sábado, 3 de enero de 2015

Hablando de ... ¿Qué fué de los Doce Apóstoles?

 

La historia de los primeros cristianos se hace particularmente apasionante, sobre todo por la " bruma" que incorporó la Edad Media a todas sus tradiciones. 
 Hemos escrito un breve resumen de los hechos de los Doce Apóstoles relacionados con su muerte y con el destino de sus restos. Las fuentes son diversas; en su mayoría tradiciones ancestrales, interesadas o no, pero que, aún siendo algunas (no todas) más falsas y miticas, tienen una belleza extraordinaria.

  1. Pedro. La tradición le sitúa en Roma en el momento del Gran Incendio (año 64), y crucificado poco tiempo después. En 1968 se anunció que Pedro estaba enterrado bajo la cripta de la Basílica de San Pedro (¿dónde si no?). Los análisis de los restos encontrados decían que eran de un hombre de unos sesenta años, por lo que no desmienten que se tratara de San Pedro. Parece posible que se trate de sus restos, ya que hay continuidad en la presencia de una comunidad cristiana en esta iglesia, y parece razonable que fuera martirizado y enterrado en Roma.
  2. Andrés. Probablemente los restos más viajeros de todos. Martirizado en Patras, Grecia. De allí fueron a Constantinopla, luego (según las tradiciones escocesas) parte de ellos fueron a St.Andrews en Escocia, de donde es patrón; en 1453, con la conquista turca, fueron sacados de Constantinopla y llevados a Morea, donde estuvieron hasta 1461 en que Tomás Paleólogo los entregó al Papa. En 1964 fueron llevados de vuelta a Patras. Por supuesto, en Escocia permanecen los que tenían desde el principio. Los de Patras no son más que un dedo, parte del cráneo y algunos trozos de la cruz en que fue martirizado.
  3. Santiago el Mayor. Martirizado en Jerusalén en el año 44, se supone que sus restos están en Santiago de Compostela. Hay muchas dudas al respecto, sobre todo porque la leyenda que afirmaba que Santiago había estado predicando en la península es cinco siglos posterior al propio viaje. No se ha hecho análisis alguno a los restos. Lamentándolo mucho, me parece muy poco probable que el hombre enterrado en la Catedral sea Santiago.
  4. Juan. Se supone que murió en la isla griega de Patmos, o por lo menos es ahí cuando le perdemos la pista (no más tarde del año 95). El enterramiento es desconocido, aunque puede que esté en ¿Patmos?. La isla estuvo deshabitada entre los siglos VII y XI, por lo que no quedan trazas de dónde pudiera estar enterrado Juan. Por último, decir que la identificación que se hace entre Juan Evangelista, Juan el Apóstol y Juan de Patmos (autor del Libro del Apocalipsis) no es trivial. Hay margen de error. Siempre se ha creído así, y es muy probable que así sea. Es muy difícil de demostrar y de refutar porque las sucesivas traducciones del Apocalipsis, Evangelio según San Juan, y Cartas de los Apóstoles, hacen (casi) imposible un análisis estilístico que despeje estas dudas.
  5. Felipe. Predicó en Grecia, Siria y Frigia, en Anatolia. Fue martirizado en Hierápolis, alrededor del año 80. La tradición dice que fue enterrado cerca de donde murió. Es probable que la basílica que se edificó poco tiempo después estuviera en ese mismo sitio. Sin embargo, se desconoce el paradero de los restos del apóstol, ya que alrededor del año 600 la ciudad fue arrasada por los persas, y posteriormente por un terremoto. Estuvo deshabitada durante más de un siglo en la edad media, y sufrió otro terremoto en el siglo XVI. A día de hoy hay varias excavaciones en curso, y una de ellas está centrada en las ruinas del Martyrium, donde se supone que estaría enterrado San Felipe (la basílica a la que hacía referencia antes).
  6. Bartolomé. Predicó junto a Judas Tadeo en Armenia, y fue martirizado en lo que hoy es Azerbayán. La tradición nos dice que sus restos viajaron hasta Sicilia, y luego hasta Roma, donde llegaron a finales del siglo X. En Frankfurt afirman tener parte de su cráneo.
  7. Tomás. Hay una oscura teoría que afirma que Judas Tadeo y Tomás son la misma persona. Aquellos que decidan creerla, ver punto 10. Para el resto, Tomás predicó en la India, donde murió alrededor del año 72. Sus restos permanecieron allí hasta el año 232, cuando fueron trasladados a Edessa, en el sur de Turquía. En el año 1258 fueron llevadas a la isla de Quíos, en el Egeo, y de ahí a Ortona, en Italia, donde siguen a día de hoy. Salieron bastante viajeros los restos de Tomás. Hace poco más de un año hubo una extraña polémica por unas palabras del Papa Benedicto XVI acerca de la ruta seguida por Santo Tomás.
  8. Mateo. Desde el siglo I la autoría de su Evangelio no estuvo muy clara. Sin embargo, le fue atribuida a San Mateo. Por lo visto, a día de hoy eso es más que improbable. Se ha descartado que se trate de un texto originalmente escrito en arameo y luego traducido al griego, y al parecer se escribió en griego originalmente. Eso descartaría la autoría de San Mateo. Sobre su muerte y sepultura, hay poco que decir. Una tradición sitúa su muerte en Etiopía alrededor del año 80. Otra afirma que fue martirizado en Hierápolis (como Felipe, lo que nos hace pensar que pueda haber una confusión). En la ciudad italiana de Salerno dicen tener sus restos.
  9. Santiago el Menor. Este es el Apóstol del que menos se sabe. Sólo aparece mencionado una vez en los Evangelios, y no está nada clara su figura. La única fecha referente a su muerte que he encontrado la sitúa en el año 62, y el lugar puede ser Jerusalén (aunque es poco probable) o Egipto (más probable). Al parecer, fue cortado en trozos, lo que explica que no haya ni rastro de su cuerpo.
  10. Judas Tadeo. La tradición armenia le une a Simón Zelote en su peregrinaje por estas tierras, y por Persia. Una leyenda griega le convierte en el novio de las Bodas de Caná, por lo que sería pariente de Cristo. Sus restos permanecieron en un monasterio cercano al Lago Issyk Kul en el actual Kirguizistán hasta que fueron trasladados a Roma en el siglo XV. Hoy en día sus restos descansan en la Basílica de San Pedro de Roma, pero hay quien sostiene que fueron trasladados al Hindu Kush.
  11. Simón el Zelote. Sobre este apóstol hay múltiples versiones: hay quien dice que fue martirizado en Samaria, o en lo que hoy es Georgia, o en Persia, o que murió pacíficamente en Edesa (en la actual Turquía). Incluso hay quien lo sitúa en Glastonbury (sí, la ciudad del festival). Muchas hipótesis y pocos datos.
  12. Judas Iscariote. El Evangelio según San Mateo (lo escribiera quien lo escribiera) afirma que se suicidó colgándose de un árbol. Sus restos no han sido nunca objeto de veneración, por lo que no se sabe donde están. Lo más probable es que terminaran en una fosa común en Jerusalén.


En resumen, de los doce apóstoles, solo el caso de Pedro me parece convincente la ubicación que se atribuye a sus restos. Hay otros dos dudosos, Judas Tadeo y Andrés, que bien pudieran ser sus restos, pero están envueltos en una cierta confusión. Sobre el resto, o bien no se sabe nada (Juan, Felipe, Santiago el Menor, Simón Zelote y Judas Iscariote) o bien se puede decir que hay serias dudas (Santiago el Mayor, Barolomé, Tomás y Mateo).
Celta.·.

jueves, 1 de enero de 2015

Talento masónico...Que leer en el 2.015

 Leer nos hace mejores. Ha sido difícil la elección porque hay muchos más que se merecerían estar ahí, no hay orden de preferencia entre ellos; Espero los disdfruten y que tengan un prospero, feliz y sobre todo cultural año 2.015!!!

 
Del color de la leche – Nell Leyshon
Este es, prácticamente y por la forma en que está escrito, el diaro de una pequeña que vive en la Inglaterra de 1830 y que tiene el pelo blanco o del color de la leche como ella misma lo dice. Es una novela sincera, escrita a modo de bitácora personal y es precisamente eso lo que la hace atractiva para cualquier amante de la lectura.






 
El mundo de afuera – Jorge Franco
Luego de ganar el premio Alfaguara de novela, El mundo de afuera se convirtió en uno de los libros más buscados del año 2014, y en uno de los más recomendados. Franco introduce al lector en la historia de un secuestro en el Medellín azotado por la violencia. La narrativa es muy propia de este colombiano, que logra enganchar al buen lector que siempre busca tener un libro “fresco” en su mesa de noche.






 

La fiesta de la insignificancia – Milan Kundera
Un toque político llevado al teatro y con un poco de humor negro hace que la novela de Kundera sea una de las más importantes del año. El autor, que regresó al mundo de la literatura después de 14 años, sorprendió con esta publicación que reúne a cuatro amigos en Paris quienes buscan su “yo interior”.






 
Más allá del olvido – Patrick Modiano
La obra del Premio Nobel de Literatura ocupa por estos días el primer lugar de los libros más vendidos del país. Más allá del olvido es una historia de amor frenética, llena de altibajos, pues él es adicto al juego y ella sueña con viajar. Los expertos aseguran que con esta novela Modiano es capaz de devolver el amor por la lectura, pues no se desconectarán ni una página.






 
La Oculta – Héctor Abad Faciolince
Una hacienda en la época de colonización de Antioquia, la historia de la fundación del municipio de Jericó y de la influencia de los judíos en esa región del país, son a grandes rasgos los temas que enmarcan la más reciente novela de Héctor Abad Faciolince. Acá juega un papel importante la memoria y la violencia que se vivió en esa época.





 
La hermandad - Marcos Chicot
 España, Actualidad: Elena, Daniel e Irina desarrollan proyectos que exploran los límites del cerebro y la posibilidad de incrementar su capacidad. Cuando se conocen a través de Mensa -la mayor organización de superdotados del mundo- descubrirán que nada es lo que parece y que ellos son las piezas decisivas de una guerra que comenzó en Cartago hace 2.500 años.Un thriller absorbente, con tintes históricos, que me tuvo pegado a sus páginas.






A las ocho en el Novelty - Carlos Díaz Domínguez 

Un tesoro perdido.Un antiguo y poderoso dirigente del KGB ciegamente obsesionado por poseerlo. Leonor Cortés, anticuaria salmantina afincada en San Juan de Luz, recibe de Anatoli Boychenko, un magnate ruso sin escrúpulos, el inquietante encargo de localizar el tesoro que Manuel Godoy escondió antes de perder todo en el Motín de Aranjuez, y que todavía permanece oculto.





 

Consummatum est -César Pérez Gellida  

La pequeña localidad islandesa de Grindavik amanece con todos los miembros de una familia bru­talmente asesinados. En uno de los países del mundo con menor tasa de homicidios por habitante, el comi­sario de la Brigada de Homicidios de Reykjavik, Ólafur Olafsson, se enfrenta al caso más escabroso que ha visto justo en el ocaso de su carrera profesional. Pero muy pronto todas las pistas empiezan a apuntar hacia un sofisticado asesino en serie, Augusto Ledesma, que durante varios años ha ido componiendo una siniestra poética de versos regados de sangre a lo largo y ancho de Europa.



Pierre Cubique.·.

martes, 30 de diciembre de 2014

Ni vestido ni desnudo...Feliz año nuevo 2.015.

 
Este Blog, sus propietarios, colaboradores y afines, desean a todos un venturoso y prospero año nuevo 2.015, en espera que el G.`.A.`.D.`.U.`. continué irradiando luz, paz y amor.


LAS UVAS DEL TIEMPO
Madre: esta noche se nos muere un año.
En esta ciudad grande, todos están de fiesta;
zambombas, serenatas, gritos, ¡ah, cómo gritan!;
claro, como todos tienen su madre cerca... 

¡Yo estoy tan solo, madre,
tan solo!; pero miento, que ojalá lo estuviera;
estoy con tu recuerdo, y el recuerdo es un año
pasado que se queda. 

Si vieras, si escucharas esta alboroto: hay hombres
vestidos de locura, con cacerolas viejas,
tambores de sartenes,
cencerros y cornetas;
el hálito canalla
de las mujers ebrias; 

el diablo, con diez latas prendidas en el rabo,
anda por esas calles inventando piruetas,
y por esta balumba en que da brincos
la gran ciudad histérica,
mi soledad y tu recuerdo, madre,
marchan como dos penas. 

Esta es la noche en que todos se ponen
en los ojos la venda,
para olvidar que hay alguien cerrando un libro,
para no ver la periódica liquidación de cuentas,
donde van las partidas al Haber de la Muerte,
por lo que viene y por lo que se queda,
porque no lo sufrimos se ha perdido
y lo gozado ayer es una perdida. 

Aquí es de la tradición que en esta noche,
cuando el reloj anuncia que el Año Nuevo llega,
todos los hombres coman, al compas de las horas,
las doce uvas de la Noche Vieja. 

Pero aquí no se abrazan ni gritan: ¡FELIZ AÑO!,
como en los pueblos de mi tierra;
en este gozo hay menos caridad; la alegría
de cada cual va sola, y la tristeza
del que está al margen del tumulto acusa
lo inevitable de la casa ajena. 

¡Oh nuestras plazas, donde van las gentes,
sin conocerse, con la buena nueva!
Las manos que se buscan con la efusión unánime
de ser hormigas de la misma cueva;
y al hombre que está solo, bajo un árbol,
le dicen cosas de honda fortaleza: 

«¡Venid compadre, que las horas pasan;
pero aprendamos a pasar con ellas!»
Y el cañonazo en la Planicie,
y el himno nacional desde la iglesia,
y el amigo que viene a saludarnos: 

«feliz año, señores», y los criados que llegan
a recibir en nuestros brazos
el amor de la casa buena.
Y el beso familiar a medianoche:
«La bendición, mi madre»
«Que el Señor la proteja...»
Y después, en el claro comedor, la familia
congregada para la cena,
con dos amigos íntimos, y tú, madre, a mi lado,
y mi padre, algo triste, presidiendo la mesa. 

¡Madre, cómo son ácidas
las uvas de la ausencia! 

¡Mi casona oriental! Aquella casa
con claustros coloniales, portón y enredaderas,
el molino de viento y los granados,
los grandes libros de la biblioteca
—mis libros preferidos: tres tomos con imágenes
que hablaban de los reinos de la Naturaleza—.
Al lado, el gran corral, donde parece
que hay dinero enterrado desde la Independencia; 

el corral con guayabos y almendros,
el corral con peonías y cerezas
y el gran parral que daba todo el año
uvas más dulces que la miel de las abejas.
Bajo el parral hay un estanque; 

un baño en ese estanque sabe a Grecia;
del verde artesonado, las uvas en racimos,
tan bajas, que del agua se podría cogerlas,
y mientras en los labios se desangra la uva,
los pies hacen saltar el agua fresca. 

Cuando llegaba la sazón tenía
cada racimo un capuchón de tela,
para salvarlo de la gula
de las avispas negras,
y tenían entonces 

una gracia invernal las uvas nuestras,
arrebujadas en sus talas blancas,
sordas a la canción de las abejas...
Y ahora, madre, que tan sólo tengo
las doce uvas de la Noche Vieja,
hoy que exprimo las uvas de los meses
sobre el recuerdo de la viña seca,
siento que toda la acidez del mundo
se está metiendo en ella,
porque tienen el ácido de lo que fue dulzura
las uvas de la ausencia. 

Y ahora me pregunto:
¿Por qué razón estoy yo aquí? ¿Qué fuerza pudo
más que tu amor, que me llevaba
a la dulce aninomia de tu puerta?
¡Oh miserable vara que nos mides!
¡El Renombre, la Gloria..., pobre cosa pequeña!
¡Cuando dejé mi casa para buscar la Gloria,
cómo olvidé la Gloria que me dejaba en ella!
Y esta es la lucha ante los hombres malos
y ante las almas buenas; 

yo soy un hombre a solas en busca de un camino.
¿Dónde hallaré camino mejor que la vereda
que a ti me lleva, madre; la verdad que corta
por los campos frutales, pintada de hojas secas,
siempre recién llovida, 

con pájaros del trópico, con muchachas de la aldea,
hombres que dicen: «Buenos días, niño»,
y el queso que me guardas siempre para merienda?
Esa es la Gloria, madre, para un hombre
que se llamó fray Luis y era poeta.
¡Oh mi casa sin cítricos, mi casa donde puede
mi poesía andar como una reina!
¿Qué sabes tú de formas y doctrinas,
de metros y de escuela?
Tú eres mi madre, que me dices siempre
que son hermosos todos mis poemas;
para ti, soy grande; cuando dices mis versos,
yo no sé si los dices o los rezas... 

¡Y mientras exprimimos en las uvas del Tiempo
toda una vida absurda, la promesa
de vernos otra vez se va alargando,
y el momento de irnos está cerca,
y no pensamos que se pierde todo!
¡Por eso en esta noche, mientras pasa la fiesta
y en la última uva libo la última gota
del año que se aleja,
pienso en que tienes todavía, madre,
retazos de carbón en la cabeza,
y ojos tan bellos que por mí regaron
su clara pleamar en tus ojeras,
y manos pulcras, y esbeltez de talle,
donde hay la gracia de la espiga nueva; 

que eres hermosa, madre, todavía,
y yo estoy loco por estar de vuelta,
porque tú eres la Gloria de mis años
y no quiero volver cuando estés vieja!...
Uvas del Tiempo que mi ser escancia
en el recuerdo de la viña seca,
¡cómo me pierdo, madre, en los caminos
hacia la devoción de tu vereda!
Y en esta algarabía de la ciudad borracha,
donde va mi emoción sin compañera,
mientras los hombres comen las uvas de los meses,
yo me acojo al recuerdo como un niño a una puerta. 

Mi labio está bebiendo de tu seno,
que es el racimo de la parra buena,
el buen racimo que exprimí en el día
sin hora y sin reloj de mi inconsciencia.
Madre, esta noche se nos muere un año;
todos estos señores tienen su madre cerca,
y al lado mío mi tristeza muda
tiene el dolor de una muchacha muerta... 

Y vino toda la acidez del mundo
a destilar sus doce gotas trémulas,
cuando cayeron sobre mi silencio
las doce uvas de la Noche Vieja....

Q.`.H.`. Andres Eloy Blanco.

domingo, 28 de diciembre de 2014

Algunas aproximaciones a la semblanza del magnífico venezolano, Diplomático Fermín del Toro y Blanco.


Retrato de Fermin Toro, obra de A. Herrra Toro, 1897

Fue un reconocido, diplomático, literato, escritor y docente venezolano, sería un individuo que destaca en diversas ramas del saber. Cuyos conocimientos no estuvieron restringidos a un área concreta, sino que dominó diferentes disciplinas, en énfasis en las artes y las ciencias. Por lo que fue un gran polímata, tal como entendemos el término hoy en día. Se desempeñó varias veces como Ministro Plenipotenciario de Venezuela, así como también Ministro de Relaciones Exteriores. 

Viajó en 1839 a Londres, como secretario de Alejo Fortique en una misión diplomática con la corte inglesa.

Actuó como Ministro Plenipotenciario en 1844, en Nueva Granada con la finalidad de lograr un acuerdo en relación a los problemas limítrofes de ambos países. Fue ratificado en este cargo el 1° de abril de 1846, con el fin de realizar en Madrid el canje de ratificaciones del acuerdo de paz suscrito el 30 de marzo de 1845 entre España y Venezuela

Durante la crisis del «Gobierno de la Fusión», liderado por Julián Castro, presidió en 1858, la Convención Nacional de Valencia, que serviría para reorganizar las filas del Partido Conservador de Venezuela y materializar una «Reforma Constitucional», que daría pie al inicio de la Guerra Federal, durante la cual sirvió al gobierno como líder de diferentes misiones diplomáticas para obtener financiamiento, que era necesario en aquellos momentos en Venezuela, acudiendo a países como España, Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Brasil y los Países Bajos.

En el gobierno de  Julián Castro fue Ministro de Hacienda y de Relaciones Exteriores. Además, intervino en el conflicto diplomático relacionado con el Protocolo Urrutia.

En 1860, en plena Guerra Federal, fue enviado como Ministro Plenipotenciario a España, Francia e Inglaterra, con el fin de explicar la confiscación de bienes ciudadanos de estos países a raíz del conflicto bélico que sucedía en Venezuela.

Fermín Toro murió el 23 de diciembre de 1865. Al enterarse de su muerte Juan Vicente González escribió una Meseniana donde lo califica como El último venezolano y se lamenta de su defunción.
A continuación algunos extractos de esa Meseniana

Es medianoche. Silencio dulce y triste envuelve la tierra adormecida. La luna pálida va visitando las dispersas nubes; las estrellas del cielo se miran en los ríos; las cimas de los árboles se estremecen, murmuran y parecen pensativas... Aún está más triste mi corazón. En vano un aire fresco acaricia las hojas, el otoño imita en vano las galas de la primavera y flores de color recogen en sus tiernos pétalos las gotas de rocío. ¿Qué nuevas desgracias amenazan a mi patria? ¿Qué reciente crimen se ha cometido en nombre de la santa libertad?

Es que acaba de abrirse una tumba, y ha caído en ella el último venezolano, el fruto que crearon la aplicación y el talento, y que sazonó la paz, en los envidiados días, que para siempre huyeron, de gloria nacional. ¡Llorarle es afligirse por los destinos de un pueblo, condenado a vivir de la ceniza de sus días pasados!

¿Cómo logró su espíritu abarcar el círculo inmenso de los conocimientos humanos? Las ciencias morales y políticas, las metafísicas, a que no basta la vida; las ciencias naturales, que fueron consuelo de sus últimos años, todo lo dominó su inteligencia vasta ¡Qué aptitudes! ¡Cuántos talentos que harían la gloria de muchos hombres!

La naturaleza le había hecho orador. Con la firmeza, flexibilidad y energía que distinguieron su palabra, con el brillo y magnificencia de lenguaje, inseparables del fuego de su corazón, viósele siempre del partido de las nobles y generosas causas. (...) Como político, Toro fue de esos espíritus ideales que sueñan hermosas teorías sobre el cabo de Sunium o en los jardines de la Academia. Abrasaba su alma el amor de la libertad, llama celeste, y el amor de los hombres, que en él no se debilitó jamás. Cuando el demonio tentador de la gloria, el odio a la injusticia, la impaciencia de vengar los ultrajes a la patria, le arras a ardientes polémicas o a peligrosas resoluciones, su espíritu, en emoción perpetua, se esparcía sobre todos los objetos, colorando las palabras, animando y engrandeciendo los hechos.

¡Yo te saludo, amigo; no en esa fosa estrecha, sino en los espacios luminosos, donde innumerables astros giran con desconocida armonía sobre este pequeño túmulo que llamamos nuestro universo!

(Juan Vicente González, Meseniana a Fermín Toro)

Un cuadro de él, pintado por Antonio Herrera Toro, ocupa un lugar importante en la Casa Amarilla, sede de la Cancillería venezolana.

Sus restos descansan en el Panteón Nacional desde el 23 de abril de 1876.


 
José Rafael Otazo M.
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Profesor Universitario.   
Miembro Correspondiente de la Academia de la Lengua, capitulo Carabobo.
Miembro de la Ilustre Sociedad Bolivariana de Venezuela.
Miembro de la Digna Sociedad Divulgadora de la Historia Militar de Venezuela.
Miembro de La Asociación de Escritores del Estado Carabobo.
Investigador en la Asociación para el Fomento de los Estudios Históricos en Centroamérica