sábado, 19 de abril de 2014

19 de Abril de 1.810...se da inicio a la emancipación de Venezuela.





Hace 204 años se inició en Caracas una gesta emancipadora que rompió definitivamente con el yugo español y abrió paso al progreso político y social que se tradujo, un año más tarde, en la declaración definitiva de la independencia de Venezuela y el inicio de la primera república. 

Desde Caracas se dijo “no” a la intención de mantener sometido al pueblo venezolano a un sistema de gobierno de monarquía absoluta, sin derechos ni autonomía. Desde Caracas se inició la gesta emancipadora.

La instauración de una Capitanía General, comandada por Vicente Emparan, significaba una subordinación plena al imperio español que impediría ser en algún momento una república independiente, pero unos valientes recordados como “criollos” se negaron y dieron paso a un proceso de liberación nacional registrado en la historia como el Día de la Proclamación de la Independencia de Venezuela.

El 19 de abril de 1810 un pequeño grupo de caraqueños alzó su voz en rechazo a seguir siendo colonia de España y en oposición a que su única forma de gobierno fuese la monarquía. Hubo una rebelión popular, concentrada en la plaza mayor (hoy plaza Bolívar), para rechazar a Vicente Emparan como gobernador, con la excusa de que éste había sido puesto a dedo por un francés que había tomado el trono español por la vía de la fuerza y la invasión.

Este movimiento se multiplicaría en varias regiones, llamadas provincias, como Cumaná, Margarita, Barinas, Barcelona, Trujillo y Mérida donde se siguió “el ejemplo que Caracas dio” para instalar Juntas de Gobierno desde donde se tomarían las primeras decisiones con vestigios de democracia: se liberó el comercio exterior, se prohibió el comercio de esclavos negros, se creó la Sociedad Patriótica (para fomentar la agricultura y la industria) y la Academia de Matemáticas.

Además, se enviaron delegaciones internacionales para buscar apoyo y reconocimiento a la insurrección criolla entre los delegados figuraba Simón Bolívar. A Curazao se enviaron a Mariano Montilla y Vicente Salías; a Londres se comisionaron al coronel Simón Bolívar a Luis López Méndez y a Andrés Bello y a los Estados Unidos enviaron a Juan Vicente de Bolívar (Hermano mayor de Simón), Don Telésforo Orea y Don José Rafael Revenga.

En Venezuela todavía habían provincias que permanecían leales al gobierno establecido en España: Maracaibo, Coro y Guayana.

Este desconocimiento a la autoridad del Capitán General de Venezuela es un paso al 5 de julio de 1811, con la firma del Acta de la Declaración de Independencia de Venezuela, en la que se declara formalmente su independencia.

Lo que dice la historia
En 1810 el centro de poder que los criollos conocían estaba establecido en España. El Rey era Carlos IV y más tarde su hijo Fernando VII, quienes fueron obligados a renunciar al trono tras la presión invasora de los franceses, bajo el mando de Napoleón Bonaparte.

Para mantener su apellido en la monarquía, Napoleón nombró rey a su hermano, José I. Esto disolvió la Junta Suprema de España y entonces asumieron los franceses, situación que fue rechazada por sus subordinadas colonias en el sur.

En Caracas, la rebelión fue comandada por el presbítero José Cortés de Madariaga. El Jueves Santo de 1810, mientras el capitán general Emparan se dirigía a misa, un grupo perteneciente a la aristocracia y burguesía criolla, miembros del Cabildo de Caracas, lo desconocieron públicamente.

Él no estuvo de acuerdo con esto, y desde la ventana del ayuntamiento consultó al pueblo si querían seguir bajo su mandato, ante lo que respondieron con un contundente “No”, el cual estuvo inducido por el presbítero Madariaga.

Emparan asumió su rechazo, renunció y regresó a España. Fue entonces que se estableció la primera Junta de Gobierno en Caracas, con la excusa de ser “conservadora de los derechos de Fernando VII” y se inicia la gesta independentista.

Pasos independentistas
Este desconocimiento a la autoridad del Capitán General de Venezuela es un paso al 5 de julio de 1811, fecha en la que se concreta la firma del Acta de la Declaración de Independencia de Venezuela.

La historia cuenta que el 2 de marzo de 1811 se instaló el Primer Congreso Nacional, poniendo fin a la Junta de Gobierno. Ese año se nombró también al que sería considerado como el primer gobernante de Venezuela. Era Cristóbal Mendoza y fue él quien presidió el triunvirato del poder ejecutivo establecido por el congreso de 1811, por lo que fue el primer presidente de Venezuela. Los otros dos integrantes del triunvirato fueron Juan Escalona y Baltasar Padrón, quienes se rotaban el poder.

Luego el 5 de julio de 1811, se procede finalmente a firmar la Declaración de Independencia, conformándose así la Primera República de Venezuela. La República es una forma de gobierno en la que todas las autoridades están sujetas a periódica elección y en la que el ejercicio de los poderes públicos se encuentra limitado a la responsabilidad ante los ciudadanos, al Derecho y la Razón. Sin embargo, esta primera colapsó posteriormente por la reacción de los realistas.

El 19 de abril de 1810 se conmemora como el Día de la Proclamación de la Independencia de Venezuela. El Libro de Actas original del primer Cabildo de Caracas se encuentra en la Capilla Santa Rosa de Lima, en el Palacio Municipal de Caracas, donde cada año se realiza un acto oficial y se realizan los actos protocolares correspondientes. 

José Rafael Otazo M.
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Profesor Universitario
Miembro de la Ilustre Sociedad Bolivariana de Venezuela.
Miembro de la Digna Sociedad Divulgadora de la Historia Militar de Venezuela.
Miembro de La Asociación de Escritores del Estado Carabobo.
Investigador en la Asociación para el Fomento de los Estudios Históricos en Centroamérica.
Director de la Publicación Internacional, "Ni vestido ni desnudo"

sábado, 12 de abril de 2014

Diario Masónico...El papel de la masonería en la revolución Mexicana.



Se pudiera afirmar que existe mucho escrito (aunque no lo suficiente) sobre la masonería y el papel de los Masones en dos etapas de la historia de México: La primera , en la Guerra de Independencia, en su consumación y en aquella etapa de consolidación de la República y; la segunda, en la Guerra de los Tres Años o de Reforma; así como en la posterior Guerra de Intervención Francesa, la Lucha contra el Imperio y la Elevación de las Leyes de Reforma al Rango Constitucional.


Después, hay una especie de vacío histórico y no se habla de la masonería ni de los masones más que de forma incidental, como si hubieran dejado de tener un papel activo y determinante en el devenir histórico de nuestra Patria.


Se menciona, en la importante etapa que corresponde a la Revolución Mexicana, que el general Porfirio Díaz fue masón, que Madero también lo fue, y que tal vez Carranza lo fue. Y hasta ahí. Pero buscando en la historia, se descubre que no fue así de simple. Sí es cierto que la masonería y los masones sufrieron una suerte de presiones políticas (gubernamentales) que impidieron se manifestaran ante el régimen y el estatus quo como se manifestaron en aquel decimonónico siglo y con la fuerza que los caracterizó. Pero de ninguna manera permaneció la masonería ni los masones ajenos e inmutables al sistema político-económico imperante durante el Porfiriato. Estuvieron concientes de las desigualdades e injusticias del régimen y; su papel fue determinante para definir en gran medida el tipo de nación que ahora somos.


EL PORFIRIATO

Después de casi un siglo de guerras sangrientas y desgastantes contra extraños y entre hermanos, en las que la Nación perdió muchos hombres, recursos financieros y gran parte de su territorio y en las que además, se impidió el desarrollo económico, los imperativos del gobierno en México eran: imponer la paz a toda costa, constituir un orden (en lo legal y lo civil) y engarzarse a la dinámica capitalista de algunos países europeos y de los Estados Unidos, para lograr el progreso.


A finales del Siglo XIX el gobierno del general Porfirio Díaz veía en los modelos económicos de esos países la vía más viable para sacar a México de la pobreza y del atraso en el que se encontraba; infortunadamente, en el devenir histórico mundial, México, llegó tarde a ello e ingresó al paradigma del capitalismo cuando los países dentro de esa corriente filosófico-económica ya estaban en una etapa más avanzada y agresiva del mismo: el imperialismo despiadado.


Cabe anotar que para implantar el sistema capitalista hay dos vías, en México, el gobierno porfirista siguió la vía reaccionaria o “Junker”, la cual se caracteriza por la implantación del sistema desde las cúpulas o clases altas. Por esta vía, los terratenientes feudales conservan sus tierras y el poder y paulatinamente se transforman en capitalistas; se niegan los cambios democráticos en lo político, se crea un gobierno autoritario y se conservan las alianzas entre los terratenientes y la burguesía. La otra vía, la “Farmer” o plebeya, y que no se siguió en México, libera las fuerzas creativas y revolucionarias expresadas por las masas en un proceso de transformación desde las clases sociales bajas hacia las altas; implica esta vía el desplazamiento de los terratenientes feudales y la desaparición del sistema económico feudal. El desarrollo económico por esta vía impulsa la pequeña propiedad agrícola, esto es, a los rancheros o farmers.


La política económica porfirista, eligió la vía Junker y; ésta, implicó un impulso del capitalismo privilegiando por todos los medios la inversión extranjera, así como el apoyo a las grandes haciendas que, con la figura jurídica plasmada en las Leyes de Colonización y de Terrenos Baldíos, que sostenían el quehacer de las compañías deslindadoras, se convirtieron en grandes latifundios capitalistas.


De esta forma, el gobierno se empeñó en fomentar y convertir a México en un país donde la producción estaba inclinada hacia las exportaciones de materias primas agropecuarias, minerales y petróleo. Poca atención se le dio a la industrialización y al desarrollo de los mercados internos.


Consecuentemente, las vías de comunicación estaban diseñadas para transportar los productos de exportación a los puertos marítimos y a la frontera con Estados Unidos. En cambio, las vías de comunicación para interconectar las diferentes regiones geoeconómicas del interior del País eran casi nulas.

De 1877 a 1910, el producto interno bruto creció a una tasa anual de 3.4% y pasó de 15,692 millones de pesos a 47,054; mientras que la población crecía a un ritmo de 1.4%. La producción, pues, crecía con mayor celeridad que la población. Estos datos pueden crear una visión muy equivocada del Porfiriato, ya que a pesar de la riqueza y el avance económico, el patrón de acumulación del capital era bastante desigual. Los beneficios del sistema económico se concentraban en muy pocas manos, se concentraban en un reducido número de terratenientes, de empresarios y de comerciantes, de banqueros y de inversionistas extranjeros. Las masas, vivían en la pobreza.


En esos años, la población de México era de aproximadamente 13.5 millones de habitantes, de los cuales once millones (81.48%) estaba integrada mayoritariamente por: 1). Campesinos desposeídos de sus tierras y explotados en las haciendas o refugiados en sus reservaciones y comunidades; 2). Por obreros explotados en las fábricas y las minas y con salarios diferenciales y; 3). Por desempleados. Estos sectores, no gozaban de los beneficios ni de la riqueza generada por el sistema. Casi un Pareto perfecto.


Aunado a lo anterior, la permanencia ininterrumpida en la presidencia de la República, en los ministerios y en las gubernaturas, habían creado una gerontocracia que le impedía a la joven burguesía acceder al poder. Para 1908, Porfirio Díaz tenía 77 año; los secretarios de Relaciones y de Justicia, tenían, cada uno, 82 años; el de Guerra, 77; el de Hacienda, Limantour, 54 y era el más joven. El gobernador de Tabasco tenía 76 años; el de Tlaxcala, 78; el de Michoacán, 75; el de Puebla 73; el de Guanajuato 68 y; el de Aguascalientes, 70.


ESTRATEGIAS PARA EL LOGRO DE LA PAZ Y EL PROGRESO


Desde la óptica porfirista, para que el país lograra la paz y el progreso material por la vía elegida, no había más opción que atender “las muelles, no las leyes”, por lo que había que “embridar a la Nación”. Esto lo logró Porfirio Díaz en un lapso de doce años, de 1876 a 1888 y; consistió en el dominio simultáneo de lo que, él, denominó las “doce riendas”: 1). Represión o pacificación; 2). Divide y vencerás con los amigos; 3). Control y flexibilidad con los gabinetes y los gobernadores; 4). Sufragio inefectivo, sí reelección; 5). Domesticación del Poder Legislativo; 6). Domesticación del Poder Judicial; 7). Doma de intelectuales; 8). Acoso a la prensa; 9). “Pan y palo” con el ejército; 10). Política de conciliación con la iglesia; 11). Gallardía en la política exterior y; 12). Culto a la personalidad.


Estas estrategias de controles sectoriales permitieron mantener al estado y culminaron con la conformación de un partido político único, con un gabinete conformado por los llamados “científicos”, con gobernadores que prácticamente eran empleados de la presidencia de la República, con la existencia de jefes políticos incondicionales, con una policía rural represora y un ejército minimizado pero adecuados para enfrentar a un pueblo ignorante y desarmado. Además, Díaz contó con el apoyo de la iglesia católica, que mantenía sumiso y enajenado al pueblo (la iglesia secundaba la “obra” pacificadora de Porfirio Díaz: En el V Concilio Provincial Mexicano, celebrado en 1896, la iglesia católica, por ejemplo, le ordena a sus fieles obedecer a las autoridades civiles y; esa orden en aquellos tiempo y dirigida a un pueblo sumiso e ignorante, se cumplía). En ese lapso de tiempo se hicieron célebres las frases: “Mátalos en caliente”, “En política no tengo ni amores ni odios” o “Ese gallo quiere su máis”, aplicables a diferentes manifestaciones de malestar o inconformidades sociales y; fue después del logro de esas políticas que se antepuso al nombre de Porfirio Díaz el “Don”.


INCONFORMIDAD SOCIAL


Pero a pesar del aparato represivo, del control gubernamental y de la actividad enajenante de la iglesia, hubo durante todo el Porfiriato manifestaciones de inconformidad, de tal forma que la famosa “pax porfiriana” no era tan pacífica.


Los descontentos y manifestaciones de los sectores campesinos e indígenas explotados, desposeído y despojados fueron brutalmente reprimidos por el gobierno federal y los estatales. En el Noroeste, los yaquis se sublevaron en 1875 y; los mayos, en 1891. Y casi fueron exterminados. Los mayas, en la Península de Yucatán, estaban sublevados desde mediados del Siglo XIX.


En 1877 hubo rebeliones en la Sierra Gorda de Querétaro, en Hidalgo, en Guanajuato, en Michoacán, en Guerrero, en Puebla, en Oaxaca, en Durango, en Coahuila y en el mismo Distrito Federal. En 1878 se produjo un levantamiento en La Huasteca que se reavivó de 1879 a 1881 en las Huastecas Potosina e Hidalguense. En 1882 hubo levantamientos en Juchitán, Oaxaca; en 1884, en Papantla, Veracruz. En 1892, las tierras del pueblo indígena de Tomochic fueron entregadas a la Chihuahua Mining Company, por lo que sus habitantes se levantaron en armas y fueron masacrados por las tropas porfiristas. Heriberto Frías consigna magistralmente este hecho en su novela.


Los levantamientos de campesinos e indígenas continuaron y en 1896 hubo nuevas muestras de rebeldía en otra vez en Papantla y en Soteapan, Veracruz.


Por su parte, los obreros, la nueva clase social que prácticamente había nacido durante el Porfiriato y; que estaba integrada por trabajadores fabriles, por mineros, por ferrocarrileros, por trabajadores portuarios y por petroleros, principalmente, también se manifestaron contra el régimen y sufrieron la misma suerte que los campesinos. De 1881 a 1911, hubo alrededor de 250 huelgas, las cuales estaban prohibidas. A partir de 1905, las condiciones de explotación de los obreros se agravaron y el número de huelgas aumentó. Son bien conocidas las huelgas de Cananea, Sonora, en 1906 y; la de Río Blanco, Veracruz, en 1907.


La huelga de Cananea fue muy significativa. La mina era propiedad de la Cananea Consolidated Copper Company. Ahí se extraía cobre, metal altamente demandado por la creciente industria eléctrica estadounidense. En la mina laboraban entre cuatro y cinco mil obreros. El detonante de la huelga fueron los privilegios para con los trabajadores estadounidenses frente a los mexicanos. Los mexicanos realizaban los trabajos más rudos y recibían $3.00 al día en moneda nacional; mientras que los estadounidenses realizaban labores más ligeras y recibían $5.00 diarios en oro.


En la mina había un grupo de obreros afiliado al Partido Liberal Mexicano (PLM), de Ricardo Flores Magón. Ellos fueron agredidos por dos empleados norteamericanos, quienes en la respuesta al ataque murieron. Para reprimir a los obreros mexicanos, el gobernador de Sonora y el dueño de la empresa trajeron cerca de 300 “rangers” de Estados Unidos, quienes junto con los guardias de la propia empresa reprimieron a los obreros. Los líderes del movimiento huelguista y miembros del Partido Liberal, fueron condenados a 15 años de prisión en el Castillo de San Juan de Ulúa, ubicado en el Puerto de Veracruz.



LAS SOCIEDADES SECRETAS

Durante el Porfiriato hubo varias sociedades e instituciones – digamos – secretas o, que no siéndolo estrictamente, actuaron de forma velada en contra del régimen. Algunas eran espiritistas, como la que acogió u organizó por algún tiempo Francisco I. Madero. Otras, actuaban no tan abiertamente aunque algunos de sus militantes sí lo hicieron, fue el caso de la Iglesia Metodista. Algunos pastores protestantes de esa iglesia, por ejemplo, se integraron finalmente al zapatismo en defensa del campesinado mexicano. Y, obviamente, otra sociedad fue la masonería y los masones.


La masonería, y los masones principalmente, ante el estado de cosas durante el Porfiriato, no permanecieron inmutables. Infortunadamente, las condiciones para con la masonería a finales del Siglo XIX y a principios del XX ya eran muy diferentes a las existentes a principios y a mediados del Siglo XIX.


Y es realmente cierto que tanto la masonería como el clero católico influyeron poderosamente en la vida política de México desde el Movimiento de Independencia hasta la Elevación al Rango Constitucional de la Leyes de Reforma. Al triunfo de los liberales, la masonería prácticamente determinó las tendencias ideológicas que definieron el tipo de Nación que el Porfiriato heredó.


Pero durante el Porfiriato, de finales del Siglo XIX a inicios del XX, las logias, como masonería, fueron perdiendo aquel poder político que las caracterizó a inicios y mediados del Siglo XIX y; paulatinamente el clero empezó a recuperar parte del poder que perdió en la República Restaurada. Esto, en gran medida se debió a la obsesión por constituir un orden y lograr la paz y el progreso a como diera lugar. En ese tenor, Porfirio Díaz, pensaba que se tenían que redefinir las relaciones entre el Estado y la iglesia; así como controlar la actuación de las logias masónicas, ya que su relativa independencia y secreto, eran un obstáculo que podía oponerse precisamente a su política pacificadora y económica.


Así que, con la iglesia, el gobierno porfirista adoptó una política laxa en la aplicación de los preceptos constitucionales, pero sin derogar las leyes heredadas de los liberales de la Reforma, casi todos masones. Por lo tanto, las leyes que normaban a la iglesia se obedecían, pero no se cumplían a cabalidad. Esta política conciliadora le generó a Díaz enfrentamientos con la masonería y sus líderes, principalmente con Ignacio Manuel Altamirano, con una arraigada tradición liberal y que veía a Porfirio Díaz como a un traidor a la Constitución de 1857, a las Leyes de Reforma y a los principios y valores masónicos.


Pero para Porfirio Díaz, era la masonería la que tenía que subordinarse al poder del gobierno y a sus políticas conciliadoras y económicas.


Desde su ascenso al poder, Porfirio Díaz contó con el apoyo de los masones del Rito Escocés Antiguo y Aceptado y con la oposición del Rito Nacional Mexicano. Estando Díaz en el poder, los miembros del Rito Nacional Mexicano fueron acosados por el régimen hasta que finalmente, su líder, José María Mateos, puso en marcha una serie de medidas reconciliatorias que culminaron en 1877 con la decisión tomada en una Gran Asamblea, de no intervenir políticamente con el mandato de Díaz.


Pero para Porfirio Díaz eso no fue suficiente, había más ritos masónicos y todos ellos debían sujetarse al Caudillo. Con esa meta, el 15 de junio de 1883, Porfirio Díaz constituyó la Gran Logia del Distrito Federal y asumió el cargo de Gran Maestro, lo cual promovió una migración de logias a esa nueva organización, debilitando así a otras asociaciones masónicas, particularmente a las que estaban jurisdiccionadas al Supremo Gran Oriente de los Estados Unidos Mexicanos, dirigido precisamente por Ignacio Manuel Altamirano.


Finalmente, el 15 de febrero de 1890 se fusionan los dos ritos masónicos más importantes de México: el Supremo Gran Oriente de los Estados Unidos Mexicanos y el Supremo Consejo del Rito Escocés Antiguo y Aceptado para constituir la Gran Dieta Simbólica Escocesa de los Estados Unidos Mexicanos, cuyo objetivo real fue centralizar y controlar la actuación de las logias masónicas.


Los miembros de la Gran Dieta eligieron a Porfirio Díaz como su Gran Maestro, pero al poco tiempo, él, designó a Hermilo G. Cantón, su incondicional, para que la dirigiera. De esta forma, la gran mayoría de las logias que se afiliaron a la Gran Dieta perdieron su autonomía e ingresaron a ellas miembros totalmente adherentes a Díaz, quienes le informaban de todos los pormenor acaecidos en las reuniones, violando así el secreto.


De esta forma, las logias en general, se convirtieron en lugares inseguros, con informantes y delatores, en donde manifestar libremente las ideas filosóficas o político-religiosas o; concertar y emprender acciones sociopolíticas en contra del régimen, podía acarrear la represión.


Así las cosas, el gobierno estaba seguro de que era imposible que las logias masónicas se convirtieran en “nidos de conspiradores” que pudieran contribuir a una revolución. Aunque hubo unas cuantas logias ligadas al liberalismo radical que rehusaron afiliarse a la Gran Dieta. Las logias, pues, en general se convirtieron en lugares en donde militaban tanto adherentes al dictador como enemigos declarados del mismo, como Filomeno Mata o; futuros opositores del régimen, como Librado Rivera.


Lo anterior denota que hubo dos corrientes políticas en la masonería antes del Estallido de la Revolución Mexicana: una, adherida mayoritariamente a la Gran Dieta y al lado de Porfirio Díaz, colaborando con el estado de cosas y; la otra, la menos, sin comulgar con su modelo económico ni con la política de reconciliación con el clero católico, aunque sus miembros formaran parte de logias afiliadas a la Gran Dieta o no.


El 31 de agosto de 1895, el general Porfirio Díaz renunció a la Gran Maestría de la Gran Dieta y; ya sin su apoyo, Hermilo G. Cantón no pudo controlar a la organización y dicha Gran Dieta Simbólica desaparece en 1901. Pero las logias, infortunadamente, ya estaban muy mermadas en cuanto a su autonomía, membresía y poder de convocatoria.


Para esas fechas, empezaron a surgir en la sociedad civil, organizaciones políticas públicas y abiertas a la ciudadanía. Entonces, los masones, como ciudadanos, no abandonaron el quehacer sociopolítico y; en esa etapa de la historia de México, conformaron también clubes y partidos o; ingresaron a los ya existentes y en la medida de las circunstancias históricas inculcaron en ellos los ideales masónicos.


Librado Rivera, masón reconocido, junto con los hermanos Flores Magón, Ricardo y Enrique, de quienes se firma que también fueron masones, y otros más, constituyen en 1901 el Partido Liberal Mexicano (PLM), el cual hasta 1906 lanza su Programa de Acción. Éste, incluía la suspensión de la reelección para presidente y gobernadores, reformar algunos artículos, promover la educación pública; así como dos puntos que afectaban los interese del clero: 1). Considerar a los templos como negocios mercantiles obligados a llevar una contabilidad y pagar impuestos y; 2). Suspender las escuelas administradas por el clero. Además, el plan contemplaba otros puntos de carácter económico, social y laboral más.


Anterior a la conformación del PLM, otros masones ya habían migraron de sus logias para crear organizaciones políticas opuestas al régimen. En 1896, por ejemplo, fundaron el Club Político Valentín Gómez Farías; en 1898, la Sociedad Patriótica Melchor Ocampo y; en 1900, el Club Liberal Ponciano Arriaga, entre otras.



Escrito por el Il y Pod H Antonio Huerta Paniagua, Gr 33° SN.



BIBLIOGRAFÍA

Efemérides de los Estados Unidos Mexicanos. Antonio Huerta Paniagua. Instituto Veracruzano de la Cultura. Veracruz, Veracruz, México. 358 p. Primera edición 2010.

El Porfiriato. José Alfredo Castellanos, Marco Antonio Anaya Pérez, J. Refugio Bautista Zane, Genaro Alfonso Figueroa Ruiz, Benito Galván Rangel, Marcelo González Bustos, Álvaro González Pérez y Ma. Gloria Trujano Fierro. Universidad Autónoma Chapingo. Chapingo, Texcoco, Méx. 224 p. Primera edición 1988.

Ensayo Histórico Sobre la revolución Mexicana y la Democracia. Benito R. Blancas. B. Costa Amic Editores. México, D.F. 243 p. Segunda edición 1974.

Francisco I. Madero, Místico de la libertad. Enrique Krauze. Fondo de Cultura Económica, S.A. de C.V. Biografías del poder / 2. México, D.F. 113 p. Segunda reimpresión 1987.

Historia de México 2, Del Porfiriato al Neoliberalismo. Francisco González Gómez. Ediciones Quinto Sol, S.A. de C.V. México, D.F. 218 p. 7ª. Reimpresión 1995.

Historia del México Contemporáneo. Enrique Ávila Carrillo, Juan Conde Soriano, Jesús Nieto López y Rigoberto Nieto López. Ediciones Quinto Sol, S.A. de C.V. México, D.F. 189 p. 2a. edición 1989.

Historia Mínima de México. Daniel Cosío Villegas, Ignacio Bernal, Alejandro Moreno Toscano, Luis González y Eduardo Blanquel. El Colegio de México. México, D.F. 164 p. Segunda reimpresión 1974.

Huerta Contra Zapata, una campaña desigual. Arturo Langle Ramírez. Universidad nacional Autónoma de México. México, D.F. 115 p. 1981.

La Revolución Mexicana. Alejandro Zenteno. in: Muy Interesante. Especial Revoluciones. No. 2. México, D.F. pp. 28 – 42. 1991.

La Revolucioncita Mexicana. Eduardo del Río (Rius), Editorial Posada, S.A. de C.V. México, D.F. 191 p. Trigesimosexta edición 1994.

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Masones en México, Historia del poder oculto. José Luis Trueba Lara. Random House Mondadori, S.A. de C.V. México, D.F. 291 p. Primera edición 2007.

Porfirio Díaz, Místico de la autoridad. Enrique Krauze. Fondo de Cultura Económica, S.A. de C.V. Biografías del poder / 1. México, D.F. 157 p. Tercera reimpresión 1991.

Precursores Intelectuales de la Revolución Mexicana (1900 – 1913). James D. Cockcroft. Secretaría de Educación Pública, Siglo XXI Editores, S.A. de C.V. México, D.F. 290 p. 1985.

Raíces Económicas de la Revolución Mexicana. Hans Jürgen Harrer. Sociedad Cooperativa de Producción Taller Abierto, S.C.L. México, D.F. 220 p. Segunda edición 1983.

miércoles, 9 de abril de 2014

Historia y Tradición Las lágrimas de Bolívar y de Sucre.




 

Las lágrimas son la sangre del alma.

San Agustín


Nuestros grandes paladines, los generales en Jefe Simón Bolívar y Antonio José de Sucre, en sus trayectorias como dignos soldados y ciudadanos, ofrendaron sus vidas en beneficio de los más sublimes intereses. Como humanos tuvieron circunstancias que los motivaron a ser sensibles a los avatares de la adversidad humana. La historia nos refiere momentos estelares en nuestros forjadores de repúblicas libres, manifestados en lágrimas de dolor, de emoción y de gratitud; hablaba entonces el corazón.  El 25 de julio de 1813, cuando el joven subteniente Gabriel Picón González perdió una pierna en el combate de Los Horcones, Bolívar conmovido desde Araure le envía un conmovedor mensaje a su progenitor  Don Antonio Rodríguez Picón: 


Y tú, padre, que exhalas suspiros

Al perder el objeto más tierno,

Interrumpe tu llanto, y recuerda,

Que el amor a la Patria es primero. 


En pleno fragor de la inmortal Batalla de Carabobo el 24 de junio de 1821, tuvo conocimiento de la muerte de su querido perro Nevado,  regalado en Mérida en mayo de 1813, cuando vio al animal ensangrentado por un lanzazo, el Libertador se retiró en silencio, no sin antes derramar una lágrima por el dolor que lo embargaba. 


El 16 de octubre de 1817, en horas de la tarde, en Angostura -hoy Ciudad Bolívar, el Libertador, cuando oyó los disparos del pelotón de fusilamiento que acabó con la vida del general en Jefe Manuel Piar,  se comentó que derramó una lágrima por tan infausta muerte. 


En Valencia el 25 de junio de 1821, luego de la magistral Campaña de Carabobo, al redactar su parte de la batalla, Bolívar, al referirse a la muerte del valeroso caraqueño Ambrosio Plaza, diría: “El general Plaza es acreedor a las lágrimas de Colombia”. 


El 15 de diciembre de 1819, al escribirles desde Angostura a los hermanos Francisco y Fernando Rodríguez del Toro, diría: “Jamás pienso en ustedes sin gemir, jamás escribo a ustedes sin llorar”.


En 1826 le escribe al general neogranadino Francisco de Paula Santander: “Deseo ver a usted y a todos esos señores lo más pronto posible, con las lágrimas en los ojos como dos hermanos doloridos y tiernamente amantes de una madre que ha expirado”. 


El 29 de noviembre de 1820, Bolívar desde Trujillo, luego de haber firmado el 26 de ese mes el “Armisticio en Trujillo con el general realista Pablo Morillo”, le informaba en una carta al general Santander: “La pureza de este lenguaje, que es ciertamente de sus corazones, me arrancó algunas lágrimas y un sentimiento de ternura hacia algunos de ellos”.


El general Antonio José de Sucre de Cúcuta, al regresar los primeros días de mayo de 1830 en comisión del Congreso, tratando de impedir por parte de las autoridades venezolanas la ruptura de la Gran Colombia, no consiguió a Bolívar en Bogotá y le escribe: “...Adiós, mi general, reciba usted por gaje de mi amistad las lágrimas que en este momento me hace verter la ausencia de usted. Sea feliz en todas partes y en todas partes cuente con los servicios y con la gratitud”.


El 2 de julio de 1830, al conocer en La Popa de Cartagena el vil asesinato en Berruecos del  Gral. Sucre, “Abel de América”; Bolívar le escribe a la viuda, doña Mariana Carcelén y Larrea, Marquesa de Solanda... “Todo nuestro consuelo, si es que hay alguno, se funda en los torrentes de lágrimas que Colombia entera y la mitad de América deben a tan heroico bienhechor”... “Dispénseme usted, señora, que deje de continuar esta carta, porque no sé cómo exprese lo que mi ternura siente por usted y por mí”.


Evocamos en esta oportunidad al poeta romano Ovidio en su pensamiento: El alma descansa cuando echa sus lágrimas y el dolor se satisface con su llanto”



Por;
Eumenes Fuguet Borregales  E.·. V.·. M.·. 2002 
de la R.·. L.·. Sol de América Nº 37 
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General de Brigada. 
Miembro de Número de la Academia de la Historia del Edo. Carabobo. 
Miembro de la Sociedad Bolivariana de Venezuela. 
Miembro de la Sociedad Divulgadora de la Historia Militar de Venezuela. 
Director de la Revista Internacional Historia y Tradición.