Por: José Ramón González Chávez
Para los adultos en general, la expresión "*cuento de hadas"* es
sinónima de relatos imaginarios escuchados en su infancia tomados
entonces como asombrosos y que ahora, por su carácter irreal,
fantástico, toman el carácter de absurdos. No se dan cuenta que la
misma imaginación, significado simbólico y metafórico que se presentan
en sus sueños son los que aparecen
en los cuentos de hadas.
En todo caso, ¿qué son los cuentos de hadas sino sueños colectivos?
Los
cuentos de hadas, al igual que los sueños y los mitos, tienen como
materia prima al símbolo, representante del pensamiento primitivo. El
símbolo es en cierta medida el recuerdo histórico de una conducta que
alguna vez fue actual, un conjunto de restos de la memoria colectiva, al
cual somos propensos física y psíquicamente a retornar. Constituye una
estratificación de imágenes superpuestas, un espejo de mil caras que se
desplaza por la pendiente de la afectividad, totalizando en una visión
única las imágenes que capta.
No obstante lo que pudiera parecer a
simple vista, el símbolo es esencialmente dinámico, es movimiento, su
lógica es analógica y en consecuencia, sus traducciones al plano
intelectual nunca son más que aproximativas. De ahí aquí el que lee o
cuenta un cuento deba de recrearlo para restituirle su frescura inicial,
para devolverle su luz interior.
*"Solo con el corazón se puede
ver bien, lo esencial es invisible para los ojos"* (*Antoine de Saint
Exupéry, "El Principito"*), o como reza un proverbio platónico adoptado
por la sabiduría popular francesa: "solo se puede comprender lo que se
ama". En buena medida y siguiendo a Freud, los sueños, los mitos y los
cuentos tienen una alta carga de interpretación afectiva, por lo que
para su comprensión, deben admitirse métodos de introspección en los que
la investigación racional ceda el paso a diversos procesos de
asociación de imágenes, a lo analógico. Aquí se dibuja una liga digna de
estudio entre los sueños, los símbolos, los cuentos de hadas y el
surrealismo, ya que utilizan el mismo lenguaje.
Esto se debe a
que el cuento obra sobre la imaginación sin engañarla: Podemos gozar de
la Odisea o de la Cenicienta sin tener que someter a análisis
científicos la conducción de la guerra de Troya por dioses Olímpicos, ni
la comodidad o eficiencia de un par de zapatos de cristal.
Tanto
en los sueños, como en los mitos y los cuentos de hadas, la imaginación
escapa a la tiranía de la razón, obedeciendo sus propias leyes. Sin
embargo, quizá por una especie de temor, derivado de su forma de
construcción mental positivista, el ser humano se deshace de lo que no
puede comprender a través de la razón objetiva. Y es que lo irracional
asusta. Por eso no se le quiere ver donde se le encuentra y si es
inminente, negamos su existencia a toda costa .
Por eso, los
sueños, los mitos y los cuentos jamás revelan sus secretos a quienes los
estudian desde un punto de vista racional, cientificista y escéptico.
Forman un mundo que está vedado a los débiles y a los incrédulos. Pero
eso mismo, un tipo que tiende a tomar con ironía o burla lo inverosímil
de los sueños, los mitos y los cuentos es tan difícil interesarse y
aprender de pulgarcito o de la cenicienta como de Brahma o de Shiva.
*MITOS Y CUENTOS DE HADAS*.-
Los
mitos, independientemente de su naturaleza o características, se sitúan
en planos diversos, cada uno de los cuales propone un enigma que al
final se resume irreductiblemente en las tres preguntas del Elohim: ¿De
dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos?
Por su parte, como
llaves para descubrir esa enigmática trinidad, los cuentos de hadas han
sido desde siempre una bella forma de perpetuar la sabiduría
tradicional propia de una civilización; una fina expresión de la cultura
popular de todos los pueblos del orbe. En cuanto a sus orígenes, los
cuentos de hadas vienen de horizontes espaciales y temporales muy
lejanos. Tal vez por eso no se ubiquen en un lugar geográfico o en una
época específicos.
En lo que se refiere a sus enseñanzas,
independientemente de las culturas y las épocas, los mitos y los cuentos
de hadas nos han sido transmitidos primero de manera oral, luego por
escrito, básicamente con dos intenciones:
- Transportar a narrador y auditorio hacia un bienestar edénico, hacia el estado original, hacia el vientre materno; y
- Reflejar las contradicciones del hombre derivadas del conflicto entre su naturaleza animal y divina.
Para
empezar, antes que otra cosa hay que señalar que los cuentos de hadas
nacieron porque en algún momento y en algún lugar se creyó en las hadas
Recordemos que por mucho tiempo las creencias animistas fueron usuales;
los animales fantásticos, los duendes, las sibilas, las hadas, convivían
con la cultura popular, o mejor dicho, formaban parte de ella.
Esto
nos lleva a suponer que los cuentos de hadas, como los mitos, fueron
originalmente elaborados para adultos. Más aún, en tanto que usuarios de
la metáfora y el símbolo como medios para expresar deseos, esperanzas,
sabidurías eternas, los cuentos tal vez constituían rituales
iniciáticos, intentos de alcanzar las etapas de purificación,
conocimiento y poder, un estado superior de conciencia y el deseado
bienestar edénico buscado eternamente por el adepto.
En ciertas
épocas y lugares también se les llamó *cuentos o consejas "de
nodrizas*", en primer lugar porque se dice que ellas los contaban o
cantaban en forma de canciones de cuna a los niños a su cargo después de
amamantarlos, preparándolos para el proceso alquímico del sueño (véase
la interesante relación entre cuento, canción y sueño); y en segundo,
porque el cuento en sí mismo constituía el primer alimento espiritual
del hombre desde su primera edad.
Entonces *"hada-nodriza"*
(madre *"alimenticia"), "hada-madrina*" (madre espiritual) y ángel de la
guarda (verdad, belleza, bien), resultan ser más que símbolos
equivalentes, diferentes manifestaciones del mismo arquetipo al que nos
referiremos posteriormente, en cuanto nos aboquemos al análisis
específico de la Bóveda Celeste.
Algo que nos puede dar más luz
para comprender la importancia de los cuentos de hadas es el hecho de
que el término *"Hada*" proviene del latín *"FATA*", lo que es
inminente, lo que es un hecho (factum), lo que tiene que ocurrir. Las
hadas son antígonas de las parcas, unas referentes a la vida otras a la
muerte.
Sin embargo, a causa del racionalismo ilustrado de
principios del Siglo XIX, los cuentos de hadas dejaron de ser material
de enseñanza para adultos y por lo tanto, se abandonaron en el desván de
la historia bajo la máscara de "cuentos infantiles". No fue sino hasta
hace relativamente poco que empezaron a ser vistos bajo su verdadera
luz, o más bien bajo su verdadera oscuridad nocturna, una noche poblada
de estrellas centelleantes, esa que en el argot masónico se denomina
*"la Noche de los Tiempos".*
*EL CIELO COMO ARQUETIPO.-*
Desde
el punto de vista de Jung, en los sueños, los mitos y los cuentos de
hadas puede encontrarse un código universal de lo imaginario, una
permanencia de lo que él denomina *"arquetipos" *, símbolos recurrentes
que corresponden cada uno a un sentimiento y que resumen importantes
temáticas en cuanto a las aspiraciones y tendencias del hombre de todas
las culturas y todas las épocas.
Uno de estos arquetipos es el cielo.
Para
Freud el nacimiento es un trauma, una gran catástrofe que empuja al ser
humano a la necesidad de adaptarse a su entorno objetivo y luchar por
sobrevivir desde el primero y hasta el ultimo instante de su vida.
Como
en el sueño, el cuento de hadas nos libera del imperio de la necesidad,
nos conduce de regreso al Edén, a la alianza total con el cosmos y la
energía que lo configura. Superar la sustancia es una imagen
arquetípica de la alegría y la felicidad, pues nos hace olvidar nuestra
condición material, y las miserias y sufrimientos que ella provoca.
En
este sentido, una de las realidades materiales más claramente tangibles
es la gravedad, símbolo mismo de la contingencia. Escapar de ella
implica escapar de la realidad objetiva, del envejecimiento, del espacio
y del tiempo. El cosmos, el cielo estrellado, es símbolo de esta
ubicuidad, de esta ingravidez, en él no hay caída posible, y por lo
tanto, se elimina la eterna angustia ante la incertidumbre, se regresa a
la condición original, se recupera el paraíso perdido, se vuelve al
estado prenatal, a la madre, se
es inmortal.
Todo ascenso es
una teofanía. Subir al cielo, es decir, escapar a las miserias
terrestres, a las preocupaciones del presente, a la mediocridad de la
existencia cotidiana simbolizada por el nivel del suelo donde nos
arrastramos, es la alta recompensa prometida a los elegidos en casi
todas las religiones.
En lo material, los sueños están en el
origen de cada etapa importante de la marcha de la humanidad hacia el
progreso científico y tecnológico. El ejemplo de la conquista del aire,
eterno deseo del hombre-niño, es uno de los que mejor muestra hasta qué
punto las realizaciones técnicas de nuestro tiempo son una proyección de
la psique colectiva que se expresa en los sueños, los mitos y los
cuentos de hadas.
La imaginación de vuelo, el deseo de volar, es
uno de los aspectos más arcaicos, si no el más arcaico de la psique. La
misma posición vertical del esqueleto humano puede ser una consecuencia
del esfuerzo del hombre por acercarse al cielo. Las alfombras mágicas,
las botas de siete leguas, los carros de fuego, los ovnis, son en este
sentido precursores del helicóptero, del avión, de las naves espaciales
pero ante todo proyecciones imaginativas del deseo inmanente del hombre
de emanciparse de la materia y por ende de la pesantez y de la angustia
de la vida material.
En lo imaginativo, el cielo es la patria de
las almas, en oposición a la tierra, que es la patria de los cuerpos.
"Tener los pies sobre la tierra" es sinónimo de poseer un práctico y
agudo sentido de la realidad, mientras que *"estar en las nubes" *es
preferir el mundo ilusorio al mundo real; descuidar lo que se es, para
solo considerar lo que se desearía ser...
¿El cielo será
entonces, la suprema ilusión, la imagen perfecta de la felicidad
inaccesible, tal como puede concebirla el corazón sediento de los
hombres?
En lo espiritual, La vida es impulso (volar, libertad,
virtud, Luz, cielo, cosmos); la muerte es caída (abismo, precipicio,
pecado, oscuridad, agujero negro, tumba). Vencer a la gravedad es vencer
a la muerte. Por eso los seres inmortales son aéreos, son y están en el
cielo. En su esfuerzo por alcanzar el cielo, por parecerse a los
dioses, por oír la música de las esferas, el hombre ha escalado
montañas, ha construido altos templos (montañas artificiales) y quemado
en ellos sus inciensos, como ofrenda al Creador en un -solo en
apariencia- contradictorio himno a la vida y a la muerte.
De
hecho, cada uno de nosotros es una contradicción viviente, la vida misma
es una contradicción. El hombre tiene en su interior el cielo y la
tierra, o mejor dicho, el cielo y el infierno. Por eso el hombre está
hecho a semejanza de Dios, al igual que del Demonio.
Por eso
dentro del Templo, la Bóveda Celeste se contrapone al pavimento de
mosaicos, aunque ambos son ligados simbólicamente por el Ara con sus
joyas y sus luces en la tierra y el Zodiaco con sus constelaciones en el
cielo, unidos por el cordón umbilical de la columna humo que emana del
Altar de los Perfumes.
El cielo es el dominio de la pureza, de la
blancura del cielo y de la nieve de las altas montañas que señalan su
umbral; pero, al igual que ellas, es el reino de la muerte blanca, de la
muerte fría y solitaria, esa muerte que ofrecen la Virgen de los
Glaciares, los gnomos blancos o los hombres de las nieves que pueblan
las altas montañas.
En lo simbólico, la Bóveda Celeste es el
escenario donde el Sol (el iniciado) hace su eterno recorrido por la
Rosa de los Vientos (recordemos que uno de los nombres de la virgen
María es *"Rosa del **Cielo")* de la Oscuridad a la Luz, del invierno a
la primavera, de la muerte a la vida, protegido por el manto del hada
"nodriza-madrina-protectora".
Si bien en la dualidad Cielo-Tierra
el primero de los términos es masculino, en su individualidad simbólica
se torna femenino, adoptando la forma de un asilo, de un seno inmenso y
acogedor (madre alimentaría, espiritual y protectora). En el antiguo
Egipto la Bóveda Celeste era la Diosa NUT, representada en forma de un
cuerpo femenino arqueado sobre la tierra. La versión depurada de esta
entidad femenina del cielo, se expresa en la figura grandiosa de la Rosa
Celeste (la Rosa de los Vientos), la Virgen María a
quien San
Bernardo se dirige intercediendo por Dante en el último canto del
Paraíso. Por cierto, en la plegaria cristiana del Ave María ¿no se le
pide a la Virgen Madre su intercesión a la hora de la muerte?).
Posiblemente por esta razón esté disfrazada de hada madrina o nodriza o
ángel de la guarda en los cuentos de hadas.
Tal vez por eso la
virgen María (María = mater-rea, materia) esté cubierta con un manto
color de noche, lleno de estrellas, bordeado por el filo plateado de la
vía láctea y tenga la luna a sus pies.
Para efectos meramente
indicativos, señalaremos que un arquetipo similar al cielo es el mar
(María = Marea), ya que tiene las mismas implicaciones freudianas: Según
Ferenczi, el útero materno y el líquido amniótico en los mamíferos no
es sino la adaptación del cuerpo de la mujer al entorno marino.
Siguiendo con esta corriente *"bioanalítica*", Quinton asegura que la
sangre humana presenta en su parte líquida una composición química
análoga a la del agua de mar. En adición, el proceso de fecundación se
lleva a cabo en un ambiente totalmente acuático.
Es probable que
por eso a la Virgen María también se le relacione con el elemento agua
(Venus nace del océano y en lugar de luna tiene una concha bajo sus
pies). En cualquier caso, no pesar es convertirse en ave o en pez. O
acaso cuando estamos muy confortables ¿no decimos que nos sentimos
*"como pájaro en el aire"* o* "como pez en el agua"?.*
Es así
como podemos constatar a partir de lo hasta aquí expuesto, que mucho más
allá de la apariencia meramente material, precisamente sobre esa "Noche
de los Tiempos" es que se levanta el símbolo de la Bóveda Celeste
dentro de los templos masónicos.
Tal vez por su naturaleza
femenina, su estudio y análisis profundo en la Masoneria especulativa
Andersoniana la haya olvidado o menospreciado. Sin embargo, tal como
hemos podido constatar a lo largo de este trabajo, la bóveda Celeste
constituye uno de los emblemas más profundos del conocimiento simbólico
tradicional, por lo que la Masonería Iniciática lo considera desde sus
orígenes uno de sus emblemas fundamentales.
Pierre Cubique.·.