate académico.

Un poco de historia
La Diplomacia Cultural (o “Diplomacia de las Culturas”) no es algo recien inventado en este siglo XXI, sino que ha existido como una práctica a lo largo de los últimos siglos. No obstante, la novedad de éste campo de estudio reside en que, hasta hace pocos años, no habia existido un interés en analizar y conceptualizar, desde la rama académica de las relaciones internacionales, qué es y cómo se aplica la Diplomacia Cultural. De hecho, en la actualidad ésta disciplina no está relegada a la periferia del estudio de las Relaciones Internacionales, sino que la Diplomacia Cultural es hoy un campo académico en ebullición que, a través del estudio y la investigación, se ha establecido con éxito como una teoría y práctica con fuerza propia.

Así, mientras que el término “Diplomacia cultural” ha quedado definido recientemente, la evidencia de su puesta en práctica viene existiendo desde hace siglos y puede observarse a lo largo de la historia. Exploradores, viajeros, comerciantes, maestros y artistas pueden ser considerados ejemplos prácticos de embajadores informales y diplomáticos culturales (por ejemplo, el establecimiento de rutas comerciales regulares permite un intercambio frecuente de información y regalos culturales entre los comerciantes y representantes del gobierno). Ejemplos y prácticas que tuvieron lugar mucho antes del nacimiento del Ius Gentium o Derecho Internacional que rige y regula las Relaciones Internacionales.

Estos intentos de intercambio cultural pueden ser identificados como los primeros ejemplos prácticos de lo que ahora hemos venido a denominar Diplomacia Cultural. De hecho, cualquier persona que interactúa con los diferentes pueblos y naciones, ya sea en la actualidad o en el pasado, facilita una forma de intercambio cultural y político que tiene consecuencias directas en los campos del arte, el deporte, la literatura, la música, la ciencia, los negocios, la economía, y más allá.

Por tanto, a través de la interacción de los pueblos, el intercambio de la lengua, la religión, las ideas, las artes y las estructuras sociales podemos ver como las relaciones entre esos pueblos y naciones divergentes pero coexistentes han mejorado a lo largo de la historia, mejorando el bienestar y nivel de vida de dichas sociedades mediante el aprendizaje mutuo con otras culturas.

Del cielo a la tierra: aplicación práctica
La aplicación y puesta en práctica de la teoría de la Diplomacia Cultural incluye todos los intentos y modelos (con éxito o no) que se han practicado a lo largo de la historia por parte de actores individuales, organizaciones, estados o instituciones con el fin de facilitar y mejorar las relaciones y la colaboración entre diferentes culturas. Estos modelos incluyen, por ejemplo, diferentes programas de intercambio cultural y artes (el famoso ‘Guernika’ de Picasso), las delegaciones internacionales (los embajadores del jazz americanos), así como algunas competiciones deportivas (los duelos olímpicos entre US y URSS durante la Guerra Fría).

¿Por qué es importante la Diplomacia Cultural?
En un mundo interdependiente y globalizado como el nuestro, en el que la proliferación de las tecnologías de la comunicación de masas asegura que todos tenemos un mayor acceso a los demás que nunca, la Diplomacia Cultural es fundamental para el fomento de la paz y la estabilidad a nivel global. Cuando es aplicada a todos los niveles, posee la capacidad de influir en la opinión pública y en la ideología de las personas, comunidades, culturas y naciones, que pueden acelerar la realización de los principios que la sustentan y que definimos a continuación. Al lograr el primer principio, se permite alcanzar el segundo, que a su vez permite que el tercero se alcance y así hasta lograr el quinto principio fundamental, el de la paz y la estabilidad mundial.

Los principios son:

1- Respeto y Reconocimiento de la Diversidad Cultural y Patrimonial.
2- Diálogo Intercultural Global
3- Justicia, Igualdad y Cooperación
4- Protección Internacional de los Derechos Humanos
5- Paz y Estabilidad Mundial

Para mayor información sobre esta iniciativa se puede consultar la pagina oficial http://www.culturaldiplomacy.org/index.php?en

Por;
 
José Rafael Otazo M.
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Profesor Universitario.   
Miembro Correspondiente de la Academia de la Lengua, capitulo Carabobo.
Miembro de la Ilustre Sociedad Bolivariana de Venezuela.
Miembro de la Digna Sociedad Divulgadora de la Historia Militar de Venezuela.
Miembro de La Asociación de Escritores del Estado Carabobo.
Investigador en la Asociación para el Fomento de los Estudios Históricos en Centroamérica.

miércoles, 3 de junio de 2015

Conferida la Orden de Merito "Bolivar y Urdaneta" por la Sociedad Bolivariana de Venezuela a La Orden Masónica Mixta Internacional Le Droit Humain- El Derecho Humano.


 

















La Orden Masónica Mixta Internacional Le Droit Humain- El Derecho Humano, ha extendido autorización al Triangulo Masónico Generación, al Or.·. de Valencia, estado Carabobo en Venezuela, para que bajo sus auspicios inicie actividades masónicas,

La Orden Masónica Mixta Internacional "Le Droit Humain" ( http://droit-humain.org/es/ ) reúne alrededor de 28.000 miembros, presentes en más de 60 países y en los cinco continentes; Cabe resaltar que es la primera vez en la historia de la masoneria venezolana que esta importante potencia internacional hace presencia en esas tierras.

Comprendiendo un poco su historia y el origen de la masonería mixta, destacamos que, María Deraismes -periodista, militante de los Derechos de la mujer y del niño- y el Doctor Georges Martin - Senador y Consejero General - realizaron campañas a favor de los derechos políticos y civiles de las mujeres, de la defensa de los derechos de los niños oprimidos y desdichados, en contra de la intolerancia clerical y también por establecer una escuela neutra, respetuosa de las ideas de cada uno.

María Deraismes fue iniciada el 14 de enero de 1882, en la Logia "Les Libres Penseurs" ("Los Librepensadores") de Pecq, pequeña ciudad al oeste de París. Fue la primera mujer Francmasón, y simboliza la igualdad iniciática.

Once años más tarde, el 4 de abril de 1893, Maria Deraismes y Georges Martin, masón de renombre, crearon, en París, el primer Taller Mixto.

De esta Logia Madre nacerá la Gran Logia Simbólica Escocesa "Le Droit Humain", que establece la igualdad entre el hombre y la mujer.

Maria Deraismes fallece el 6 de febrero de 1894. La tarea de organización y de desarrollo de "Le Droit Humain" corresponderá al Doctor Martin, Consejero Municipal de París, quien fue posteriormente Presidente del Consejo General del Sena y también Senador.

La enérgica voluntad del Dr. Martin lo hará situarse más allá de las fronteras, de las etnias, de las culturas y de las religiones. Muy pronto creará Talleres fuera de Francia, en Suiza e Inglaterra.

La Orden se expandió en Europa antes de hacerlo en otras partes del mundo."LE DROIT HUMAIN" se edificó sobre un sueño maravilloso: unir a la humanidad más allá de toda barrera, etnia, geopolítica, religión y cultura.
 
Desprendido de lo anterior y en el ánimo de augurar éxitos y estrechar lazos y reconocimiento de amistad, fomento de valores, respeto y sobre todo de igualdad, tal como lo promovío el Libertador Simón Bolivar, es que la sociedad Bolivariana de Venezuela, instittución fundada el 28 de octubre de 1842 por el procer y masón, general en jefe Rafael Urdaneta, quien reunió a un grupo de personalidades civiles y militares, para crear un centro permanente de caracter académico- histórico de consagración a la memoria del “Padre de la Patria”,  otorga su maxima distinción en el estado Carabobo como lo es "LA ORDEN DE MERITO BOLIVAR Y URDANETA" a tan importante potencia masónica en reconocimiento a sus virtudes y valores expuestos a lo largo de su fundación.

Desde este espacio, sus propietarios y colaboradores saludan al Triangulo Masónico "Generación" pionero en tierras venezolanas del Derecho Humano.


Pierre Cubique.·.


lunes, 1 de junio de 2015

Historia y Tradición... El último barco negrero en Puerto Cabello.





Durante la colonia, llegaban a diferentes puertos venezolanos, embarcaciones con esclavos procedentes de África, para ser vendidos por subasta en los centros establecidos a tal fin, especialmente en la Compañía Guipuzcoana. Durante la captura y travesía, recibían todo tipo de vejaciones y abusos, una vez en tierra, eran llevados a las haciendas a cumplir trabajos de sol a sol, una verdadera explotación vergonzosa, sin recibir las mínimas condiciones, que merece un ser humano. Para el caso de Puerto Cabello, al ser vendidos, eran llevados, normalmente a las haciendas ubicadas en Borburata, Gañango, Goaigoaza y Patanemo.

Las embarcaciones utilizadas para este transporte de mercancía humana, eran conocidas como Barcos Negreros. Precisamente el 26 de mayo de 1825, arribó a Puerto Cabello, el barco “Roma libre” al mando de José del Cotarro dueño y Capitán de la embarcación, con treinta y cinco eslavos africanos, que luego serian liberados por la municipalidad porteña.

Recordemos que en varias oportunidades nuestro Libertador, se refería a la libertad de los esclavos, como un compromiso ofrecido al presidente haitiano Alejandro Petión, materializado en Carúpano y Ocumare de la Costa, y en varios de sus documentos y discursos. El ultimo Barco Negrero, es un hecho histórico de la porteñidad, con hondas raíces de un bochornoso pasado, que al pasar el tiempo, no es olvidado por la comunidad, especialmente la afro descendiente, dada la importancia de este suceso, que puso punto final al maltrato, abuso y comercialización de esclavos, anualmente se prepara para esta fecha, la escenificación histórica y cultural”, conocida como el Ultimo Barco Negrero, llevada a cabo desde hace más de diez años, por algunas agrupaciones, tales como la San Juan Bautista, Raíces Escénicas y Cimarrones de Venezuela, con apoyo de las autoridades regionales, que estimulan y motivan a conocer estos aspectos sociales de una triste época.

Los actores populares, dramatizan la llegada de este navío, recorren el malecón porteño, la conocida calle Lanceros y la zona colonial, tocando sus tambores, para mostrar el proceso que por desgracia sufrió la raza negra, transportados en los conocidos “barcos negreros”, en condiciones infrahumanas, encadenados por más de tres meses y hacinados en las bodegas de las embarcaciones. Esta escenificación es necesaria conocerla y observarla, para internalizar, el importante aspecto de un infausto momento histórico.




Por;
Eumenes Fuguet Borregales E.·. V.·. M.·. 2002
de la R.·. L.·. Sol de América Nº 37
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General de Brigada.
Miembro de Número de la Academia de la Historia del Edo. Carabobo.
Miembro de la Sociedad Bolivariana de Venezuela.
Miembro de la Sociedad Divulgadora de la Historia Militar de Venezuela.
Miembro de la Asociación de Escritores del Estado Carabobo
Director de la Revista Internacional "Historia y Tradición".

sábado, 30 de mayo de 2015

Hablando de...Las ciencias auxiliares de la Historia.

informacion
 
Ya que mencionamos que la Historia es una ciencia, debemos decir también que como tal, necesita de varias herramientas para poder realizar sus análisis de la forma más correcta, y para ello necesita de otras ciencias que son las que le aportan esos conocimientos necesarios de los cuales parten todas las resoluciones e informes finales.

La investigación, recopilación y estudio de los datos aportados por las diferentes ciencias, son las que le permiten a la Historia unirlos para crear una resolución única y al mismo tiempo, lo más exacta posible. Para ello encontramos dos grupos de ciencias auxiliares, las denominadas mayores y luego las ciencias menores, pero no por ello menos importantes.
 
Arqueología, una de las ciencias auxiliares mayores.

Los estudios que realizan cada una de ellas son fundamentales para otorgarle a la materia las bases principales de las cuales debe partir para realizar un estudio histórico, teniendo asimismo un marco teórico imprescindible para no caer en errores.

Pero comencemos por las ciencias auxiliares mayores, que son denominadas así por ser ciencias “fuertes“, colocadas a la misma altura que la Historia. Para que exista un análisis histórico verídico, necesitamos datar los restos humanos o arqueológicos encontrados y ubicarlos en determinado espacio temporal, al mismo tiempo que los ubicamos en un determinado espacio geográfico.


Para ello son más que necesarias las ciencias auxiliares mayores, donde encontramos las que delimitan el objeto de estudio como son la Cronología y la Geografía; y las fundamentales que colaboran para poder crear ese conocimiento, donde vemos la Antropología, la Arqueología y por supuesto, la Paleontología.

Ahora describiremos las funciones básicas que cumplen cada una de ellas donde tenemos las siguientes descripciones:

Cronología: es la ciencia que le otorga el marco temporal a los eventos que se suceden en la historia, determinándolos en determinado período histórico.

Geografía Histórica: es necesario que a los acontecimientos le otorguemos un adecuado espacio geográfico y para ello delimitamos los mismos a la zona geográfica donde los mismos sucedieron. Cada proceso de delimitación varía en su estructura y es por ello que debemos emplear la cartografía adecuada, y no simplemente un mapa para lo que es necesaria la participación de esta ciencia.

Antropología: esta ciencia se dedica al estudio de las instituciones y creencias de las diversas culturas, concibiéndolas para ello como la base de las estructuras sociales, estudiando profundamente al ser humano y la cultura que lo rodea, incluyendo su comportamiento.

Arqueología: el estudio de los vestigios de toda la actividad humana, a lo que se le agrega su contorno ecológico y el constante progreso cultural de las diferentes civilizaciones, le corresponden a la Arqueología, principalmente de los pueblos antiguos. En este sentido colabora “codo a codo” con la Antropología. Su aporte es fundamental para un estudio histórico, ya que estudia y analiza todos aquellos elementos de credibilidad que muchas veces no se encuentran plasmados en otras fuentes, como la escrita.
Con el empleo de las técnicas y el estudio de estas ciencias mayores, se impide que se caigan en errores al estudiar los acontecimientos históricos, ya que le otorgan un marco teórico muy fuerte y profundo, imprescindible más que nada, para el estudio de los pueblos de la antigüedad.

Pero no solo estas ciencias son fundamentales para el correcto estudio, ya que también se dependen de otras ciencias un poco más precisas en cuanto a su objeto de estudio, ocupándose de ciertas áreas no tan comunes pero que en conjunto hacen a la Historia. Son las denominadas “ciencias menores” y aportan referencias que colaboran en determinar la veracidad de las fuentes con las que contamos para formar la investigación.

Los escudos son el objeto de estudio de la Heráldica.

Así podemos encontrar la Codicología, ciencia que se encarga de estudiar los Códices, soportes de escritura durante la Edad Media que consistían en varios pergaminos a los cuales cosían en sus bordes, para así darle el aspecto de un libro. Eran escritos principalmente por los cristianos, más que nada por los sacerdotes, obispos y otras entidades eclesiásticas.

También tenemos la Epigrafía, la que se encarga de estudiar todas las inscripciones talladas tanto en sepulcros y monumentos, como en diferentes objetos rígidos como puede ser una piedra. Por otro lado, la Diplomática, ciencia que estudia los famosos Diplos atenienses, los cuales enunciaban que un ciudadano era de esa ciudad. El principal problema con estos Diplos surge en la modernidad, cuando se descubren muchos falsos por el anacronismo que presentaban los mismos.

Otra de las ciencias menores de importancia es la Demografía Histórica, que tiene por objeto de estudio el aspecto cuantitativo de las poblaciones humanas surgidas a lo largo de la historia, como así las variaciones tenidas y los diferentes estados por las cuales pasaron.

La Heráldica: por su parte se encarga de estudiar los Blasones, los que son los conjuntos de símbolos que encontramos en un escudo. Podríamos decir los escudos, pero en realidad lo que cambia en los mismos es su contenido principalmente. Aunque no lo parezca, su estudio es fundamental principalmente para tratar las sociedades estamentales, ya que los encontramos tanto en la realeza como en la nobleza.

La Genealogía por su parte, se encuentra demarcada dentro de la Demografía, pero basa su objeto de estudio en las diferentes ascendencias y descendencias familiares, tanto sea en vínculos de parentesco por afinidad, como son los matrimonios, como por vínculos de parentesco sanguíneo, también denominados horizontales, siendo en este caso relaciones familiares por ejemplo con primos.

La Vexilología es otra de las ciencias auxiliares fundamentales ya que se encarga del campo de las banderas, en todo sentido, no sólo de naciones. La Numismática por su parte se encarga del estudio de las monedas y medallas antiguas, que son principalmente las que no se tienen muchas nociones temporales.
 
El estudio de las monedas es fundamental para la historia antigua mayormente

Los nombres propios también son objeto de estudio de una ciencia, la Onomástica, que en definitiva es una rama de la Lexicografía. Se divide en tres tipos:
  • Bionimia: nombres de seres vivos
  • Antroponimia: nombres de las personas
  • Toponimia: nombres de lugares 
Las representaciones miméticas como los dibujos, caen dentro de la Iconografía, y su principal premisa es que todos los símbolos son convencionales, ya que dependen del contexto en el cual se encuentren, y no generales como suele creerse. Para ello estudia todo el contexto del símbolo y así logra establecer cuando es uno de ellos, o cuando es simplemente mimética, es decir, un simple dibujo.

Esta ciencia se encarga por ejemplo de las pinturas rupestres, y es ella quien determina si poseen un significado o simplemente un ser humano (o al menos un proyecto de) tenía ganas de dibujar ese día al encontrarse aburrido.

La Sigilografía estudia los diplomas y sus sellos, donde combina los objetos, las imágenes e incluso los textos escritos, para verificar y validar que tal diploma es verídico. Más que nada para avalar que un diploma es verdadero, ya que, por ejemplo, cada familia noble poseía su propio sello, y lo que se valida es si coinciden con las imágenes presentadas. Funcionaban en ese entonces como especie de firma o rúbrica.

Finalmente un aporte fundamental lo brinda la Sociología Histórica, una de las tantas ramas que derivan de la Sociología y que trata el desenvolvimiento humano a lo largo de un determinado período, conjuntamente con las condiciones de existencia de los mismos en ese momento.

Aquí está representadas las principales ciencias auxiliares de la Historia, aquellas que le otorgan las herramientas necesarias al historiador para así poder llevar a cabo una profunda investigación, permitiéndonos no caer en errores y brindándole al mundo, el conocimiento certero de lo que sucedió en el pasado, un pasado que necesitamos conocer para comprender nuestro presente.
 
 
José Rafael Otazo M.
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Profesor Universitario.   
Miembro Correspondiente de la Academia de la Lengua, capitulo Carabobo.
Miembro de la Ilustre Sociedad Bolivariana de Venezuela.
Miembro de la Digna Sociedad Divulgadora de la Historia Militar de Venezuela.
Miembro de La Asociación de Escritores del Estado Carabobo.
Investigador en la Asociación para el Fomento de los Estudios Históricos en Centroamérica.

domingo, 24 de mayo de 2015

Las guerras de independencia hispanoamericanas, Sucre y la batalla de Pichincha.




Las guerras de independencia hispanoamericanas fueron una serie de conflictos armados que se desarrollaron en las distintas jurisdicciones del Reino de España en América a principios del siglo XIX, en los cuales se enfrentaron el bando patriota, independentista o revolucionario, que luchó a favor de la emancipación de la corona española, contra el bando realista o virreinal el cual peleó por la permanencia, lealtad o fidelidad al rey de España. Dependiendo el punto de vista desde el cual se aborden, estos procesos emancipatorios pueden verse como guerras de independencia o guerras civiles, o bien, una combinación de diversas formas de guerras

A pesar de que en el contexto de las Guerras de Independencia de Hispanoamérica la batalla de Pichincha figura como un conflicto menor, tanto en términos de su duración como del número de combatientes, sus consecuencias fueron bastante significativas. Ocurrió el 24 de mayo de 1822 en las faldas del volcán Pichincha, a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar, cerca de la ciudad de Quito en el Ecuador actual.

Sucre, ese mismo día entró con su ejército en la ciudad de Quito, donde aceptó la rendición de todas las tropas españolas establecidas en el territorio que el gobierno de Colombia llamaba "Departamento de Quito", al considerarlo como parte integral de la República de Colombia desde su creación el 17 de diciembre de 1819. Asimismo, cuando Sucre recapturó Cuenca el 21 de febrero, obtuvo de su Consejo local un decreto en el cual se proclamaba la integración de su ciudad y provincia a la República de Colombia. 

Con la rendición de Quito, que a su vez puso fin a la resistencia Realista en la provincia norteña de Pasto, Bolívar pudo entrar en la ciudad, como finalmente lo hizo el 16 de junio de 1822. Entre el entusiasmo general de la población, la antigua Provincia de Quito fue incorporada a la República de Colombia. 

Por su parte Guayaquil, que aún no decidía su futuro, con la presencia tanto de Bolívar como del victorioso ejército Grancolombiano en su territorio, proclamó forzosamente bajo presión la incorporación de Guayaquil a la Gran Colombia el 13 de julio de 1822.


 

José Rafael Otazo M.
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Profesor Universitario.   
Miembro Correspondiente de la Academia de la Lengua, capitulo Carabobo.
Miembro de la Ilustre Sociedad Bolivariana de Venezuela.
Miembro de la Digna Sociedad Divulgadora de la Historia Militar de Venezuela.
Miembro de La Asociación de Escritores del Estado Carabobo.
Investigador en la Asociación para el Fomento de los Estudios Históricos en Centroamérica.

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sábado, 23 de mayo de 2015

Historia y Tradición...Casa del General Páez en Valencia.





El general en jefe José Antonio Páez, héroe de la batalla de Carabobo, tuvo una especial deferencia con Valencia a partir de su triunfante ingreso al lado del Libertador, luego de realizar el magno combate el 24 de junio de 1821, que le mereció el máximo ascenso en el mismo campo de batalla; adquiere en 1822 la residencia ubicada en la avenida Boyacá con calle Páez, a poca distancia de la Plaza Bolívar y de la Catedral; será la preferida de las tantas  residencias que logró poseer en Caracas, Maracay y Puerto Cabello.

 Entre 1822 y 1830  la vetusta edificación fue remodelada por parte de los mejores maestros de obras. Páez desarrolló numerosas actividades de índole artística, donde la sociedad valenciana acudía a escuchar sus interpretaciones como barítono y a su pareja sentimental Barbarita Nieves como soprano. “El Centauro” deleitaba a  los asiduos visitantes con el piano, violín inclusive con el violoncelo. En ocasiones presentaba obras de teatro donde algunos protagonistas fueron sus compañeros en la lucha emancipadora. Las tertulias que se realizaban con frecuencia en la residencia valenciana contaban con especial y nutrida asistencia. El conocido pintor Pedro Castillo (1790-1858), abuelo de Arturo Michelena, realiza en los pasillos nueve grandes murales de las acciones militares de alto valor histórico donde participó “el Taita”, que le describía al artista con lujo de detalles sus vivencias  épicas que lo inmortalizaron.

La casona sirvió luego de cuartel de policía, donde el visitante podrá apreciar cerca del frondoso árbol de mango, un sótano utilizado como calabozo del organismo represivo en tiempos de Gómez; anteriormente estuvo destinado como depósito de alimentos; en ese lugar se exponen armas, lanzas, bayonetas, vajillas y utensilios del siglo XIX, también se observará un pequeño espacio cercano al sótano donde se  torturaba a los presidiarios, funesto lugar construido en tiempos de Gómez. Fallecido Páez en Nueva York el 6 de mayo de 1873, la casona quedó en manos de la viuda  Doña Dominga Ortíz, quien la vendió a Don José Arroyal. El 15 de mayo de 1908 el doctor Samuel Eugenio Niño, Presidente (Gobernador) del estado Carabobo por instrucciones del Gral. Gómez, compró la casona a la sucesión Arroyal por la cantidad de veinte mil bolívares, ordena los trabajos necesarios bajo la supervisión del ingeniero Francisco de Paula García, con la finalidad de tenerla lista para las festividades centenarias del 19 de abril de 1810, que una vez adelantados fue declarada Museo del estado.  

Al siguiente año el general José Antonio Dávila en reemplazo de Samuel Niño, continuó las labores de remodelación, designando como ingeniero inspector a Juan Antonio Michelena, padre del eximio pintor Arturo Michelena; más adelante tendrá como supervisor de los trabajos al gran artista valenciano Andrés Pérez Mujica, que al fallecer, la continuación de las obras fue encargada a la viuda experimentada escultora. Con motivo del sesquicentenario de la Gran batalla de Carabobo la Casa de Páez fue designada “Museo Histórico”, con diversos salones que denotan una época y un estilo, mencionamos: El salón Presidencial, Salón del piano, Salón de las Aguas, el Salón del Sol y de los Amigos, donde se indica la lista de los amigos del “León de Payara”, civiles y militares empezando por el Libertador; también se observan las pinturas que reflejan personajes de la mitología griega: Zeus (Padre de los Dioses), Venus Afrodita (amor y belleza), la Fragua de Vulcano. 

 La Casa de Páez dispone de una  importante y valiosa biblioteca denominada Dr. Francisco González Guinán. 

En la fachada leen algunas inscripciones tales como: “Mi amigo es  mi otro yo”, “Primero olvidarme a mí mismo que a mis amigos” y “sin virtudes non hay Patria” entre otros.  En  abril  de  1936 funcionó como Biblioteca del estado la antigua residencia fue utilizada como sede de la Escuela de Derecho “Miguel José Sanz”, de la escuela “Bellas Artes, Ballet y Música” e incluso de la circunscripción militar. Por decisión del Ejecutivo Nacional en 1960 se entregó en calidad de comodato a la Digna Sociedad Bolivariana de Venezuela- Carabobo; en dicha sede funciona igualmente la Sociedad de Amigos de Valencia. Don Luís Ovalles es el actual Curador, muy preocupado por más de treinta años por el mantenimiento y la difusión de lo que encierra esta histórica casona ubicada en el centro de la ciudad del Cabriales.


 Por;
Eumenes Fuguet Borregales E.·. V.·. M.·. 2002
de la R.·. L.·. Sol de América Nº 37
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General de Brigada.
Miembro de Número de la Academia de la Historia del Edo. Carabobo.
Miembro de la Sociedad Bolivariana de Venezuela.
Miembro de la Sociedad Divulgadora de la Historia Militar de Venezuela.
Miembro de la Asociación de Escritores del Estado Carabobo
Director de la Revista Internacional "Historia y Tradición".