El próximo Convento anual del Supremo Consejo del Grado
33 para España, que tendrá lugar en Málaga los
días 9 y 10 de noviembre, contará “con una ponencia pública sobre el papel de
la mujer en las logias”, según declaraciones de su Soberano Gran Comendador, Jesús Soriano,A continuación una entrevista realizada al I yPH.·.
-¿En qué consiste el encuentro de noviembre?
-El convento de nuestro supremo consejo se celebra anualmente en un territorio
en el que contamos con alguna delegación de apoyo. Esta vez le tocaba a
Andalucía, donde congregaremos a supremos de diez países distintos. Se trata de
reuniones que se convocan en torno a un tema y que este año contarán también
con una ponencia pública sobre el papel de la mujer en las logias y con el
premio anual, que será para el supremo de México en reconocimiento a labor del
país con la población exiliada de la II República Española.
-La lista de masones, según quien la enuncie, resulta inagotable. Se habla de
Goethe y de Machado. Pero también de papas. Y hasta de Zapatero.
-En los últimos casos que cita hay mucho de literatura. Se sabe que Juan XXIII
era martinista, que es otra orden, pero de eso no se puede inferir una
identificación con nuestros principios. Zapatero no forma parte de ninguna
logia, aunque es cierto que su abuelo, el que fue fusilado, era masón.
Desconozco si eso le despierta alguna simpatía hacia el movimiento; durante su
etapa en la Presidencia no llevó a cabo, desde luego, una política favorable hacia
la masonería.
-¿Franco quiso ser masón?
-La obsesión de Franco con la masonería era casi patológica. Sus hermanos
(Ramón y Nicolás) eran miembros de una logia; al parecer, solicitó la entrada
en el movimiento, pero fue rechazado por su comportamiento poco ético. En su
aversión pudo haber un componente personal, pero tampoco podemos olvidar que
los regímenes totalitarios no digieren muy bien la masonería, que, al fin y al
cabo, defiende fundamentalmente la igualdad, la libertad y la fraternidad. Francisco
Umbral decía que los masones fueron los judíos de Franco. Hubo muchas víctimas,
ciertamente, pero menos que con Hitler o Stalin. Al lado de estos dos, lo de
Franco fue de aprendiz; de siniestro aprendiz.
-¿El secretismo obedece a la tradición o a las represalias?
-Los masones siempre hemos apostado por la discreción y no sólo como
consecuencia de las persecuciones. Un miembro, por ejemplo, no puede revelar la
condición de otro, salvo que éste, como en mi caso, se haya pronunciado
públicamente. Dicho esto, no se debe perder de vista que la masonería no actúa
de espaldas a la sociedad; formamos parte, sin ir más lejos, del registro de
asociaciones y contamos con una sede social, que se puede consultar por
internet. La única diferencia es que tenemos nuestras normas; al igual que no
podemos hablar de política o de religión, tampoco propagamos el contenido de
nuestras reuniones. Esto no tiene nada de especial; es justamente lo que hace
cualquier consejo de empresa o de redacción.
-¿Qué hay de cierto en la influencia política en la sombra que le atribuyen
algunos historiadores?
-En España jamás tuvimos influencia política. Es verdad que Prim era masón y
que lo mataron camino de la logia, pero la política española nunca ha estado
decididamente influida por la masonería. En Estados Unidos, por ejemplo, todos
los padres fundadores eran miembros de nuestro movimiento.
-¿Ni siquiera en la Segunda República? Lo digo por Azaña, Companys...
-Azaña fue masón porque se aceleró su iniciación, que se hizo en tres días,
pero en realidad jamás participó en ninguna tenida (encuentro). Quien sí
destacó fue Llopis, que fue director general de Educación e hizo una gran labor
por la formación en este país.
-¿Siguen sin tener acceso las mujeres a las logias?
-Es un asunto complejo. La masonería regular no admite mujeres, pero existe un
movimiento masón exclusivamente femenino; con su propio consejo supremo y un
funcionamiento similar al de los hombres. Me atrevería a decir que, incluso,
mejor, porque las mujeres suelen ser más meticulosas. Conozco a muchas mujeres
que son masonas; otra cosa, insisto, es la masonería regular. No hay consejos
mixtos porque no figura en los estatutos, pero tampoco existen en otras órdenes
y asociaciones. Es perfectamente legítimo y uno, al fin y al cabo, está donde
quiere estar.
-¿A qué responde originalmente la segregación?
-Precisamente a un principio igualitario; la masonería, desde sus orígenes,
únicamente admite a personas libres; y la mujer, por desgracia, no lo fue durante
siglos, por su sometimiento al hombre. Ahora, una vez más o menos superada esa
desigualdad, es, simplemente, un modo de funcionar. De hecho, la masonería
femenina tampoco acepta a hombres.
-¿En qué se diferencia la masonería filosófica del resto de corrientes del
movimiento?
-La diferencia radica en los grados. Esto es, la masonería simbólica, que
resulta esencial, abarca la formación ética, intelectual y teológica necesaria
para abarcar el camino entre el aprendiz y el maestro. Muchos masones deciden
quedarse en ese punto y trabajar a partir de ahí, pero otros quieren seguir
profundizando y, en ese sentido, la masonería filosófica es una opción para
ahondar en la vía de la transformación. Dicho en términos más coloquiales, la
masonería simbólica es necesaria para licenciarse y la filosófica una rama para
los que se decantan libremente por aumentar de grado. Eso no significa que los
de mayor capacidad intelectual y humana tengan necesariamente que alcanzar los
cargos más altos; hay hermanos, realmente brillantes, que prefieren mantenerse
en otros niveles. El Supremo Consejo del Grado 22 y Último del Rito Escocés
Antiguo y Aceptado para España, que es el nuestro, es el tercero más antiguo
del mundo, tras los de Estados Unidos y Francia.
-Doctor en Ciencias Geológicas, ex jugador de rugby, científico y profesor
honorario de la Complutense. ¿Qué le llevó a la masonería?
-Simplemente un proceso de búsqueda, de curiosidad intelectual. De niño, en el
franquismo, estudié en un colegio francés y eso me permitió conocer a muchas
personas en contacto con la masonería. Me atrajeron sus principios,
especialmente en lo que respecta a la igualdad y la libertad, y decidí
profundizar en ellos. Por eso ingresé.
-La crisis no tolera demasiadas veleidades. ¿Qué puede aportar la masonería en
un contexto de destrucción como el actual?
-La masonería puede aportar muchas cosas a la modernidad. Más allá de la
crisis, uno de los grandes problemas que tenemos es que el reconocimiento de
los derechos se antoja exclusivamente nominal; es decir, aparecen en el
ordenamiento jurídico, en los textos legales, pero no se ejercen y, en algunos
casos, ni siquiera existen, en la práctica, los cauces para hacerlo. La
masonería filosófica considera que el hombre debe ser consciente de su
dimensión social, por lo que defendemos, por ejemplo, la necesidad de pagar
tributos y, especialmente, la instrucción. Necesitamos una sociedad culta, y
esto es complicado. Sobre todo, en España, donde el sistema educativo falla y
no se articula como debería. Y no me refiero sólo a los conceptos, sino también
a los valores, que son esenciales.
-¿Creen los masones en la trascendencia?
-Sin duda. De hecho, es el principal punto de unión en la masonería, con
independencia del credo que profese cada miembro. Todos coincidimos en la
creencia en un principio y un ser superior, que llamamos el Gran Arquitecto.
Para los masones lo fundamental es la trascendencia del alma.
fuente: Actualidad Masónica