
El siglo XXI trae consigo lastres del pasado y
cuestionamientos sobre lo que hoy es irreversible, ya ocurrió. Es así como la
historia habla de una vida llena de éxitos y fracasos de los cuales aprender, y
el conocimiento impulsa esa búsqueda de aprendizaje. La visión de mundo cambia,
se mueve entre contradicciones que emergen desde las diferentes posturas
paradigmáticas de los hombres de ciencia, así como del resto de ciudadanos que
por humanos, sienten, padecen, interpretan, tejen conjeturas y aproximan realidades.
Debido a la dinámica de cambio, se devela una voluntad ligada a la reflexión
que abre una puerta para reencontrar aquello que se pensó olvidado, y
reproducir comportamientos que permitieron alcanzar en su momento, objetivos
social y moralmente aceptados por una comunidad, los cuales favorecieron su
desarrollo. De igual modo hurgar en el pasado con una voluntad reflexiva,
propicia la toma de decisiones con impacto en el futuro, hacia lo nuevo y
desconocido. Se pueden unir los fragmentos de una memoria social perdida en el
conformismo y miedo para conformar una nueva conciencia ciudadana caracterizada
por valores de independencia, comunicatividad y de una rebeldía creadora.
Ahora bien, una sociedad humana supone poseer una conciencia ética que no es
ajena o antagónica a la individual. El todo es una noción que no deslinda las
partes, ni éstas del todo; son incluyentes, vinculantes y relacionantes, tanto
en la teoría como en el proceso reflexivo que conduce a tal interpretación, es
una noción de sistema. No obstante; más allá del acto hermenéutico están los
medios y fines para la materialización de los objetivos estratégicos con el
cimiento de una actitud ética.
Ahora bien, la moral de una sociedad descansa en las costumbres y normas de
comportamientos éticos aceptados por la ciudadanía, pero la complejidad
advierte una aceptación pasiva, cómoda y oportunista por parte de sectores -a
veces mayoritarios- de normas jurídicas desvirtuadas por ejemplo, las cuales
conllevan riesgos en detrimento de los sujetos sociales y sus instituciones por
un manejo perverso de la conciencia ética por medio de una retórica discursiva
engañosa.
Como consecuencia de los comportamientos y normas mencionados con anterioridad,
emerge la noción de “Ecología de la Acción” para ilustrar lo correspondiente a
las acciones éticas. Al respecto Morín (2006) señala que la ética afronta
incertidumbres, es desafiante y hace frente a lo desconocido. De igual modo
expresa que las acciones que se presumen éticas, pueden correr de igual modo el
riesgo de fracasar en sus fines y su sentido verse desvirtuado por acciones que
escapan a la voluntad de los sujetos cuando son afectadas y atrapadas por el
medio que les rodea. Es así como se hace necesario el uso de técnicas de
simulación que pudiesen facilitar el anticipar, mitigar, potenciar o superar
consecuencias de las acciones a largo plazo.
Por ello, la ecología de la acción abre un camino para el afrontamiento con la
incertidumbre y a la contradicción del tema ético, pues una acción limpia puede
desencadenar hechos perversos y al contrario, una acción considerada perversa
podría eventualmente originar resultados felices. El tejido complejo acerca a
una interpretación sobre la clase de conciencia de los individuos con poder de
decisión, si está consustanciada y alineada con intereses limitados a una
persona o grupo reducido de personas, y si por el contrario el impacto de las
decisiones es considerado en beneficio de un colectivo.
Ahora bien, considerar el contexto es vital para comprender e interpretar los
hechos desde diferentes escenarios con visión holística y prospectiva. El
contexto histórico – social, es un medio complejo y aún cuando a corto plazo se
pudiesen controlar, aminorar o potenciar acciones para que una realidad emerja
de un determinado modo, existe un límite en el que la dinámica social se torna
impredecible. A fin de reforzar el planteamiento anterior y con relación a
Venezuela, Caballero (en prensa) plantea que desde el año 1928 se generó un
sentimiento ciudadano en el país que clamaba por una solución a los problemas
que agobiaban a la nación en aquellos tiempos, y con una visión a futuro y la
audacia como fuente dinamizadora, el pueblo se confrontó a una dilemática
decisión; “… El problema no es ahora o nunca, sino lo que viene después de
ahora”. El anticipar las consecuencias éticas que se originan en esos
límites difusos de lo que no se conoce conlleva en el riesgo una dosis de
precaución, es la emergencia.
Es por ello que el fin humanista, de respeto de los Derechos Humanos, de
inclusión e igualdad que esgrime como política el gobierno venezolano como el
Socialismo del Siglo XXI, se ha desvirtuado en su esencia, medios e
intenciones. Se devela en una retórica discursiva falseada y engañosa; que ha
vulnerado conciencias oportunistas y cómodas. Tales medios han generado caos y
éste por una parte, ha favorecido la reflexión y comprensión de los hechos que
potencian el surgimiento de una voluntad para afrontar ese límite en el que se
encuentra sumida la sociedad venezolana. Por otra, develar creativas
estrategias y tácticas que encaminen a futuros plausibles con una
metaconciencia de nación y mundo.
Como se ha podido observar, los seres humanos se mueven entre contrastes; entre
la razón y emoción, el bien y el mal con sus niveles de aberración. No
obstante, el hecho de ser humanos implica moverse en estas ambivalencias y
caos. Es un tejido complejo que impulsa a los opuestos a una constante relación
entre sí. La existencia del mal supone la ausencia del bien y viceversa; es el
reconocimiento de realidades múltiples.
Para ilustrar, es oportuno considerar la interpretación que hace Morín (2006)
acerca del dispositivo dialógico que poseen los humanos el cual les impulsa al
bien o al mal. Tal interpretación es aplicable en analogía a la moral pues una
apunta a los medios y otra a los fines como si éstos no se relacionaran. En
este sentido el autor expresa “… Fines igualitarios y emancipadores del
comunismo se convertían en una máscara ideológica engañosa”. (p.49). Todo esto
ejemplifica cómo los medios conducen a los fines, así como los fines se pueden
avizorar a través de los medios y su impacto en detrimento o beneficio de la
sociedad. De allí lo complejo del tejido entre uno y otro, así como inciertos
los resultados que se pudieran generar.
Todo este análisis lleva a comprender que la emergencia es una característica
de la incertidumbre. Lo incierto o inesperado genera un cambio en el juicio o
identificación que los individuos hagan sobre un hecho. El contexto condiciona
irremediablemente el curso que en ocasiones se tenía planteado seguir. Hasta la
conciencia ciudadana es vulnerada y sucumbe sumisa ante el poder de otros y es
allí donde se gesta el individuo mediocre. Ahora bien, ¿Cómo reconocer y
promover un cambio en los individuos con este tipo de comportamiento que lleva
a cometer hechos atroces? Son muchos los factores que surgen de modo emergente
y las acciones aunque revestidas de buena intención y voluntad, podrían en su
curso ser revertidas.
Cabe considerar entonces que el dilema ético emerge cuando se afrontan deberes
que son opuestos entre sí. La decisión que se derive de ese dilema puede ser
arbitraria y de consecuencias dañinas irreversibles y con secuelas en el
futuro. Es por ello que se hace necesario desarrollar una cultura de mitigación
de efectos nocivos para el progreso social y que ayuden a la reconstrucción del
sentido o conciencia ética algo desgastada, como vía para el planteamiento de
escenarios que develen los tiempos por venir.
Significa entonces que es menester insertar un
matiz ético en la metodología prospectiva, para interpretar, comprender y
accionar conforme un contexto que se confronta a lo adverso, tentador y
riesgoso. Sería necesario hurgar en las fronteras que separan la ética
individual de la colectiva, desde ese límite reflexionar para reconocer
coincidencias y brechas que las pudiesen hacer tan ajenas y distantes, para
desde esa brecha establecer los diálogos necesarios que conduzcan al progreso
social.
Así, la historia da cuenta de los grandes logros y desaciertos que en relación
a las políticas sociales que los gobiernos como estrategia, han implementado
con o sin el consenso de los ciudadanos. Es un reto con alto sentido ético
encaminar acciones para un futuro mejor que el tiempo presente, considerar los
errores y aciertos del pasado que se vinculan con el presente y podrían incidir
o condicionar los escenarios venideros; bien para suavizar efectos nocivos o
potenciar el desarrollo humano de esa red compleja llamada mundo.
A manera de colofón y para insertar temas emergentes, cabe considerar el tópico
sobre desarrollo humano como una deuda social en muchos países, sobre todo en
Latinoamérica donde pareciera no considerarse que todas las naciones serán
afectadas por la crisis del cambio climático y el efecto invernadero, por
ejemplo y que su impacto será menor cuanto más se encaminen estrategias
sensatas para minimizar la pobreza, aumentar las fuentes de acceso al
conocimiento y disminuir la mortalidad infantil y materna. Resulta difícil por
no decir casi imposible, que los ciudadanos y sectores de los países con tales
minusvalías, puedan afrontar las consecuencias del calentamiento global con las
mismas herramientas y ventajas de sociedades desarrolladas.
Trabajar sobre estos objetivos es ético, es promover el progreso de las
naciones desde las intenciones y voluntades humanas de los líderes de los
gobiernos, que más allá de sus intereses políticos y electorales, estarían
comprometidos con los acuerdos del milenio que atienden a lo social, económico
y ambiental como un tejido que busca armonizarse.
Por ello, ponderar la ética como estrategia vital en los estudios prospectivos,
favorece al ser humano en su calidad de vida y consecuente desarrollo. Es un
relacionar complejo pues comprende la tríada individuo-especie-sociedad, no
obstante; se resalta la necesaria autonomía de cada uno por una parte y por
otra la comunicación que une y favorece la dinámica social. La tríada es un
entramado que refleja lo que sería integración humanitaria entre las naciones.
Integración de perspectivas de los líderes mundiales hacia la comprensión de
los problemas que afectan a todos por igual, a corto o largo plazo. A tal
efecto Kliksberg (2004), resalta la necesidad de movilizar la capacidad
productiva de los países en desarrollo [América Latina, para ser precisos] por
medio de estructuras económicas que permitan su democratización y
fortalecimiento de la capacidad humana para aumentar la productividad y
progreso social de esos países.
De igual modo el autor expresa que al estar el futuro impregnado por la
incertidumbre, se requieren esfuerzos orientados por un cimiento ético. Al
respecto señala que se tiende a separar la ética de la agenda económica como si
fuesen dos mundos antagónicos y menciona lo siguiente:
…Este tipo de concepción que margina los valores
morales parece haber sido una de las causas centrales del “vacío ético” en que
se han precipitado diversas sociedades latinoamericanas.
En tal sentido, la perspectiva ética con que se asuma los medios, estrategias y
fines en los métodos prospectivos, permitirán la protección real de los
intereses de los ciudadanos en una nación, y facilitarán de un modo
transparente el replantear la agenda sobre desarrollo humano
Marisabel P. de Nieto.