martes, 27 de enero de 2015

Algunas aproximaciones a la Independencia de Latinoamérica.




"La independencia de Latinoamérica se dio por causas internas y externas. Hubo una serie de conflictos armados en cada pueblo de Latinoamérica, los cuales tenían un solo objetivo, la independencia de cada pueblo."


Causas del movimiento de independencia en las colonias españolas


Cuando en Europa parecía menguar el fuego de la Revolución, se inició en las colonias españolas de América una acción reclamando su independencia de España. La causa esencial de este proceso fue la incapacidad de la metrópoli para hacer frente a las exigencias de reforma administrativa, renovación social y política y expansión económica de sus colonias. El mismo sentimiento de protesta contra la ineptitud del despotismo ministerial que estalló en España en 1808 contra Carlos IV, provocó la separación de los países americanos.


Otras causas fueron de orden interno y externo. Entre las de este tipo están la difusión de los ideales enciclopedistas, el ejemplo de los Estados Unidos de América y el deseo de Inglaterra de romper el monopolio colonial español en América del Sur. Entre las causas internas figura el desarrollo del poder social de los criollos (blancos americanos), quienes aspiraban a poseer también el poder político. En todo caso, el triunfo de la Independencia se funda en la debilidad de la metrópoli, invadida por las tropas de Napoleón o sujeta a graves luchas políticas internas.


Actuación de los precursores en la Independencia de Latinoamérica


Entre los criollos residentes en las principales ciudades coloniales existió cierta agitación revolucionaria a partir de 1780. La fomentaban y mantenían ideólogos como Antonio Nariño, colombiano, propagador de las doctrinas políticas de los enciclopedistas franceses. Tal agitación se tradujo en una serie de golpes de mano y conjuraciones aisladas. La más importante fue la de los Comuneros de Socorro, que estalló en Nueva Granada en 1781.


El primer sudamericano que procuró unir todos los esfuerzos de los separatistas en una acción común fue Francisco Miranda (1756-1816), Venezolano, natural de Caracas, luchó contra los ingleses en Norteamérica y fue general girondino en Francia. Desde Londres, donde tenía su cuartel general, preparó un desembarco en su patria, con el apoyo de Inglaterra y los Estados Unidos. Fracasó en Ocumare y Vela de Coro (1805), pero regresó a Londres con nuevos arrestos para fomentar su causa.


Las sublevaciones de 1810


La labor de Miranda y sus compañeros, así como la de los liberales criollos, tuvo ocasión de manifestarse en 1810, cuando el gobierno de la metrópoli se vio obligado a refugiarse en Cádiz ante el ímpetu de los ejércitos napoleónicos. Ya desde 1808 la actitud separatista se había manifestado en el acto de reclamar Juntas de gobierno americanas; pues bien, en 1810 éstas se impusieron en todas partes, con el propósito de adueñarse del poder y proceder luego a la proclamación de la Independencia.

En Buenos Aires, los revolucionarios impusieron la Junta después de la jornada del 25 de mayo de 1810. En Santiago de Chile, los criollos, a ejemplo de los bonaerenses, impusieron su causa en los días 11 de junio y 18 de septiembre. En Caracas la revolución ya había estallado, con éxito, en las jornadas del 18 y 19 de abril, y Bogotá había seguido su ejemplo el 20 de julio. Por otra parte, en México, el cura Hidalgo se levantó en Dolores (16 de septiembre) y con un ejército de indios se dirigió contra la capital; su derrota y su ejecución no paralizaron la acción separatista mexicana, que halló otro caudillo en Morelos.



Luchas entre españoles y separatistas


Contra los americanos que preconizaban la independencia de las colonias, otros manifestaron su fidelidad a la monarquía y se agruparon alrededor de las autoridades españolas. Sobre todo eran propietarios rústicos, dueños de grandes haciendas en Méjico y el Perú. Gracias a su ayuda, los virreyes dispusieron de algunas fuerzas para combatir a los patriotas. Entre 1810 y 1816 España logró reducir casi por completo el movimiento separatista. Así en Méjico, los realistas, acaudillados por Itúrbide, derrotaron a Morelos, lo cogieron prisionero en Tezmalaca y lo fusilaron en 1815.

En América del Sur la defensa de los derechos de la corona española corrió a cargo del virrey Abascal. Este mantuvo en paz el virreinato del Perú, y desde este reducto organizó y envió ejércitos contra los sublevados, los cuales, a su vez, se combatían en ásperas luchas internas. El movimiento independentista en Chile fue sofocado en 1815, después de la victoria de Cancha Rayada (1814) que puso fin al período llamado Patria Vieja. En Nueva Granada los realistas se apoderaron de Quito en 1814 y prepararon el éxito de la expedición del general español Morillo, quien conquistó Cartagena en 1815 y Bogotá en 1816. Mientras tanto, en Venezuela los españolistas, mandados por Boves, habían puesto fin a la guerra a muerte y expulsado a Bolívar y sus partidarios del país, después de infligirles algunas severas derrotas que hicieron cundir el desaliento en las filas de aquéllos.


Bolívar y San Martín aseguran la causa americana




En Argentina, a pesar de las luchas internas y de las derrotas en las fronteras, los patriotas habían logrado mantenerse en el poder. En 1816 proclamaron la independencia del país. AI año siguiente, el general José de San Martín (1778-1850), que después de hacer una brillante carrera militar en España había abrazado la causa americana, emprendió, de acuerdo con el gobierno argentino y con el apoyo de los emigrados chilenos (como Bernardo O’Higgins) una expedición para liberar a Chile. Partiendo de Córdoba, traspuso los Andes y, tomando por sorpresa a las escasas fuerzas españolas, las derrotó en Chacabuco. Esta batalla y la de Maipú (1818) hicieron efectiva la independencia de Chile. Alentado por estos éxitos, San Martín condujo su ejército al Perú, y entró en Lima en 1821. Pero el ejército español se mantuvo aquí en la meseta peruano-boliviana.


Mientras tanto, otro general americano obtenía triunfos no menores. Simón Bolívar (1783-1830), natural de Caracas, había combatido por la independencia de América desde 1810. El fue quien condujo en Venezuela la guerra a muerte, que terminó con su fracaso en 1814. Después de otras intentonas, todas sin éxito, logró formar un gobierno en los llanos del Orinoco, en Angostura (1817). Desde aquí emprendió sus grandes campañas de liberación. En 1819 cruzó los Andes, derrotó a los realistas en Boyacá y, conquistando Bogotá, dio la independencia a Colombia. Dos años después renovó este gran triunfo al obtener la victoria en Carabobo, que le dio Caracas. Venezuela pudo ser independiente.


Sólo faltaba reducir los núcleos españoles de Quito y el Perú. En la entrevista de Guayaquil (1822), Bolívar obtuvo de San Martín que le dejara el campo libre. Luego, su lugarteniente Sucre (1795-1830), esforzado militar, vencía en el Pichincha y daba la independencia a Quito (1822). En 1824, en plena descomposición del último ejército español en América, Bolívar obtenía nuevos laureles en Junín. Al año siguiente, Sucre cercaba y obtenía la rendición de los españoles en la decisiva batalla de Ayacucho.


Los nuevos Estados en su vida interna y externa


La independencia de los Estados de Hispanoamérica fue prematura. Este hecho explica el caos en que cayeron después de lograda aquélla.

Las nuevas democracias sudamericanas se convirtieron en campo de palestra de aventureros y soldados de fortuna. El caudillismo, el gran mal de este período, fue con todo un remedio para preparar el advenimiento de regímenes menos anormales.

El apoyo de Inglaterra y los Estados Unidos fue decisivo en la lucha de las antiguas colonias españolas por su independencia. El presidente Monroe proclamó en 1823 la Doctrina de Monroe, contra cualquier intervención europea en América de tipo colonizador o imperialista; en 1825 el ministro inglés Canning reconoció la plena soberanía de las naciones hispanoamericanas.







Los Estados independientes hispanoamericanos


La independencia de Méjico fue lograda en 1821 por el acuerdo entre el general Itúrbide y los separatistas (plan de Iguala). Aquél se proclamó emperador (Agustín I), pero pronto fue derribado del poder, que se disputaron con encarnizamiento unitarios (conservadores) y federales (demócratas). El país vivió en un régimen de sucesivos golpes de Estado. El único político que descolló fue el general Santa Anna. Durante estas luchas se segregaron de Méjico los Estados de la Confederación Centroamericana (1823), que a su vez se fragmentaron en las actuales repúblicas de Guatemala, Honduras, San Salvador, Nicaragua y Costa Rica.


Los ideales de una gran República sudamericana, sustentados por Bolívar, se deshicieron ya antes de su muerte. La Gran Colombia se disgregó (1830) en los Estados de Venezuela, Colombia y Ecuador, que fueron presa de una terrible anarquía política. Lo mismo sucedió en el Perú y Bolivia. Esta república fue una creación de Sucre.


Chile conoció también luchas civiles entre pipiólos (liberales) y pelucones (conservadores). En cuanto al antiguo virreinato del Plata, dio lugar a tres Estados independientes: Paraguay (desde 1811), Uruguay (desde 1828) y la Argentina (desde 1816). En esta nueva nación se desencadenó la lucha entre los porteños (liberales) y los provincianos (conservadores). Durante un largo período (1829-1852) impuso su dictadura el general Rosas, quien logró estabilizar algo el poder público, a pesar de los defectos de su gobierno. El Brasil adquirió su independencia de modo pacífico en 1825, bajo el gobierno del emperador Pedro I de Braganza.




José Rafael Otazo M.
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Profesor Universitario.   
Miembro Correspondiente de la Academia de la Lengua, capitulo Carabobo.
Miembro de la Ilustre Sociedad Bolivariana de Venezuela.
Miembro de la Digna Sociedad Divulgadora de la Historia Militar de Venezuela.
Miembro de La Asociación de Escritores del Estado Carabobo.
Investigador en la Asociación para el Fomento de los Estudios Históricos en Centroamérica



Refer http://es.paperblog.com/users/asurza/

domingo, 25 de enero de 2015

Los estudios coloniales latinoamericanos… ¿Historia ó literatura?





Desde hace ya más de dos décadas, los estudios coloniales latinoamericanos han vuelto a preguntarse acerca del estatuto histórico o literario de las crónicas de indias, retomando una tradición que se remonta a los grandes críticos literarios e historiadores que repensaron el corpus de indias en la primera parte del siglo XX: Alfonso Reyes, Pedro Henríquez Ureña, Ramón iglesia, Mariano Picón-Salas, Mario Alberto Salas, Enrique Anderson Imbert, Juan José Arrom, Edmundo O'Gorman, entre muchos otros... Esta inquietud se reavivó también como modo de respuesta al papel periférico que se asignaba a la literatura del continente en el marco de la literatura hispanoamericana. No olvidemos el hecho de que, en buena medida, este corpus de indias ha sido pensado en términos de "génesis" de la discursividad latinoamericana contemporánea, tanto por parte de escritores (Carpentier y Fuentes entre los más destacados) como por la crítica (tempranamente por Alfonso Reyes; desde los años ochenta en adelante por Enrique Pupo Walker y Roberto González Echevarría entre los más destacados).


En definitiva, se trataba de buscar un "origen" de la literatura y cultura latinoamericana, no afincado en las textualidades del siglo XIX o en un momento tardocolonial, sino en aquellos textos "fundantes" en los que todo parecía posible: las crónicas de conquistadores y soldados, los conmovedores cantares de los guerreros mexicas derrotados. Claro que, como mencionamos más arriba, no se llega a afirmar que estas crónicas sean, en efecto, ficciones, o que entren de lleno en la categoría de "lo literario". Antes bien, se pretende reconocer en ellas procedimientos de "ficcionalización",  o herramientas de construcción del relato vinculadas a la novela. También se les pone a dialogar con la picaresca, la novela pastoril o sentimental, la épica, los libros de caballerías: tipos textuales con los que estas crónicas conviven porque les son contemporáneos. En suma, el objetivo es identificar filiaciones literarias o mecanismos propios de la literatura para delimitar un corpus fundante, que vuelva la mirada sobre la producción del continente, sin colocarla en situación de inferioridad respecto a la literatura española o europea en general.


En el otro polo se encuentra una perspectiva que subraya lo anacrónico y problemático de una búsqueda de elementos novelescos o ficcionales en textos coloniales, cuyo objetivo y forma no fueron literarios, y que simplemente pasaban a ser "documentos fundacionales de la literatura hispanoamericana debido a la necesidad, para cubrir un largo e incómodo vacío literario de la colonia". Esta perspectiva propone pensar las crónicas de indias atendiendo en especial a las pautas de una retórica que marcaba con énfasis las características y los límites del discurso histórico. En este desplazamiento, es preciso restituir el contexto de producción y "tomar en cuenta qué 'cree' cada texto que es, cómo se despliega en relación con un modelo virtual".  A partir de allí se conforma la complejidad (y la riqueza) de estas crónicas, en el cruce entre tradición, experiencia y nuevos modos del decir. Se trata de atender a la dimensión histórica de estos textos, a su articulación material y cultural, sin descuidar los aspectos retóricos y formales.


De este modo, se repone el vínculo entre historiografía y poética que signaba los textos de la época, capitalizando, en la lectura, el límite impreciso entre literatura e historia -lo que no quiere decir que sea posible concebir estas crónicas como ficciones o novelas-. De allí que sea posible caracterizar estos textos en relación con sus filiaciones retóricas, entendiendo el término en su doble acepción: como andamiaje y herramienta de construcción de un discurso de acuerdo con modelos determinados, por un lado, y como perspectiva que entiende la discursividad en su modulación persuasiva, por otro. Se comprende, además, la importancia de los paratextos: constituyen el espacio textual donde se juega el establecimiento de una relación, de ciertos modos de comunicación, de un diálogo que suele implicar algún grado de desigualdad o subalternidad.


En este marco, reingresa la pregunta por la especificidad del discurso histórico ya que, como bien apunta Hayden White al historiar su propia práctica, la narración no es una forma obligada del discurso histórico (otras posibles son la meditación, el epítome, los anales). White despliega entonces otra inflexión que queremos incorporar aquí: se trata de la idea de lo real que la narración pone en escena, del tipo de ordenamiento de los acontecimientos que la trama del relato provee, de las explicaciones y las causalidades. Desde esta perspectiva, un texto histórico es tal, también, en virtud de un deseo de lo real que estaría conjurando cierta angustia de finitud, fugacidad, muerte a las cuales el orden del relato (no del discurso) pondría límite. En esta función de la narratividad como sutura y sentido, como reparación del trauma, se juegan las transformaciones de algunas de nuestras textualidades: desde las probanzas, relaciones geográficas y anales hasta la escritura, reescritura, ampliación, concatenación y sentido que provee el relato histórico en la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España de Bernal Díaz del Castillo, la Brevíssima relación de la destruyción de las Indias de fray Bartolomé de las Casas, la obra de fray Ramón Pané, así como también los textos de Ávila y las denominadas "crónicas mestizas" como la de Santa Cruz Pachacuti Yamqui, todas ellas analizadas en distintos trabajos de este dossier.


En estas crónicas, la narración histórica sería un modo de aprehender el mundo -la propia experiencia, el pasado, lo singular y lo colectivo-, así como también un modelo para alcanzar cierto espacio en la historia como institución, atendiendo también a intereses específicos. Estas dimensiones coexisten, en tensión, en la escritura como actividad, responsabilidad, reclamo, promesa y legado. Si para la Brevíssima relación y la Historia verdadera es posible afirmar que, al menos en principio, la fuerte presencia del yo estaría asociada a la construcción de nuevos modos de la narración histórica antes que a una voluntad histográfica, no es posible olvidar que estas textualidades se vinculan adrede con ciertas formaciones discursivas, donde disputan un espacio de enunciación y legitimidad, como muy bien muestran las crónicas mestizas.


Asimismo y con distinto énfasis entre sí, estas crónicas presentan la dimensión de la escritura de la historia como reparación, como sutura del trauma, y también como espacio textual único para la supervivencia de memorias en constante proceso de desaparición. Esto les confiere cierto ubicuo tono de nostalgia o lamento, en especial en el tratamiento de lo perdido: memorias, pinturas, saberes y también, claro, en cuanto a la pérdida literal de grandes personajes y la destrucción de espacios (palacios, puentes, mercados, ciudades enteras) otrora magníficos, vinculados siempre con la historia de un estrato específico: el de la nobleza indígena. Se íal funcionamiento de la narración en tanto estructura que permite hacer inteligible la experiencia, comprender incluso lo inverosímil, colocándolo en nuevas coordenadas tempo-espaciales occidentales, en nuevas causalidades, más allá de la honda herida de la ruptura cultural y social consecuencia de la Conquista.


En todos los casos y en distinta medida, la narración histórica también se presenta como apuesta futura, quizá como utopía: espacio de reunión textual de tradiciones encontradas; también de discusión del legado autóctono y occidental, y de conformación de un locus de enunciación nuevo que permita reconvertir el papel de estas comunidades subalternas en las complejas dimensiones sincrónicas y diacrónicas de la sociedad colonial. Estas escrituras tensan el deseo de lo real hacia el deseo de la utopía, configurando, en el complejo entre lugar de su narrador-cronista, el espacio de la supervivencia.






José Rafael Otazo M.
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Profesor Universitario.   
Miembro Correspondiente de la Academia de la Lengua, capitulo Carabobo.
Miembro de la Ilustre Sociedad Bolivariana de Venezuela.
Miembro de la Digna Sociedad Divulgadora de la Historia Militar de Venezuela.
Miembro de La Asociación de Escritores del Estado Carabobo.
Investigador en la Asociación para el Fomento de los Estudios Históricos en Centroamérica

sábado, 24 de enero de 2015

Historia y Tradición... 24 de enero de 1848, asalto al Congreso Nacional.





En la fecha señalada, ocurrió un lamentable hecho, conocido también, como “el fusilamiento del Congreso”; los grupos políticos predominantes, eran el Liberal, fundado por Antonio Leocadio Guzmán en agosto de 1840, con su slogan Dios y Federación, y el grupo, al cual pertenecía el general Páez, denominado despectivamente por los liberales, como los conservadores, godos y oligarcas; ambas organizaciones mantenían serias rivalidades desde 1830. 

La crisis política, social y económica, no había sido posible solventarla, continuaban  los reclamos por las justas reivindicaciones. El 20 de enero de 1847, es instalado el Congreso Nacional, en la sede ubicada en el antiguo Convento de San Francisco, hoy Palacio de las Academias, tres días después, es elegido el general José Tadeo Monagas, Presidente de la República, para el periodo 1847-1851, prócer, denominado por el Libertador, como “la Primera Lanza de Venezuela”, llega  a la alta magistratura  el 1ro de marzo de 1847, con el apoyo de los conservadores, quienes no le aceptaron luego, el perdón que concedió a Antonio Guzmán Blanco, sentenciado a muerte por conspirador en marzo de ese año; Monagas le permitió salir exiliado.

 De esta manera, se deslinda de los conservadores, cambia el tren ejecutivo, y se apoya de los liberales. Los paecistas consideraron este perdón como una traición. Había el interés de los conservadores, de llevar las sesiones a Puerto Cabello, para buscar la oportunidad de enjuiciarlo, y evitar manifestaciones del liberalismo en Caracas, a última hora fracaso tal idea. El 24 de enero de 1848, a partir de las 2 de la tarde, es presentado el mensaje del Presidente, por parte del Secretario (Ministro) de Relaciones Interiores, el Dr. Tomas Sanabria, los diputados conservadores, previendo alguna alteración del orden público, designan al coronel Guillermo Smith, encargado de la seguridad de los parlamentarios e instalaciones. El doctor Sanabria, una vez presentado el Mensaje, es impedido por parte de los diputados conservadores, a salir del recinto. Se encontraban presentes los secretarios (ministros), de Hacienda Guerra y Marina y Exteriores, afuera  todo es confusión y rumores. 

Se especulaba del peligro de la integridad física de los funcionarios  secuestrados; en las afueras, unas mil personas afectas al liberalismo, exigen la inmediata libertad. Los milicianos Pedro Pablo Azpúrua y Juan Maldonado, defensores del Congreso, fallecen en las acciones iniciales. Un guardia hiere al capitán Miguel Riverol y luego al sastre Juan Maldonado. En la confusión varios diputados liberales, saltan por los balcones y ventanas, algunos se asilan en las legaciones diplomáticas, otros se dirigen a Curazao; el coronel Smith, es herido por arma blanca. Fallecen apuñalados los diputados Juan Vicente Salas, Juan García y Francisco García Argotte. 

Desde la multitud dispara Julián García, quien fallece igualmente a manos de un opositor; el doctor Manuel Alemán, un ciudadano que sufrió el fatal destino. El Presidente Monagas, enterado de la insensata situación, se aproxima al Parlamento, es recibido por la multitud que lo aplaude; se traslada a la legación inglesa, convenciendo a algunos parlamentarios, a retornar al Congreso. Una sensible baja, es la del Diputado Santos Michelena, herido ese día, fallece el 12 de marzo; gran político, economista, diplomático, conocido por su actividad en las negociaciones fronterizas con Colombia, mediante el Tratado Pombo- Michelena.  Cuando fueron a la residencia del Diputado Fermín Toro, para conminarlo ir al Congreso, respondió: Dígale a Monagas, que mi cadáver lo pueden llevar, pero Fermín Toro, no se prostituye. Fallecieron un total de ocho personas, de los cuales,  tres diputados conservadores y uno Liberal; una vez restablecido el orden y la actividad parlamentaria, Monagas, recibe poderes extraordinarios. Los hermanos José Tadeo y José Gregorio, se alternaron en el poder por once años, periodo conocido como el “Monagato”. Aún se discute, sobre la autoría de este penoso incidente. Por Ley del 14 de marzo de 1849, Monagas declara el 24 de enero de cada año, junto con el 5 de julio, “grandes días de la independencia y de la libertad de los venezolanos”,  y exteriorizó sarcásticamente:


La Constitución sirve para todo”.


Por;
Eumenes Fuguet Borregales E.·. V.·. M.·. 2002
de la R.·. L.·. Sol de América Nº 37
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General de Brigada.
Miembro de Número de la Academia de la Historia del Edo. Carabobo.
Miembro de la Sociedad Bolivariana de Venezuela.
Miembro de la Sociedad Divulgadora de la Historia Militar de Venezuela.
Miembro de la Asociación de Escritores del Estado Carabobo
Director de la Revista Internacional "Historia y Tradición".

sábado, 17 de enero de 2015

Don Pedro Gual...Primer diplomatico de América hispana.



Pedro José Ramón Gual Escandón; nació en Caracas el 17 de enero de 1783. Fue un abogado, periodista, político, estadista y diplomático venezolano y masón del Grado 33º. Uno de los creadores de la política exterior de Venezuela y la Gran Colombia, encargado de la presidencia de Venezuela en tres oportunidades. Fue el primer diplomático de la denominada América “hispana”.

Se Graduó como abogado en la Universidad de Caracas en 1808, fue perseguido por sus ideas de emancipación política; en 1809 emigró a la isla de Trinidad, donde permaneció hasta pocos días después de la revolución que estalló en Caracas en 1810. Fue nombrado síndico de la ciudad de Caracas, y en 1811 elegido primer diputado a la Legislatura de la provincia. Ese mismo año, desempeñó el cargo, junto con el licenciado Miguel Sanz, de secretario del general Francisco de Miranda.

A la caída de la Segunda República, en 1812, marchó a los Estados Unidos, desde donde apoyó la lucha independentista venezolana. Viajó a Saint Thomas y luego a Haití y Jamaica, donde se incorporó a la expedición de Mariano Montilla y Luis Brión, que lograría la emancipación de las provincias de Santa Marta, Riohacha y Cartagena. Más tarde, en 1821, asistió al Congreso de Cúcuta como diputado de la provincia de Cartagena. Terminados los trabajos de este cuerpo, se trasladó Gual a Bogotá, donde fue nombrado ministro de Relaciones Exteriores, cargo que desempeñó hasta 1826, año que fue elegido representante de Colombia ante el Congreso de Panamá.

Una vez disuelta la Gran Colombia, en 1830, residió en Bogotá, alejado completamente de los asuntos públicos hasta 1837, en que el gobierno de Ecuador le comisionó para que solucionase en Europa varios asuntos relacionados con aquella República. Llevó a cabo su misión en Inglaterra y negoció en Madrid el tratado de reconocimiento de la independencia ecuatoriana.

A fines de 1847 decide regresar a Venezuela, donde se mantiene al margen de toda actividad política. No obstante, a raíz del derrocamiento de José Tadeo Monagas, le tocó encabezar el Gobierno provisorio designado por el Congreso. Miembro del Consejo de Estado nombrado por Julián Castro, fue diputado por la provincia de Caracas en la Convención de Valencia (julio-diciembre de 1858) y desempeñó un papel importante en la elaboración de la Constitución de 1858, para la cual redactó un proyecto. Elegido al cargo de primer designado por los diputados de la Convención (diciembre de 1858), Pedro Gual se encargó, por segunda vez de la presidencia de la República al ser derrocado Julián Castro.

Celebradas en 1860 las elecciones generales, en plena Guerra Federal, Gual resultó electo vicepresidente de la República y, por renuncia del presidente Manuel Felipe de Tovar, asumió, por tercera vez, la primera magistratura a la avanzada edad de 78 años. A pesar de enfrentar con energía a los federalistas, no logró controlar los propósitos conspirativos del bando paecista, siendo derrocado el 29 de agosto de 1861 y arrestado en su casa por el jefe de la guarnición de Caracas, el coronel José Echezuría. Posteriormente se dirigió a Guayaquil, donde murió a los pocos meses. Sus restos descansan en la Catedral Primada de Colombia en Bogotá.

Hoy, el Instituto de Altos Estudios Diplomáticos, el más avanzado y más importante de Venezuela, lleva el nombre de Pedro Gual, como un tributo a este gran hombre de nuestra historia que consagro su vida al proyecto Bolivariano y a darle forma y respeto internacional a nuestras nacientes repúblicas.


José Rafael Otazo M.
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Profesor Universitario.   
Miembro Correspondiente de la Academia de la Lengua, capitulo Carabobo.
Miembro de la Ilustre Sociedad Bolivariana de Venezuela.
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Miembro de La Asociación de Escritores del Estado Carabobo.
Investigador en la Asociación para el Fomento de los Estudios Históricos en Centroamérica

miércoles, 14 de enero de 2015

Historia y Tradición... 9 de diciembre de 1902, Venezuela bloqueada por la planta insolente.




Como medida de presión para el pago de deudas pendientes, los principales puertos de Venezuela fueron bloqueados y atacados por una flota multinacional. El presidente para el momento era el general Cipriano Castro, llegado al poder como líder de la Revolución Liberal  Restauradora, salida de Cúcuta el 23 de mayo de 1899, luego de combates exitosos ocupa Caracas  el 22 de octubre de ese año, provocando el derrocamiento del presidente Ignacio Andrade. La economía se encontraba en una grave crisis, debido a la escasa producción, al bajo precio de los productos, poca exportación y al flagelo de la corrupción, Castro tuvo que suspender los pagos pendientes por falta de liquidez monetaria. 

El gobierno alemán desde abril de 1901, exigía el pronto cumplimiento del compromiso adquirido, Inglaterra e Italia se solidarizaron con  la reclamación que estaba en el orden de ciento cincuenta millones de dólares más los intereses de mora. Sin alguna declaración de guerra, el almirante ingles Archibald Douglas, comandante de la flota naval combinada integrada por  quince buques de Alemania e Inglaterra, inicio el bloqueo a nuestros puertos.  

Sin encontrar resistencia en La Guaira, apresan seis buques de la Armada, de Caracas, trasladan a sus coterráneos a las embarcaciones. El sentimiento nacional por la violación al territorio, no se deja esperar en apoyo del presidente Cipriano Castro, quien emite una proclama, rechazando de plano la insensata ocupación. El 10 de noviembre, los invasores,  apresan una embarcación en el puerto de Guanta. El 12, México, Italia, Bélgica y Holanda apoyan las acciones europeas. 

Puerto Cabello es bombardeado y ocupados los fuertes Solano y San Felipe el 17, mientras tanto, es iniciado el bloqueo a la Barra del Lago de Maracaibo. Frente al castillo San Carlos, fueron repelidos por la única pieza  de artillería, que al impactar en un buque enemigo el primer disparo se enterró en la arena, obligando a las otras dos naves retirarse a velocidad. Castro liberó a todos los presos políticos, de quienes recibió solidaridad, entre ellos el Gral. Manuel Hernández, el Mocho. Los países invasores, solicitan del presidente norteamericano, Teodoro Roosevelt su participación como mediador. 

Se reúnen en Washington el 13 de febrero de 1903, donde firman el Protocolo de Entendimiento y Pago, de esta forma culmina el bloqueo y se retiran  las fuerzas  de ocupación, y Venezuela, se compromete honrar las deudas, teniendo que incrementar en un treinta por ciento el impuesto a los productos de importación, y mejorar los precios a los de exportación como el café, el tabaco y el añil. Uno de los pocos países que apoyaron a Venezuela durante la invasión, fue Argentina, a través de su Canciller Luis María Drago, con su famosa Doctrina Drago, emitida el 29 de diciembre de 1902; sostiene como un principio de soberanía, que una deuda pública, no puede dar lugar a una intervención armada. Castro, a causa de un problema renal, se ve en la necesidad de trasladarse a Berlín el 24 de diciembre de 1908, entregándole el poder provisionalmente, a su compadre, el general  Juan Vicente Gómez, quien luego le niega la entrada al país, de allí el refrán, “hasta luego dijo Castro y no volvió”. Extractos de la Proclama de Castro:

…venezolanos, la planta insolente del extranjero ha profanado  el sagrado suelo de la Patria. Un hecho insólito en la historia de las naciones cultas sin precedentes, sin posible justificación, hecho bárbaro, porque atenta contra los más rudimentarios principios del Derecho  de Gente, hecho innoble porque es fruto del contubernio inmoral y cobarde de la fuerza…duelo desigual de las dos naciones más poderosas de Europa contra nuestro país…El Sol de Carabobo vuelve a iluminar los horizontes de la Patria y de sus resplandores surgirán temeridades como, La Queseras del Medio, sacrificios como el de Ricaurte en San Mateo, asombro como el de Pantano de Vargas, heroísmo como el de Ribas.Y hoy, por una feliz

 coincidencia, conmemoramos la fecha clásica de la gran batalla decisiva de la libertad suramericana, la Batalla de Ayacucho, hagamos votos porque nuevos Sucres, vengan a ilustrar las gloriosas páginas de nuestra historia.    


Por;
Eumenes Fuguet Borregales E.·. V.·. M.·. 2002
de la R.·. L.·. Sol de América Nº 37
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General de Brigada.
Miembro de Número de la Academia de la Historia del Edo. Carabobo.
Miembro de la Sociedad Bolivariana de Venezuela.
Miembro de la Sociedad Divulgadora de la Historia Militar de Venezuela.
Miembro de la Asociación de Escritores del Estado Carabobo
Director de la Revista Internacional "Historia y Tradición".

domingo, 11 de enero de 2015

Dolor, dolor, dolor...Dos masones entre las víctimas de Charlie Hebdo


El Gran Oriente de Francia lamenta la muerte de dos de sus miembros en el atentado contra el semanario satírico francés Charlie Hebdo
 
Se trata de los Hermanos Bernard Maris, 68 años, economista, escritor y periodista de Charlie Hebdo, miembro de la Logia Roger Leray y de Michel Renaud, de 69 años, ex periodista de Europe 1 y Le Figaro, y ex director de comunicaciones de la ciudad de Clermont-Ferrand, que pertenecía a la Logia Lux Perpetua
 
En una circular firmada por Daniel Keller Gran Maestro del GODF, llama a los Hermanos y Hermanas a asistir a la manifestación, junto a las otras organizaciones masónicas liberales y adogmáticas, este próximo domingo; así como a participar en una Tenida el lunes 12 en el Templo Arthur Groussier de París con el fin de debatir sobre la tragedia que abate a su país. 
 
 Asimismo llama a realizar un minuto de silencio en su memoria en los Talleres de la Obediencia, que creemos hay que hacer voluntariamente extensivo a toda la Masonería universal. 
 
También manifiesta que más allá de las acciones puntuales, es esencial que el compromiso del GODF contra todo fanatismo, dogmatismo y fundamentalismo sea el centro del trabajo y de las acciones externas de la Obediencia. 
 
Proclamar que la barbarie no pasará ya no es suficiente, hay que articular un amplio movimiento para afirmar y defender sobre el terreno los cimientos inquebrantables de los principios republicanos, democráticos y seculares de nuestra sociedad.
 
 
 
Fuente: "El Masón Aprendiz" (10-1-2015)