domingo, 22 de junio de 2014

Explorando senderos...EL RITUAL COMO TRANSMISOR INICIATICO

 
Así como el aula no trasmite ni garantiza por sí misma la formación de un buen profesional, el ritual no trasmite ni garantiza por sí mismo la iniciación. En ambos casos hablamos del ser humano, a quien va destinados tanto la configuración y el contenido del aula como el ritual específico de cada caso.

Y corresponde a ese iniciando pasar de la etapa de mirar a la etapa de ver, que aunque parecen lo mismo no lo son en absoluto. Ya que mirar se dirige a la pregunta y ver al conocimiento. Mirar corresponde a la etapa infantil y ver a la adulta.

Existen seres muy esclarecidos en apariencia, que siguen empeñados en mirar sin ver, en darle mas importancia al rito que a las consecuencias del rito. Pretenden quizá que el rito actúa como el bálsamo de fierabrás, realizando por sí mismo milagrosas elaboraciones, que no son sino espejismos.

Esa mirada atenta al rito, incluso obsesiva no lleva a ninguna parte, hasta que gracias a su esfuerzo el iniciando consigue por fin ver, simbólicamente se ilumina. Situación que no corresponde al Rito, sino a su propio esfuerzo. Vivimos una época donde se cultiva hasta la extenuación ese mirar sin ver mas allá de una apariencia estética donde no hay esfuerzo dialéctico ni análisis serio que se precie. Una especie de infantilismo colectivo y alienante que solo entrará en crisis cuando nos empeñemos en ver, repitiendo una vez más el proceso doloroso de crecimiento hacia una nueva claridad.



Entonces, ¿ que sentido tiene el Rito, entre nosotros.?.-  Diría que el rito, es una fórmula empírica, elaborada en base a la sabiduría ancestral de generaciones de seres humanos, que preguntan y se preguntan, en definitiva que buscan y se buscan. Fórmula que situada en el atanor de cada uno de los masones empeñados en tal búsqueda, decanta o no, según la capacidad de cada cual. En definitiva a cada uno de nosotros nos corresponde inevitablemente por el azar inescrutable de la existencia, un lugar en el templo de la humanidad, desde la piedra mas modesta en el nadir del edificio, hasta la piedra que situada en el cenit pretende cerrar una obra siempre en construcción y siempre inconclusa. Cada Hermano debería conocer el puesto que le corresponde, en dicho templo teórico, sin olvidar que como se trata de una construcción siempre en evolución, su lugar será aquél que alcance gracias a su esfuerzo y a su capacidad de ver.

Es preciso para ello analizar de forma escrupulosa el sentido y el contenido del rito que se nos alcanza en masonería, y sobre todo cultivar la reflexión y el análisis, pues para ver es preciso comparar, aprender, criticar, y una vez más reiniciar el camino, reinicio que tiene que ver con un proceso de iniciación constante. De ahí que en masonería decimos que somos eternos aprendices... 

Fuente:http://explorandosenderos.blogspot.com/2014/04/el-ritual-como-trasmisor-iniciatico.html

miércoles, 18 de junio de 2014

Historia y Tradición... Coronel Juan José Rondón, valeroso llanero.



Después del  General José Antonio Páez, una de las figuras más extraordinarias que ha dado  el Altollano venezolano, es la del coronel Juan José Rondón.  Según la observación acuciosa del Dr. José Giacopini Zárraga, este  prócer, debió nacer en  Espino o en Santa Rita de Manapire en 1790, su padre, Bernardino Rondón,  ganadero en Espino, Su madre Lucía Delgadillo, posiblemente era de Santa Rita de Manapire; Rondón inició su vida militar al servicio de los realistas. Estuvo con Rosete en Ocumare y con Boves en San Mateo, cambio de ideales  en 18 17. Posiblemente fue convencido a cambiar de banderas  por Pedro  Zaraza en  Guárico, movilizándose  hacia los llanos apureños. El General José Tadeo Monagas, dice que:

"el 13 de abril de 1815, habiendo batido cuatro días antes a don José Arveláiz, que tenía cien hombres en Altagracia, cerca de Santa María de Ipire, siguieron hacia San Diego y derrotaron al comandante Rondón, que también tenía cien hombres... y apresaron al comandante Campero, que lo era de la plaza y fue fusilado".

El hecho de que Rondón haya comenzado con los realistas como tantos, no es de extrañarlo, pues entre 1812 y 1816, el nombre del rey era sagrado; a esto se complementa el terremoto del 26 de marzo del funesto año de 1812. Bolívar lo  acepta en el campo republicano con el grado que ostentaba y tal confianza le pone a Rondón que cuando es derrotado Zaraza en La Hogaza, encarga al negro Rondón de reunir las caballerías; después participó activamente en la dura Campaña del Centro en 1818. Sobre la increíble acción de las Queseras del Medio ejecutada el 2 de abril de 1819, con ciento cincuenta lanceros contra mil doscientos adversarios, el centauro  Páez informa: ... y ordené al coronel Rondón que volviera cara contra el comandante realista, el caraqueño Narciso López Urriola; lo atacara de firme y retrocediera para que no lo encerraran las dos columnas de los flancos. Al ver López venir a Rondón como un rayo con veinte hombres, volvió a echar pie a tierra sus carabineros para resistirlo, lo que no fue posible, pues que Rondón le lanceó la mayor parte de ellos 400 enemigos quedaron tendidos en el campo de batalla". En Queseras del Medio, la acción de Rondón fue determinante.

En Pantano de Vargas el 25 de julio de 1819, durante el desarrollo de la Campaña de Boyacá, para liberar a la Nueva Granada, por decisión de Bolívar, Rondón es el hombre que aplastará a Barreiro, quien ha estado, por espacio de seis horas con la ventaja.  Ante la historia, sobre este guerrero, queda, entre otras, una frase de Bolívar a Santander: . . . "sin Rondón yo no sé lo que hubiera sido en Vargas.  En Carabobo el coronel Juan José Rondón, destaca comandante del primer regimiento de Caballería de la Guardia, en la inmortal sabana, se cubre de gloria gracias a su valor  e ímpetu, había sumado un laurel más a su vida.

En 1822, Rondón se halla con Páez en Sabana de la Guardia cerca de Naguanagua, donde sufrió una herida en un talón como consecuencia de una escaramuza. Como el héroe griego, el talón era el único sitio vulnerable que tenía el venezolano y muere de tétanos en Valencia  el 23 de agosto de 1822. En su testamento declara que el Estado le adeuda por haber militar una cantidad que no especifica y que hace donación de ella al Estado. También declara que posee una hacienda que la hubo por donación que le hiciera por sus "notorios servicios a la justa causa que defendemos" el Excmo. Señor Presidente El 25 de agosto, Páez, Comandante General del Departamento de Venezuela, participó al Secretario de Estado en el Despacho de la Guerra, la muerte del Coronel Rondón con frases que honran a Páez y que cada día adquieren más relieve:

Tengo el mayor sentimiento al anunciar a Vuestra Señoría, la muerte del bizarro Coronel Rondón, por resultas de la herida que recibió en la acción en Sabana de la Guardia. Este bravo soldado terminó sus días combatiendo por la Patria; él le retribuyó la existencia que ella le dio y permanecerá eternamente en la memoria de los americanos.

 Soublette, Vicepresidente de Venezuela le contesta a Páez   que recibe con profundo sentimiento el anuncio de la muerte del bravo Coronel Rondón y que si no lo ha dispuesto, el ejército lleve luto por quince días los gastos de entierro, que fueron de 45 pesos, los pagó la Cofradía de N. S. del Socorro de Valencia.

Se puede destacar su participación en la Batalla de valle de la Pascua el 25 de Mayo 1814 (Hace 200 años y la cual no fue conmemorada, por ignorancia o apatía de las autoridades educativas y políticas) donde este prócer fue derrotado por Zaraza y Piar, cuando se encontraba apoyando a los realistas en contra de la Campaña admirable y la gesta de independencia.


Por;
Eumenes Fuguet Borregales E.·. V.·. M.·. 2002
de la R.·. L.·. Sol de América Nº 37
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General de Brigada.
Miembro de Número de la Academia de la Historia del Edo. Carabobo.
Miembro de la Sociedad Bolivariana de Venezuela.
Miembro de la Sociedad Divulgadora de la Historia Militar de Venezuela.
Director de la Revista Internacional "Historia y Tradición".

lunes, 16 de junio de 2014

Hablando de historia...Rafael Nuñez...Colombia y su Regenerador.




En la guerra civil de los Supremos (1840) Núñez, adolescente de 15 años, se afilió al bando revolucionario y tomó parte en el sitio a su ciudad natal, Cartagena, defendida, entre otros, por su padre, quien apoyaba la causa legitimista. Cuatro años después el coronel Francisco Núñez se estremecía aún ante la terrible obligación en que se encontró "al dirigir tiros de muerte a mis propios hijos que veía y no podía salvar".

A fines de 1844, Núñez se gradúa de abogado en la Universidad del Magdalena e Istmo, hoy de Cartagena. En febrero del 45 es abogado defensor de pobres en su ciudad y posteriormente es nombrado juez interino del segundo circuito de Veraguas, es decir, del cantón de Alanje, con residencia en David (Panamá). Allí conocerá a Dolores Gallego, su futura esposa.

El acceso del liberalismo al poder con el general José Hilarlo López, elegido por el Congreso en tumultuosa sesión del 7 de marzo de 1849, le abre perspectivas a Núñez. El nuevo gobernador de la provincia de Cartagena es el popular general José María Obando, recién llegado de un largo e injusto destierro. Al posesionarse, Obando nombra secretario general a Núñez, quien en pocos meses era el principal animador de la Sociedad Democrática de Cartagena y uno de los más densos colaboradores del periódico La Democracia. Su principal tarea administrativa fue combatir la feroz epidemia de cólera que asoló a Cartagena y a otras regiones de la Costa. Cuando renuncia Obando, su sucesor, Pablo de Alcázar, ratifica a Núñez y lo mismo hará el siguiente gobernador, general Tomás Herrera.

A mediados de 1851, Núñez viaja a Panamá para contraer matrimonio con Dolores Gallego, el 13 de junio de 1851, en David. Es elegido poco después representante a la Cámara por la provincia de Chiriquí, pero no tiene prisa por llegar al Congreso. (Además, su esposa nunca quiso acompañarlo a Bogotá y prefirió siempre quedarse en Cartagena con su suegra, o en Panamá con su familia). Durante 1852 se desempeña como secretario general del nuevo gobernador de Cartagena, el ilustrado general Juan José Nieto, quien también lo nombró rector del Colegio Nacional (Universidad) de Cartagena.

El Congreso de 1853 iba a tener trascendencia histórica, pues en él se iba a aprobar el proyecto, pasado en primera vuelta en 1851, que reformaría la Constitución centralista de 1843. Núñez renuncia a sus posiciones en Cartagena y viaja solo a Bogotá. Su debut político es ruidoso. En sendos artículos combate las ideas federalistas de Florentino González y las "socialistas" de Manuel Murillo Toro.

En 1854 sostiene, como vocero de una Cámara liberal, la poco conocida polémica con Julio Arboleda, presidente de un Senado conservador: Núñez enfrentó con argumentos jurídicos el brillante alegato político del ilustre jefe caucano. También presentó en la Cámara un importante proyecto de ley de reforma monetaria, otro que declaró franco el puerto de Cartagena y un tercero sobre naturalización de extranjeros. Todo ello le vale ser elegido presidente de la Cámara, donde predominan los gólgotas. Se produce entonces el golpe del general José María Melo, que todo el mundo veía venir, menos el ingenuo presidente Obando. Núñez debió exiliarse en compañía del designado Tomás Herrera y del vicepresidente Obaldía en la Legación de Estados Unidos. Derrotado Melo por una amplia coalición nacional (en la cual Núñez tuvo decisiva actuación al deponer al gobernador melista de Cartagena, Juan José Nieto, y asumir él mismo las riendas de esa gobernación), es elegido vicepresidente el conservador Manuel María Mallarino, quien, por haber finalizado el período de Obaldía, se posesiona de la Presidencia el 1o. de abril de 1855; nombra un gabinete nacional, del cual es ministro (secretario) de Guerra Rafael Núñez, cuya labor allí es tan interesante que pasaría poco después a ocupar el de Hacienda, donde realiza una tarea de verdadero estadista saneando las finanzas nacionales. Fue esta actuación la que, casi veinte años después, induciría a algunos copartidarios a lanzar su candidatura presidencial en 1875.

Núñez asistió durante algunas semanas a la Convención de Rionegro (hasta fines de febrero de 1863) como representante del Estado de Panamá, y aprovechó el hecho de que su credencial se había puesto en tela de juicio por un cambio de gobierno en ese Estado para renunciar y trasladarse a Nueva York, a mediados de 1863, en donde vivió dos años con Gregoria de Haro, mientras colaboraba en el periódico español El Continental y en publicaciones como La Opinión, de Bogotá, y El Nacional, de Lima. Sorpresivamente, en mayo de 1865, Núñez es nombrado por Murillo Toro cónsul en El Havre, y allí se traslada a fines de junio con la firme decisión de llevar a doña Gregoria, quien viajó a fines de noviembre de 1865 instalándose con Núñez en París, a sólo cuatro horas de El Havre en tren. A ella le sienta mal el húmedo clima del invierno francés y decide retornar a Nueva York en febrero o marzo del 66 (doña Gregoria sólo estuvo en Europa tres o cuatro meses, contra lo que afirman algunos historiadores, y nunca más volvió a ver a Núñez. Aquel amor fogoso se fue transformando en una fría amistad por correspondencia y ella se casó finalmente, hacia 1873, con el señor H.P. Gad, escandinavo nacido en las Islas Vírgenes).

Entre tanto, continuó como cónsul en El Havre y desde fines de 1869 en Liverpool, escribiendo agudos artículos políticos y sociales, reunidos en sus Ensayos de crítica social (Ruán, 1874). Nombrado secretario de Guerra y Marina, no debió hacerle gracia que se le designara en ese Ministerio carente de importancia, y prefirió esperar ocasión más propicia para volver a la patria, declinando el nombramiento.
Otero Muñoz afirma que Núñez fue elegido senador desde 1873 por el Estado de Bolívar, pero solamente desembarca en Cartagena el 2 de diciembre de 1874. Lo primero que hizo después de saludar a sus familiares y abrazar a su madre, fue tomar prestado un caballo para dirigirse a casa de Soledad Román en El Cabrero.

Doña Soledad se acercaba ya a los 40 años y permanecía soltera. En su retiro de Liverpool debió Núñez pensar que esa mujer distinguida, inteligente y fina, a quien había conocido y admirado en Cartagena cuando era adolescente, podría convertirse en compañera ideal de sus años de madurez. Después de haberse decretado, según las leyes vigentes, el divorcio de su primera esposa Dolores Gallego, Núñez contrajo matrimonio civil con doña Soledad, el 14 de julio de 1877, encontrándose ella en París y mediante poder otorgado por Núñez a su cuñado Eduardo Román para que le representara en la ceremonia. Este matrimonio se elevó a "categoría de sacramento" el 23 de febrero de 1889, en presencia de Eugenio Biffi, obispo de Cartagena.

Entre tanto, un grupo de jóvenes radicales y liberales independientes, cansados del ambiente cada vez más asfixiante que Murillo Toro había impuesto a su gobierno y al de su sucesor Santiago Pérez, lanzó en 1875 la candidatura de Núñez. Rápidamente adquirió amplio respaldo nacional, especialmente entre los jóvenes y entre los liberales del Cauca y de los tres estados de la Costa Atlántica. Pero Murillo Toro y Pérez actuaron con rapidez y sectarismo: desconociendo la voluntad popular, cambiando a través de golpes de estado los gobiernos favorables a Núñez y presionando la opinión de distintas maneras, lograron que el Congreso declarara electo a su candidato Aquileo Parra, en febrero de 1876.

En cambio, el triunfo de Núñez en 1879 fue fácil. El país experimentó durante su período presidencial (1880-1882) una paz absoluta, que permitió a su gobierno adelantar una provechosa tarea administrativa, con la creación del Banco Nacional, un tímido restablecimiento de tarifas proteccionistas que estimularon el incipiente desarrollo industrial, la iniciación de la construcción del ferrocarril Bogotá-Girardot y su impulso al panamericanismo y al arbitraje como solución pacífica de conflictos internacionales.

Núñez volvió al poder en 1884, con un ligero atraso por causas de salud, que los radicales aprovecharon para tratar de malear al encargado de la Presidencia, general Ezequiel Hurtado. Al posesionarse, Núñez nombró ministros de Gobierno sucesivamente a dos amigos radicales y ofreció reformar la desprestigiada Constitución de 1863, de común acuerdo con los gólgotas, pero aquéllos juzgaron que eso era demasiado bello para ser cierto. Exaltados jóvenes radicales de Santander iniciaron la guerra de 1885, "la más insensata de nuestras guerra civiles", y convencieron al prestigioso jefe liberal Sergio Camargo para que se pusiera al frente de ella. Núñez tomó entonces el único camino que se dejaba abierto a su instinto de supervivencia política: llamó en su apoyo al partido conservador, y con él venció a los radicales en el histórico combate de La Humareda. Ante una enorme multitud Núñez, desde el balcón del palacio, pronunció su famosa frase: "La Constitución de 1863 ya no existe". La fundación del Partido Nacional fue la consecuencia lógica.

Núñez convocó de inmediato un reducido Consejo de Delegatarios, integrado por nueve liberales independientes y nueve conservadores, nombrados por los Estados, ante los cuales pronunció el 11 de noviembre de 1885 un célebre discurso. El Consejo de Delegatarios adoptó las bases de la nueva Constitución, que recibieron el respaldo unánime de las municipalidades. La Constitución de 1886 restableció la unidad política de la nación, eliminó las principales causas del desasosiego y del desgobierno y dio comienzo a la normalización de las relaciones con la Iglesia, perfeccionadas después por el Concordato de 1887.

A partir de 1892 gobernó Miguel A. Caro en su condición de vicepresidente. El liberalismo independiente disminuyó casi hasta desaparecer, la división conservadora se ahondó gravemente y el enfrentamiento con el radicalismo adquirió características de singular dureza. Cuando Núñez se disponía a ocupar la Presidencia por quinta vez, le sorprendió la muerte en Cartagena, el 18 de septiembre de 1894.

 José Rafael Otazo M.
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Profesor Universitario.
Miembro de la Ilustre Sociedad Bolivariana de Venezuela.
Miembro de la Digna Sociedad Divulgadora de la Historia Militar de Venezuela.
Miembro de La Asociación de Escritores del Estado Carabobo.
Investigador en la Asociación para el Fomento de los Estudios Históricos en Centroamérica.
Director de la Publicación Internacional, "Ni vestido ni desnud
o

sábado, 14 de junio de 2014

Hablando de historia...Gral. José Antonio Páez Herrera; entre altos y bajos en la conmemoración de su natalicio.






José Antonio Páez Herrera, nace en Curpa, Estado Portuguesa, 13 de junio de 1790; también conocido como "El Centauro de los Llanos", "El León de Payara", "El Ciudadano Esclarecido" y "El Taita", nació en la población de Curpa en el actual Estado Portuguesa, el 13 de junio de 1790.  Fue hijo de Juan Victorio Páez y María Violante Herrera.

Entre los años de 1810 y 1813 pertenece al escuadrón de caballería dirigido por Manuel Antonio Pulido, para pelear contra el gobierno español, trabaja para el gobernador realista de Barinas, Antonio Tíscar, y tras rechazar un ascenso a Capitán, regresó a las fuerzas republicanas de Manuel Antonio Pulido. Avanza a la ciudad de Barinas, que había sido abandonada por los españoles como resultado de la Campaña Admirable de Simón Bolívar.

Poco después de la Batalla de Carabobo, Bolívar nombró a Páez Comandante General del distrito militar que incluía las provincias de Caracas, Barquisimeto, Barinas y Apure. Páez salió de Valencia a los llanos de Calabozo para acabar con un levantamiento realista instigado por Morales desde Puerto Cabello. Ese mismo año, tras haber sofocado la rebelión, Páez volvió a Valencia desde donde vigilo el sitio de Puerto Cabello. 
Debido a una epidemia que azotó a su ejército causándole muchas bajas, Páez vuelve con su tropa a Valencia a principios de 1822. El 11 de agosto derrota a Morales en la Batalla de Naguanagua cerca de la población homónima, tras haber salido este de Puerto Cabello con el fin de tomar Valencia. Páez estrecha el sitio de la plaza en 1823 y el 7 de noviembre toma por asalto las últimas posiciones realistas en la ciudad.

En 1825 se vivió un estado de emergencia en Venezuela por la actividad de algunas guerrillas realistas y la posibilidad de una invasión española desde Cuba, estos hechos motivaron a que el gobierno decretara una conscripción militar. Páez cumplió la orden de reclutamiento pero algunos excesos de sus reclutadores y la enemistad de la municipalidad de Caracas con él, le traen una acusación de la municipalidad a Bogotá por atropellos. Páez fue destituido de su puesto de Comandante General del Departamento de Venezuela y llamado a Bogotá para enfrentar un juicio. Inicialmente dispuesto a refutar los cargos, Páez cambió de idea tras el pronunciamiento favorable de Valencia, donde desconocen al nuevo comandante general Juan Escalona e instan a Páez a permanecer en el mando. El movimiento, conocido como La Cosiata se extendió por buena parte del departamento y estuvo cerca de estallar en una guerra civil, hasta que el Libertador que vino desde Perú se entrevista con Páez el 1 de enero de 1827 y decreta un indulto a todos los implicados y lo nombra Jefe Civil y Militar de Venezuela.

Páez salió fortalecido del movimiento, restituido como Comandante General del departamento y visto como el hombre que podía enfrentar la política forjada desde Bogotá por Santander. Hasta La Cosiata, Páez fue muy respetado como guerrero gracias a sus rotundos éxitos militares. Pero a partir de entonces empezó a ser visto como un político, con el poder e ingenio necesarios para seguir y defender cualquier cambio, o la falta de los mismos, hechos bajo el orden constitucional. Páez salió de La Cosiata con más poder que nunca.

Durante su estadía en Caracas Bolívar le explicó el plan de la invasión a Cuba que estaría comandado por Páez con unos 10.000 infantes y 1.000 jinetes. El plan no se llevó a cabo. 

Los años que siguen al fin del movimiento de la Cosiata ven intensificarse los sentimientos separatistas con Páez como jefe máximo de los que deseaban la secesión. A finales de 1829 una asamblea reunida en el convento de San Francisco en Caracas, desconoció la autoridad de Bolívar y del gobierno colombiano, y entrega el poder a Páez quien en un oficio dirigido a Bolívar lo insta a aceptar la separación de Venezuela.

Los críticos de Páez consideraron que con este evento se traicionó a Simón Bolívar y la idea unificadora que este poseía. Otros sin embargo concluyen que estos acontecimientos se veían venir desde el nacimiento de la república de la Gran Colombia, ya que al constituirse la misma se adoptaba un sistema de tipo centralista en manos de las élites políticas y económicas neogranadinas, aunado a ello las autoridades venezolanas tenían que estar supeditadas a la decisión del senado de Colombia (Nueva Granada, Venezuela y Ecuador), perdiéndose en teoría los años de lucha independentista y logros de libertad alcanzados en el campo de batalla. 

Es este el evento el que en definitiva marcará el nacimiento de la República de Venezuela mutilada territorialmente a causa de las medidas arbitrarias tomadas por el estado colombiano desde ese entonces.




 José Rafael Otazo M.
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Profesor Universitario.
Miembro de la Ilustre Sociedad Bolivariana de Venezuela.
Miembro de la Digna Sociedad Divulgadora de la Historia Militar de Venezuela.
Miembro de La Asociación de Escritores del Estado Carabobo.
Investigador en la Asociación para el Fomento de los Estudios Históricos en Centroamérica.
Director de la Publicación Internacional, "Ni vestido ni desnudo"


jueves, 12 de junio de 2014

Historia y Tradición... EL NIÑO JOSE FELIX RIBAS PALACIOS

 
El valeroso prócer caraqueño José Félix Ribas, logró inmortalidad el 12 de febrero de 1814, en La Victoria, al defender exitosamente la ciudadela que organizara con imberbes estudiantes. En el enconado encuentro Ribas logró derrotar tras luego ocho horas de combate a las huestes del sanguinario José Tomás Boves comandadas por Francisco Tomas Morales y a pesar de recibir hasta nueve cargas de caballería, gracias a la oportuna llegada a las cuatro de la tarde del comandante Vicente Campo Elías, con refuerzos procedentes de La Cabrera. Bolívar al conocer al siguiente día, la fausta noticia en su cuartel general de Valencia, designó a Ribas como “Vencedor de los tiranos en La Victoria”.

En 1947, la Junta Revolucionaria de Gobierno recomendó a la Asamblea Nacional Constituyente, conmemorar la gloriosa efeméride, que evoca y realza la heroica participación de la juventud en la inmortal acción bélica de 1812. El 10 de febrero de 1947, fue aprobado un Decreto aún vigente, que conmemora el 12 de febrero como “Día de la Juventud Venezolana”

Algo inédito en los anales de la historia mundial, producto de la batalla, constituyó el hecho que el Libertador, nombrara capitán vivo y efectivo de infantería de línea, con goce de sueldo, al niño de tres años de edad José Félix Ribas Palacios, nacido en Caracas el 14 de febrero de 1811, hijo único de José Félix Ribas Herrera y María Josefa Palacios, hermana de Doña María de la Concepción Palacios Blanco, madre del Libertador. En 1823, contando veinte años, el joven ingresó al servicio militar con el mismo grado, siendo autorizado desde Bogotá el 7 de abril de 1823 por el vicepresidente, general Francisco de Paula Santander y refrendado por el Secretario de Guerra y Marina, coronel Pedro Briceño Méndez.

Es admitido oficialmente el 18 de mayo de 1823 por el general José Antonio Páez desde su cuartel general de Valencia; quedando encargado de cumplir la Orden el general Carlos Soublette, Intendente del Departamento de Venezuela. Contando cuarenta años de edad, el capitán Ribas desposó en Caracas a Carmen Villavicencio Anzola, el 22 de mayo de 1851. Retirado del servicio de las armas, dedicó su tiempo a labores agrícolas en el Valle de Caracas. A cuatro décadas del épico suceso de La Victoria y cumpliendo la disposición de El Libertador, en un acto de justicia histórica, el Congreso Nacional a través de la Comisión de Guerra del Senado, decretó el 25 de febrero de 1856 y por parte del Tesoro Público el pago de sueldo y un adicional de veinte mil pesos al capitán José Félix Ribas Palacios, en gratitud a los valiosos servicios prestados a la patria por su padre, el “Benemérito” general en jefe José Félix Ribas, fallecido el 31 de enero de 1815. Artículo 1º) Como testimonio de gratitud a los grandes e importantes servicio prestados por el general en jefe José Félix Ribas a la noble causa de la independencia de Colombia, se concede a su hijo legítimo José Félix Ribas Palacios, la suma de veinte mil pesos que se le entregarán por porciones de cinco mil pesos en los cuatro años económicos próximos, a contar desde el entrante inclusive. Artículo 2º) Con la asignación expresada en el artículo anterior, quedan canceladas las acreencias que reclama de Venezuela el capitán Ribas Palacios. Con el tiempo y ante la difícil situación económica, el 1º de julio de 1869 el capitán Ribas recordó al ministro de Hacienda, González Vega, honrar la deuda pendiente de veinte mil pesos decretados en 1856, de los cuales apenas había recibido cuatrocientos diez pesos. Su justo reclamo no prosperó, por lo cual, al fallecer en Caracas el 18 de junio de 1875, a los sesenta y cuatro años de edad, su viuda, Carmen Villavicencio Anzola continuó las gestiones de cobro ante el Congreso Nacional. Finalmente el 14 de julio de 1909, la Cámara del Senado aprobó por unanimidad, reforzado con un nutrido aplauso, que en la ley de presupuesto de ese año se asignaran ochenta mil pesos que por derecho corresponden a la viuda; documento que pasó a la Comisión Permanente del ministerio de Relaciones Interiores.

El 28 de diciembre de 1909, la viuda gestionó ante la Junta de Pensiones, la asignación de quinientos bolívares. Hubo de esperarse casi cien años, para hacer cumplir la disposición del Libertador, quien por cierto, en su proyecto de constitución para Bolivia, escribió en Lima el 25 de mayo de 1825: “La responsabilidad de los empleados públicos, se señala en la constitución” y sobre el tema, desde Coro escribió el 23 de diciembre de 1826, al Gral. Páez: Mi gloria se ha fundado sobre el deber y el bien. 
 
 Por;
Eumenes Fuguet Borregales E.·. V.·. M.·. 2002
de la R.·. L.·. Sol de América Nº 37
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General de Brigada.
Miembro de Número de la Academia de la Historia del Edo. Carabobo.
Miembro de la Sociedad Bolivariana de Venezuela.
Miembro de la Sociedad Divulgadora de la Historia Militar de Venezuela.
Director de la Revista Internacional "Historia y Tradición".

martes, 10 de junio de 2014

Hablando de historia...Quien fue Luciano D'Elhuyar.



Nació en Santafé el 8 de enero de 1793 y murió en Cartagena el 2 de diciembre de 1815. Estudió en el Colegio del Rosario y luego en la Escuela Gratuita de Dibujo, y en 1810 fue subteniente del batallón Provincial, transferido al cuerpo nacional de ingenieros cosmógrafos y luego subteniente de ingenieros del batallón de voluntarios de la Guardia Nacional.

 Participó en la guerra civil en 1812 y en el asedio a Santafé y en 1813 en las campañas de Magdalena, Cúcuta y Venezuela y estuvo en los contingentes enviados por el Congreso para auxiliar a Bolívar. Compañero de Girardot y de Ricaurte, fue coronel y segundo comandante de la división de vanguardia, participó en las campañas de Mérida, Trujillo, Barinas y Caracas y estuvo en La Grita, Taguanes, Bárbula y  Las Trincheras, donde con mil hombres desalojó más de dos mil y fue comandante de la división de vanguardia por el desquite ordenado por nuestro Libertador  por la muerte del prócer Atanasio Girardot en la batalla de Bárbula realizada el 30 de septiembre de ese año.

En tal sitio, sector de Las Trincheras, como deuda historica del glorios pueblo de carabobo, debería colocarse una valla alusiva que refleje tan significativa acción militar y la exaltación de este heroe neogranadido. 

Fue Comandante de las tropas que asediaron a Puerto Cabello. En 1813-1814 estuvo en Valencia, Tinaquillo, Vigirima, Barquisimeto o Aragua, participó en la retirada y se embarcó en Ocumare a la Guaira y luego fue a Cumaná y Cartagena de Indias. Comandante militar y civil de la plaza, en 1815 fue reducido a prisión, expulsado viajó a las Antillas, y regresó de Kingston, pero murió en un naufragio con auxilios para los sitiados.

 José Rafael Otazo M.
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Profesor Universitario.
Miembro de la Ilustre Sociedad Bolivariana de Venezuela.
Miembro de la Digna Sociedad Divulgadora de la Historia Militar de Venezuela.
Miembro de La Asociación de Escritores del Estado Carabobo.
Investigador en la Asociación para el Fomento de los Estudios Históricos en Centroamérica.
Director de la Publicación Internacional, "Ni vestido ni desnudo"

domingo, 8 de junio de 2014

Pido la palabra...“EN COLUMNAS DE IGUALDAD”

               
Por Iván Herrera Michel
            
Pareciera que estamos asistiendo al boom de una literatura Masónica que está despojando de su representación patriarcal a la Orden y haciendo visible su historia real.  Por este camino, está quedando claro que el tema de las Masonas, por ejemplo, ni es francés, ni es moderno ni sus inicios fueron marginales o por circunstancias accidentales.
                 
En este campo, las novedades editoriales corren por cuenta de una Masona colombiana (sobre Masonería mixta) y dos españolas (sobre Masonería femenina), que con unas credenciales impecables, han publicado en los últimos cuatro meses igual número de libros.  Sus títulos, en orden cronológico de aparición, son:
             
1) “En Columnas de igualdad. Una experiencia histórica en busca de la equidad, escrito por Marina López Sepúlveda, Abogada, Magíster en Género, Sociedad y Políticas, y académica en Derechos Humanos desde una perspectiva de Género y enfoque de interseccionalidad. Miembro de la Logia Luz Hermética de la Federación Colombiana de Logias Masónicas, con sede en Barranquilla, Colombia. El libro lo publicó Editorial masónica.es. en el mes de mayo de 2014.  
                   
2) “La Masonería Femenina en España. Dos siglos de historia por  la Igualdad, de la Antropóloga Social y Cultural Rosa Elvira Presmanes García, Gran Maestra de la Gran Logia Femenina de España entre los años 2006 y 2009. El libro salió a la luz pública en el mes de abril de 2014, y
                  
3) “Masonas. Historia de la masonería femenina”, escrito por la periodista e investigadora Yolanda Alba Fernández Rodríguez, de la Logia Hermes y Tolerancia de la Gran Logia Simbólica Española, en Madrid, España.  El texto fue publicado por la Editorial Almuzara en febrero de 2014.
                   
En el caso de Marina López y Yolanda Alba, una y otra tuvieron la amabilidad de comentarme sus proyectos un año antes de la publicación de sus libros, y me consta la delicadeza en el manejo de las fuentes porque me pidieron permiso para citarme, algo que se ha vuelto excepcional en este mundo del “copia y pega” en que nos movemos.  De Rosa Elvira Presmanes, me ha gustado mucho su definición de la Masonería como una “asociación interclasista, intergeneracional y libre pensadora”. 
                                 
Es claro que nos encontramos inmersos en un instante de la historia en el que como nunca se cuestionan saberes y verdades que antes se tenían como inamovibles. En estos días se repiensan los discursos y se escuchan historias alternativas a la oficial que provienen de trabajos serios y académicos, que están arrojando luz sobre datos que habían quedado sepultados por leyes patriarcales que parecen formar parte del ADN de la Masonería, constituyen un obstáculos a sus fines, y en muchos casos han hecho tránsito al inconsciente colectivo de Masones y Masonas.
                
Los nuevos conocimientos sobre las Masonas están trabajando sobre las mentalidades, los imaginarios, y las representaciones Iniciáticas, al situarse en el difícil terreno de la reinterpretación de los discursos dominantes.  Están variando la idea de un eterno masculino en la Orden y de mujeres organizadas paralelamente en asociaciones de caridad. 
                 
Con la investigadora Florence Thomas aprendí que lo contrario a la igualdad no es la diferencia, sino la desigualdad, y que lo opuesto a lo diferente es lo idéntico. De la misma forma, la antípoda de la equidad es la inequidad.  Esta claridad, supone poner sobre el tapete un orden de inferiorización entre personas, cuando no de exclusión, incompatible con los valores de libertad, igualdad y fraternidad que defiende la Masonería.
                   
En los tres libros mencionados, he notado que existe un énfasis en sus autoras por no reconocer ni querer que las Masonas sean idénticas a los Masones, en razón de que supondría la neutralización de la diferencia y el convertirse en protagonistas de segunda clase asimiladas a lo que se tiene por elaborado correctamente por y para hombres.  Tampoco reclaman que las Masonas sean la medida de lo Masónico, que sean complementarias a lo masculino, ni que por naturaleza conciban una mejor forma de Masonería, como lo hace la Masonería masculina.  
                         
Reclaman igualdad y equidad en y desde la diferencia, que no es lo mismo.  Buscan abrir mentalidades por el conocimiento y edificar imagines constructivas que nos liberen de los figurados y las reglas de juego de un discurso patriarcal elaborado en contextos tan coyunturales ayer como superados hoy.
                       
Dejan ver el contrasentido de una institución que diciéndose portadora de un mensaje de libertad, igualdad y fraternidad para toda la humanidad, se vio enzarzada en exclusiones y discriminaciones.   
                 
Y la verdad es que la labor pendiente no se ve como una tarea fácil, ya que ante una Masonería que se hipotecó desde lo masculino en un principio, significa para muchos (y muchas, también hay que decirlo) casi como luchar contra el propio inconsciente en la búsqueda de la simetría en las oportunidades y el desaparecimiento de las respuesta automáticas.

Fuente: http://ivanherreramichel.blogspot.com/2014/05/en-columnas-de-igualdad.html